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No hay esperanza alguna para la especie humana, ha estropeado tanto su naturaleza, ha degenerado tan rápidamente a una biología inferior insectil; que se ha convertido en el mayor, más dañino y estúpido parásito que habita en el planeta.
Y su final pasará por canibalizarse a sí misma.
Al menos, los pocos ejemplares puros que actualmente quedan, como yo, tendrán el privilegio de ser los últimos de la especie.
Esta degeneración psicosomática se inició con aquel primer contrato social que unos humanos cobardes con indigencia intelectual sellaron con el estado/dios (por aquellos tiempos el charlatán hechicero de la manada humana) a cambio de vivir hacinados y con el hedor de sus propios excrementos flotando en aldeas y ciudades como una vergüenza y maldición eternas a su cobardía, mezquindad y servilismo. Y claro, mayoritariamente fueron grandes reproductores aniquilando así el espacio y la comida de los humanos puros y genéticamente óptimos.
Algo que en la escala temporal geológica del planeta ocurrió hace un par de semanas.
Si las supersticiones inventadas por el estado/dios para someter y castrar mentalmente a aquellos primeros subnormales humanos fueran ciertas, los muertos en el más allá vomitarían asqueados al ver la porquería en la que se han convertido sus descendientes actuales que, además, es ya la especie animal más efímera que ha surgido en el planeta.
Millones de generaciones nacidas para degradar a su propia especie y que dedican sus patéticas vidas a cebar afanosamente al gran cerdo que es el estado/dios, han conseguido hacer del estado/dios un cáncer con el que ya nace toda cría humana y que licúa sus cerebros indoloramente a medida que envejecen. Son malas vidas, cobardes, llorosas y dependientes hasta en la reproducción del estado/dios. Y agonizan imbécilmente en una sola voz llorona de miles de millones de parásitos mamíferos sin ser conscientes de su metástasis.
El final feliz es que el estado/dios morirá con esta humanidad fallida, podrido de sí mismo.
Los cerdos de hoy, los de cuatro patas, piensan al observar a los humanos sin entender nada:
“Pero… ¿De dónde han salido estos cerdos tan parecidos a los monos?”.

El silencio es el canto de las aves en la fronda del bosque, el berrido de los ciervos, el chillido del águila, los ronquidos del jabalí, el graznido de la grulla volando a ras del agua, el parpeo malhumorado de los patos que me hace sonreír, como el graznido siempre irritado de los gamberros cuervos que en pandilla toman el sol en los prados.
Como silencio es la viscosa y líquida descomposición de un cadáver humano olvidado entre la hojarasca, fertilizando o infectando la tierra con sus miasmas.
Silencio es el rumor de un río que limpia el aire de toda injerencia sónica humana haciéndote libre y único.
El silencio es el deseo de que callen los mezquinos de una vez por todas. No importa la causa, si por muerte o lejanía. Porque en silencio afirmo que no importa que vivan o mueran, sólo necesito que enmudezcan.
Silencio es el crepitar de mi cigarrillo cuando deambulo por el cementerio, una isla de bendita soledad.
El silencio es ella clavando sus uñas en mi piel mientras la embisto y se corre.
El silencio es mi leche rezumando entre los pliegues de su coño y las respiraciones agitadas tras el supremo follar.
En silencio temo perderla y clavo las uñas en mi puta polla laxa para conjurar la angustia.
El silencio es el íntimo llanto por los amados muertos.
Silenciosa es mi vergüenza de haber nacido en cautividad, en una ciudad, en una granja de explotación humana. Y mi pensamiento es un silencio atronador pleno de odio y frustración ante lo establecido mucho antes de que fuera escupido por el coño de madre.
Silencio es la sagrada y reparadora violencia y las manos goteando sangre ajena y propia.
Silencio es observar al enemigo abatido y sonreír: mejor él que yo.
Porque la voz es cobardía y dependencia del enjambre y su reina, su jodida reina, su puta reina, su repugnante reina.
La hija puta reina mal follada que dice quién vive y muere.
El silencio es libertad y unicidad.

Foto de Iconoclasta.

