Posts etiquetados ‘Iconoclasta’

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En Telegramas de Iconoclasta.

Hay oscuridades en mi mente, secretos que guardo celosamente de la traidora luz, de los falsos colores que confunden la envidia con el deseo y compartir la vida con la cobardía a la soledad.
En verdad Yo os digo: envidiosa y cobarde es la luz que refleja la humanidad.
Tengo obscenidades ocultas envueltas en amor y ternura, como moléculas indisociables. Si intentas separar alguno de los componentes, se desintegrarán y se perderá todo lo que son y lo que podrían ser.
No son vergüenzas mis oscuridades, son vanidades.
Mis tesoros a salvo de mediocres. Aunque a veces un glande húmedo, inquieto y palpitante temo que me delate.
Mi indecente y oscura debilidad…
No creo en dioses, iluminados y líderes. Solo creo en mis palpables penumbras, húmedas, duras, crueles, adultas y sexuales que marcan mi naturaleza.
Obscenos y dichosos secretos…
¿Ternura? Los cachorros de perros son tiernos y las patatas bien cocidas.
Yo solo soy oscuridad y deseo. Nací en un tiempo que no me corresponde; pero no es mi error.

Iconoclasta


Foto de Iconoclasta.

A pesar de que eso de “año nuevo” e incluso año sin más es una mera convención social (sucial), diré que ha empezado bien. O sea, como cada día: la naturaleza está hermosa en el mismo grado que ayer.
Si ha empezado bien, es porque hoy de mañana hay menos gente que los días ordinarios ya que, la noche pasada es embrutecieron comiendo, bebiendo, fumando y esnifando familias enteras durante más horas de las que están habituados.
Y ahora duermen la mona o se masturban perezosamente sin ganas de salir de la cama esperando la próxima comilona. Hay un buen silencio y una aceptable ausencia de reses humanas.
Es esperanzador por unas horas.
Ojalá fuera “año nuevo” todos los días.
No por ellos, claro, si no por mi paz.
Más de lo mismo independientemente de cómo enumeren los días.
La mona aunque se vista de seda…

Gorrones 2019

Publicado: 31 diciembre, 2018 en Sin categoría
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Si a un perro, aunque sea tuyo, le intentas quitar su hueso, te gruñirá amenazadoramente (síííí, claro… Ahora sale el que dice que su perro jamás le gruñe, que es la personificación de Cristo y será bendecido por su absoluta bondad. No te jode…). Exactamente de la misma forma que yo haría si toma alguien mi cajetilla de tabaco para fumar a mi costa como si fuera un puto colega que conozco de toda la vida.
Lo mejor es hacer caso del dicho: Cada uno en su casa y dios en la de todos.
O sea, solo dios puede robarte tus cosas; pero los humanos, nasti de plasti.
Aunque he de aclarar que mi casa es pequeñísima, solo quepo yo y en el horno duerme el gato. Lo siento mucho; pero dios no cabe.
Y a los gorrones muertos de hambre, que les den por culo en estas fechas y las venideras. Siempre, hasta que sangren.

La vida es una tristeza infinita a la que me he acomodado.
Todo lo malo es infinito hasta que acaba. Soy un genio, coño…
Inagotable, siempre sorprende el dolor; siempre es más fuerte que la última vez.
Y la tristeza desmorona el ánimo como las olas los castillos de arena en la playa.
¿Y si la tristeza y el dolor tienen la función de preservar la alegría y la ilusión?
Porque la alegría y la felicidad continuada, desembocarían en el hastío y la monotonía. Dicen que hace falta la muerte para valorar la vida. Es una estupidez, un corolario de filósofos baratos, de hoja dominical. Solo para fervientes conformistas y mediocres.
Tal vez, mi cerebro busca y crea tristeza y dolor para deslumbrarme y mantenerme vivo con pequeñas dosis de placer y ternura.
Por eso debe ser que la cosa más pequeña, breve y hermosa, en un momento de intenso dolor; me hace creer que vale la pena vivir un poco más. Y me dejo engañar, al fin y al cabo, es mi puto cerebro, ¿a quién le voy a hacer caso si no?
De la misma forma que a ella le digo que un día nos besaremos pensando que jamás llegará ese día, no hay tiempo ni oportunidades para ello.
En medio de la infinita tristeza, esos besos imposibles, han justificado todos los años frustrados. Qué imbécil soy…
La vida es una infinita tristeza y un continuo autoengaño.
Las cosas bellas duran un parpadeo en la infinitesimal escala de la tristeza. Incluso, puede que no existan esas cosas bellas. Son meros espejismos de una mente triste.
Yo… No sé…
Duele otra vez.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta

En el planeta mueren miles de seres por minuto y, desafortunadamente nacen otros tantos.
Sufrir por tanto dolor y alegrarse por tanta vida es una tarea colosal. Solo para los tan cacareados dioses omnipresentes.
Bueno está bien, que los dioses hagan su tarea por todos esos cadáveres y bebés, que yo bostezaré aburrido viendo una mala película navideña.