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El ayuntamiento norteafricano de Barcelona, y podemita para mayor gloria del lago Tanganica; pretende proteger a los barceloneses del turismo.
Y para ello, ha planeado hundir la industria turística.
Con la nueva ley de Lo Joderás Todo, el ayuntamiento barcelonés, junto con alguna ONG de esas de siglas muy exóticas, está preparando panecillos con mierda y mayonesa porque de algo se tendrán que alimentar los barceloneses pobres (que son prácticamente el 100 % de esta región africana), cuando no queden turistas y por consiguiente trabajo.

Ante la expectación y la emotiva ternura creadas por el desove de un par de tortugas bobas en playas ibicencas; se podría sugerir que, para ser bien recibidos en los puertos mediterráneos los inmigrantes africanos, pongan huevos y luego hagan tonterías con los brazos en la arena para cubrirlos. Incluso a Salvini se le escaparía una lágrima tonta.
También los alemanes e ingleses que llegan a Ibiza en pateras low cost para emborracharse a precios tirados, podrían hacer lo mismo y así crear una especie de sórdido santuario natural. Naturalmente idiota, quería decir.

Y si yo tuviera pasta, también haría un crucero de mil putos días.
No te jode la pija…
A sus dieciséis añitos y tan petarda.
Es una maravilla tener dinero y esa decadente forma de perder el tiempo.
A su edad debería estudiar, no timar o creerse una redentora o iluminada.
Aunque hoy día estudiar no indica inteligencia. El 80% de la población que ha estudiado, apenas consigue entender lo que lee a partir de la cuarta línea del primer párrafo.
Vivimos una época en la que los idiotas copan la atención del resto de sus colegas anónimos y constituye un continuo insulto a la inteligencia leer sus noticias mierdosas.
¿De verdad puede entrar cualquier cosa en la ONU?
¿Lo que cague durante la travesía, lo envasará al vacío y se lo llevará a casa a reciclar? Y seguro que se alimenta exclusivamente de conservas de garbanzos criados con esmero, piedad y bienestar.
Mierda…

¿Duelen las plumas al desprenderse?
¿Les duele a ellas o al ave?
Me angustia un poco esta cuestión.
Porque es tan compleja la pluma que parece un ente con vida propia.
Es una pluma muy pequeña.
Una plumita.
Y sería de un pajarito.
He visto pajaritos tan pequeños que parecen hojas entre la hierba.
Son muy graciosos.
El dolor nunca es proporcional al tamaño.
Sé que hay la misma cantidad de dolor en el mundo para los seres más pequeños y para los más grandes.
Se reparte sin tener en cuenta el peso o el volumen. La naturaleza es así de puta y desconsiderada.
El dolor se prodiga generosamente, incluso hay una ley de proporcionalidad que dice que el placer siempre es la décima parte de la intensidad del dolor.
Si el placer fuera tan intenso como el dolor, moriríamos de un ataque de hedonismo ya de pequeños.
Y el planeta es un generador exclusivamente de dolor, el placer son prácticamente los residuos de la producción.
Es desolador…
Para los seres más pequeños hay más dolor por tanto.
Lo malo del dolor es que va forrado en miedo. Y cuando el dolor es fuerte, piensas que vas a morir.
Pobre pajarito…
Pobre pluma…
Tanto miedo y tanto dolor en un ser tan pequeño.
No quiero saber cómo perdió la pluma. No quiero pensar que ocurrió con el cuerpo que la lucía, con el pico que la atusaba.
Cuando has pasado una temporada inacabable de dolor queda esa cicatriz en algún lugar del cerebro, por donde se derrama el miedo a sentirlo de nuevo.
O la angustia de que los seres tan pequeños puedan sentirlo.
Yo pesaba cien kilos, y el pajarito unos gramos. A él le ha dolido cien veces más que a mí.
Siento mucho si dolió, pequeñajo.
Ojalá que no.
Es una pluma tan pequeña, tan orgánica…
Se la ve tranquila, no puede ser que haya sufrido. Las cosas y los pensamientos se marchitan con el dolor. Y está preciosa.
Por eso mi cerebro está hecho papilla, necesito una milagrosa sobredosis de algo.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Recuerdos escolares

Publicado: 29 julio, 2019 en Humor, Reflexiones