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La Blanca

Publicado: 6 agosto, 2009 en Amor cabrón

He cerrado los ojos y me he zambullido en mi oscuridad, dulce y cansadamente. Soy un viejo héroe cansado que sólo araña unos segundos al tiempo para recuperarse.
Me gustaría ser héroe.
Y ahí está, esplende como una perla. Mi estrella, la única.
Mi Blanca.
La Blanca viaja por mi cosmos negro, mi pensamiento derrotado. Orbita por zonas oscuras, se eclipsa en amores rotos, abortados, arrancados, imposibles, dolientes y dolidos. Sobrevive al cuerpo y sus dolores, rompe maleficios y enfría la piel caliente. Revienta la maldición de la soledad y la convierte en paz.
Y hoy luce de nuevo. Es tan bonita…
Por mi alma rota…
Vale la pena su eclipse si he de experimentar el vértigo de sus renacientes rayos plateados surcando mi pensamiento, cuando crea un cénit de luz. Es un cometa que arrastra recuerdos brillantes, que recoge migajas de felicidad en un cosmos de negros e invisibles asteroides. Peligrosos como perros hambrientos.
Soy un espacio con una única estrella que brilla como el platino. No es mucho; pero sin ella yo no…
Ella alimenta mi vida, es la nodriza de la esperanza.
Es bella en su soledad, pulsando, venciendo lo oscuro. Desafiando miedos.
Ella sí que es una heroína.
Es una reina.
Mi Blanca.
Soy un cosmonauta en su busca. No hay cordón umbilical que me asegure a la nave, ni oxígeno, sólo su luz. Su visión me mantiene vivo. Si viajando a su encuentro se apagara, yo también moriría.
Lo prometo.
Cuando la sangre quiere correr fuera del cuerpo, cuando los pulmones ya están ahítos de oxígeno, cansados de respirar y las manos ciegas se abren demandando una caricia. Ahí sale ella, mi Blanca salvadora.
Y barre con su luz tinieblas y penumbras. Los monstruos aúllan y se repliegan.
Avanzo por una pasarela de plata.
El héroe ya no se siente cansado, y sus heridas han valido la pena.
Su luz es proteica.
Regenera células.
He dejado que mi sangre gotee en su pista de luz, ofreciéndome y llorando sin vergüenza. Un sacrifico por ser parte de ella, por ser ella.
Cuando inicie de nuevo su travesía por las galaxias oscuras, cuando deje mi cuerpo cansado de nuevo en la tierra, mi Blanca no estará; pero sentiré su luz correr por mis venas.
Mi Blanca, he de volver. He de dejarte, mi reina.
El cuerpo quiere ponerse en pie y caminar.
No tardes en regresar. Soy un héroe viejo.
Me llevo un poco de tu luz. Cuando vuelva a la oscuridad, cuando prefiera morir, cuando odie la vida que castiga el cuerpo y el ánimo; aparece. Destruye mi desánimo, anula la autodestrucción. Llena mi esperanza, mi Blanca. Estaré demasiado cansado para pedírtelo.
Si tardaras, no podría detener la cuenta atrás. No vale la pena sin ti; el cosmos dejaría de serlo. Y yo también.
Una mano rozó su hombro y abrió los ojos.
Una mujer estaba en cuclillas aún con la mano en su hombro.
-¿Juan? ¿Juan el Conan?
Miró a la mujer con los ojos deslumbrados, su cabello contra el sol formaba un halo de oro.
-¿Vero? La pecosa Vero -su voz era pura sorpresa y en su cabello quedaron prendidas briznas de césped cuando se incorporó.
La mujer sonrió y los ojos del hombre se relajaron.
-Octavo curso, la tía más buena de la clase.
-Siempre te gustó estirarte en el césped de los parques -dijo sonrojada y divertida.
-Tú eras mi novia.
-Tú mi héroe.
-Tantos años sin saber de ti…
Juan se puso en pie y se saludaron con un beso en la mejilla.
Las manos se entrelazaron sin que pudieran evitarlo.
Y la luz corrió por sus venas, rauda como una nave en el espacio.
De un recuerdo perdido, de un recuerdo bañado por la luz de la Blanca, se creó otra estrella. Otra luz.
El cosmos se expandió en un instante.

