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El abrazo, el encuentro

Publicado: 4 enero, 2010 en Amor cabrón

Es una historia con origen; pero no interesa el inicio. Ya ha habido bastante sufrimiento. El inicio se entiende y extiende como un pergamino ajado de borrones de lágrimas y escupidas risas ante el encuentro de los amantes.

Ante el desesperado e inconsolable abrazo.

Joder… Duele mirar. Hijos de puta valientes y osados.

Arrojados amantes.

Respiraría mejor ante la obscenidad de sus sexos unidos que ante la fatiga del abrazo extenuado.

Mirarlos es ver la historia triste que infecta de melancolía mi ánimo.

Se abrazan cansados, desfallecidos.

Debería correrse un velo, ocultar los amantes cansados a la vista del mundo. Necesitan su momento para lavar el agotamiento, los dolores. Nadie debería ver lágrimas en sus rostros. Nadie tiene derecho a concluir que su amor es doloroso.

Lo han cuidado tanto. Lo han hecho crecer como un árbol de sarmentosas raíces clavadas en sus corazones, con un viento que mueve el tronco y les arranca lamentos.

Ya han sufrido bastante, no necesitan que nadie enfatice su dolor.

Ojalá no los viera llorar la desesperación acumulada. Duele imaginar.

Duele sentir.

El encuentro es hermoso; pero así, con esas lágrimas, con toda esa vida de ansias y esperanzas casi inverosímiles; resulta penoso.

Se nota la fatiga en su interminable abrazo, en sus entrecortados llantos silenciosos. En sus ojos cerrados con mucha fuerza.

Tiemblan sus cuerpos; no hay derecho. Deberían reír.

Joder, es que… No quiero, no puedo arrancar la mirada de los cansados amantes.

Pobres amantes…

Que alguien cubra con una tela de gasa negra su amor cansado, casi derrotado.

Necesitan un respiro, por el amor de dios.

¿No se podría disipar el mundo a su alrededor para que puedan beberse sus lágrimas en lo íntimo de su dolor?

En la bahía de la desolación han gritado mil veces sus nombres; se han buscado a tientas en la niebla. Forzando sonrisas y ánimos hasta casi romper las mentes.

Han retornado a la infancia humillando a la experiencia para arrancarse sonrisas como tablas de salvación.

Que alguien los cubra y los seque.

Que calle el mundo; que nadie diga en voz alta que están reventados de puro cansancio.

Necesitan ánimo ¿Es que nadie lo ve?

Miremos a otro lado; que lloren su amor, su acumulado cansancio en soledad.

Es tan difícil evadirse del amor extremo. Es tan raro.

Estoy tan necesitado…

Ojalá tuviera el valor de arrancarme los ojos para no sentir el dolor y la pena acumuladas que resbalan por sus pieles y deja un charco en sus pies.

La vergüenza de mi vida vacía.

Ella, hermosa hasta la desesperación, es la creadora de risas y esperanzas; comía el amargo dolor nuestro de cada día con una sonrisa traviesa en la mirada. Indefensa y bella en la oscuridad de la distancia.

Él, recio como estatua de bronce, avivaba un amor hiriente; ignorando con alevosía que no era bronce por dentro. Una ilusión sangrienta.

En el mar de la desesperación chapoteaban amor con promesas de salvavidas esperanzas y escribían un guión de la película de su tragedia.

Guionistas cansados, casi derrotados. Apenas la vela iluminaba el papel donde garabateaban ilusiones y elucubraban el sabor de la piel mutua.

Que nadie les vea llorar; porque creían ser fuertes. Ya saben lo que son, que no sepan que nosotros lo sabemos. Tienen derecho a sentirse dignos, a pensar que han ganado la batalla y que todo el dolor y la angustia pasados, han valido la pena.

Tienen derecho a ignorar nuestra envidia, nuestro ponzoñoso deseo de hacer el mundo como nosotros lo malvivimos declarando que su dolor es demasiado para tan corta que es la vida.

No están locos. Tienen derecho a ser tratados como valientes. Son héroes.

