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En Telegramas de Iconoclasta.

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Menudo tolai el cocinero senegalés…
No hay nada peor que ser hombre nenaza y además falso y populista.
Supongo que no ha tenido contacto alguno con hembras perras y estafadoras. Si no sabe que no hable.
Yo conocí a una mexicana poblana con una entrepierna venenosa y estafadora como ningún hombre he conocido. Y no voy diciendo por el mundo que las mexicanas son putas venenosas.
Por otra parte, yo no le he hecho daño de mierda a nadie, gilipollas.
Menos generalizar, estúpido.
El daño se me ha hecho a mí, joder. Mujeres y hombres por igual me han estafado, viven y han vivido a costa de mí.
Vamos a ver si lo entendéis, idiotas: la igualdad de sexos es saber que hay tanto hijoputa con vagina como con pene (sean o no transgénicos, como los tomates).
Es que no creo en santos, sinceramente.
Ya soy mayor para esta mierda.

En Telegramas de Iconoclasta.

No es cuestión de respeto. Es cuestión del nivel de irritación y asco que te causa algo.
No respeto nada, simplemente lo tolero o no.
El respeto es solo una urbanidad social para vivir sin demasiados disgustos entre la chusma.
En mi mente no respeto ni trato con deferencia a nada ni nadie que no me guste.
Si me gusta deseo follarla y si me molesta le deseo una buena enfermedad larga y dolorosa.
Y si un cenicero no me gusta, por muy buen servicio que pudiera hacer, lo tiro.

Debido a la patética cultura cinematográfica, cine de serie sub Z para fines de semana chungos y sin dinero; muchos hijos han desarrollado miedos cuasi patológicos por payasos, muñecas viejas de porcelana y cajitas musicales sorpresa.
Y se les llena la boca de orgullo cuando te dicen que su hijo es taaaaan especial en sus miedos, talmente un prodigio (que viendo a los padres se hace absolutamente inverosímil).
Los hay que incluso de mayores, en una partida de póquer tiemblan inconteniblemente porque tienen un joker o comodín en su mano.
Pues como estoy hasta el asco de tantos miedos exóticos, he decidido (si fuera posible que tuviera miedo) aterrarme por los osos panda.
Cada vez que vea uno en una de esas sensibleras noticias televisivas, me cagaré encima de miedo y así seré especial.
Acto seguido actualizaré mi estado en feisbuc contando con pelos y señales el mal rato que he pasado y lo que se me han aflojado los intestinos. No hay nada más malvado y que dé más mal rollo que un oso panda llevándose a la boca esa obscena caña de bambú. El mal en estado puro.
También he sopesado aterrorizarme ante los negros albinos; pero me tacharían de negrófobo y no me darían un puto like, de esos que van muy bien para limpiarse el culo.

Exactamente, a eso me dedicaré con todos mis esfuerzos: a enseñar a leer a los subnormales que sueltan sus mierdas de mensajes que asumen como verdades de las buenas.
No jodas…
El que es imbécil, por mí lo puede seguir siendo hasta que le peguen un tiro o se muera de viejo, me suda la polla.
Identificar la mentira es lo más fácil de este mundo si no se tiene alguna lesión o defecto cerebral. Y si se tiene, sería cruel frustrar al tarado.
Tengo buen corazón.