Posts etiquetados ‘romanticismo’

El amor y su longevidad

Amores demasiado fuertes, demasiado largos para la juventud.
Amores demasiado apasionados para la vejez, que parecen infinitos cuando la vida dice lo contrario.
No se puede conjugar el afán de descubrir cosas nuevas con un amor eterno.
El amor se come la libertad y cuando nos damos cuenta de ello, resulta traumático; resulta irrecuperable el tiempo que se fue. Y el amor se convierte en desprecio y odio.
La longevidad de los amores se aclimata a los ciclos vitales, a las épocas de la vida; aunque nos pese.
Aunque maldito el romanticismo.
De una forma consciente o inconsciente, los amores nacen o mueren según la edad, según la experiencia.
Según el dolor.
Es algo intrincado en el cerebro, en el sistema hormonal.
Como las células que mueren y se regeneran.
Como las estrellas que nacen y explotan en el universo.
Somos el reflejo mínimo e intrascendente de un universo atómico.

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Sophie Marceau

En Telegramas de Iconoclasta.

Misticismo

Si fuera un místico pensaría que la publicidad es un aviso profético. Pero no me hace falta de ninguna profecía para saber lo que me espera. Soy tremendamente práctico e inasequible a la ingenuidad.
Dijéramos que simplemente es divertido, y más teniendo en cuenta que ya he perdido muchas piezas dentales. Vamos, que no son para siempre por mucha muerte que lo afirme.

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Muertos mudos

— ¿Crees que los muertos hablan?
— ¿Y tú crees en la transmutación del plomo en oro? Los muertos tuvieron su oportunidad cuando estaban vivos. ¿Para qué iban a querer hablar ahora, en el supuesto de que estuvieran vivos en forma de vapor? No jodas.
—Es que dicen cosas.
— ¿Quién?
—Los vivos que no callan y los muertos que deberían callar. Tienes razón, tuvieron su tiempo. A lo mejor no saben…
—Nadie sabe nada. Esto es una mierda. Los muertos solo hablan cuando los sueñas. Les pones voz como un ventrílocuo a un cuervo de trapo, te convences de que están flotando en algún lugar y eso te da paz porque a ti te pasará lo mismo. No seas vulgar.
—A veces flaqueo y me gusta imaginar, no puede hacer daño.
—No sé si puede hacer daño; pero nuestro cerebro está hecho mierda. ¿De verdad no puede hacer daño una conversación con uno mismo? Los muertos no me dan miedo; temo al neurólogo y su diagnóstico.
—Esto es un absurdo, yo intento hablar de cosas trascendentes y tú te ríes.
—No soy yo, son los muertos. ¿Oyes a papá? Me (nos) llama al orden psicológico. No ha tenido hijos para que se hagan esquizofrénicos por puro aburrimiento.
—Ya no tiene autoridad, no le escuches; somos más viejos que él cuando murió.
— ¿De verdad estamos locos?
—No, es puro ingenio. Y por otra parte ¿qué importa?
—Vale… Dile que calle y te (nos) tomas un café a ver si hay otra fisura en el cerebro un poco más coherente.
—Hay calabazas con velas dentro, ¿esas coherencias dices?
—Pon el punto final de una vez, me cansa.
—Ya.

Te digo del viento

Te digo que el viento es tan fuerte, que me roba el aire que he de respirar y por unos segundos, siento asfixiarme.
Te digo que el viento se ha llevado el polvo del camino y ha dejado la tierra desamparada, cuarteada y dura. Ha borrado todas las huellas y las que se pudieran hacer. Como si nunca hubiera estado.
Nunca estaré, no quedará nada de mí, dice el pérfido viento.
Si en polvo nos convertimos al morir, el viento ha arrastrado a los muertos de esta tierra. Aquí, ahora solo quedan vivos que temen morir aplastados por las cosas que el viento les lanza furioso.
Se ha llevado las nubes y parece querer llevarse el sol, que flaquea en su brillo.
El viento aúlla y su salvaje odio quiere arrancar los árboles que intentan tumbarse llorando verde de puro terror.
Lágrimas arremolinándose…
El viento me da un poco de miedo porque mueve el banco en el que me siento para escribirte estas cosas que solo pueden pensarse en soledad.
Y piensa quien me ve escribir sentado contra el viento, que es terrible estar tan solo.
Tiene razón en lo de estar solo; pero no es terrible.
El viento frío como una muerte, como una anestesia inyectada en la vena; me roba la humedad de los labios y los parte. Me arrebata el calor de las mejillas y en algún momento me hace temblar sin control; pero lo extraño es que el corazón parece hervir, parece un fuego atizado en una fragua.
Corazón ardiente y dedos fríos porque no se puede escribir con guantes: pierdes el contacto contigo mismo.
Si tiene que doler, que duela.
Te digo del viento en soledad, porque si estuvieras a mi lado, no podría prestar atención más que a tus ojos y tus labios. A tus palabras y silencios.
Concluyo que eres más poderosa que el viento.
Eres la que atiza el fuego del corazón que el viento no puede apagar.
La creadora de una soledad, que el viento no arrastra, sino trae.
Te digo palabras que el viento no se podrá llevar, las escribo con tinta de plomo en un cuaderno que ni el viento arrancará de mis fríos dedos.
Es hora de volver a casa, sin huellas.
Invisible y efímeramente.
Adiós.

 

ic666 firma
Iconoclasta

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La vida tiene un efecto negativo sobre la muerte: la retrasa.
Y en algunos casos, demasiado.

Ingenuo

“Si no vivimos como pensamos, pronto empezaremos a pensar como vivimos”.

Vale, pero para vivir como pienso yo, sería necesaria una distancia de confort con otros humanos de 3 Km.
Eso sin contar el dinero que me faltaría para llevar a cabo mi utopía.
Está bien ser optimista y positivo; pero Fulton es de una espantosa ingenuidad.