Que nadie se equivoque.

No necesitan que nadie dé fe de que el amor que explotó un día entre sus manos, les hirió con una metralla indolora y desgarradora. Sin darse cuenta se retorcían en las noches, en la soledad apenas consolada de si mismos.

Se creían tan fuertes…

Que alguien los cubra; porque no quiero llorar.

¡Cómo duele el liberador abrazo que jamás sentiré!

El amor les ha cobrado un precio abusivo. Me consuelo ante mi mediocridad.

Es tan bello…

Pagaría intereses de usura por sentir el amor que sudan sus pieles.

Miradlos, se han mordido las bocas y lloran la desesperanza acumulada, las promesas ya cumplidas que se deshacen como hielo al sol. Histeria sangrienta de un amor que ha costado millones de palabras y besos escritos. De palabras susurradas a un micro, de pensamientos entrelazados en el día a día, del limbo del amor remoto y lejano.

Ahora ríen a carcajadas, con un agotamiento sangriento en sus labios.

Que alguien los cubra, que alguien los proteja, porque ya no abunda ese amor loco, irracional. Inversamente proporcional a la cordura, a lo que la vida aconseja.

Porque ellos son la prueba viva de que aún queda esperanza.

Por favor, cubridlos y cuidadlos.

Protegedlos.

No son tan fuertes como creían y sus besos desfallecidos duelen en nosotros como una blasfemia a la razón. A la razón de lo vulgar, de lo banal.

No hay nadie en este mundo tan valiente como los cansados amantes.

Que el mundo les de paz. La han ganado a pulso.

Iconoclasta

Amantes secos

Publicado: 23 diciembre, 2009 en Amor cabrón

Se le ha caído una lágrima al suelo.

– ¡Mecachis!

Con la punta de un cortaplumas intenta recoger la gota y verterla en un pequeño frasco.

Sus escleróticas están enrojecidas por una tupida telaraña de venitas.

La tierra se ha bebido la gota y al hombre de los ojos secos se le escapa un gemido casi infantil.

Tiene que aprovechar el frío para conseguir lágrimas; hay días que consigue hasta diez gotas de emociones destiladas.

Parece un hombre fiero con su mirada basilisca; pero si se presta atención a sus movimientos suaves y casi tímidos, parece un buen tipo.

Sólo hay que observar sus manos relajadas que al caminar parecen acariciar el aire.

Además ¿no lo acabamos de ver intentando recoger una lágrima del suelo?

Eso requiere mucha sensibilidad.

¿Acaso un hombre malo intentaría recoger una lágrima?

El no es como nosotros.

Ahora camina sin prisa, con la cabeza gacha.

Le da vergüenza que le miren los resecos ojos. No son feos del todo; son pequeños y muy intensos, tienen un color miel que en medio de ese enrojecimiento, le otorga una mirada tremendamente profunda; pero ese blanco ensangrentado provoca desconfianza.

Es fácil pensar que ha esnifado cocaína, o que le ha dado demasiado al hachís.

Eso son conjeturas de los vulgares, de los que no conocen más allá de lo que ellos han vivido.

No es por una extraña perversión o adicción al dolor por el que el de los ojos secos, roza con la punta de una aguja los lacrimales. A veces se hiere la esclerótica.

Necesita hacerlo, porque hubo un día en el que se acabaron las lágrimas.

Se secó.

A veces no basta con llorar por dentro, la piel de la cara necesita cuidados, necesita sentirse acariciada por las líquidas emociones destiladas por los ojos.

La tristeza esconde la belleza húmeda de los deseos abortados y de los tiempos estériles. La piel necesita consuelo.

La piel curtida necesita los mimos de una tristeza serena.

Yo a veces lloro en su rostro, y él me acaricia el cabello y siento su llanto seco en mi pecho.

Lloro por él, porque amar lleva implícita las lágrimas. Unas son de felicidad y otras por el que tiempo que han vivido los amantes sin encontrarse.

