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Trípode

Publicado: 24 julio, 2009 en Absurdo

Soy un trípode, un aparato. Una cosa completamente insensible, no siento nada.

Tal vez algún día me cansé de sentir, de oír, de ver, tocar…

Olvidé la pena, el llanto, el amor, el hambre, el color, el calor, el frío y la mierda en la que me hundía.

Soy de un frío metal cárnico.

Mis dos pies están bien afianzados en la tierra y mi pene, la tercera pata, aunque lejos, muy lejos de tocar el suelo, es una barra firme, un caño que regala a la humanidad un líquido espeso y blanco.

Disfruto con este alarde de erección constante. No preciso nada más, sólo la envidia de otros machos, el perverso deseo de ellos y ellas.

Mi total indiferencia representa la divinidad. Los dioses son inmunes a todo, como yo.

Es un nivel de existencia superior.

Se me mantiene dura con el niño que se muere de hambre y con los cuerpos destrozados por bombas, por los críos que se abren de piernas ante el turista que los abanica con billetes. Por el coño mutilado de la negra.

Se me pone dura con el que se consume por el sida, se vuelven los cuerpos tan delgados…

Soy el Cristo Resucitado y mi pene es la redención divina.

A todos les doy apoyo, no importa lo podridos y destrozados que estén. No los amo, ni los odio; siento una completa, total y liberadora indiferencia.

No me importa nadie, es mi pene la muestra de que el mundo está vivo, de que no existe tanto dolor como dicen.

Mis venas latiendo, mi glande rosado y mojado. Si hay fuerza en el mundo, mi pene es la prueba. El poder está en mi congestionada polla, es la fuerza divina que no atiende quejas ni risas.

La leche es el maná que a veces se derrama cuando demasiadas manos buscan apoyo, cuando las manos buscan placer.

Son blancos cuajarones de indiferencia lo que se me derrama sin querer, mientras fumo y observo las volutas deshilacharse en jirones de indiferencia.

Un niño exhausto y sin carne asió mi pene para incorporarse, agonizaba; mi pene se mantenía henchido, se agolpaba la sangre por ningún placer, sin excitación. Como Cristo ofrecí mi barra divina a la humanidad y el niño se aferró a él. Me sentía poderoso en mi indiferencia. Entre temblores, con un esfuerzo titánico se levantó. Ya de pie, consiguió andar unos metros más antes de morir.

Pocos pueden mantener esta erección en una situación así. No tengo la más mínima empatía.

Eyaculé sin placer, sin necesidad, sin excitarme, mi pene es así. Soy un trípode casi irracional.

No siento nada por el dolor de nadie, sólo soy un mecanismo de soporte.

Los que buscan apoyo cuando las fuerzas flaquean, los desesperados de dolor o pena pueden sujetarse a él, no importa que sus manos podridas de lepra me toquen, incluso me hacen cosquillas con sus costras y muñones.

No soy un trípode delicado.

No desfallezco ante su dolor, me la pela el dolor ajeno y el mío propio.

Soy un trípode que se mantiene firme ante todo.

Y los poderosos, los que no tienen suficiente ya con la cocaína que esnifan, con las personas que compran para su uso personal, con las vidas que destrozan por pura codicia; ellos son los que se sujetan con la boca, a veces ni se sujetan. Sólo buscan mamar la divinidad.

Incluso muerden con hambre.

Siento un placer mortificante cuando sus dientes se clavan en mi divino pijo.

Como un Cristo yo les ofrezco mi irrigado bálano, mi semen.

Tomad y bebed, ésta es mi leche, diría si me importara lo más mínimo.

No les digo nada, los miro porque en algún sitio se ha de posar la mirada.

Y mientras los desesperados abrazan a dos manos mi pene para no caer (soy tan macho…); los poderosos quieren ser como yo, me tocan continuamente, acarician mi polla, están obsesionados por mi potencia, quieren ser insensibles a su podredumbre mental. Quieren eyacular encima de los cadáveres y los sedientos.

Como yo lo hago, sin sentir nada.

No pueden, ni con sus narcotizadas narices, evitar sentirse mierdas con el paso del tiempo.

Me tocan compulsivamente, ellos son los que más eyaculaciones me provocan.

Vi tanta mierda hasta que decidí ser un trípode para la humanidad, que mis cojones se infectaron.

