
¡Ah, el cine…! Su filosofía fácil y clara.
Su apasionante forma de mentir…
¿Quién quiere la jodida verdad?

¡Ah, el cine…! Su filosofía fácil y clara.
Su apasionante forma de mentir…
¿Quién quiere la jodida verdad?

No sé cómo, ni dónde, ni con quién vives. Ni a quien amas.
No me interesa.
Y si alguna vez lo supe, lo he olvidado.
Metértela anula cualquier otra consideración en mi mente que no sea tu piel y desgarrar tu alma con mi rabo y mis uñas.
No quiero saber nada de ti ahora y lo que sé, lo anulo; me basta con arrancar violentamente tu blusa.
Tan violentamente que se pudiera decir que es violación.
No me dan miedo las palabras para susurrarte puta al oído.
Y la envidia la capto mejor de lo que quisiera.
Me gusta que los ojos vacuos de los ajenos sientan envidia al ver como te penetro con brutalidad y gimes impúdica conmigo dentro.
Clavada a mí, clavado a tu coño. Rezumando entre la cópula viscosos líquidos de un placer que es más de bestias que de humanos.
Quiero hacer de nosotros un sucio pensamiento en la mente mediocre de los ajenos.
Alguien pudiera pensar que estoy loco, alguien pudiera decir que no te merezco; pero también podrían morir al tiempo que lo expresan ante nosotros, ante la cópula cuasi animal.
Te follaría encima de cadáveres, ignorándolos.
Que rabien rechinando sus dientes mientras los míos amenazan tus pezones ofrecidos con tus propias manos crispadas, temblorosas.
Separa tus piernas, sé obscena y méate ante el mundo gritando tu placer.
Méate, méate, méate…
Córrete, puta.
Y acaríciate con los dedos sucios de mi semen.
Córrete para mí, ante ellos y su sudor insano que les resbala por la frente como un cáncer viscoso y caliente.
El deseo es salvaje…
No… Somos nosotros los que hacemos salvaje el deseo.

Iconoclasta

No soy caótico, no soy indescifrable o aleatorio. Soy de una deprimente sencillez.
Todas mis ideas y emociones tienen un patrón lógico en el tiempo y el espacio para ser separadas, diseccionadas, amputadas o incineradas con precisión.
Soy un tipo fácil con una vida demasiado breve para entenderme, para desentrañarme.
Una vez conseguí extraer limpiamente una maderita; pero era la del dolor; la volví a colocar en su lugar con un gemido.
A ver si tengo tiempo para liberar la de la risa… Me parece verla en lo profundo de las putas entrañas de mi simplicidad.
Si creyera en la resurrección y si los ataúdes tuvieran luz interior…
Misterios como la luz del refrigerador: no hay forma de estar seguro si se apaga o queda encendida al cerrar la puerta.
Qué astuta…

Soy un dragón de dos cabezas.
Una incinera a los humanos y sus obras.
La otra se mira a sí misma en un espejo cada mañana, con odio; por lo que no es ni podrá ser.
Y no soy un dragón.
Soy más de lo mismo: un vulgar que escribe demasiado, incapaz de no denigrarse él mismo.

Mi hijo me regaló un recuerdo de Irlanda: La suerte del irlandés.
Pero ese pequeño borracho con chistera y sonrisa de mofletes ebrios no me da un solo pedazo de oro.
Supongo que luce su olla de oro para decirme: «Jamás tendrás mi suerte».
Puede que parezca gracioso.
Y puede que un día lo decapite y borre su sonrisa de borracho afable y simpaticote.
Ya que no tengo suerte, me entretengo en pervertir la gracia y la simpatía de los listillos afortunados y demás tradiciones de mierda.
Llamadme envidioso si queréis. Como si me queréis llamar Eduarda.
Suerte no tengo, pero ira… la sudo a chorros.

Temo eyacular sangre; follarte molecularmente, mutando mi organismo para fundirme en ti a niveles jamás pensados.
Temo que un día escupa un semen rosado.
Que no sepa si darte mi sangre o mi leche en el caos de amarte.
Provocas traumáticos cambios orgánicos.
Amarte es peligroso; pero no existe el miedo amando destructivamente.
Salvajemente.
Tal vez ya sea un zombi enamorado.

Dicen que los viejos roqueros nunca mueren. Me gustaría creerlo, algo de magia no puede hacer daño.
Pero está muerto, con una congelada y eterna sonrisa.
Y es un poco triste, estoy seguro de que era un buen tipo.
¿Y si no sabe que está muerto?
Mejor no le digo la verdad. La verdad siempre es tóxica.
Él y yo nos conformamos con mentiras.
Los viejos locos nunca mueren; me temo que es el mismo caso de los roqueros. No me preocupa, incluso siento una destructiva curiosidad por lo confortable de mi ataúd.

Encuentras una piedra diferente y la guardas sin saber porque, dudando de tu integridad mental.
La observas y ves un forma indefinida, curiosa. Decides limpiarla de esa capa lisa y negruzca a ver que pasa.
Y tras desgastar el martillo durante unos días, unas horas; te encuentras con una caprichosa forma.
El planeta es juguetón y travieso.
Me gusta.
Es bueno ser generoso con el tiempo y perderlo descubriendo secretos sin utilidad.

Jamás me acercaría al ave y romper así su comunión con la soledad. Me apasionan los seres solitarios. Suficientes con su propio respirar. Los que no sienten más compromiso en la vida que estar y sentir independientemente de que el universo estalle o no.