No somos felices, nos amamos intensamente en un mundo que no está preparado para acogernos. La espiritualidad, la pasión casi irracional no está bien vista cuando los que aún poseen todas sus lágrimas intactas nos miran a través de sus correctos e hidratados ojos y en lugar de lágrimas de amor o tristeza, sueltan alguna lágrima ponzoñosa de envidia.

Mi amante de ojos secos dice que soy la cosa más bonita del mundo, yo le creo. Cuando me reflejo en sus ojos lo sé.

Y lo afirma con tal rotundidad, que siento el vértigo de ser más que una mujer.

Yo también he llorado, y sé que mis lágrimas se acabarán como se han agotado las de mi amor.

Lo sigo porque a veces desespera, se sienta en un banco en cualquier plaza desierta y esconde el rostro entre sus manos e intenta llorar. Y llorar secamente duele, es como el vómito con el estómago vacío. Parece partirte.

Quiere conseguir todas las lágrimas posibles para cuando mis ojos se sequen y así poder cuidármelos. Hay un congelador en casa que contiene cientos y cientos de viales llenos de lágrimas.

Colirios de locura de amor, los llamamos.

Un día nos reconocimos, hace eones de ello, al menos así de veloz nos pasa el tiempo. Tal vez sea una subjetiva percepción, pero los dos percepcionamos lo mismo.

Mi hombre y yo jugamos a veces con el vocabulario como cuando éramos niños. Niños que no se conocieron hasta muchos años después de haber nacido.

Hay un tiempo entre nosotros que es una cicatriz dolorosa de tocar. Como si hubiéramos perdido vida. El encuentro ha tardado mucho en ocurrir. Hay demasiado tiempo y poca vida.

Y la vida debería ser más justa, más amable al menos.

No puede hacer daño un poco de equilibrio entre espera y encuentro.

El tiempo es un hierro al rojo que cauteriza la carne y seca los ojos.

Evapora las lágrimas y las emociones.

– ¡Vamos mi amor! Aún me quedan lágrimas, no te preocupes. ¿Tú has visto que secos están hoy tus ojos? No quiero que salgas solo a la calle. ¿Ya no me quieres?

– Es imposible no quererte, mi bella. Hoy no tenía un buen día, no quería entristecerte con mi sequedad.

Me desarma, cuando ríe me lleva al fin del mundo entre sus brazos; pero cuando está triste, abre con cuidado la puerta de casa y sale a la calle en silencio para intentar llorar alguna lágrima. Y eso me rompe el corazón. Me desangra por dentro.

Querer a alguien y saber de su tormento es lo peor que pueda ocurrir. Porque a quien amas le darías tu propio corazón si fuera necesario.

-La primera lágrima y se la ha bebido la tierra. Es una mierda, mi bella.

A veces su ternura compromete mi ánimo.

Es tan difícil no pensar en él a todas horas…

Me acerco a sus labios y lo beso con un pequeño roce.

Sabe a tan poco…

Un beso más lento y profundo y él invade mi boca con su lengua impulsiva, agresiva en su pasión. Y sin pretenderlo, dejo de respirar. Cuando se besan los amantes, cambian de cuerpo, se desliza el pensamiento al cerebro amado y las funciones vitales parecen suspenderse.

Parece de ciencia-ficción; pero esta película está basada en hechos reales.

A mí no me cuesta nada llorar, sólo tengo que recordar alguna de sus tristezas para que mis ojos se inunden de lágrimas. O una alegría, cuando nos besamos la primera vez, supe que nos conocíamos de otros tiempos. Su boca, sus brazos, sus manos, hasta su calor, todo aquello era cómodo, fue lo esperado durante tantos años.

Y cuando las lágrimas bajan por nuestros rostros unidos en un beso o en un abrazo, siento la húmeda felicidad en su piel y dice que está dos veces bien. Es verdad, porque su tez responde tornándose suave y cálida. Incluso las escleróticas recuperan su blanco.

Y hay quien nos mira y ve a una pareja rara, posiblemente alcohólicos en un abrazo ebrio. Porque los amantes no deberían llorar. En este tiempo y lugar, los amantes follan y ven la tele, se casan en selectas y recónditas ermitas y celebran grandes banquetes en un oropel de mal gusto.