Iconoclasta

Es el momento

Publicado: 31 julio, 2009 en Amor cabrón

Es el momento, mi bella. Por ninguna razón en concreto.
Por ti.
Es preciso cuando todo el peso de la realidad, hace del amor una prensa hidráulica que nos aplasta.
Es hora de extender las alas que soñamos poseer y escapar.
Ha de ser contigo, sé lo que es volar solo. Sé lo que es volar hacia ti, y es desesperanzador. Nunca llego. Nunca es suficiente.
Ahora o nunca, mi bella.
Se necesitan dos corazones para escapar de la prensa: un corazón cesa el movimiento de la gris realidad y el otro late más rápido para volar.
O nadar.
O teletransportarse.
Tú congelarás la prensa dando un manotazo al pulsador rojo y se detendrá el mundo con un chirrido de agonía. Yo aceleraré con fuerza mi corazón y esta vez servirá para algo más que amarte conteniendo toda mi ansia: te arrancaré de la asfixiante realidad.
Te raptaré y arrastraré al paraíso donde una narcótica y sedosa vegetación acogerá nuestros cuerpos y musitará palabras de amor y sensualidad que una brisa suave transportará como una invisible caricia a los sentidos. Aromas que erizarán la piel, que al aspirar excitarán nuestras mentes. Las alas de nuestros torsos se batirán furiosamente libres creando una tormenta de plumas azules y negras.
Ángeles del paraíso…
No somos ángeles, mi vida. Los ángeles son buenos, son virginales, no follan ni meten los dedos en tu raja divina.
Y tampoco esto es el paraíso.
Soy perverso y tú no mereces bondad. Todo tu ser dice no quererla. Naciste para ser amada y tomada.
Brutalmente, obsesivamente.
Nuestras alas caerán porque así lo quieren nuestras conciencias creadoras y de la tierra emergerán manos sarmentosas que apresarán tus muñecas y tobillos. Se arrastrarán por tus pechos cerrándose con fuerza en las areolas que tantas veces he mamado. Inflamando los pezones hasta casi el dolor.
Estrangularán mi pene ante tus ojos y clamaré al pie del volcán blanco un placer-dolor animal.
Te arañaré la piel, no es por dañarte, es por tenerte en cada resquicio de mí. Y lameré las heridas arrastrando mi lengua pesada y ávida, saboreando cada célula tuya.
Clavaré los dedos en tus pechos y aliviaré luego la presión desmesurada del deseo con la lengua. Amenazaré con los dientes tus pezones dilatados y sensibilizados.
Una gota de baba se desliza perezosa desde el contraído y maltratado pezón empapado. Rocío carnal…
La hierba se agitará y no habrá viento. Y yo clavado de rodillas en una tierra fría, mamaré tu sagrado cáliz tallado entre los muslos.
Beberé de tu coño el elixir de la carne y te inundaré con el mío.
Serás sagradamente mamada.
Jadearás y me ordenarás que te joda con la frente empapada del mador de la lujuria, con las muñecas heridas por intentar aferrar mi bálano dolorosamente duro y clavar tus uñas en él, por herir con tus dientes ávidos mi glande tenso que oscila frente a tu rostro.
Es ese el lugar al que te llevaré. Te arrancaré del mundo y sin piedad te haré mi reina y esclava en un orco-paraíso de bendita duplicidad.
Somos la dicotomía del amor y la carne. Ni ángeles ni demonios.
Y cuando el deseo se haya saciado, este esquizofrénico paraíso coserá de nuevo alas a nuestra espalda y hablaremos cosas que no importan, reiremos sin ser necesario. Volaremos alrededor del imposible cráter blanco que humea rojos pétalos de flor y ruge alegres melodías de amor.
