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Joder, es un poco denigrante que un gato de caricatura se me (“me se” para los más cultos y leídos, ¡ja!) parezca; pero a Garfield le pasa como a mí, está hasta la polla de tanta Gilipollez Ilustrada.
Es una genialidad de personaje.
Como yo.
Podría ser peor: se han puesto de moda las ortigas.

Además de detener a los tipos en cuestión, a las menores deberían ponerlas en observación psiquiátrica a ver que tipo de daño cerebral tienen.
Hay que velar por la salud de todo idiota sea cual sea su sexo, raza y credo.
Profecías… ¿Se puede ser tan lela?
Es que me parto…

Es una constante universal: la necesidad de matar más y mejor es uno de los grandes mecenazgos de la ciencia y la tecnología.

“Los avances tecnológicos (incluidas las invenciones del escobillón, los cartuchos de papel y las bayonetas) hicieron los fusiles más baratos, más fiables, más rápidos y más mortíferos. De forma similar, aunque los nombres de científicos como Galileo Galilei, Isaac Newton y Leonhard Euler son famosos para muchas generaciones de escolares, con demasiada facilidad se suele olvidar que algunos de sus trabajos más importantes estaban relacionados con la trayectoria de los proyectiles y el intento de comprender las causas por las que se desviaban con el fin de permitir una artillería más exacta. Estos distinguidos científicos contribuyeron a producir armas más potentes y cada vez más fiables; los avances militares y tecnológicos iban de la mano en la era de la Ilustración.”

(Fragmento de “El corazón del mundo: Una nueva historia universal” de Peter Frankopan)

Se dice que no se puede juzgar un libro por su portada. Pues mira, siempre hay un libro cabrón dispuesto a joder el saber popular. Porque a menos que confundas al caballo con un calamar, al jinete con un arquitecto y desconozcas el significado de vanidad y caballería, no te atreverás a juzgar el libro o al menos intuir su contenido.

Vamos a ver, lectores de breves tuits y estados de facebook de cuatro palabras máximo: la portada no es un jeroglífico y si no eres un lerdo desconfiado e inseguro, puedes abrirlo sin temor a que te aparezca un payaso que te atemorice.

Yo lo he comprado por la portada, porque en sí misma es todo un poema, un chiste de poema.

Para algún “genio” desconfiado y porfiado: Malatesta es el apellido del autor y no un mensaje oculto que levante suspicacia alguna respecto a su contenido.

En esta época de imbecilidad ilustrada, es necesario explicar lo obvio y yo soy el Elegido.

¡Arre, burros!

Como si no existiera violencia, robo, vandalismo, fallos de transporte, suciedad y precariedad de la vivienda; el ayuntamiento de Barcelona se dedica a trabajos más amables, menos peligrosos y más recaudatorios como multar juguetes como patinetes y con el tiempo, a los playmobil también.
Se dice despectivamente que España es diferente; pero Barcelona con este ayuntamiento usurero y su dejadez de obligaciones, no es diferente; es simplemente corrupto e inoperante, al más puro estilo mexicano.

“El Ayuntamiento de Barcelona ha prohibido abrir nuevas casas de apuestas, juegos de azar, bingos y casinos en la ciudad para “preservar la salud de la ciudadanía y evitar adicciones”. El Consistorio ha tomado esta decisión después de que un estudio encargado a la concejalía de Salud ha alertado de los impactos negativos que tienen las adicciones a las apuestas en línea y al juego patológico, sobre todo entre los más jóvenes.” (El País)

Vamos, viene a decir la Colau que los barceloneses son demasiado tontos para buscar sus formas de pasar el tiempo de ocio y que ella les enseñará como hacerlo.

A continuación les hará un pasaporte de “barcelonés/a retrasadito” para que no sean admitidos en ningún casino del mundo. Más adelante, al igual que su héroe Stalin, elegirá qué niños recién nacidos serán jugadores de ajedrez y cuáles recogerán mierda. Y un poco más allá, tendrá inspectores sexólogos en los dormitorios de los matrimonios para vigilar si los retrasaditos barceloneses follan bien y correctamente.

No puedo borrar esta sonrisa, parezco un feliz de mierda.