Vidafaro (4 de 5)

Publicado: 18 noviembre, 2009 en Reflexiones

Aún estábamos sorbiendo los últimos restos de té cuando en el receptor de televisión apareció un aviso, alguien esperaba en la puerta.

Euni abrazó a un hombre de mediana altura y ojos rosados. Estaba muy delgado pero; unos músculos finos y estriados dejaban ver un vigor importante; estoy seguro de que éste debió nacer para correr en los mil metros lisos.

-Néstor, él es Roniqueus nuestro representante -anunció Euni sonriente.

Avancé hacia él e inició el saludo bolcariano de presentación, el abrazo que yo tímidamente deseaba realizar con aquellos seres y así sentir esa increíble e inquietante sensación de calidez y aprecio. Todas esas sensaciones que en La Tierra me era imposible sentir.

-Bienvenido, amigo Néstor, amado de Euni y padre de Jormen -sus brazos me rodearon al tiempo que yo le abrazaba.

-Encantado de conocerte, Roniqueus.

-Sabíamos de tu llegada desde que partiste de la Tierra; nuestros satélites se hallan en puntos estratégicos del hiperespacio y controlamos las transmisiones -no había alarde en su tono de voz, ni asomo de autoridad; pero expresaba preocupación.

Prosiguió hablando sin esperar comentario alguno por mi parte.

-Conocemos las intenciones de los terráqueos, queréis nuestros metales preciosos, los cuales tarde o temprano descubrirás. ¿Piensas exterminarnos por ellos? Hemos descubierto tu sensibilidad hacia nosotros, sabemos de tu amor por Euni. ¿Vas a matarnos a pesar de ello? -su rostro adoptó una mirada ofensiva y hostil, me miró fijamente al interior de mi cerebro, noté su mirada en el córtex.

Quedé callado, helado. De repente quise llorar ante lo que tuve en mente hacer. Si hubiera encontrado algún metal precioso habría llegado a la ciudad y sin bajar del Serpiente Verde hubiera creado un holocausto nuclear. Me sentía como si lo hubiera hecho.

-No voy a mataros Roniqueus. Incluso he comenzado a olvidar el porque me encuentro entre vosotros.

-Lo sabíamos -y me abrazó de nuevo.

-Hemos inutilizado las armas nucleares y los artefactos explosivos; tememos accidentes. Las armas de mano y caza están intactas y puedes hacer uso de ellas cuando te plazca. Pero queda un problema: ¿Qué pasará con tu silencio? ¿Cómo lo interpretará Barcelonamarenostrum Confederada? -sus ojos me observaban atentamente, no parpadeó verticalmente ni un solo instante pendiente de mis reacciones.

-Enviarán otra nave si no obtienen respuesta en cinco días; esta vez con tres tripulantes. No bajarán de la nave, no harán contacto con nadie; ni siquiera les preocupará la atmósfera. Encontrarán una partícula de metal precioso y procederán a la destrucción.

-¿Y por qué no lo habéis hecho desde un principio?

-Es una cuestión de respeto a los científicos, a los investigadores. Yo soy la única toma de contacto entre vosotros y ellos. Esperan que les explique lo que he visto, que envíe los informes y análisis propios de un protocolo para una nueva forma de vida descubierta. Esto es un proceso de transmisión manual, secundario. No como la transmisión de alerta de metales preciosos que está automatizada, en el mismo instante que se detecta cualquiera de los metales o minerales listados el proceso es imparable. Incluso yo muerto, el proceso seguiría por control remoto.

-¿Qué podría provocar la indiferencia hacia Bolcar?

-Lo contrario de la causa de su destrucción: ausencia de metales y minerales preciosos y mi inmersión en el hiperespacio rumbo a La Tierra; la entrega de informes a los investigadores… En fin todo aquello que pudiera demostrar que aquí no hay nada de valor.

-Habéis destruido catorce planetas y cuatro de ellos con vida inteligente ¿Tanta riqueza precisáis?