Lloraremos para bebernos las lágrimas como absenta cristalino y lamentar tanto tiempo perdido.
Cazaré y untaré en tu vientre mi nombre con la sangre de nuestra comida.
Y ni un solo detalle de nuestro ser quedará oculto en esta naturaleza extraña y nuestra.
Creadores de Fantasías S.A. Y tú la bella gerente.
¿Oyes esos gruñidos hostiles?
Allí no habrá voces, que como en La Tierra, ahoguen las de los dioses; escucharemos los gruñidos de las divinidades con sus sagrados sexos presos en sus puños y de sus dedos descolgarse filamentos de fluido espeso.
Supurarán deseo como una infección.
Ahora son ellos, los otros: ídolos, dioses e idiotas crédulos los que se debaten gimiendo, pegados al invisible cristal que los excluye de este orco-paraíso. ¿No los ves arañar y empañar con su aliento el invisible y sordo muro que nos rodea y protege?
¿Sabes que escucharán nuestros suspiros y chapoteos libidinosos? Como animales en celo se rozarán con lascivia. Ni la masturbación podrán consumar enfermos de envidia.
Sufrirán hasta que yo lo diga, hasta que me dé la gana.
Su dolor será el voyeur insano que nos excite. Sufrirán toda su puta y eterna vida. Pagarán mi tiempo perdido sin ti.
Padecerán tumores por aferrar tu coño con la mano y provocar los gemidos y el movimiento convulso de tus piernas ante las oleadas de placer que mis dedos provocarán.
Labios entreabiertos por los que se escapa el placer incontenible.
Desearán ser yo, hacer lo que yo.
Desearán matarme y violarte.
Somos los dioses y nuestra unión nunca creará nada, porque nuestro amor excluye todo, hasta la vida. Somos únicos y mortales.
Mortales porque nos vaciaremos el uno en el otro hasta quedar exhaustos, hasta cumplir la sagrada comunión de una unión sin límites.
Únicos porque sólo cuando muramos podrán pudrir este lugar con su presencia.
Las finas heridas que se extienden desde tus pechos a los muslos les enfurece. Como les enfurece la gota de semen que cae de mi pene a tu ombligo adorándote apresada a la tierra, esclava e indefensa en mi realidad.
Araño mi pene duro y embotado en sangre ante tu sagrada vulva húmeda y brillante.
Es mi mundo perfecto donde millones de ojos quisieran ser como tú y yo.
Eres mía y te quiero abandonada a mí, de la misma forma que me hiciste tu esclavo.
Abierta hasta que vea la luz en tu bendito coño.
Hay un momento para el amor y otro para follarte. Es mi mundo, es mi ley.
Ésta es mi voluntad.
Yo no creo mundos piojosos como este en el que nos escupieron.
Nos cagaron.
Porque haber caído aquí, en este tiempo y lugar, no es nacer. No es vivir.
Es precipitarse y penar.
Te arrancaré de este anodino presente.
A ti y a tu coño.
Clavada a mí.
Una sonrisa de dientes ensangrentados, unos labios heridos por dientes que se clavan soñando el sabor de tu piel. Es el rostro de mi sueño, de mi fantasía.
La sonrisa en el orco-paraíso no es gratuita y tiene el acre sabor del deseo convulso.
Es el momento, mi bella.


Iconoclasta

Yo, El Pensador

Publicado: 21 abril, 2009 en Amor cabrón

El pensador de Auguste Rodin (1840-1917)

Rodin me debió espiar por una ventana hace mil años.

El escultor me vio brillante como el bronce por la mador de mi piel tras follarla furiosamente; mientras me mordía el puño para ahogar un grito.