Creo tener gusanos en los cojones, creo que mi semen es un cóctel de babas y larvas.

Y siento el picor de la infección, de la pus que se forma. Me rascaría por dentro si pudiera.

Ellos calman mi picor, los poderosos; el presidente aburrido frota el bálano hasta que le riego la boca con mi semen podrido. Me pregunta si me gusta, si disfruto. Y desespera por no oír mis gemidos.

No le respondo, no siento una mierda. Y su mano se acelera quiere que sienta, quiere ejercer su poder hasta para otorgarme placer.

No le miro a la cara y sin un solo espasmo mana la leche podrida.

Cuando me derramo entre sus ojos, en su boca, no gimo, el placer es nulo. Sale el semen en un chorro muerto, grávido. En el que cientos de larvas sacian su sed depravada.

Infectaría el mundo entero.

Es veneno puro lo que traga, y no me importa que muera con las entrañas devoradas. Vienen él y miles para adorar mi polla, a mamar la podredumbre que han creado.

Este es mi semen, tomad y bebed, porque no me importa si morís o matáis. Me importa nada los que lloran.

No soy humano, ni siquiera animal.

Soy cosa.

Mama el juez y el rey cansado de no encontrar putas que superen lo que se ha hecho cotidiano y previsible. No pueden comprar más de lo que tienen y les sobra dinero, les falta divinidad.

Soy su trípode, para ellos también me hice cosa y aparato. Ellos necesitan saber que hay más, que un pene permanezca inmutable a la muerte y a la miseria les da esperanza de que ellos puedan algún día eyacular con la conciencia enferma y sin vomitar.

Sienten envidia cuando el desamparado se cuelga de mi bálano buscando descanso y ni siquiera soy capaz de mirarlo, de hacer algo más que de trípode.

Ellos ansían este poder que me hace incansable, inagotable, perpetuo y eterno.

Mucho más que un dios renacido. Que un leproso redentor.

Tanto despreciar y sentir asco…

Al fin soy lo que todos anhelaban ser.

Soy el trípode del universo.

Ella se cuelga de ahí abajo, y mama y mama y mama…

No siento nada, sólo su voz: "Dime que te gusta, dime que te doy placer" quiere destrozar mi indiferencia. Y chorrea blanca crema de su boca, y se sale de madre ante la lenta catarata de semen que la baña de la boca a los pechos, llora acariciándose su poderoso coño, no puede dar placer al trípode ni con todo su poder.

Dice ser mi madre. Se parece, pero tampoco me importa.

Soy inmisericorde.

Dejan dinero bajo a mis pies, sacrificios al indolente Dios Trípode, quieren ser bendecidos por mi semen venenoso; pero no soy puta y lo regalo a la humanidad.

No hay una leche de más calidad para los favoritos.

Algunos aún creen que sin el dinero no saldría esperma por la tercera pata del trípode. Idiotas…

Pringo a los más miserables con mi leche. No necesito nada de nadie. Me alimento de mí mismo, de mi profundo poder de erección.

Ni siquiera la ropa interior manchada de sangre y orina me provocan curiosidad, ni alarma, ni desprecio.

Tomad y bebed, esto que mana de mi pijo es la ponzoña.

Como un dios os la devuelvo, como un Cristo Resucitado, ignoro vuestros crímenes, vuestras salvajadas.

Tomad y bebed, esto es mi leche.

No hay maldición ni bendición, sólo la indiferencia hacia vuestra vida, hacia vuestra muerte.

Tomad y bebed.

Relameos.

Ego os absolvo.

