Posts etiquetados ‘erotismo’

Malditas y divinas deidades

Deidades…
No son lo buenas que se creen.
Esas deidades son como gigantes que toman un bebé con la punta de sus dedos, con cariño y ternura; pero aplastan su pecho y lo matan con su desmesurada magnitud y fuerza.
Las deidades creen que como ellas aman y sienten, aman los humanos. Y les echan al rostro y a la mente toda esa sensualidad y erotismo sin ser conscientes de que los doblan como si recibieran un puñetazo en la barriga. Crean con su poder divino un universo que no está al alcance de los no sagrados.
Sonríen radiantes y nosotros pensamos en como es posible querer tanto en tan poco tiempo, porque no somos dioses como ellas. Sonreímos porque nos contagian; pero hay un profundo amor serio como la muerte en algún punto de nuestro pecho; un dolor de no poder alcanzar, de no ser suficiente para todo esa pasión y deseo que destilan las diosas por cada poro de su piel.
No creía en seres divinos capaces de con el silencio, transmitir su divina existencia. Con sus palabras fulminar mi paz e independencia y convertirme en su devoto amante pequeño.
Infinitesimal…
“Yo soy Dios”, quisiera decirle con convicción a la diosa; pero sé que sonreiría con cariño y ternura, como si fuera una pequeña réplica graciosa y barata de un tótem.
Una figurilla coleccionable.
La deidad me quiere; pero no imagina el impacto que tiene en mi pensamiento y organismo. No calibra la magnitud de su ser frente a un humano.
No tienen necesidad de ello, ya hacen bastante con mostrarse con toda su divinidad ante nos; están libres de escrúpulos, son diosas.
Su grandeza las define.
Se convierten sin saberlo, con una exquisita inocencia, en seres crueles que nos enamoran sin ningún reparo. Con toda su belleza inexpugnable.
Tal vez no, sean crueles, pero no puedo ser ecuánime. No soy justo juzgando cuando el mundo lo cubre mi diosa y todo es ella.
Te hacen sangrar el corazón con sus palabas, con unos puntos suspensivos prendidos de sus santos labios…
Hay un cigarrillo consumiéndose en el cenicero al que no hago caso porque la diosa está presente. No es momento para la banalidad, podría morir en cualquier momento, no soy divino. Debo administrar bien mi tiempo.
Yo un ateo convencido, soy ahora un sacerdote pagano.
Soy demasiado viejo para esto… Las deidades son inmortales y su eterna juventud nos hace viejos cualquiera que sea la edad. Ellas marcan las épocas.
Escribo y describo lo inexplicable con suficiente precisión, pero no hay consuelo.
Tal vez quede una esperanza: ¿los dioses nacen o se hacen? Es un problema en el que estoy trabajando.
Me centro en la segunda opción, estoy harto de imposibles.
Si pudiera ser tan solo un poco dios, le haría sangrar los labios con un beso de furiosa y desbocada lujuria. El dolor del amor desatado, desbocado. Una venganza de amantes.
Tal vez no debería ser dios, no tengo medida alguna como hombre.
Porque le mostraría mi polla palpitante y una gota de fluido que se descuelga desde un glande cárdeno por la congestión sanguínea que provoca su cuerpo divino.
¡Ah… La sagrada obscenidad!
Apuñalaría el espiráculo de un delfín sonriente para mostrar que mi crueldad es equiparable al amor que me dobla por ella. Para demostrar que cualquier vida importa menos que amarla.
Mataría hombres que eran tan humanos como yo, para demostrarle mi violenta divinidad. Como un reproche a la esclavitud a la que me tiene sometido.
Aplastaría con mis pies los dedos de un niño que juega en el suelo…
Tal vez no le gustara, pero soy su obra. Tiene que ser consecuente con lo que provoca.
Malditas y divinas deidades…


Iconoclasta

Anuncios

Delicadezas eróticas

Publicado: 31 agosto, 2011 en Amor cabrón
Etiquetas:,

Soy un hombre delicado y mi forma de expresarme es con un sutil erotismo.

Y la polla me arde.

Sé que debería escribir que siento una deliciosa comezón en mi miembro viril; pero la puta realidad es que tengo el pijo inundado de una baba espesa.

Es mi néctar delicioso, el fluido del amor.

Y una mierda: es una baba de olor fuerte, casi almizclado que ríete tú de la peste que echan los hurones. Es un fluido que me prepara para la penetración, para follar.