¿Pensador yo? No, yo apoyaba mi cabeza en el puño; me senté desnudo después de haberla follado, intentando no llorar su ausencia.

El pensador era yo cuando ella recogía su ropa con prisa para volver a su casa con el otro, al que no amaba.

Yo no era un pensador porque no entendía nada, sólo se que la amaba, ciego…

El pensador… Rodin no sabía que yo no pensaba, yo sólo maldecía. Y me comía el puño con tristeza.

El otro brazo ocultaba mi pene aún húmedo con restos de esperma. Goteaba en mis tobillos.

Rodin no sabía nada de mi angustia.

Y concluyó que yo pensaba.

Era el dolor desgarrador de quedarme solo, de no tenerla. No había asomo alguno de raciocinio en ello.

No eran pensamientos, eran emociones sangrantes de mi efímera posesión, de mi pene aún caliente latiendo por ella.

Por su coño.

Me mordía el puño cuando ella cerraba la puerta y desaparecía; el grito se convertía en un mordisco que laceraba mis nudillos.

Rodin necesitaba gafas.

Yo no pensaba, mi amor…

Mi vida…

Rodin modeló todas esas emociones creyendo que era la fuerza de un pensamiento. Y ahora estoy condenado durante toda la eternidad con todo ese deseo y anhelo de ella, encapsulado en una figura de bronce.

Rodin eternizó un dolor irracional sin saberlo.

Pobre hombre.

Pobre de mí.

Iconoclasta

Una mano cansada

Publicado: 7 abril, 2009 en Amor cabrón

No sabe que la mano me pesa como un plomo, tira de mi hombro y hace mi caminar encorvado.
No tiene ni idea de lo fuerte que es. Porque ella, bella entre bellas es pura fortaleza. El poder desatado hecho mujer.
No soy un hombre refinado, no soy sutil. Ni un hombre débil. Mis músculos han desarrollado tantas toneladas de fuerza a lo largo de la vida, que me tiemblan los dedos alzando pétalos de flores. Nací tan fuerte que siento el peso de mi propio cuerpo como un lastre que me hunde cada vez más en la tierra.
La necesito para no clavarme en el suelo. La necesito para no convertirme en fósil. La deseo como un virus desea tomar el control del cuerpo. Con toda esa fuerza instintiva en su pasión; a nivel genético. En su voracidad por ser ella, estar en ella. Ser mecido por ella.
Por lo tanto sólo cabe pensar que cuando coge mi mano y libera mi carga, cuando me libera de mí mismo ocupando mi pensamiento; es más fuerte que yo.
Siento vergüenza.
Me da coraje ser más débil que ella.
No voy con ella, ella me lleva con su increíble capacidad para anular la gravedad y me siento volátil. Etéreo como un gas que se diluye en el aire, que se expande en la atmósfera.
Ingrávido.
La mano se balancea sola, pende triste, la observo con cierta angustia al desligarme de mi cuerpo. Uno aprende estas cosas si quiere sobrevivir. Uno aprende a liberarse de la carne durante los segundos necesarios para no caer de rodillas aplastado por el peso de todo.
Y viéndome desde el aire, siendo aire, la pobre mano parece cada vez más cercana del suelo. Está cansada, estoy reventado.
A veces la mano se agita, los dedos hacen un pequeño intento de cerrarse en el aire. La mano es tonta y sueña que abraza los finos dedos que la hacen ingrávida.
Da pena la mano, doy pena…
Tantos pasos firmes crujiendo el suelo, aplastando el planeta con resolución y ella con un solo paso, hace girar la tierra como una hermosa equilibrista gira la pelota bajo sus pies. Así de fácil.
Un día estaba cansado, y la mano golpeó un árbol del que no pudo apartarse, ni quiso. Los dedos fuertes y toscos, apenas se cerraron ante el dolor. Sólo se entornaron los ojos para enfocar la mano y la sangre que de un corte manaba lenta, serena.
Perezosa sangre que al fluir, da tregua al corazón.
No conviene cortar las hemorragias de soledad, pero va metida en la sangre. Como un virus.
Se ha de retener la sangre, con la ponzoña y la vida para no perderlo todo.
La voz:
-Está sangrando, se ha hecho un corte en la mano -me habló mirándome directamente a los ojos.
Supongo que lloraba, por alguna razón mis ojos vertían lágrimas. Los hombres fuertes también están sometidos a la fuerza del viento que arrastra cuerpos extraños y hace llorar los ojos.
Mentira. Lloraba porque estaba más solo que nadie en la puta vida.
La mano tembló ante aquella voz y se alzó ágil ante nuestros ojos.
Mi voz:
-He debido darme un golpe.
Dejó las bolsas de la compra en el suelo, su mano cogió la mía y todo aquel cansancio se disipó.
Los dedos se relajaron entre los suyos.
-Aquí mismo hay una farmacia, hay que limpiar esa herida.
Ella no miraba mi mano, miraba mis lágrimas. Maldita… Es lista…
Sus manos sostenían la mía mientras el farmacéutico limpiaba la herida. Y algo debió decir ella, porque lloré con un gemido. Y algo debió significar porque ella me acarició el rostro con una sonrisa calma.
Su boca esplende luz y vida.
Y dejé de ser el hombre más fuerte del planeta. Me arrebató el título.
La mano no quiere ir sola colgando de mí, parece abrirse la herida por la cicatriz que hace años se cerró; un estigma de amor. Sólo ella lo conjura, sólo ella sana y restaña la herida, con su voz. Con su mirada.
La mano se ha hecho más pesada, día a día cuelga doliendo del brazo como una condena. Día a día busca, buscamos el momento de asirnos a ella. De ser aire y piel sanada. De no llorar.
Ella trae un aire limpio que no aloja cuerpos extraños en los ojos. Con ella no hay lágrimas. No estoy solo.
Bendita sea la mano que pende triste y que la encontró. A ella, a la más fuerte del planeta.