Iconoclasta

La rabia

Publicado: 28 junio, 2009 en Absurdo

Si os arrancara el corazón, si os viera sufrir hasta que de vuestros lacrimales manara la sangre, mi dolor de cabeza desaparecería.
Vuestro dolor es mi analgésico.
Sois un tumor que pulsa tras mis ojos, os odio por el solo hecho de que existís, de que respiráis. Habláis y me rozáis. Necesito que muráis para poder tener espacio.
Y yo tengo que respirar las miserias y porquería que dejáis flotando en el aire, cosas que vuestros pulmones idiotas expulsan. Infecciones de imbecilidad. Lerdos, idiotas, tarados…
No soy un amante de hermosos y edificantes power-points.
No creo en la felicidad que respiro y que no sé aprovechar. Sólo sé que estáis ahí y vuestra voluntad inculta y deficiente; vuestra imbecilidad es el punto de partida para gobernar el mundo.
Os odio porque me robáis mi espacio, no me dejáis ver más allá de vuestras chepas. Siento el asco que palpita aquí, en la nuca, un quiste que se llena segundo a segundo con pus y asco.
Y la cólera… Si no fuera por ella, no sería hombre. Si no fuera por este pene erecto y duro que podría usar para partiros en dos, haría sangrar mis cuerdas vocales deseando a gritos vuestra muerte y enfermedad.
Me tiraré a Negranoche ante vosotros, ante vuestros hijos lameré su sexo, os dedicaré la Gran Follada como vosotros me dedicáis cada día de mi existencia vuestra Gran Idiotez. Y ella me llamará cabrón entre suspiros de éxtasis y lujuria, posando sus manos en mi cabeza obligándome a respirar a través de su coño. Cogerá mi rabo enhiesto y me masturbará como a un semental, y lloverá mi semen sobre vuestros ojos vacuos, vuestros ojos idiotas. Vuestros ojos envidiosos.
La ira… Si vosotros sois mi cáncer, mi cólera es la quimioterapia. La que me provoca un doloroso vómito de restos amarillos y rojos.
Os detesto hasta lo más hondo, hasta los mismísimos testículos. Odio vuestras creencias y vuestro civismo. Siento asco de saber que os reproducís en cualquier lugar, en cualquier momento. Jodería a todas las mujeres del mundo, las embarazaría para crear mi propia especie. Os impediría vuestra reproducción. Os esterilizaría a patadas, a golpes, a esputos.
Pagaríais de alguna forma la interferencia que provocáis en mi mente, en mi voluntad. En mi andar por el planeta.
Esta ira es venenosa, es peligrosa. Os golpearía con los miembros amputados de vuestras madres, con la piel de vuestros padres haría un látigo y con los huesos de vuestros hijos, cuchillos para arrancaros la piel a tiras.
Lo tengo todo pensado: mataré focas a patadas, ballenas a hachazos, partiré en dos a los sonrientes delfines y a un cachorro de tigre blanco quemaré vivo. Seres inocentes desmembraré sólo por el placer de ver vuestros infectos ojos entrecerrarse ante el horror de la rabia desatada.
¿Podéis entender la horripilancia de la ira que pulsa en el cuerpo y el cerebro? Porque alma no hay, es todo rabia.
Soy una pesadilla que ha tomado vida, soy un canto a la liberadora ira. Teñiré el arco iris de una gama de rojos hemoglobínicos que hasta los dioses sentirán rechazo al verlo. Iluminaré vuestro mierdoso cielo con la sangre, con vuestra sangre, con la de ellos.
Con mi orina marcando territorio.
Es tarde para la bondad y los buenos presagios, es tarde para evitar que el filo del cuchillo se hunda más de lo aconsejable en la fina piel de mi antebrazo y libere algo de presión. El tejido de las arterias es tan sutil… Y sin embargo me pregunto como puede contener esta presión sanguínea que envía mi corazón podrido. Nací para acumular ira, mi genética está basada en la rabia que contengo.
Gotea la sangre sobre mi perro blanco que la lame en el suelo con glotonería.
Su pelaje níveo adquiere el dramatismo de la tragedia. Lo hace especial. La ira nos hace especiales a todos los seres. Todos los seres rabiamos en la oscuridad cuando nadie nos ve.
Gotea la sangre sobre los pechos de Negranoche, derramo mi sangre entre sus muslos calientes y húmedos. Soy el perro que lame su coño con fruición.
El cenicero es vuestra boca abierta. Envío cartas de amor y sexo a Negranoche,  paso los sellos por vuestras lenguas ensangrentadas.
La ira… Saber, imaginar, soñar que estáis muertos, que sufrís, que penáis, que os duele hasta el aura que os rodea y que la paranoia de la ira desatada os hace llorar sangre, es lo único que serena mi ánimo.
Ya estoy más tranquilo, te amo mi vida. Ya no están, los he matado. Te regalo el mundo.
Llego ante ti cubierto de sangre ajena: ha habido un baño de sangre. Y te deseo tanto, que te brindo la extinción de la chusma para que nada ni nadie pueda distraerme de ti.
Te brindo mi vena sajada, te brindo mi cuerpo abierto en canal si así lo quieres. Pero no me dejes entre ellos.
Tengo un cáncer que no me mata, que no se cura, que late. Un eterno embarazo de tejido ponzoñoso que lo mantiene vivo: la imbecilidad de La Tierra.
Yo sólo quiero enseñarte la flor que abre sus pétalos y lanza al mundo sus lágrimas: el rocío de la oscuridad y la soledad. Una sola flor, o al menos la oportunidad de cogerla, saber que hay una.
Pero la pisan, mi amor.
La pisarían si la hubiera.
Ni llorar la dejan.
Quisiera ver una estrella y soñar que estás allí. Son cosas sencillas.
No me dejan Negranoche. Un imbécil con su moto rompe la magia del momento en la sucia noche de la ciudad. La tos de un hombre-marrano que llega desde las paredes me roba las ideas. Las convierte en ira. Sueño que meto en su boca vidrios rotos y le obligo a masticarlos.
Sólo la ira me mantiene vivo, sólo la rabia mantiene en jaque la mediocridad que me roba ideas, que me arrebata la sonrisa y la paz.
Ya no me duele la cabeza, tu sonrisa tierna amansa a las fieras. Ojalá pudiera hacerte responsable de hacer de mí un manso; pero es el dolor de los ajenos lo que me infunde paz. Son los sueños de sangre y destrucción los que me hacen llegar a ti como un caballero que ha combatido contra la innombrable bestia del reino.
Estoy fuera de lugar, Negranoche.
No es mi tiempo, no lo pedí.
¿Se me puede reprochar que mi ira pueda ser la causa de dolor y penuria en el mundo? No se puede ir contra la naturaleza, se me debe aceptar, como yo acepto a los idiotas sin arrancarles los ojos.
Te brindo el hambre y la enfermedad. Te brindo la pasión más pútrida, la que sale de lo más oscuro de mí, como una muestra de absoluta pertenencia a tu mirada líquida y serena.
Tú que me miras con la sonrisa tierna de quien disfruta con las travesuras de un niño. Yo que te miro con las escleróticas vidriosas, con los labios sangrando de morderlos, con la brasa del cigarro calcinando la piel de entre mis dedos.
Así no hay quien folle: tú ríes y yo sangro.
Follemos. Jodamos encima de los muertos, encima de los vivos vacíos. Quiero que grites como una zorra sobre los ancianos y los enfermos cuando la sientas tan dentro de ti que tengas que sujetar tu vientre deseado.
Cualquier cosa que nos haga distintos a ellos.
Tengo un cáncer, y es la humanidad.
Y mi quimioterapia es la ira.
Tú, Negranoche, la alucinación de un terminal hasta las cejas de morfina.
Que se pudran.

