Archivos de la categoría ‘Reflexiones’

El verde radiante es la resurrección de los que en otoño murieron y sus miles de cadáveres tapizaron los caminos de oro y bronce.
Están contentos… Se nota en el verde de una lujuriosa clorofila.
Ocupan los lugares que eran grises nebulosas durante el invierno del planeta y de mi pensamiento.
Qué guapos lucen vivos…
Tal vez sea el secreto, morir sin drama para brotar espléndido de nuevo.
No como yo, que mi piel vieja no cambia, solo se hace más gruesa, más pesada. Tanto que acabará asfixiándome.
Mientras tanto, bienvenidos amigos, o simples conocidos.
No hay que excederse en las confianzas.

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Hay días que no podría distinguir si es otoño o primavera.
Como si en algún momento el tiempo se hubiera confundido en su avance y me hubiera colocado en una diapositiva pasada. Pienso en este instante, en la gracia que ha tenido hacerse viejo, aunque solo sea unas semanas, para volver al mismo momento que viví en el pasado.
¿Soy un viajero del tiempo? ¿Tengo un vuelo reservado en Aerolíneas del Tiempo Quedo?
Solo soy un viejo con demasiada imaginación.
Un viejo que no está cansado por culpa de una genética desproporcionadamente fuerte. Tal vez soy yo el que perturbo el orden del tiempo y del planeta y sus estaciones.
Y las mías… Soy mi propio daño colateral
Es tan hermoso estar solo entre las montañas bajo la lluvia. Nadie pasea ahora.
Soy el último hombre vivo…
En serio ¿es otoño o primavera?
A mi picha no le importa. Se excita con los días grises y lluviosos que dictan recogimiento e intimidad. Y follarla mil veces en la casa con la lluvia golpeando las ventanas.
Me acomodo los genitales a la dureza que palpita y sigo caminando en el tiempo, o tal vez atravesándolo mientras está confuso y detenido buscando su dirección correcta.
Alguien habló alguna vez de la relatividad del tiempo.
Yo digo que tiene sus momentos de estupidez, como todas las cosas que viven.
Yo digo que soy viejo para ser tan fuerte. Lo cual quiere decir que aún me espera más dolor.
No es pesimismo, es sabiduría. Demasiada vida.
A veces pienso que he desaprovechado algunos momentos en los que podría haber muerto.
Una vez escribí que hay tanto tiempo, que nos falta vida.
Ahora digo que si estuviera follándola, no pensaría en tiempo y vida.
Tal vez, por favor… Que el tiempo se vuelva a confundir y me coloque en una diapositiva con ella. Dentro de ella.
Demasiada imaginación, me lamento. Demasiada fuerza…
El poco futuro que me queda, no será un remanso de paz.
Mierda…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

El hedor a descomposición de la carne no augura gratos momentos en el más allá.
Lo que mal empieza…
¿O es que acaso no veis películas basadas en hechos reales?
Un poco de cultura y menos fe jovial y cándida, por favor.

No es cuestión de respeto. Es cuestión del nivel de irritación y asco que te causa algo.
No respeto nada, simplemente lo tolero o no.
El respeto es solo una urbanidad social para vivir sin demasiados disgustos entre la chusma.
En mi mente no respeto ni trato con deferencia a nada ni nadie que no me guste.
Si me gusta deseo follarla y si me molesta le deseo una buena enfermedad larga y dolorosa.
Y si un cenicero no me gusta, por muy buen servicio que pudiera hacer, lo tiro.

-El bebé ha nacido muerto. Sus piernas no se habían desarrollado y los dedos de la mano izquierda estaban fundidos entre sí.
Mi amigo prosigue con la horrenda descripción de su hijo muerto.
-Lo de muerto no tiene arreglo; pero aunque solo sea para que quede bonito y presentable durante el entierro ¿no le podrían grapar unas piernas de esas que deben tener amputadas de otros bebés? Simplemente algo decorativo, para que no resulte tan sórdido el bebé. Ya sabes, luego cuelgan su foto en insta o feis y no queda nada bien.
Es tan repugnante, tan cruel y extraña mi respuesta y reacción a su desgracia que, por un momento me mira atónito y con odio; agresivamente. Pienso que si además de tener un hijo muerto, le voy a tener que partir la cara si se pone violento.
Sin embargo, de repente arranca a reír con histéricas carcajadas. Y no estoy seguro de que llore solo de risa. Los clientes de las mesas vecinas nos lanzan miradas curiosas, debemos parecer dos maricas discutiendo.
Yo sé de estas reacciones, estoy entrenado y curtido en la muerte de seres queridos.
Para la muerte de los seres odiados o que simplemente no conoces, no se requiere entrenamiento: te ríes de una forma sana, distendida y feliz de verdad.

Iconoclasta

Debido a la patética cultura cinematográfica, cine de serie sub Z para fines de semana chungos y sin dinero; muchos hijos han desarrollado miedos cuasi patológicos por payasos, muñecas viejas de porcelana y cajitas musicales sorpresa.
Y se les llena la boca de orgullo cuando te dicen que su hijo es taaaaan especial en sus miedos, talmente un prodigio (que viendo a los padres se hace absolutamente inverosímil).
Los hay que incluso de mayores, en una partida de póquer tiemblan inconteniblemente porque tienen un joker o comodín en su mano.
Pues como estoy hasta el asco de tantos miedos exóticos, he decidido (si fuera posible que tuviera miedo) aterrarme por los osos panda.
Cada vez que vea uno en una de esas sensibleras noticias televisivas, me cagaré encima de miedo y así seré especial.
Acto seguido actualizaré mi estado en feisbuc contando con pelos y señales el mal rato que he pasado y lo que se me han aflojado los intestinos. No hay nada más malvado y que dé más mal rollo que un oso panda llevándose a la boca esa obscena caña de bambú. El mal en estado puro.
También he sopesado aterrorizarme ante los negros albinos; pero me tacharían de negrófobo y no me darían un puto like, de esos que van muy bien para limpiarse el culo.