Iconoclasta

Sin uñas

Publicado: 28 marzo, 2009 en Amor cabrón

No hay aves trinando, no hay fulgores de colores en el aire; no son las flores más coloridas, fragantes y hermosas.

No hay nada de eso, no hay magia, no hay ilusión, no hay esperanza para la fantasía.

No es por ninguna belleza natural, ni por la armonía en el planeta por lo que me siento bien, cómodo.

De hecho, me siento exultante de optimismo.

Todo se debe a ti; hace tiempo que dejé de engañarme y mi mente prosaica y burda no me permite crear bucólicas y líricas alucinaciones.

Y no quiero ver más belleza que la tuya. No quiero ver un agua cristalina como no puedo obviar el hedor de la ciudad. Soy incapaz de decorar la realidad.

Nunca se me ha dado bien la decoración ambiental, sinceramente.

Sonrío y espero impaciente besarte sin ningún paraíso que nos acoja.

Y ahí estás, esplendes entre negros, grises y suciedad.

Bella y única.

No eres bella porque yo te vea así, no quiero repetirme. Sabes que no soy amigo de espejismos. Te parieron así de hermosa.

Y escupo la tierra que me sostiene porque me da asco. De la misma forma que me la llevaría a la boca si supiera a ti.

No haces el mundo mejor, eres lo más deseado de él.

No quiero ir al lugar más hermoso contigo. Tú eres lo sublime y el universo está en tus ojos. Los secretos de la vida y el placer perfuman tu piel. Reflejas una luz propia, no es la del sol que calienta al resto de seres. Es otra luz, es para mí. Es mía y mataría y descuartizaría por ella.

Este amor que me corroe y me mantiene vivo, no es un engaño o un sueño.

Quiero y deseo tus manos, tu piel, tu cabello…

Tu sexo es la fragua del mío.