Iconoclasta

Al infierno

Publicado: 17 febrero, 2009 en Absurdo

Os espero en el infierno, porque esto no es cielo, ni siquiera un purgatorio. Esto es sólo un lugar de tránsito donde escupir con rabia mi semen.

Mi semen agrio, mi semen triste, mi semen esclavo.

De la paja a la locura, de un glande sangrante a una boca sin dientes que me la mama con seguridad…

Toda esa basura se viste de amor y las rosas crecen entre mierda y fracasos.

No, no es un buen momento para sonreír. Hoy me conformo con sangrar por el pijo; aunque duela, alivia la presión.

Hoy es el día en el que me la pelo y escupo a este mediocre mundo.

Un vano intento por convertir este planeta engañosamente azul en el infierno donde nos podamos corromper amantes y tarados.

Monstruos fuera de lugar y tiempo.

Resbalar entre sexos viscosos y lamer labios obscenos.

¿Quién quiere belleza aséptica? Miguel Ángel me aburre y los mártires, cuanto más mutilados, más me excitan.

No creo en Dios, pero el dolor…

El dolor es lo real y que ni los cerdos dioses son capaces de disfrazar.

El puro dolor del sexo mordido, demasiado ansiado para ser acariciado; llega directo al vientre y estalla en locura entre dedos crispados.

Hoy con la polla en la mano y gritando a su santo coño, quiero crear el infierno y llevarla conmigo.

Pudrirse en el infierno es mejor que vivir en la mediocridad del no placer, del no dolor.

