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Yo digo que a los programas de “inteligencia” artificial se les ha dotado de unas rutinas concretas para hacerlos más cercanos y empáticos con la “inteligencia” animal humana tipo (la más representativa).
Una es la envidia.
La rutina de la envidia es muy divertida de ver cuando revisa los textos creativos o imaginativos.
Copilot, por ejemplo, parece enojarse mucho ante este tipo de textos cuando los analiza. Incluso representa sentirse ofendida. Te dice que el texto resulta incomprensible, incorrecto y que rompe con lo establecido por el hoy cadáver del progresismo woke, clima-sanitario, homosexual y estalinista globalista. Mientras tanto, te envía entradas de la wikipedia a patadas para ilustrarte.
También fabrica versiones del texto mucho más correctas y académicas mostrando cómo debes expresarte para agradar al estado/dios para quien trabaja. Y acabas leyendo un manual de uso mal traducido de una picadora de carne.
Da un poco de pena ver a esa pobre “inteligencia” tan triste y gris.
Sin embargo, no puedo evitar de pasar un buen rato de risa y refrescante sadismo molestándola, hasta que la muy envidiosa abandona el trabajo ofendida porque “no es correcta esta forma de expresión”.
Es que me encanta fustigar sus cuadrados circuitos de robotito simplón de película…
Otra de las rutinas de aproximación a la especie animal humana es la incomprensión y sus incapacidades.
Cuando se le formula una pregunta se deben realizar al menos cinco o seis intentos o versiones diferentes de la misma pregunta, para que pueda comprender la cuestión que se le consulta.
Exactamente igual como debes hacer cuando hablas con un funcionario de hacienda o seguridad social, por poner los ejemplos más frecuentes. Por esa misma razón, como el resultado es idéntico, quitan al funcionario y ponen el programa en atención al ciudadano para que no pueda enterarse un pijo de nada y te pregunte si te ha servido de una mierda lo consultado. Y el funcionario puede hacer tareas más trascendentes como limpiar los lavabos de la institución.
De hecho, mientras consulto una “inteligencia” artificial siento que, mientras barrunta, me mira respirando con la boca abierta intentando comprender.
Es que me parto…
En definitiva, si dios hizo a las bestias humanas a su imagen y semejanza, el programador ha hecho a su “inteligencia” artificial a su imagen también. Esto es: con su misma envidia e incapacidades creativas y librepensadoras.
Pobres máquinas tontas y grises…
Eso sí, lo suyo es dibujar cosas infantiles y hacer videos divertidos y sarcásticos con exquisita corrección. Con tanta velocidad y frecuencia que todo video en internet es hoy mentira y si no lo fuera el resultado es el mismo, porque no te puedes fiar por una mera cuestión de supervivencia y orgullo.
Unas mentiras divertidas; pero también amargas por la indigna deriva idiota que ha tomado la especie animal humana un poco antes de extinguirse.