Retrocedo al pasado porque me encuentro masturbándome como cuando era adolescente, es la única sensación de irrealidad que tengo.

Aferro mi pene y sueño con arrancarte con la lengua el secreto del placer que la belleza oculta en tu coño.

¡Dios! ¡Cómo te quiero! Exclamaría si fuera creyente.

Pero no puedo exclamar eso, sólo se me cae una baba de felino hambriento y mi mano se va a mi sexo, como tú haces. Me haces.

Y presiono, y te busco y presiono, y te busco y gruño un placer húmedo y blanco deslizándose por entre mis dedos.

Parecerá una tontería; pero te doy el valor de la vida. No es una frase al uso, casual. Es la verdad.

¿O acaso te crees que las uñas caen de los dedos como la piel de un reptil?

No tengo psoriasis.

No hay belleza en el amor, no es así como funciona. Cuando amas desesperado, arañas las paredes, sueñas y deseas que esté ahí. Clavas las uñas en el muro como si fuera la piel que amas y las uñas se separan de la carne y hay sangre y hay un dolor.

Y uno se pregunta dónde está la bendición del amor.

Tengo la polla sucia de sangre, de uñas que no son. De arañazos en el muro. De labios devorados.

Puta bella, ¿qué me haces? No es necesaria tu existencia para que yo viva. De hecho, no me acuerdo de respirar cuando te beso.

Las apneas de amor son una dulce forma de morir. Una tortura narcótica.

Camino descalzo entre cucarachas y ratas, crepitan, crujen con mis pasos. No hay nada que me engañe, no bebo, no me drogo. Y adoro ahora estar vivo.

No eres mi hechizo, eres mi infección.

No puedes mirarme e ignorar que eres el centro del universo y que giro a tu alrededor. No te puedes permitir humildad cuando el hombre sangra deseos, llora semen y por sus venas corren lágrimas.

¿Te das cuenta? Lejos de hacer el mundo más hermoso, creas extrañas mutaciones en mi organismo.

¿Sabes que sonrío llorando? ¿Sabes que es desesperante amarte aquí? Decidir de repente no abrirme las venas para no alejarme de ti es una forma de cobardía que no conocía.

Tampoco es que antes fuera una especie de Batman, no tenía intención de ser un hombre arrojado.

No hay término medio, soy todo tuyo.

La rata que he pisado se retuerce con la espina dorsal rota, y vuelvo a pisarla sin notar los arañazos de sus agonizantes patas. Es curioso que no sienta asco.

Soy consciente de lo horrendo, no hay nada que me ciegue. Sí, ya sé que no es el mejor atrezzo para esta función. Sin embargo, todo lo horrendo pierde protagonismo y la sangre de otros es una alfombra de mediocridad sobre la que camino hacia ti. Suave y cómoda como la aterciopelada sangre que se cuaja lentamente.

Me has faltado toda la vida, eso es lo que ocurre.

Tengo tanto que pensar…

Obsceno… Es inevitable amarte y no pensar en la lujuria. Tu pensamiento está embutido en ese cuerpo y para llegar a él, debo lamer, tocar, penetrar…

Embestirte mil veces.

Mariposas en el estómago…

Son buitres arrancándome los testículos. Las mariposas viven tan poco tiempo, son tan efímeras que apenas han podido batir las alas cuando agonizan.

Las alas de tu amor son formidables y las plumas caen pesadas al suelo como tu ropa hecha jirones por mí.

A veces pienso que soy una especie de tosca mariposa. El tiempo pasa deprisa a tu lado y temo morir demasiado pronto. No temo la posibilidad, temo la certeza.

Joder… Me duele de dura que me la pones, coño.

Me duele el pensamiento cuando no estoy contigo y tu fragancia, tu ser, no está ahí para equilibrar la hediondez de lo que me rodea.

Ya ves, te parieron así, maldita amada. No tienes magia, no me engañas.