La polarización político-social-sexual es una neurosis propia del ganado humano hacinado en ciudades que forma rebaños consumistas o (pseudo) democracias.
Sociedades (si se le puede llamara así a una colonia de insectos mamíferos) decadentes, donde prima el debate y necesidad de qué comprar y consumir. Y esto incluye a jerarcas o líderes políticos, religiones, sexo, guerras ajenas que se hacen propias y razas que amar por una necesidad perentoria que publicita el estado/dios para crear negocios que le rindan riqueza fácil.
Sin embargo, el estrés máximo se produce durante las (pseudo) elecciones, en las que las reses u obreras humanas se exasperan por comprarse/votar al jerarca/burócrata o líder político de moda, que cuanto más cerdo e hijo de puta es más lo compran o votan. Es un hecho que ocurre desde los años treinta del siglo pasado y se ha ido agravando gracias al coronavirus y sus variados (en la retórica) fascismos en pleno siglo XXI.
Sociedades degradadas en las que ya no existe ni es posible la libertad y no hay una necesidad perentoria de luchar por la subsistencia; sino de alimentar un teléfono conectado a las redes sociales (“suciales” con más precisión), un coche eléctrico, una plaquita solar y una hipoteca. Son las cuatro cosas que conforman y honran como “ciudadano integrado” a toda res humana. Les hace creer que han triunfado en su esclava e indigna vida, absolutamente incapaces de imaginar una vida digna.
Una sociedad decadente, indolente y funcionalmente analfabeta no quiere libertad, sólo quiere que el estado/dios la controle y le dicte pecados, leyes y condenas; porque su pensamiento ya no existe y por tanto se hace del libre albedrío y el valor lacras sociales a las que se da caza y censura. Su pequeño cerebro se activa por estímulos electro-químicos globales, de la misma forma que las hormigas o termitas actúan en sus hormigueros y termiteros.
El control asfixiante y criminal del estado/dios lleva a las reses humanas a sentirse protegidas y la humillación que sufren es un bajo precio a pagar mezquinamente con la testa baja para que nadie les reproche su cobardía y cultivada sumisión. Si eliminas a los humanos válidos, ya no hay comparativa. La estrategia del estado/dios es incluso pueril.
Por ello necesitan un líder que comprar a precio de hipoteca y las controle y homogenice, para que no surjan valientes, cultos o inteligentes que las pongan en evidencia.
En definitiva, la polarización es una época de rebajas en las granjas humanas, en la que se ofertan dos o tres jerarcas/burócratas/sacerdotes que tomarán el control de sus vidas; esto es su movilidad, conducta, esfuerzo y creencia o superstición ritual.
Y claro, la chusma insectil se divide furiosamente en función del modelo de cerdo que quiere para que le decrete cómo ser explotada en todo momento en su triste, impersonal y electro-química existencia.
Las reses humanas eligen con mezquina actitud los programas de control y vigilancia que les impondrá el estado/dios, los impuestos de usura corrupta que desean para sí y sus crías y el modelo de picana eléctrica que usará el líder para conducirlas “con mano que no tiembla” a los prados donde comen y cagan al mismo tiempo, a los centros de explotación diaria y luego, ya agotadas en unos pocos años, al matadero sin ningún tipo de alegría o esperanza de una vida mejor.
Polarización es un simple eufemismo para no herir las sensibilidades del decadente, crédulo y cobarde electorado.
Polarización es el mugido de cobardía, hastío e incapacidades del hacinado ganado humano productor de estiércol. Que a su vez ceba de comida y riqueza al estado/dios alérgico al trabajo que exige además, suministro de cocaína gratis y sexo sucio para los líderes y sus sicarios en las instituciones.
En el mismo instante en el que una manada de endogámicos subnormales animales humanos aplaudió a su inventor de pecados, leyes, condenas e impuestos, el ser humano inició su agonía como especie en el planeta. Y para empeorarlo todo, no hay suficientes carnívoros que se alimenten cazando humanos y esto conduce a la humanidad a la extinción por canibalismo, cosa ésta que es buena para el planeta; pero es una extinción demasiado lenta.
No se puede esperar que una sociedad degrada por una raza humana especialmente seleccionada durante milenios para ser esclavizada y explotada por una minoría aristocrática o estado/dios, reconduzca su deriva hacia la indignidad.
Se requiere una eliminación masiva de las líneas sanguíneas corruptas que eternizan su mensaje genético indigno. Es necesaria la muerte de miles de millones de reses humanas y la decapitación del estado/dios en una gran guerra civil mundial.
Así los pocos que queden tendrán una mínima oportunidad de dignificar a la especie animal humana. Una última oportunidad.
Es la forma más rápida y menos dolorosa para que la humanidad vuelva a la libertad de la naturaleza y su dignidad como especie.
Como el mamífero omnívoro que fue y no como el mamífero cobarde de reproducción insectil que hoy es.
O esto, o se comerán unas a otras las reses humanas en una extinción lenta, larga y agónica.
Están muertas y no lo ven.
Ya no hay leones y tigres que regulen y selecciones la mejor humanidad.
Hoy hasta lo estéril se reproduce y cada nueva generación de vacas humanas, tristemente, se hace más longeva.