-Casi todos los humanos tienen carencia de emociones, de ciertas emociones dijéramos, piadosas. Nuestros cerebros mutaron a consecuencia de modificaciones transgénicas en algunos alimentos, concretamente en los tomates. El nivel de inteligencia aumentó en la misma medida que nuestra agresividad. Los políticos sólo pueden ganarse al pueblo regalándole riquezas y descubrimientos.

-Néstor, si nosotros llegáramos a transformar nuestra serenidad en ira, vuestro planeta desaparecerá del universo. Tenemos un nivel superior a vosotros, no tenéis la más mínima posibilidad de sobrevivir a un ataque nuestro. Así que ahora está en tus manos, por decirlo de una forma amable: ¿Vuelves a La Tierra y los engañas después de que hallamos falsificado una señal de hallazgo negativo de metales? O bien, te quedas con nosotros y asistes a una lección que daremos a La Tierra, algo que no olvidarán en milenios.

-A mi no me importan los terráqueos; amo a Euni y Jormen, sois vosotros los únicos que me han permitido hasta ahora sentir este tipo de emoción. Y no pienso volver allí.

-¿Podrás soportar la destrucción de vida animal (humana e irracional) en todo el continente africano? ¿Podrás soportar como novecientos setenta y cinco millones de seres humanos van a deshacerse literalmente durante tres minutos y que su agonía será horrible?

-Lo podré soportar pero; ¿cómo conseguiréis eso? ¿Por qué Africa?

-Crearemos el holocausto gracias a una bacteria que diseñamos unos años atrás. Se liberará cuando tu nave se estrelle en Africa; y será Africa la que sufra las consecuencias porque es el continente más rico y la cuna de la civilización humana. Donde nació el primer homínido según vosotros, será un golpe psicológico total.

-Tras la extinción africana, liberaremos una bacteria inocua para la vida pero; eliminará la bacteria licuadora. Si observamos que se insiste en la prospección metalífera planetaria, acabaremos con la especie humana en apenas dos semanas.

A mí me daba igual, son unos cabrones los terráqueos, tanto como yo.

-Nos hemos de poner en movimiento, redactaré con los datos de la sonda los informes atmosféricos, biológicos y geológicos preliminares de Bolcar. He de conducir el Serpiente Verde cada día por 5 horas para que se cumpla el protocolo de análisis. Esto durará 7 días.-hablé tranquilo y decididamente, sin pensar por un segundo en los seres que iban a morir, es la gracia de carecer de sentimientos.

Se instalaron sensores en el Serpiente Verde para la monitorización del supuesto armamento nuclear. Durante una semana seguí las rutas que Roniqueus me indicaba, en las cuales sería imposible hallar una partícula de metales. Debía conducir yo solo puesto que el vehículo detectaba la presencia de vida extraña o ajena a la misión.

Durante una semana conduje cinco horas diarias el vehículo; el proceso era sumamente sencillo; los técnicos bolcarianos simulaban señales e incluso las averías probables del vehículo.

Lo más difícil de todo aquello fue soportar el no estar cerca de Euni durante tanto tiempo.

Todo era por ella y por mi hijo Jormen.

Pasé dos noches en la nave, debía establecer comunicaciones rutinarias con La Tierra.

Al octavo día, el ordenador del Serpiente Verde, me aconsejaba la redacción de informes y la conservación criogénica de las muestras recogidas antes de emprender el regreso a La Tierra. Resultado negativo.

Se insertaron videos en el disco duro del ordenador de la nave, en ellos expresaba mi preocupación por la elevada temperatura del propulsor nuclear de la nave.

Se cargaron ciento veinte contenedores que portaban la bacteria licuadora y la nave se envió de vuelta a La Tierra el noveno día.

El gobierno bolcariano lanzó satélites y sondas al hiperespacio rumbo a La Tierra para monitorizar el proceso. En una de las sondas se cargaron diez contenedores con la bacteria neutralizante, la que se encargaría de frenar el proceso de licuación una vez se hubiera extinguido la vida en Africa.

