Posts etiquetados ‘romanticismo’

Como soy una persona sensible al arte, de una sensibilidad exquisita y necesariamente desequilibrada como todo buen artista disidente que se precie, tengo un rincón de mi guarida decorado con obras realizadas por YO DIOS en las que vomito todas mis preocupaciones y miedos de una forma plástica que deja con sonrisa boba a los mensajeros que al abrir la puerta de casa, me entregan los productos que he comprado por internet; ya que al tener la mascarilla en la pared, no puedo salir a comprar.
El arte requiere unos sacrificios gratificantes; pero mortificantes.

Lo más repugnante de la esencia humana surge cuando un peligro amenaza a un gran número de reses o bestias humanas.
Atemorizados, acobardados y llorando; exigen solidaridad y cargan contra el individuo libre su ponzoñosa cobardía forzándolo a ser responsable por el bien del rebaño.
Si has pasado por malos momentos económicos o de salud, sabes perfectamente que ese rebaño cobarde ni ha hecho, ni hará nada jamás por ayudarte.
Y lo cierto es que no siento deseos de ser mártir o joderme por la chusma.
Igualito que la chusma ha hecho por mí.
Sin ninguna clase de respeto a los gusanos y sin ningún prejuicio moral de mierda, haré todo lo que deba o quiera con independencia de si es bueno o malo para ese colectivo, comunidad o sociedad mierdosa, cobarde e hipócrita.
Cuando conoces perfectamente el insecto humano, cualquier daño o consecuencia que pueda padecer o disfrutar es intrascendente, ergo indiferente.
La mascarilla bien podría asfixiarlos a todos y yo sentir que todo está bien, aunque sea solo por una puta vez en la vida.
Por lo demás, a estas alturas de la reflexión, todo aquel que sepa leer, ya sabrá para quien creo que es necesaria la mascarilla.
La puta mascarilla.

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He visto dos águilas siguiéndose en vuelo bajo por un prado, en un cortejo.
Como si jugaran; pero querían follar. ¡Ja!
Una pequeña serpiente ha reptado a unos centímetros de mis zapatos. Muy pequeña…
Daban ganas de preguntarle: ¿Dónde vas tan sola a estas horas por el bosque? ¿Y tus padres?
Luego no he sonreído, he pensado que si alguien me prohibiera vivir estos momentos, le parto el corazón clavándole mi cuchillo en el pecho.
No sé en qué momento ha sido; pero me he dado cuenta de que acariciaba la navaja.
Y he pensado en aquel romanticismo de que la libertad con sangre se gana.
Está bien, matar por la libertad es la forma más noble de asesinar y no es pecado. Es legal.
Y pura ética.

Llevo ya unos días en los que en plena naturaleza, veo gente paseando o montando en bici con la mascarilla o bozal cubriéndoles el hocico.
¡En plena naturaleza y sin policía de mierda cerca!
Hay que ser cobarde y poca cosa…
Y la cobardía lleva inevitablemente de la mano el servilismo.
Cobardía y servilismo crean al idiota perfecto, al más evolucionado de los imbéciles.
Como si España entera, al igual que ocurre en el delta del Mississippi y sus devoradores de cangrejos, fuera endogamia pura.
Las familias españolas de hoy en día son las mismas que las del famoso cartel de la película Los Santos Inocentes.
Obviamente se diferencian en el color de la ropa y que los tontos de antaño no llevaban bozal.
Los antiguos imbéciles se morían de hambre, y los actuales cobardes de “la covid” también, solo que no se enteran porque están aturdidos de tanto aplaudir a las sucias autoridades; y porque al final son imbéciles tipo Pokemón, es decir: evolucionados.
No los he fotografiado, porque me dan grima.

Odio con toda mi alma (si la tuviera) el país que en nombre de su cobardía e ignorancia me ha robado la libertad por más de tres meses.
Parafraseando el escudo franquista español: España, una, pequeña, cobarde, sucia y venenosa.
Deseo su extinción por coronavirus o calcinación.
Y si fuera Dios, en este mismo instante debería recurrir a mi diario para recordar en que fecha dejó de existir semejante cosa de país.
Sé que desgraciadamente no se cumplirá mi deseo; pero no puedo evitar dar rienda suelta a mi imaginación pueril y bienintencionada. En mis sueños solo mandan mis cojones.
Y mi odio es tan real que me salen sarpullidos en la piel.
Me voy a untar la polla con crema, me pica el pijo.

Y cuando te das cuenta y aceptas que solo la violencia puede librarte de la prisión, el acoso y el abuso al que te somete el estado y su policía; sientes que todo cuadra.
Y lo que tenga que pasar, pasará.
Es mejor que cada cual elija su final y no sea el acosador quien lo dicte.
La dignidad vale toda la sangre del mundo, la propia y la ajena.
Es bushido en tiempos de mierda.

Por supuesto que España es un territorio insano y venenoso, la obligación de usar mascarilla al aire libre así lo demuestra.
El aire en España es tóxico, tanto dictador lo ha podrido.

Que se jodan

Publicado: 29 julio, 2020 en Sin categoría
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A mí con el timo fascista del coronavirus me han tenido encarcelado tres putos meses en mi casa y la puta y perra policía acosándome por cada paso que daba en la calle.
Esta panda de putos y marranos dictadores no me dieron en tres meses ni un puto tercer grado.
Que se jodan como a mí me han jodido.
Que se jodan todos de mierda.

Claro, se debería haber condenado a cadena perpetua a toda la población y exterminar a los infectados en hornos crematorios.
Y el cabrón a salvo en su gran casa con su puto terrenito de mierda.
Hijos de un fascismo cobarde…
Después de tres meses que me han tenido encerrado cabronazos de mierda como él.
Son todos la misma basura tirana.

El chapo Torra, presidente autonómico de Cataluña (los presidentes autonómicos son caciques con licencia de corso impuestos por el gobierno español de los Caudillos Sánchez e Iglesias para violar los derechos civiles del pueblo); con su institucionalizada retórica franquista de amenaza de prisión para toda la población (no le temblará la mano, es el lema del fascismo español), ha dicho que pasará como en los colegios de toda dictadura: pagarán todos por lo cometido por otros.
“¡Portaos, bien hijos de puta, porque no me temblará la mano!”, es el resumen de su perorata.
No está mal por ser el Chapo Torra uno de los primeros que se contagió y naturalmente contagió a muchos más de coronavirus.
Los fascistas son como cagarros en la playa que te vuelves loco dando manotazos al agua para que se vaya a otra dirección, solo que el cagarro aparece en la televisión amenazando con su mierda, en lugar de flotar en la playa.
Esto no tendrá un final feliz; ni para el fascismo español ni para mí y otros que no tragan con toda esta mierda.