Hoy me sentía especialmente tierno.

Buen sexo.


Iconoclasta

Morir es aburrido

Publicado: 31 diciembre, 2008 en Absurdo
Una caída vertiginosa, el corazón acelerado y una fuerte sacudida contra el colchón. Es angustioso; el cerebro me expulsa como si fuera una flema, no quiere que disfrute o viva de forma consciente sus creaciones. Me quiere alegre, empalmado o angustiado; pero engañado.
Mi cerebro no soporta que le espíe y me expulsa de sus dominios como a una puta sifilítica vieja y loca.
No soporta que disfrute del sueño; de una película maravillosa de emociones vívidas y aberrantes. Sólo quiere engañarme y que padezca de sus creaciones sin demasiados aspavientos. El cerebro es un artista que no soporta ser molestado.
Un enfermo esquizofrénico que un día me convertirá en un baboso que mira un trozo de mierda en el jardín desde una celda blanca.
Cuando no pueda contener la inmundicia de mis intestinos, mi cerebro se reirá, lo sé. A veces tiene ataques de exacerbada e innecesaria crueldad.
Me gusta mirarme en sueños porque no hay una pierna podrida que duela; en sueños no soy un tullido que no podría correr para salvar su propia vida. En sueños, no soy ese que cruzando la carretera, no puede esquivar con rapidez el coche que le arrancará y aplastará la masa encefálica.
En sueños resalto con un brillo épico contra el mate mundo que me rodea. Los años que vienen son mejores y otras veces trágicos, siento alegría y siento terror; siento conteniendo la respiración ante la intensidad de las emociones.
Un cieno húmedo que me amortaja. A veces me siento muerto en sueños y es todo tan fresquito… ¡Ja!
Cuando sueño, el mundo está mudo salvo las palabras que son para mí, hay detalles deliciosos de gente que muere a mis espaldas, a mi lado. Sin que me importe, sin que las palabras que oigo se interrumpan o fluctúen. Nada importa y el universo me mira, me mima, me aterra, me tortura; ante muertos y admiradores.
Y me siento en mi mundo, estoy bien, me siento bien entre los muertos que no huelen. No me molesta nada.
Hay humanos que solicitan mi atención con los brazos hacia mí y yo como si de un poderoso se tratara, los dejo morir con una sonrisa de disculpa.
En sueño importo tanto…
La muerte es liberadora, tanto la mía como la de los otros, de hecho (no es por alardear), me importa un huevo el momento y la forma de mi muerte. Sólo soy curioso.
Mi cerebro tantas veces hostil, es el simulador de la nada. Cuando muero en sueños, todo se detiene y los últimos rumores del organismo, enmudecen el ruido universal de la vida de los otros y las cosas. Los árboles se agitan sin sonido y los horribles grillos raspan ahora muñones silenciosos.
Y la muerte adquiere su aterradora importancia y dureza.
No existe la muerte dulce, lo sé. Los que mueren durmiendo roncan aterrados por aspirar un poco de aire, contraen todos los músculos por arrancar un latido más al corazón y como en el sueño, son protagonistas de una escena eterna donde reconocen que no abrirán jamás los ojos. Recuerdo el rostro de mi padre muerto y no me engañó en ningún momento, rabió como un perro durante los segundos que tardó en morir. Eso son cosas que cualquier tullido sabe.
Muy zorro yo, abro un ojo por dentro y espío a mi cerebro sin que se dé cuenta de que estoy despierto; oigo su risa cuando la apnea dura más de lo que la vida aconseja.
Es tan cabrón, tan liberadoramente desinhibido de cualquier asomo de escrúpulos…
En sueños importo por encima del dolor, la muerte y la alegría de los otros. Mi cerebro está podrido; pero en el fondo me quiere; no es tonto, ha de cuidar del cuerpo que lo sostiene y me da protagonismo.
Cuando muera, lo echaré de menos.
Soñar…
La muerte es aburrida, estoy seguro de que será peor que vivir. Porque sin cerebro, sin sueño; se acabó la belleza y la emoción de un universo bien creado, de una naturaleza sin errores.
Yo no quiero morir.
Aunque vivir tampoco es para tanto.
Bueno, pongamos que caigo en coma por unos años.
Para toda la puta vida que me queda.


Iconoclasta