No se sientan en un banco de piedra a besarse, eso sólo lo hacen los adolescentes. Y ese que nos mira, cree que no está bien que nos besemos con tanta fuerza en un lugar en el podrían haber niños jugando.

Dejo que mi amado separe su rostro de mí y dirija su mirada a los ojos de ese envidioso. Me encanta cuando mi hombre provoca zozobra en los vulgares. Me siento orgullosa de él, de su fuerza.

Por eso lo sigo cuando camina en busca de lágrimas, me gusta cuando es peligroso.

Pero es un alquimista desesperado por hacer oro de un trozo de plomo.

No ha sido fácil la vida y ambos hemos llorado mucho; pero mi amado nació antes, y en su hermosa locura, dice haber fallado. Que se ha equivocado tantas veces en la vida, que por su culpa hemos perdido años de amor, de estar juntos.

Le acaricio la espalda y le digo que no es así, que todo está bien. Que nos amamos con tanta intensidad que incluso hemos retrocedido en el tiempo. Y lloro en sus hombros sin que me vea. Para que no recuerde lo seco de sus ojos viendo las maravillosas emociones líquidas que derramo y se filtran rodando por las comisuras de mis labios.

Yo no sé si tendré su fuerza cuando me quede sin lágrimas, sólo sé que sin él no puedo vivir. Que el sacrificio de sus lágrimas, es lo más hermoso que nadie pudiera soñar.

No quiero que nadie diga que es un tarado de mirada narcotizada. No se lo merece.

-Mira, mi bella -dice señalando con el dedo su ojo -Una lágrima para ti.

Y una pequeña bolita brillante está prendida del párpado inferior, casi en equilibrio. Es muy pequeña.

Saca el frasco de lágrimas del bolsillo y lo abre cuidando de no mover demasiado la cabeza ni pestañear.

Con mucho cuidado, se lleva la hoja del cortaplumas al ojo y con mal contenido nerviosismo, recoge la lágrima dejando luego que caiga en el pequeño frasco. Es sólo una pequeña estela de gotitas en la pared del frasco.

Todo el amor, en sólo esa minúscula gota. Existe en ella todo el amor y todas las penas de una vida. Un chip líquido testimonio de vida.

Y siento una pena infinita por mi hombre sin lágrimas.

Tengo miedo de que un día me seque también, porque no podré llorar en su rostro.

Secos amantes…

Tengo frío.

– ¿Vamos a casa, llorón?

-Vamos, llorona.

Me ha colocado su cazadora en mis hombros.

En casa reiremos. Cuando estamos solos reímos más que lloramos. Este mundo prefiere las lágrimas, lo sabemos. Por eso lloramos en la calle, para que todos estén tranquilos. Para que el mundo se sienta satisfecho.

El mundo es envidioso y puede soportar las lágrimas; pero la risa de los amantes, es algo que le irrita, y nos escondemos para que no nos destruya.

Cuando entramos en casa, un delicioso calor nos invade, y mi hombre lleva la lágrima al congelador.

-Otra lágrima para mi bella ornitorrinca.

Los ornitorrincos son tan raros como nosotros y reímos como ellos. A lo mejor no ríen los ornitorrincos; pero es divertido imaginarlo.

-Es hora de una sonrisa, mi ornitorrinco.

Y reímos, besándonos, viendo películas, recordando el reciente pasado, cuando nos encontramos en este mundo fiero y malo; él con sus ojos secos y yo destilando para él mi amor, como él destiló hasta su última gota por mí.

Hasta que me seque.

Iconoclasta

Hasta luego mi amor

Publicado: 15 diciembre, 2009 en Amor cabrón

Perdona que te deje sola un tiempo.

Tengo que morir.

Todo ha salido mal.

No te preocupes, cielo; me mato y enseguida vuelvo.

No estoy bien, cielo.

Ha sido mucho tiempo. Pesan todo esos años sin ti.