A los veinticinco días de mi llegada a Bolcar, llegaron las primeras imágenes de La Tierra. Gente que aullaba de dolor caminando y dejando un rastro sanguinoliento de si mismos en el suelo; andaban sin saber donde ir, tal vez el dolor de ese deshacerse los volvía locos.

La licuación de los tejidos comenzaba por los pies y los que más tiempo llevaban contaminados, se arrastraban por el suelo con los pies convertidos en muñones de gelatina rojiza.

Los enfermos se abrazaban entre si y sus cuerpos, sus tejidos, se mezclaban de forma horrorosa; se separaban dejando sus huesos al aire, dejando tejido de más en la otra persona según el estado de licuación de cada uno.

Hombres, mujeres y niños parecían medusas hacia el final de su agonía.

Bolcar se sintió conmocionado por las imágenes recibidas, pero todos eran conscientes de que estaba en juego sus vidas. A mí no me afectaba mucho; sinceramente, apenas nada. Y me indignaba ver a Euni y Jormen atónitos y tristes ante las imágenes de dolor que sucedían en aquel planeta tan lejano como hostil, me dolía su pena. Intentaba consolar a Euni y a Jormen sin sentir gran cosa por aquellos humanos que se deshacían entre gritos y gestos de dolor.

Y miedo.

A los cuatro días se liberaron las bacterias neutralizadoras en Africa

Las imágenes de dolor dieron paso a las de miles de manifestaciones, gobernantes defendiéndose y atacándose. Eludiendo responsabilidades.

Había tal clima de crispación que el ejército tomó las calles de las grandes ciudades. Los terráqueos achacaron a la contaminación de mi nave el holocausto africano. Nadie pensó que la nave que se desintegró en una pequeña localidad del valle del Rif, fuera una efectiva arma biológica.

Se anularon las exploraciones planetarias. Fueron cesados gobernantes y funcionarios de sus cargos. Toda la responsabilidad recayó en Barcelonamarenostrum Confederada. El departamento de Demoliciones y Prospecciones Planetarias se disolvió y su director Josep Aguilator fue condenado a muerte en nombre de los novecientos cincuenta millones de muertos. Fue decapitado en el Parque Güell ante el alborozo y festividad de los miles de seres que asistieron al acto.

Pero eso no me importaba, lo que me importaba es que sin apenas ser consciente, me encontraba admirando a Euni y Jormen con un tranquilo amor, cada día. Serenamente.

Amaba a Euni por encima de mí. Con Jormen comprendí el significado de ser padre.

Yo cazador

Encontré una actividad con la que integrarme en la sociedad bolcariana. Fue Roniqueus quien la propuso: cazador.

Había una gran demanda de carne para consumo bolcariano en aquella región. A veces pasaban semanas enteras sin ver a una de aquellas gigantescas naves de abastos, aterrizando en aquella desmesurada autopista que pasaba frente a la colonia.

Ocurrían averías que retrasaban el suministro de carne y otros productos que no se elaboran en la colonia; o simplemente no se había dado bien la temporada de caza, no habían granjas de dramors.

Para los bolcarianos el dramor era carne de ternera de primera.

Su sensibilidad, les hace casi imposible matar a un dramor, un extraño animal de carne sabrosa. Cuadrúpedos, pelaje blanco y negro, de entre 80 y 90 kg de peso. Recuerda vagamente su silueta a los jabalís.

Son mortíferos.

Ante un ataque sus garras descubren cuatro largas uñas afiladas como chuchillos. Sus belfos son auténticos labios insertados sin ninguna estética en una jeta rosada y pelona; tersa y brillante. Como aquella mariposa, los ojos de estos animales tienen un desagradable aspecto humano y feroz. Sus incisivos son enormes, como los de los rumiantes, pero cuando contraen los belfos (parece la sonrisa de un psicópata) dejan al descubierto unos colmillos comparables a los de los babuinos. Molares afilados en forma de sierra rematan una peligrosa boca capaz de triturar madera.