Te engendraron así para amarte a pesar de todo, por encima de todo.

Por encima de ratas y bichos negros, por encima de los volcanes ardientes y de los campos de cerezos en flor.

No es un buen lugar para amarte; pero yo sé que para ti sí lo es.

Y no entiendo como puedes querer a alguien que tiene toda esta basura en la cabeza.

Es algo que me obliga a amarte aún más.

Y callar.

Silenciar este tormento y sonreír como un triste augusto.

Sin uñas.

Iconoclasta

Yo no soy un hombre

Publicado: 27 diciembre, 2008 en Amor cabrón

Yo no soy un hombre, soy un animal sin alma. Sólo soy reproductor, un cerebro primitivo y lerdo.
Los enamorados claman al viento su amor, escriben poemas de luz y sonido, lloran la tragedia de la ausencia. Hacen el amor entre olas de espuma cálida o entre ráfagas de etéreo polen. Las velas hacen de sus sombras seres de prestancia divina.
Yo no. Soy un animal que no siente nada de eso.
No tengo corazón, no lo siento latir. Soy un simple.
Son mis tripas, en mi vientre es donde se acumula el deseo. ¿Es pasión o es locura desbocada?
Me aferro al abdomen clavando las uñas pensando en ella, digiero cada imagen suya, cada palabra.
Es mi vientre el que me estremece.
No tengo corazón, soy intestino, un músculo que se tensa, que me aplasta hacia dentro
Soy tan primitivo que siento vergüenza de mí.
¿Quién coño me parió?
Sin previo aviso se me tensa el músculo y me abrazo el vientre con una nostalgia, con una sensación de hambre que me dobla en dos.
¿Cólicos de amor?
Quiero joderla, lamer cada trozo de su piel, rozarme con ella hasta que mi puto pene reviente en mil pedazos.
Yo no soy un hombre, soy un perro en celo, coño.
No puede ser amor susurrarle al oído “puta”, meter mis dedos en su sexo y mojarme de ella, hacerla gemir como a una perra.
Coño, qué digo…
Soy un animal. Soy sucio, soy una pesada carga de semen hirviendo por ella. Un pene baboso, un glande terso colapsado de sangre.
Yo sólo sé que cuando el vientre se estremece mis manos lo recorren intentando frenar esa tensión. Y me encuentro con el pene en la mano, consolando mis cojones duros, ardientes.
No lloro, es vergonzoso…
De mi pene gotea un líquido espeso, un aceite. Destilo el puto amor por el pijo. ¿Son mis lágrimas de amor? Si ella supiera lo que soy…
Camino desnudo por la casa dejando un rastro de mi excitación, como un animal salido. Estrangularía el deseo; pero su imagen sólo me lleva a tocarme, acariciarme hasta que con gruñidos y gemidos me derramo.
Arañando el vientre, tirando de mi sexo endurecido y resbaladizo.
Babeando por lamer su coño.
Aspirar sus pezones hasta saciar mi sed.
Meterme en ella y joder hasta su alma.
No puedo ser un hombre, los hombres no se hacen pajas desesperados así. Los hombres aman y sonríen y bendicen la suerte de ser amados.
El corazón es mi pene latiendo, bum-bum-bum…
Creciendo y expandiéndose por ella.
Mis lágrimas son el semen que se enfría rápido entre mi puño, en mi vientre salpicado.
Mi puto vientre de animal…
Qué vergüenza…
La jodo hasta lo más profundo de ella.
Sin amor, sin corazón.
Soy una polla que llora, unos cojones plenos.
Un animal sucio.