He oído que podría reencarnarme. O sea: me enchufo veinte minutos a la toma del gas y ya soy libre.

Y ahora que te tengo grabada en mi pensamiento, ahora que sé quien eres y lo que me haces sentir; buscaré un cuerpo cercano a ti.

He leído que estas cosas pasan. Y es la única forma posible de estar más tiempo contigo. De recuperar lo no vivido a tu lado.

Y tú estate quieta ahí, no te muevas hasta que te bese. A ver si vamos a estar dando vueltas sin encontrarnos otra vez.

Ni se te ocurra moverte.

No me llores, sonríe mi reina. Dentro de un rato estaré contigo.

Tardaré a lo sumo, cinco o seis tic-tacs en estar contigo.

Y me los comeré de tus labios.

No hagas caso del mensajero que cantará mi muerte.

No llores, no abofetees al mensajero, él no sabe que voy a ti.

A veces hay que romper para enmendar lo erróneo.

Sonríe, mi amor. Y cuando te comuniquen mi muerte guarda el secreto para que nadie pueda hacernos lo mismo que en esta vida.

Si escucharas el sonido del gas sabrías que es el zumbido que provoca mi alma viajando veloz a ti.

¡Shhhhh!

Un chistar pidiendo silencio.

Hasta luego mi amor.

Chao.

Iconoclasta

El llanto del indecente

Publicado: 7 diciembre, 2009 en Amor cabrón

Hoy no me masturbaré ante el mundo dilapidando la poca decencia que me queda; la necesito para ti, para no avergonzarte demasiado. Hoy no quiero ser obsceno y meter la mano entre tus piernas abiertas, deseando que tus párpados cubran esos inmensos ojos profundos como pozos, derrotada por el placer. Húmedos los ojos como tu coño, del que me sacio como un lobo famélico.

Déjame llorar, aunque sea con esta erección. Es imposible disociar cuerpo y alma. Soy un pobre bastardo presa de mis instintos.

Tal vez es que hoy te siento más lejana que nunca. El amor es una regla de tres directa. Descorazonadoramente directa al corazón para partirlo en dos.

Mi amor por ti es directo y devastadoramente proporcional a la distancia por el tiempo al cuadrado. A más kilómetros, más te amo; a más tiempo, más desespero.

Cuanto más te deseo, más esplendes en el planeta.

Mi falo brillante y embotado de sangre que lo hace de piedra, ya no es distracción.

El tótem erigido a ti.

Un manitú palpitante.

Hoy algo ha pasado, he sentido que necesitaba abrir compuertas. Hay una presión espantosa en el dique. No lo sé, mi reina. Caen cosas a mi alrededor y sólo te espero, no tengo curiosidad por la sangre que llueve. No me importa.

¿Puedes no mirarme, con esos ojos todopoderosos? Me da vergüenza llorar desnudo.

Erecto.

¿Me dejarás que libere unas lágrimas, con el pene aún vomitando blanco entre mi puño?

¿Me dejarás hacerlo como un acto de ternura? De obscena ternura.

No puedo hacerlo de otra forma. Prefiero ser patético que hipócrita.

Indecente…

No pienses que estoy triste, es sólo la desesperación del amante, sólo te ofrezco una prueba de amor. Un fluir dramático de semen y llanto. Dramático como la distancia. Profundo como el tiempo en el cosmos. Una daga al rojo en mi pecho.

Una sola vez y sin que sirva de precedente. No lo haré más.

No desconfíes de las lágrimas, soy fuerte como un dios.

Ocurre que a veces te adivino con la mirada sesgada, desde lo lejos, desde cuando el hombre estaba cubierto de crines; y siento que ha pasado tanto tiempo sin ti, que la puta melancolía me traiciona.

Soy fuerte.

Creía serlo, por dios…

Hoy no estoy seguro.

Escucha, mi bella: es normal que el hombre tenga un momento de necesidad espantosa y naufrague en una solución salina. No creo que sean lágrimas de verdad; no en el hombre fuerte y recio que promete protegerte, que promete sonreír siempre.