Se alimentan principalmente de gorsna; aunque si pueden matar a un bolcariano y devorarlo, también lo harán. Son astutos y hay tantos que no es popular entre los bolcarianos salir al bosque si no van armados.

No tienen un enemigo natural, el animal que les sigue en tamaño es una especie de oveja cuya carne es de sabor repugnante.

La cuestión es que si un dramor cae malherido por un disparo no certero, los bolcarianos serían incapaces de rematarlo si no han sido antes entrenados para tal fin.

Incluso para mí, un ser sin capacidades emotivas en ausencia de un bolcariano, se hace difícil rematar a un dramor agonizante.

Cuando un dramor agoniza, da comienzo a una letanía que es igual sea cual sea el individuo, la pieza:

-No me mates, cúrame; estoy sufriendo. No quiero acabar así. Tengo compañero e hijos -mascaban estas frases con voz gutural y ronca moviendo aquellos obscenos labios. Babeando sangre.

Si uno mira sus ojos, no sabría distinguirlos de un bolcariano o terráqueo por la intensidad de su maliociosa astucia.

Esto no lo puede soportar un bolcariano así, de repente. Los cazadores bolcarianos precisan más de un año de entrenamiento para dominar sus emociones ante estos animales.

Si uno se acerca a un dramor llevado por la piedad, éste lo degollará de un zarpazo o le abrirá el paquete intestinal. Y morirá escuchando la risa del dramor, una risa jadeante y nasal, sarcástica. E intentará devorarlo hasta que las fuerzas se lo impidan.

En su actividad diaria y normal, los dramor sólo emiten una especie de berrido, como el de los ciervos en celo y jamás pronuncian una sola palabra bolcariana.

Casi nunca llego a oír sus ruegos de agonía, soy muy bueno apuntando con el fusil LSB1, dispara cápsulas de mercurio indeformables impulsadas por una pequeña explosión de hidrógeno que se crea en la cámara. Si las encuentro las puedo usar indefinidamente.

El Serpiente Verde me sirve de transporte.

Durante tres días a la semana cazo y despiezo estos animales. Euni, tras su actividad docente, me ayuda a dispensar la carne a quien lo desea. Le encanta hacerlo. A mí también, el saludo bolcariano me sigue proporcionando calma y paz.

Hay momentos en los que me encuentro solo en el bosque, en los que deseo cruzarme con un bolcariano al que saludar, al que apreciar.

He comenzado a entrenar a Jormen, el cual ha sido cautivado por la admiración que sienten los habitantes de la colonia por mi trabajo.

Le disparé a un dramor justo en un pulmón para que su muerte fuera lenta y Jormen conociera su letanía de muerte.

Y huyó llorando, llamando a Euni. Me llamó malvado.

Con el tiempo, aprenderá a obviar aquella letanía. Y será un cazador como yo en pocos años.

Y amo a Euni. No pienso ya en los terráqueos si no es de una forma meramente anecdótica y despistada.

Bolcar no es perfecto, hay asesinatos y ofensas que se resuelven con peleas y venganzas. El robo no es habitual y cuando se realiza alguno, al ladrón se le despoja de todo lo que tiene; aquí las leyes son sólo costumbres y lo único regulado es el censo de individuos y el control ambiental.

Las violaciones, que las hay, se pagan con la muerte; hay una jaula transparente en casa de Jadis, un bolcariano grande y afable, que se dedica a resolver este tipo de ofensas.

Al violador lo meten en la jaula y se le clavan las manos a un poste y se le corta de un hachazo la punta de los pies. Cuando Jadis sale de la jaula, abre una puerta.

Por ella salen dos dramors hambrientos que capturé vivos para tal fin. Lo devorarán empezando por los pies; no es habitual que usen sus mortíferas garras si no se sienten amenazados, así que al violador le espera un tormento de varias horas antes de entrar en shock.

Iconoclasta

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s