El amor no huele a hierba fresca, ni tiene vivos colores.

Huele a tierra mojada y es de color oscuro porque mana de lo profundo.

No es música, es un silencio de esperas y sueños.

Así que si sientes mariposas en el estómago, has comido algo en mal estado y aquello que cubría el bizcocho, no era azúcar glas.

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Una de las expresiones más terroríficas y repugnantes que está de moda usar por políticos, prensa y que hacen suya ciudadanos que escriben cartas al director y mensajes pseudo-democráticos en las redes sociales es: “La inmensa mayoría de…”. Para completarla se deben sustituir los puntos suspensivos por un gentilicio o adjetivo político o religioso.
La inmensa mayoría es una inmensa bola de mierda. Las inmensas mayorías aclamaron a grandes genocidas como Hitler, Stalin, Milosevic, Idi Amín, Trump, Franco, Mussolini, Chávez, Maduro… Y con ello, eliminaron a “inmensas minorías”.
Las inmensas mayorías disfrutan cuando se congregan festivamente para ver arder un hereje o falsa bruja en el fuego purificador, cuando el puto conde manda ajusticiar a un niño muerto de hambre por cazar un conejo o para apedrear la cabeza de una mujer cuyo cuerpo se ha enterrado cobardemente en un hoyo.
Cuando existe una “inmensa mayoría”, existe un feroz analfabetismo, una absoluta carencia de entendimiento y una ingenuidad que hace de esa “inmensa mayoría” un conjunto de deficientes mentales hermanados.
Es ahora cuando de alguna forma (la única que es rápida y eficaz es una guerra mundial), el planeta tiene que eliminar inmensas y feroces mayorías para, crear nuevas líneas sanguíneas y erradicar así esta endogamia global.
La inmensas mayorías que crean grandes corrientes morales eliminando y ensuciando todo asomo de ética, deben morir. Es la única forma de eliminar la náusea, la mía.
Cuando pienso en “la inmensa mayoría”, sufro visiones de vulgaridad, ingenuidad, crueldad y un injustificado elitismo. La inmensa mayoría no lo sabe; pero son todos ellos los que deben acabar en hornos crematorios.
Y es que ninguna “inmensa mayoría”, al igual que un camello, ve su propia giba.
Las “inmensas mayorías” son tumores que gangrenan la libertad, el humor, el arte y el individualismo que hace digno al humano.
La inmensa mayoría es una piara de envidiosos y frustrados.
Que nadie se sienta privilegiado de pertenecer a una “inmensa mayoría”, es lo peor que a uno le puede ocurrir.
Inmensa mayoría de paletos…

Iconoclasta

Lo roto

Publicado: 9 febrero, 2019 en Sin categoría
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Lo roto se arregla provisionalmente. Hasta que odias esa tara y lo tiras.
Las personas se rompen y quedan marcadas; ergo…
Las tiran también.
No hay drama, romperse, desaparecer, morir… Es todo de lo más habitual, no hay que llorar demasiado las desgracias ajenas. Es mejor guardar lágrimas para uno mismo.
O las risas, nunca se sabe si te van a tirar con alegría o con tristeza.
Usar y tirar es el concepto.

Imagen  —  Publicado: 9 febrero, 2019 en Sin categoría
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En Telegramas de Iconoclasta.

Vaya, resulta que ahora, el voyeur o el que mira como un tipo se folla a su esposa masturbándose, se llama “relator”.
No jodas con la semántica…Políticos y la mierda que tienen en su cerebro…
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Uno de los “relatores” más famosos en el mundo del arte: Dalí.
No es malo ser relator, es algo que simplemente ocurre.

A veces ocurren cosas raras en mi vida que me llevan de una banalidad como pedalear, a repentinamente vivir una experiencia mística. Casi como una epifanía.
Iba yo soltando babas por el esfuerzo, subiendo con la bici la montaña. Bien, pues al pasar bruscamente por encima de una raíz, he perdido los pedales de los pies por el salto y uno me ha golpeado sin piedad ni miramientos la tibia izquierda. El dolor ha sido sublime, me ha elevado a una dimensión superior por encima de todos los seres del planeta. Y he podido ver las estrellas. Entre ellas, muy sonrientes los subnormales, se encontraba el Gran Manitú, Orus, Zeus, Júpiter, Jesucristo y su madre borracha, Yahvé, Buda y un lama flotando con las patas cruzadas, Shiva, Alá de la mano de Mahoma y la Venus del Coño.
Ha sido un instante mágico a pesar del puto dolor que me mataba.
Les he saludado y les he aconsejado que fueran a dar un paseo por el bosque con sus putas madres, follárselas y coger una buena enfermedad venérea mientras yo sigo rabiando. Hijo putas…
Luego, me he encendido un cigarro, han desaparecido las estrellas y los cochinos dioses. Solo ha quedado la sangre en la piel de la tibia y mis sienes latiendo furiosas.
Un pájaro carpintero ha hecho el ruido que debía y una ardilla tonta, casi se cae de una rama.
Y todo estaba bien de nuevo.
Me monto unas fiestas yo solito…
Si me emborrachara o narcotizara, no tendría tan buenos viajes.
Y la suerte de tener intimidad en estos grandes momentos de misticismo…
Precioso todo.
Mierda.