Sexo en el Sistema Solar: La Tierra y Marte

Publicado: 29 julio, 2009 en Humor
 
LA TIERRA
 
Para que el estudio parezca objetivo y serio, apuntaré algunas características de mi planeta natal aunque sea aburrido y más de lo
mismo.
Por supuesto, no fui tan gilipollas como para hacer escala el planeta. Preferí comprar tabaco en Marte aunque fuera más caro.
La Tierra es el tercer planeta del Sistema Solar y tiene muchos colores.
Sexualmente se lo montan gracias a penes y vaginas; los más solitarios o refinados con vibradores y succionadores.
Es un poco caótica la comunicación sexual, sobretodo en las mujeres que cuando están lubricadas, calientes, ansiosas y ovulando, le
dicen al macho que no quieren follar aunque es mentira. Si no discuten previamente, no follan.
Los machos en cambio, son de lo más simple y si les chascan los dedos, son capaces de correrse antes de bajarse los pantalones.
Ni de coña disfrutan los terráqueos del humor venusino.
Son complejos en cuanto a la comentada contradicción, pero el mecanismo excitante, el cortejo, es sencillo: se insultan, se humillan,
lloran, ríen y por fin follan.
En este orden inalterable.
Las ¾ partes de los terráqueos dicen follar a menudo, son embusteros por naturaleza y unos bocazas.
A mí particularmente me encanta ver como se lo montan un par de tortilleras y sacar mi miembro terso y reluciente ante ellas. Es bonito
convertir a una lesbiana en mujer decente. Cuando consigo esto, me siento como un misionero sexual.
Y no miento como los otros terráqueos bocazas que me avergüenzan con sus mentiras. No soy solidario con la hipocresía, ni corporativista
como los médicos.
Intentar decir alguna sutileza o mentira piadosa de la Tierra es tirar margaritas a los cerdos.
 