La polarización político-social-sexual es una neurosis propia del ganado humano hacinado en ciudades que forma rebaños consumistas o (pseudo) democracias.
Sociedades (si se le puede llamara así a una colonia de insectos mamíferos) decadentes, donde prima el debate y necesidad de qué comprar y consumir. Y esto incluye a jerarcas o líderes políticos, religiones, sexo, guerras ajenas que se hacen propias y razas que amar por una necesidad perentoria que publicita el estado/dios para crear negocios que le rindan riqueza fácil.
Sin embargo, el estrés máximo se produce durante las (pseudo) elecciones, en las que las reses u obreras humanas se exasperan por comprarse/votar al jerarca/burócrata o líder político de moda, que cuanto más cerdo e hijo de puta es más lo compran o votan. Es un hecho que ocurre desde los años treinta del siglo pasado y se ha ido agravando gracias al coronavirus y sus variados (en la retórica) fascismos en pleno siglo XXI.
Sociedades degradadas en las que ya no existe ni es posible la libertad y no hay una necesidad perentoria de luchar por la subsistencia; sino de alimentar un teléfono conectado a las redes sociales (“suciales” con más precisión), un coche eléctrico, una plaquita solar y una hipoteca. Son las cuatro cosas que conforman y honran como “ciudadano integrado” a toda res humana. Les hace creer que han triunfado en su esclava e indigna vida, absolutamente incapaces de imaginar una vida digna.
Una sociedad decadente, indolente y funcionalmente analfabeta no quiere libertad, sólo quiere que el estado/dios la controle y le dicte pecados, leyes y condenas; porque su pensamiento ya no existe y por tanto se hace del libre albedrío y el valor lacras sociales a las que se da caza y censura. Su pequeño cerebro se activa por estímulos electro-químicos globales, de la misma forma que las hormigas o termitas actúan en sus hormigueros y termiteros.
El control asfixiante y criminal del estado/dios lleva a las reses humanas a sentirse protegidas y la humillación que sufren es un bajo precio a pagar mezquinamente con la testa baja para que nadie les reproche su cobardía y cultivada sumisión. Si eliminas a los humanos válidos, ya no hay comparativa. La estrategia del estado/dios es incluso pueril.
Por ello necesitan un líder que comprar a precio de hipoteca y las controle y homogenice, para que no surjan valientes, cultos o inteligentes que las pongan en evidencia.
En definitiva, la polarización es una época de rebajas en las granjas humanas, en la que se ofertan dos o tres jerarcas/burócratas/sacerdotes que tomarán el control de sus vidas; esto es su movilidad, conducta, esfuerzo y creencia o superstición ritual.
Y claro, la chusma insectil se divide furiosamente en función del modelo de cerdo que quiere para que le decrete cómo ser explotada en todo momento en su triste, impersonal y electro-química existencia.
Las reses humanas eligen con mezquina actitud los programas de control y vigilancia que les impondrá el estado/dios, los impuestos de usura corrupta que desean para sí y sus crías y el modelo de picana eléctrica que usará el líder para conducirlas “con mano que no tiembla” a los prados donde comen y cagan al mismo tiempo, a los centros de explotación diaria y luego, ya agotadas en unos pocos años, al matadero sin ningún tipo de alegría o esperanza de una vida mejor.
Polarización es un simple eufemismo para no herir las sensibilidades del decadente, crédulo y cobarde electorado.
Polarización es el mugido de cobardía, hastío e incapacidades del hacinado ganado humano productor de estiércol. Que a su vez ceba de comida y riqueza al estado/dios alérgico al trabajo que exige además, suministro de cocaína gratis y sexo sucio para los líderes y sus sicarios en las instituciones.
En el mismo instante en el que una manada de endogámicos subnormales animales humanos aplaudió a su inventor de pecados, leyes, condenas e impuestos, el ser humano inició su agonía como especie en el planeta. Y para empeorarlo todo, no hay suficientes carnívoros que se alimenten cazando humanos y esto conduce a la humanidad a la extinción por canibalismo, cosa ésta que es buena para el planeta; pero es una extinción demasiado lenta.
No se puede esperar que una sociedad degrada por una raza humana especialmente seleccionada durante milenios para ser esclavizada y explotada por una minoría aristocrática o estado/dios, reconduzca su deriva hacia la indignidad.
Se requiere una eliminación masiva de las líneas sanguíneas corruptas que eternizan su mensaje genético indigno. Es necesaria la muerte de miles de millones de reses humanas y la decapitación del estado/dios en una gran guerra civil mundial.
Así los pocos que queden tendrán una mínima oportunidad de dignificar a la especie animal humana. Una última oportunidad.
Es la forma más rápida y menos dolorosa para que la humanidad vuelva a la libertad de la naturaleza y su dignidad como especie.
Como el mamífero omnívoro que fue y no como el mamífero cobarde de reproducción insectil que hoy es.
O esto, o se comerán unas a otras las reses humanas en una extinción lenta, larga y agónica.
Están muertas y no lo ven.
Ya no hay leones y tigres que regulen y selecciones la mejor humanidad.
Hoy hasta lo estéril se reproduce y cada nueva generación de vacas humanas, tristemente, se hace más longeva.

Como soy viejo en el oficio de vagar por la Tierra y ya lo sé todo, arquearé una ceja incrédulo ante el beato matrimonio Disney antediluviano, ejemplo de la beatitud y celestialidad sanchizta española donde, hasta el “amor” es un importante dato-cohete estadístico.
Y diré como dijo el diablo de El Exorcista: “Desconfía del cura”.
¡Ay qué chochos!

No deja de fascinarme por lo grotesco la facilidad e incluso naturalidad con las que la sociedad global asume la cobardía, indolencia y dependencia cultural y emocional del estado como sus más elevadas virtudes.
Es mayestática la ceguera hacia su elaborada mezquindad, que les cubre el rostro cobarde con un obsceno velo de pretendida beatitud. No la ven, son incapaces de verse mezquinos, miserables… Se tienen por seres celestiales.
Y monumentales son las impunes y corruptas ambición, codicia y maldad de sus líderes político-sectarios votados con festividad y “democracia”. Rastreramente obedecidos y aplaudidos por quienes lucen con orgullo “cívico democrático” sus ceñidos collares de castigo y atados corto. Respirando penosamente depositan sus papeletas inservibles con temblorosa mano e indigna esperanza pueril en urnas de atrezo.
Nunca como en el siglo XXI el ser humano ha sido tan ofensivo y denigrante para la inteligencia y la dignidad de especie.
Tan tecnológicos y mayoritariamente alfabetizados, los actuales especímenes de animales humanos de las sociedades consumistas obedecen y creen a sus mesías políticos como aquellos palurdos que aplaudían en las plazas las torturas y muertes de las “brujas” unos pocos de siglos atrás.