La hendidura íntima que forman tus muslos es el lugar de reposo de mis rudos dedos calientes y palpitantes.
Por alguna razón, la contenida inmovilidad de mi mano vence a los muslos que se separan perezosamente. Los dedos se precipitan en la húmeda carne que ha quedado indefensa.
Y siento como palpita esa perla dura y a duras penas oculta, acompasándose a los latidos de mis ásperos dedos que contienen la respiración en una asfixia de puro deseo.
La carne diosa se hace más blanda, elástica y holgada por momentos, como si supiera que tiene que ser penetrada, bebida, besada, lamida, mordida…
Y sin que te des cuenta, un ligero estremecimiento de tu vientre frío empuja, conduce mis dedos a la gruta del suspiro.
Ahí dentro palpitan y arden de fiebre. Chapotean ahogándose en tu agua espesa en gemidos líquidos.
Y tu boca parece el reflejo de tu coño, de tus labios húmedos surge un suspiro como un vapor de obsceno placer que queda flotando en el aire que ambos lamemos. Un gemido que detiene el corazón y el tiempo cuando tus muslos tiemblan intentando gestionar toda esa invasión de placer, de posesión inmediata e inevitable.
No lo puedes ver, pero tus pezones se erizan en la ansiada agonía que suspiran tus cuatro labios carnales.
Los que maman, abrazan y tragan. Se dilatan y contraen a distintos ritmos en una caótica coreografía pornógrafa y hermosa.
Aunque solo apoye mis dientes hambrientos de ti en tu vientre sísmico, respondes con un espasmo que parece conectar directamente a mi bálano que se balancea inquieto buscando meterse en ti salvajemente.
Sin piedad.
Y así es como se gestionan las hendiduras y los dedos.
Mi paranoia de amarte.
Sin piedad, sin paz… Una lucha hedonista.

Iconoclasta

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Un grupo de judíos y algunos inocentes más asaban ayer malvaviscos a la lumbre que daba el pináculo ardiendo de Notre Dame cantando a coro como excursionistas hermanados, el ñoño Wooden Heart.
Al fin y al cabo la inquisición los asesinó torturándolos y quemándolos para quedarse con su dinero y propiedades, acusándolos de herejía y brujería.
Sentimentalismos baratos aparte, la catedral chamuscada podría ser una tardía venganza de todos aquellos asesinados. Soy un romántico redomado.
Todo lo justo llega tarde. ¡Psé…!
¿No debería también pedir perdón la iglesia por los asesinatos cometidos por aquel entonces?
Penitenciagite…
No hay que estar tristes por muchas cosas que se digan del cacareado jorobado; mirad el coliseo romano hecho una mierda y tan visitado.
Las ruinas son más rentables que cualquier otro monumento y precisan menos gasto en mantenimiento.
Y ahora a comprar lacitos ardiendo.

Si crees que lo has visto todo, lamentablemente tendrás razón. Lo siento.

No sé qué hacemos ya aquí.

Deberías ir a descansar a tu ataúd.

De cualquier forma, mientras morimos no hace daño soñar y contar fastuosas mentiras como las de esas deliciosas (para esos gustos tan gays, correctos, tolerantes y actuales) sondas anales que practican extraterrestres con manos de tres dedos rematados en ventosas y ojos de caracol desincronizados, a los abducidos que ocasionalmente salen en los casposos programas de ciencias ocultas.

También te puedes creer toda esa basura que cuentan de los refrescos y el daño que hace a la salud la cocacola y la fanta. De fumar ya no te preocupes, porque comparado con las hamburguesas de macdonals y burguerquin, el tabaco es pura herboristería de lo más sanota.

Si crees que lo has visto todo, tienes razón, insisto.

Si seguimos aquí solo conseguirán crear de nosotros los psicópatas perfectos.

Yo ya soy un viejo vampiro que no encuentra sangre que no sea de idiota y temo infectarme.