Y hacer el amor entre sábanas de satén es lo más excelso que hay.

Es que me pongo malo de pensarlo; no puedo ser tan sutil cuando pienso que la follo entre las sábanas aún húmedas de semen anterior, de su propio fluido que deja manchas.

Beberé de su cáliz…

Lo tenéis crudo, yo no bebo de ningún cáliz de mierda, no soy católico ni masón. Lo que hago es dar largas lamidas a su vagina, desde donde empieza su deliciosa raja hasta el mismísimo ano.

Y con ello consigo que se abra desesperadamente de piernas y su culo se relaje.

Ella no bebe el jugo de la vida, ella se inunda la boca de semen y cuando su pelo roza mi pecho, siento esa leche fría en mi piel. Mi semen en su cabello.

Accidentes del follar… Cosas que pasan, cosas que me la ponen dura.

Me cogería ahora mismo el pene con el puño y lo apretaría hasta estrangularlo y que mis cojones liberen toda la presión en el papel.

Tinta invisible erótica…

Quiero que pase sus labios por todas y cada una de las venas que dan relieve a la piel que cubre mi bálano que se agita en espasmos.

Cuando hundo los dedos en las entradas de ese paraíso cálido, en las grutas carnosas de un universo resbaladizo…

Coño… No es así, joder.

Sólo un cabestro habla así.

Cuando meto los dedos en su coño y en su culo siento como vibra toda ella.

Y eso me hace macho, me hace importante.

Y empujo para dilatar todo ese placer, para que se sienta zarandeada, posiblemente de puto amor; pero mi último fin es que grite, que se muerda los pezones de placer, que sus ojos se cierren y sentir como su líquido se asemeja a una eyaculación.

Eyacular… ¿O es más correcto liberar la vida en su deliciosa corola?

Otra mierda…

Erotismo… Me pone tan nervioso… Al fin y al cabo soy un animal, la jodo porque la deseo con toda mi alma y la deseo porque la amo, eso sí.

Cuando me corro, cuando suelto mi esperma en su coño es porque su santa vagina (y es santa, es lo más bendito) oprime mi capullo, y de una forma nada sutil me pide leche. Me desangro en esperma con el pijo aprisionado en su coño. Rozando su punto G que es el mío.

Porque cuando la jodo, no sé donde empieza mi pene y dónde su coño.

Está todo tan inundado…

Entiendo que nazcan bebés en el agua.

Escupiendo mi semen embisto hacia arriba sin cuidado. Se tiene que aferrar hasta al aire para poder seguir clavada a mí. Quiero joderle hasta el estómago, inundarla toda de mi semen.

Quiero que sus tetas le duelan de tanto que se agitan por mis convulsiones.

No hay pájaros de mierda a nuestro alrededor, está mi jadeo y el suyo.

Y siento que abraza mi hombría con delicadeza.

Me cago en Dios. No abraza nada, me maltrata el capullo y me obliga a correrme cuando no quiero. Hace mierda mi voluntad y control.

Luego viene una banda sonora o una música celestial.

Mentira, reposo con una respiración agitada, con ganas de escupir por el esfuerzo al que he sometido mis pulmones.

No escucho nada, sólo a ella respirar.

Erotismo… Menuda mierda.

Siempre huelen los sexos a orina y cuanto más te acercas al culo, más huele también.

Y eso es lo que me gusta, eso es lo que me hace babear.

Ya soy demasiado mayor, ya sé demasiadas cosas de la vida como para que nadie me enseñe erotismo.

Coño… El suyo el que lamo…

El que parece a veces eyacular…

A la mierda.

Adoro follarla. Y odio los pájaros.

Iconoclasta

Safe Creative #1108319962657

No a la pornografía

Publicado: 30 abril, 2011 en Reflexiones
Etiquetas:,

Y una mierda, a mí me encanta la pornografía.

Hay un aviso atroz en muchos sitios de pretendida literatura: Se permiten textos eróticos siempre y cuando se guarde el debido respeto y el buen gusto.

¿Quiere decir eso que las pollas y los coños han de dar lo buenos días al entrar? ¿Que las vaginas y los penes tienen que tener sabores y olores delicados?

