
No es fácil sudar sin sufrir un ataque de ira. Al fin y al cabo soy un conjunto de circuitos que se sobrecargan sin la refrigeración de los labios deseados.
Los cuatro.

No es fácil sudar sin sufrir un ataque de ira. Al fin y al cabo soy un conjunto de circuitos que se sobrecargan sin la refrigeración de los labios deseados.
Los cuatro.

Hace años, en un pueblo de Teruel, tomé una tibia humana de un osario de un cementerio en ruinas. Era increíblemente ligera…
Me fascina observar los huesos vacíos de cualquier carne, de cualquier vida.
Pensar que una vez sintieron…
Ser o no ser no es la cuestión, la teatral cuestión.
La verdadera pregunta es si valió la pena tanta esclavitud para ganar nada; para ser un hueso sin vida en las manos de un escritor.
No hay premios para los muertos, por muy buenos que fueron cuando sus huesos tenían carne.

Yo no soy fetichista, no soy un enfermo que se frota los genitales ante la erotizante, sensual y penetrable muñeca.
Lo juro…
Ocurre que veo otras posibildades más… ¿lácteas? para pasar el rato con una muñeca.
Con una más en la colección montaremos un sucio trío.
Yo no soy fetichista…
No…


Sillas y mesas vacías.
Si imagino el mundo entero así, entiendo la existencia del paraíso.
Está bien, falta ella; pero yo estaré poco tiempo.
A veces la realidad de la muerte se complementa maravillosamente con paraísos y otras sutilezas.

Ésta no es una de las botas que Pulgarcito le robó al ogro.
Estas son las botas de los siete cigarros, de las mil blasfemias, del calor, del cansancio, de la vanidad y la fuerza.
No es que sean mágicas, el mágico soy yo.
Porque si tuviera que aplicar la cruda realidad, debería confesar que no son nada, que solo me permiten caminar sin que me sangren los pies.
Cosa que no es nada extraordinaria.
Tenía que perder el tiempo en mis divagaciones, no tiene mayor importancia.
También he pensado en el precio de las naranjas; pero no me estimulaba a escribir fruticosas.

La puta manía de marcarlo todo: caminos y zonas.
Aunque es lógico, hay tanto idiota como indican los censos electorales.
Estoy perdido, abandonado en este planeta.

Yo es que de ingenuo no tengo nada, el niño no es feliz por el helado que lleva en las manos. Su gesto es la pura esencia de la lujuria.
Tal vez su mamá lo espera en casa para hacerlo un hombre de verdad.
No sé, a veces pienso cosas que podrían ser feas para los más comunes de la sociedad; pero bien miradas, son maravillosas. Un curso acelerado de mamadas por parte de mamá puede cambiar por completo el futuro de su hijo y así no hacer el idiota con un cucurucho por la calle.
Lo digo porque esa es más o menos mi sonrisa feliz para el sexo más sucio que ser humano pudiera imaginar. Solo que la mía es un poco más oscura que la de la figurita de la tienda de helados.
Mi madre no me hizo nunca una mamada, pero debería haberlo hecho.
Ni las madres son perfectas.
Mierda de planeta…

El dependiente de la tienda dijo que es un detalle simpático en una habitación infantil este sol sonriente.
«No es para niños, es para mí. Tengo ideas.», le dije serio como el filo de una navaja.
Me sentí un tanto molesto por lo barato de la tontería y pagué con unas monedas.
Luego escribí sin alegría.

Los caminos están bordeados por unas blancas líneas de polen.
Un derroche de vida.
El bosque alardea de su fertilidad.
Como yo alardearía en tu piel dejándo blancos rastros de semen entre tus muslos, en tus pechos, en tu boca, en tu cabello…
El bosque es mucho más sutil que yo, lo sé. Pero también sé que tu piel quiere la obscena brutalidad de la pasión.
Quien quiera puto polvo de ángel, que vaya al bosque.
Trazamos las curvas de nuestros cuerpos con húmeda lujuria.
A lo mejor, el bosque hace lo mismo: se corre en la tierra.
Aunque con otros materiales.
Y sin la locura de nuestra pasión.
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