Posts etiquetados ‘Iconoclasta’

-Y tú ¿a dónde vas? -le pregunto a la piedra.

-A votar -me responde rodando apresurada y cuasi nerviosa.

-Era de esperar -concluyo mirando al cielo para evadirme de la tierra.

Colofón:
Se puede morir de muchas maneras; pero no hay ninguna peor que la muerte por hastío.

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¿De dónde vienes, gélido viento? ¿Dónde te has alimentado para barrer con tanta fuerza y sin perdón los cálidos rayos del sol?
Dímelo con un rugido de tu seca garganta. De fumador a fumador ¿Dónde te escondes? ¿Dónde naces?
De viento a hombre ¿arrastras muerte? Soy curioso, no es temor.
Gélido viento que cortas los labios que lucen imprudentemente brillantes ¿Vas a otro lugar? ¿Es trabajo atrasado tu ráfaga fría?
¿Morís los vientos todos, gélidos y ardientes? No es por temor, solo me interesa la vida y la muerte porque intento escribirlas y describirlas de forma clara para que todos se enteren de una puta vez. Alguien tiene que hacerlo.
Ya hemos vivido y ahora toca morir. Es eso ¿verdad, gélido viento?
Yo no puedo rugir, simplemente blasfemo sin fe cuando la muerte duele. Encuentro que a veces tensa demasiado la cuerda sin ser necesario. Casi alegremente, sádicamente. Como si no bastara con morir, debe doler.
Si puedes sóplale tu gelidez en su negro rostro a un millón de kilómetros por hora, a ver si le gusta.
Y arranca las banderas que gallardas de mierda haces ondear, limitando mi libertad y el planeta. Arrasa los mástiles como las ramas de los árboles a los que ruges.
Gélido viento… Qué suerte que no tienes huesos. Si no hay hueso no duele. Y lo que no tiene hueso se evapora suavemente.
Sé cosas, gélido viento.
Sé muchas cosas.
Y no quiero saber más, no caben ya en mi cerebro. Las nuevas que entran duelen, porque han de atravesar un hueso para llegar. No es necesario que respondas a nada, es que solo quiero ser un poco social en lugar de sociópata.
Y en este mundo de seres feos, la cordialidad es una pincelada de paz. Es bueno relajarse de tanto hastío.
Muere en paz viento gélido.
Y agradece no tener huesos.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Que no se comunique a nadie mi muerte,
que nadie llore por mí,
y que no me entierren en tierra sagrada,
y que ningún sacristán toque las campanas,
y que nadie pueda ver mi cuerpo muerto,
y que ningún lloraduelos me siga en mi entierro,
y que no se depositen flores en mi tumba,
y que ni un solo hombre me recuerde.
Esta es mi voluntad.

Thomas Hardy, 1840-1928.

¿Sueñan las feministas atómicas y recalcitrantes con acosos, discriminaciones, tocamientos, violaciones y con ser madres por culpa de un espermatozoide salido de pene?
¿Sueñan con todo eso para luego hacer un tuit ilustrado con pelos de sobaco que sea la hostia puta de retuiteado y con miles de likes?
(De la misma forma que, por ejemplo nacionalistas, soberanistas o independentistas de territorios con una economía más o menos de bienestar y demasiado tiempo libre; sueñan con ser subyugados u oprimidos y llamar así a Robin de Locksley para nada; por puro capricho de niño bien con un buen coche y una universidad que le vende un título.)

Benditos los caracoles, su autosuficiencia sexual, su casa a cuestas y su absoluta falta de electricidad para lloriquear.

Y por favor, borrad esa sarcástica sonrisa del rostro. Los caracoles además, no son transexuales, son otra cosa que no os voy a decir porque no quiero ser maleducado e incorrecto.
Eléctricos borregos de eléctricos tiempos de eléctricos mensajes.
Con lo fácil y refrescante que es decir: “Vete a la mierda”.

Iconoclasta

Es como una maldición. El amor es una estrella a años luz y cuando llegas, se ha consumido tu vida.
Algunos detienen su viaje en un asteroide gélido.
Otros agotan el oxígeno y flotan en el vacío vacíos.
Y no es morir de amor, es por desesperación.
Quien muere de amor está con quien ama.
Y son tan pocos que, es preciso que alguien escriba encuentros y padecimientos ficticios de amantes que se tienen por fin.
Soy el amanuense vacío de los amantes.

Al despertar cada mañana, durante unos segundos (lo que dura el proceso) observo el café dando vueltas dentro del microondas “arrascándome” el culo. Doy gracias de no tener que preparar una cafetera con este humor con el que me levanto. No importa los días que tenga el café preparado, importa la inmediatez. De la pizza pienso lo mismo.
Suena la campanita por fin y me pregunto si dios se marea de tantas vueltas que tiene que dar ahí dentro para hacer su trabajo. ¿Le dejo dentro del horno una biodramina como sacrificio de agradecimiento?
Y ya, tras sorber el primer trago de asqueroso café y aspirar la primera bocanada de humo de un cigarro precioso, dejo que la humillante erección matinal se relaje al ritmo de las aburridas noticias del diario y rascarme sin molestias las pelotas con cierta obscenidad natural y espontánea en mí.
Luego todo irá a peor.