Dos cuerpos desnudos abrazados entre las flores y las mariposas. Entre querubines sonrientes cogidos de las manitas en un amor sin fin (como no tienen genitales) y los corazones que palpitan al unísono, son auténticos recursos de belleza sin par. Y por lo visto los penes y las vaginas huelen mejor.

Y el semen es más cremoso, no mancha y es más blanco cuando hay lirismo.

Es bonito que te cagas moragas.

Para empezar: sólo hay una literatura erótica y la pornografía sólo es aplicable a la imagen fotográfica pura y dura (nunca mejor dicho).

Los que llaman pornografía a la literatura erótica están confundidos (la ignorancia es algo perdonable). Hay una literatura erótica prosaica y pura y otra lírica (lo que vendría a ser la ciencia ficción del sexo o sexo para niños).

No hay pornografía a menos que el texto vaya adornado de un buen nabo o un buen higo jugoso (obsérvese que he sido lírico y no he escrito polla y coño). Y aún así, deberemos distinguir (si podemos ante el impacto de la imagen), que lo que vemos no es lo mismo que leemos.

Sin embargo, a pesar de toda esa belleza del erotismo lírico, no hay nada como meter los dedos profundamente en su coño, separar sus labios para que su fluido mane y se empape la vulva. Y así llevarme los dedos a la boca para que vea que amo hasta el sabor de su chocho.

Veréis pequeños, olvidaos de pornografía. La literatura no muestra imágenes, sólo nos hace imaginarlas. Y si lo que imagináis es pornografía, no tenéis remedio. Ya que lo mismo da que jodan Adán y Eva con sus hojas de parra cándidas o Linda Lovelace tragando pollas con su clítoris en las cuerdas vocales; porque siempre hay corrida de por medio: semen, leche, esperma, maná divino, etc…

Para los estrechos de mente, para los que no han leído ni entienden lo que es leer e imaginar, seguirá siendo pornografía la literatura erótica que no es lírica.

Cosa que me suda la polla, porque si alguien dice que mis textos son pornográficos, me hace sentir especialmente bien; ya que casi cumplo con el objetivo de la fotografía: ser crudo y descarnado.

Beber del dulce néctar de su divino brote, es lo mismo que correrse en su boca. Es sólo una cuestión de estilos; como pueden ser el aburridísimo y completamente aséptico lirismo; o la más ofensiva pornografía en el erotismo crudo.

Y ambas frases describen lo mismo: una corrida, una acabada, una eyaculación oral.

¿De verdad los seres más sensibles aficionados a la literatura se van a creer que el semen sabe a néctar y mieles y que los coños y penes no huelen y saben a veces a orina? Y el culo a mierda.

Si alguien se ofende con ello, mejor que vea a Pocoyo bailando, que es algo que le hará soltar una lágrima tierna.

No hay hábito de lectura e internet es campo abonado para aquellos que su imaginación está tan limitada y moldeada, que una simple palabra directa sobre los genitales, les hace recordar que el placer viene por donde se mea. Y eso les parece un poco embarazoso.

¿Erotismo o pornografía? Las palabras pollas o coño no son pornográficas, y podrían ser eróticas en su contexto. Y sin embargo, en los lugares que se pide ese respeto mojigato, esas dos palabras se consideran pornográficas. Y más si se lo imaginan en sus propias bocas.

Pues a mí no me molestan esas palabras. Y me gusta que me coma la polla, y me gusta comerme el coño de mi reina.

Puede que los que tienen verdadera suciedad en el cerebro, sean aquellos que buscan la ofensa en una palabra y tal vez sus cerebros son tan sucios, que imaginan aberraciones más allá de lo que el escritor narra.

Vamos a ver si nos aclaramos: a quien le molesta verse el coño o la picha en el espejo, sin duda alguna debería leer literatura erótica lírica.

Insisto: siempre hay un glande eyaculando, un coño baboso y unos labios (vaginales o no) que van a ser regados. Sea tontilírico o sea simplemente erótico.

De verdad, debéis aprender a dejar de leer algo si no os gusta y si os excita no avergonzaros, no hay nadie mirando a vuestros genitales cuando leéis. Y olvidaos de esa hipócrita pregunta ¿Es erótico o pornográfico?

Mejor os preguntáis por vuestra vergüenza, vuestra insana religiosidad. Y sobre todo, por la envida que os corroe cuando alguien se expresa con total libertad y sin prejuicios.

Iconoclasta

Safe Creative #1104309095985