La hipocresía de los eufemismos sensibleros está presente en cualquier mierdoso lugar, leas lo que leas, oigas lo que oigas.
Cuando se trata de una víctima e incluso hasta los cuarenta años, se habla de “joven de x años”.
Pero si son ladrones se les llama “hombres, mujeres o adultos”.
La juventud es adolescencia, y una vez cumplidos los 18, se es adulto y capaz de mal votar entre otras cosas.
Que un adulto sea más joven que otro, es otra historia.
La sensiblería usada por la prensa y otros medios de comunicación es pura hipocresía paternalista, colaboracionista con los actuales gobiernos de la mediocridad y el populismo que buscan contentar a la chusma, incluso pervirtiendo las normas lingüísticas en favor de los millones de analfabetos que pueblan este puto planeta.

Hay tanto hijo de puta convertido en censor inquisidor de las buenas maneras y la corrección social que, la violencia constituye el único método eficaz para ganar la libertad que se está yendo al carajo a marchas forzadas. Cosa que me parece genial.
Disparar con displicencia y desdén a un correcto y manifestante urbanita que cree firmemente en las leyes que le embutieron por el ano, se dibuja ya como un ideal de libertad.
Lo incruento es sumamente aburrido; pero sobre todo ineficaz.
Además, las guerras con smartphones son más molonas que las de antes.
¡Ah! Y me gusta la tauromaquia, justo desde el mismo momento en que la prohibieron en algunos lugares; antes de eso no le hacía ni caso. La actual fobia ante la tauromaquia radica en que un solo torero, hace cobardes a miles de ciudadanos de pro. Cosa que les jode (a los ciudadanos, claro). Además, los antitaurinos bien que comen carne de ternera, de cordero, de toro, de cabrito, de lechón…
Y a todos esos animalitos los matan sin que puedan defenderse y tras un viaje en camiones modelo ferrocarril campos de exterminio judíos.

Observo el horizonte montañoso y contrasto con el horizonte urbano.
Pienso en la mala suerte que he tenido al vivir las tres cuartas partes de mi vida en la pocilga urbana.
Está bien, me consuelo: es un privilegio morir aquí.
Porca miseria… Cincuenta y tres años viviendo en una repugnante ciudad y cuando me encuentro ante las montañas cercanas, ya estoy muerto.
Cuanto más lo pienso, más me irrito.
No es que esté amargado, es que siento una ira cancerígena.
Que la frustración sirva de atenuante a mi condena por odio indiscriminado a la humanidad. También alegaré asco y pobreza.
Es solo retórica, porque me suda la polla cualquier atenuante y cualquier condena. Ya he vivido asaz.
Soy la serena e inaceptable personificación del odio y el rencor.
Es un buen título para poner en una lápida en el caso de que mi cuerpo fuera enterrado con mi nombre.
A veces temo cortarme algún vaso capilar importante con mi afilado y peligroso pensamiento.
Tengo el control; pero no me fío.
Dios no está en todas partes afortunadamente, si estuviera aquí me jodería el cabronazo. Levantaría grandes edificios jodiendo la montaña.
Jodiéndome a mí.
Como siempre.
Puta madre…
¿Pueden ser juzgados los padres por parir a sus hijos en malos lugares y peores tiempos? Hay padres etíopes que deberían ser despellejados en vivo por ello, por ejemplo.
Papá y mamá no me preguntaron si me gustaría vivir en un paisaje de edificios y asfalto de mierda toda mi puta vida.
Acepto que mi hijo me denuncie, he cometido el mismo pecado con él.
Teologías de la culpa aparte, hay que reconocer que el ser humano es una bestia sujeta al instinto reproductivo se encuentre donde quiera que esté.
Como cualquier otra bestia. No sé de dónde ha salido el cuento de la cacareada inteligencia humana, follamos como monos sin ninguna elegancia.
Excepto cuando le sujeto las muñecas a la cama, le vendo los ojos y no le dejo ver como hundo mi cabeza entre sus muslos y le como el coño hasta que desespera. A veces soy un intelectual a pesar de mi instinto.
Bueno, quería decir que me gustaría metérsela aquí mismo, violentamente ante la montaña aunque sea en agonía.
Mejor tarde que nunca.
Y una mierda.
Me cago en mi madre y mi padre… (están muertos, ya no les puede hacer daño).

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

En Telegramas de Iconoclasta.