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MARTE
 
El cuarto planeta del Sistema Solar, pequeño y rojizo.
Tiene abundancia de piedras y líquenes.
Los marcianos tienen un tamaño aproximado al de un cartón de ducados de pie. Dispuesto verticalmente más exactamente. Sus pieles rojizas
tienen la textura rugosa de un jabalí y cuando hablan lo hacen a gritos como sus primos los italianos.
Su alimento lo constituye el musgo y pequeñas hierbas que un terráqueo sólo podría metabolizar por vía intravenosa debido a su
repugnante sabor.
Dos argentinos tuvieron la feliz idea de montar un asador y ahora tienen más de 160 locales franquiciados.
Hasta los marcianos han cambiado de hábitos alimentarios y pasan de musgo y hierba.
Sexualmente se lo montan con los mismos medios que nosotros, salvo por una dolorosa diferencia que convierte a los machos en los seres
menos activos sexualmente del Sistema Solar.
Los servicios que las putas ofrecen a los extramarcianos, se limitan a felaciones varias: felación de una puta, o felación llevada a
cabo por un montón de putas a determinar en el momento de la transacción.
Lo habitual es que te la chupe un grupo de 3 putas marcianas, que gritan si cesar entre chupada y chupada.
Como es lógico, esta pobreza en la variedad de sus servicios se debe a su pequeño tamaño que hace inviable la penetración por parte de
un extramarciano que sea mayor de 7 años.
Tras comerme dos churrascos, un entrecot poco hecho, dos hamburguesas gigantes, una bandeja de patatas fritas y 8 latas de cocacola;
sentí la necesidad de follar.
Las hembras marcianas llevan siempre consigo dos piedras del tamaño de sus puños, cuya función no experimenté gracias a mi inteligencia
y rapidez de reflejos; de lo contrario estaría cantando un aria que haría palidecer de envidia a un castratto.
Afortunadamente en Marte están preparados para el turismo y hay zonas de edificios construidos al tamaño normal de las distintas razas
del Sistema Solar.
Y las casas de putas y pensiones de follercio, aunque no muy frecuentadas en comparación con otros planetas, también estaban diseñadas
para el placer de seres de mi tamaño.
Un cartel indicador, unos metros pasado el asador, mediante una flecha orientada al nornordeste rumbo 70º 6’ 40”; indicaba: “Putas”.
Así que giré a la derecha suavemente.
Siguiendo aquella dirección me encontré con un grupito de 6 putas que vociferaban como verduleras. Les pregunté el precio de la mamada.
La más vieja meditó unos segundos girando con habilidad las piedras en sus puños y me gritó con lo que a mí me pareció hostilidad:
-35 sistemas y te lo dejamos limpio, sin que caiga una sola gota en la sábana.
-Vale, puta.-le contesté desgañitándome para no desentonar.
-Y por ser tan guapo te hacemos gratis el nativo final feliz.-volvió a vociferar.
Serán putas, pero son muy buena gente. Aunque a mí se me complace con las cosas más sencillas.
-Vamos a chupársela, chicas.- gritó sin ningún cuidado a sus compañeras.
La discreción no es su fuerte.
Subimos a la habitación 101 del hotel Las Marcianitas de tu Vida y me sentí igual que Blancanieves si contabilizaba mi pene en el censo.
A través de la ventana abierta frente a la cama, podía ver una habitación de la casa de enfrente; era como la de una casita de muñecas,
y en ella una pareja de marcianos macho-hembra se encontraba en los prolegómenos de la reproducción.
No me extraña que las hembras marcianas sean tan promiscuas, los marcianos tienen; el pene enorme, representa la mitad de su altura. En
cambio, los testículos son ridículos, canicas que apenas son visibles.
Me arrepentí de no haber cogido mi cámara fotográfica; podría haber aportado documentación gráfica reveladora de la actividad sexual de
aquellos nativos folladores. Me la hubieran robado de las manos en Videos Sarnosos, un programa de videos aficionados en las que se
premia lo más insólito, violento y sexual.
Me tumbé en la cama y las seis enanas saltaron sobre mis muslos, mi vientre, mi polla…
En medio minuto estaba el pene duro y lustroso como el obelisco de la plaza de la Concordia en París. Los vecinos de enfrente me
excitaban, era como ver una película porno y que seis guarras enanas te la estuvieran chupando.
La marciana ensartada como una brocheta por aquel tremendo pollón era una imagen tierna y llena de amor, de inconmensurable belleza. Me
emocionó vivamente. La pobre no podía ni moverse con todo aquello metido entre las piernas.
-¡Pártela en dos!-le di ánimos mentalmente al concentrado marciano.
Dos lenguas me masajeaban y limpiaban los cojones y otras cuatro se ocupaban del bálano en toda su extensión. Ya me había acostumbrado a
sus gritos y confié en que no me morderían llevadas por el entusiasmo de sus ininteligibles discusiones.
Entre la rendija de los párpados aprecié que el marciano follador, transfiguró su mueca de placer (sacaba la lengua por un lado de la
boca) en una de profundo temor.
-¿Ya?-le preguntó su guarra con un grito muy molesto.
-Aún no, por favor… ¡Aún no!-sentí su pánico, había drama puro en la voz del enanito pollón.
No lo entendía, estaba cantado que iba a correrse. Estas cosas las noto.
Yo sí que me iba a correr, contraje el vientre y las enanas aceleraron sus lenguas, estaban atentas a su trabajo. Eran unas putas muy
eficientes.
Entrecerré suave y perezosamente mis preciosos ojos abandonándome al placer, y entre los pelos de las pestañas, como entre una nebulosa,
vi llorar al marciano. Con un ademán de inconsolable resignación no exenta de un malsano placer le dijo a gritos a la marciana:
-Ya…
Y yo a mis mini-putas:
-Me voy a correr zorras. Preparaos para tomar un sabroso requesón.
Y es que hay momentos en los que como éste no puedo reprimir mi desaforado romanticismo.
La marciana alzó sus piernas aún ensartada y abrió los brazos en cruz.
El marciano cerraba con fuerza los ojos.
La marciana sostenía una piedra en cada mano y las sujetaba con fuerza, se incorporó lo que pudo y lanzó una mano contra otra por debajo
de las piernas.
Son muy ágiles las marcianas.
No creí que esa horripilancia estuviera ocurriendo a escasos metros de mí. En menos de medio segundo le golpeó dos veces los testículos.
Son muy rápidas las marcianas.
El grito desgarrador del marciano confirmó la realidad de lo que yo creía que era una pesadilla, un espejismo, una alucinación, un mal
viaje… Las dos piedras golpeando los pequeños huevos del marciano era una cruel y descarnada realidad.
Al instante dejó de gritar, puso cara de imbécil, como cualquiera que se corre (excepto las actrices porno) y eyaculó como un bendito
con algunas lágrimas recorriendo aún sus mejillas.
La actividad de mis putillas había cesado, pero yo ya notaba mi leche presionar los conductos seminales.
Cinco de ellas formaban un semicírculo alrededor de los pies de la cama, la más vieja estaba arrodillado entre mis muslos abiertos con
una piedra en cada mano y mirando mis cojones fijamente.
Mi mente es ágil en estas situaciones del follercio y recordé aquello de “nativo final feliz”.
La puta ya lanzaba y cerraba los brazos como si quisiera abrazarme la polla, giré a un lado en plena eyaculación a pesar de bizquear de
placer. Me libré de que me aplastara los huevos pero; no de pagarles la lavandería. Con mi brusco gesto de evasión las rocié a todas con
mi leche.
Les caían goterones de semen desde la cabeza hasta los ñoños vestiditos azul cielo.
Son cursis vistiendo las marcianas.
Estaban más serias que una ninfómana sin baterías en el consolador; les di cinco sistemas para la lavandería, y por el tamaño de los
vestiditos, imagino que les llegó para un mes. Además, me salieron más baratas que el cubata que le pago a la puta del bar que hay al
salir de mi empresa a mano derecha.
-Para que te acuerdes de nuestro nativo final feliz.-me dijo la vieja ofreciéndome las dos piedras.
Las cogí con asco porque a saber que cojones habían chafado aquellas piedras y cuando salí a la calle las tiré.
Un taxi me llevó al aeródromo y los gritos cordiales del marciano me provocaron una fuerte jaqueca.
Despegué del peligroso Marte rumbo al próximo planeta masticando diez comprimidos de analgésico.
 
Iconoclasta
 

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