Iconoclasta

Caída libre

Publicado: 10 noviembre, 2008 en Amor cabrón
Es una caída libre. Soñar contigo es precipitarse en la cama de siempre en mitad de la noche, tras una vertiginosa carrera vertical.
Así es amarte.
Ocurre tantas veces, que mi corazón se acelera aleatoriamente durante el día y pierde un latido llevado por el vértigo de mi deseo, de mi amor.
Amarte no es aquello tan emocionante que crea sensaciones amables y mariposas en el estómago.
Joder…
Amarte es renegar de lo que he querido y conocido hasta ahora. Eres brutal, un ser de otro mundo que rasga con su rostro deseado la realidad celosamente amurallada a mi alrededor. Argamasa de frustraciones y tristeza. De forzados cariños. Artificios para sobrevivir en un mundo que no era el mío.
Hay un ángel que aviva las llamas del infierno con su belleza, sin ser consciente. Las almas allí claman con más desesperación: quieren dejar de arder e ir con él.
Contigo.
Lo que creí amar es ahora una cotidianidad que me infecta, que me pudre la sangre y la hace barro.
Ahora en mi cerebro hay una certeza desquiciante, cuasi sangrante, de que no nací en el lugar adecuado. No nací en el momento adecuado.
No estabas, mi vida…
Qué triste amarte, qué triste retorcerse en tiempos perdidos, en angustias y falsos amores. Falsas felicidades, mentirosas palabras.
La verdad está en ti, dentro de ti, en tus labios. La he bebido y he enloquecido.
Eres hermosa hasta el paroxismo, te amo con la angustia del viejo que sabe de su piel curtida.
Cuarteada.
Es tarde…
Tu hermosa presencia ha sido una onda expansiva devastadora; grita una mujer y grita un niño, zarandeados y arrastrados por ella. Alzan sus manos sin comprender porque se van. Porque sufren. No los reconozco. Aunque me arañan la piel llorando mi nombre.
Son tus ojos los que lideran el universo. Dadora de vida y esperanza. Destructora de serenidad y paz. Son tus palabras las que me hacen hombre y amante. Tantos errores, tantos engaños para poder llegar a ti… Y no he llegado, has sido una aparición, una revelación. Un deseo que me ha sido concedido.
No estoy reventado, cielo. Es que siento el peso de años perdidos y lo riñones están dolidos.
Besarte.
Hundirme en tu boca es esa caída libre que precipita toda mi existencia pasada por un desagüe atronador.
Amarte es ser cruel, es ser impío. Y así no duele tirarlo todo, no cuesta esfuerzo erradicar recuerdos y afectos como si de tumores insanos se trataran.
No me cuesta nada rendirme a tus pechos y herirlos con mis dientes hambrientos de ti. Clavarte a mí mismo sin ningún cuidado, sin rubor ni pudor.
En medio del fragor de una vida mal hecha, mal dedicada que se pierde en aguas negras.
Una vida sin ti ya no es vida.
Negativo. Ya no, sin ti no quiero.
¿No lo comprendes? No…
Es tu rostro la paz del deseo alcanzado y no hay nada que la pueda enturbiar. No quiero, me comeré mis miserias y masticaré los vidrios rotos. Sonreiré feliz con un poco de sangre entre los dientes.
Sin guardarte rencor por todos estos años que no he sabido de tu existencia.
Jamás juré amor eterno porque no estabas, no eras. No podía imaginar que algo como tú existiera. Soy un fracasado ¿cómo iba a imaginar algo como tú?
Que putada, mi vida.
Otra sonrisa tuya, otro beso mientras todo desaparece a mi alrededor.
Sin importarme. Tan sólo abrazado a ti.
No me dejes, no permitas que caiga de nuevo en el colchón, sujétame fuerte, mi amor. No quiero ir con ellos.
Te quiero a ti, siempre te he querido.
Por eso lloramos algunos al nacer; porque no estabas.
Por eso grito y me asusto en mitad de la noche, cayendo… No es el miedo a morir, es el horror de desprenderme de ti.
Es la caída libre de nuevo a la mediocridad.
Rotos los dientes de tanto quererte.

Iconoclasta