¿Podrías secarme esta lágrima cabrona con tus labios, besándome? Necesito una ternura, el hombre está necesitado de eso. No te asustes, mi amor, no es tristeza, te lo juro. Es una inmensa necesidad de ti.

La indecencia de mi llanto…

Tengo semen frío en los pies y tal vez eso me deprime un poco. Lo frío va ligado a la soledad, dicen. Lo frío no eres tú. Es mejor la ambigüedad que decir que a veces no estás. Duele menos.

La semántica es tortuosa…

Tengo las manos crispadas buscándote, esta debe ser la razón. A lo mejor no me siento tiernamente necesitado de ti y es un simple dolor de huesos. Un puto dolor que se clava en el corazón. La angustia.

El dolor es la indecencia, la degeneración.

No yo. ¿Verdad, mi amor?

No mi bella, no temas, no estoy loco ni he perdido la alegría. Sonreiré en seguida, con los ojos húmedos aún. Porque mirar tus ojos, oír tu voz provoca una dulce hilaridad.

Ojalá pudiera sonreír siempre; pero cuando todo mi ser pide el calor de tu piel, no puedo. No se pueden dominar las fuerzas cosmogónicas, mi amor. Sólo soy un hombre, o lo creía ser.

Temo a la muerte, temo que se eternice el amor y continúe mi ultra-vida tras de ti, en un eterno y doloroso deseo.

¿Lloro entonces porque me siento cobarde?

No debo seguir llorando, mi amor. Haz algo, cúbreme con tu cuerpo, abrázame antes de que con otra lágrima, acabe perdiendo todo aquello que pensé ser para ti.

Y no esto: un hombre con el pene en la mano, tirando a la basura su dignidad.

Un indecente llorando.

Temo autodestruirme en pocos segundos si no me abrazas, si tu cabello no cae en mis hombros.

Te prometo que en ese mismo instante, te alzaré en mis brazos, y en ellos te besaré, con cada vena de mis músculos henchida y palpitante.

Como si jamás hubiera llorado, oníricas lágrimas de un hombre fuerte.

Mi reina, cierra la puerta del mundo tras de ti, y quédate conmigo.

Durante todas las vidas, si pudiera ser. Un segundo, si no hay más remedio.

Y el tiempo sin ti, es otra indecencia más que lloro.

Iconoclasta

Vendo sistema nervioso

Publicado: 26 noviembre, 2009 en Amor cabrón

Vendo sistema nervioso central: ocasión única.

Los troncos centrales medulares se encuentran en perfecto estado. Compatible con seres angustiados y claramente colapsados por la desesperación.

O simplemente, seres a los que les gusta arrancar a la vida lo más profundo sin miedo al dolor que van a encontrar entre esporádicos placeres.

Edad de la red nerviosa: 47 años.

Pocas cicatrices (recuerdos latentes); aunque no exento de espasmos ocasionales; eso sí, de una solidez y conductibilidad garantizadas.

Yo no quiero morir viejo, no quiero que ella arrastre mi vejez, tengo mi dignidad.

Obsequio de kit anti rechazo (una dosis inyectada en el nervio óptico central a través del iris, que tiene un efecto de diez años).

La inyección en el ojo, es puro dolor. Como verla a ella a eones de distancia estirando su mano hacia a mí. No es nada el ojo atravesado, comparado con la desoladora lejanía que un día sentí por ella. Aquello dolía de verdad.

La mente del donante puede que esté hecha papilla, el cerebro casi podrido de amor; pero el sistema nervioso central está intacto. Se acompaña certificado forense.

No se aceptará una rebaja en el precio alegando que los sesos están hechos gelatina.

Fecha aproximada de la terminación del donante (un servidor): tres semanas a partir de la publicación de este anuncio (adelanto negociable según necesidades del receptor).

Método de terminación: auto-seccionamiento profundo de la vena femoral a la altura de la ingle por medio de navaja de afeitar, acomodado en bañera antideslizante. Máxima higiene y temperatura controlada para una óptima conservación.

Tengo un miedo que me cago a que mi bella un día despierte al lado de un anciano.

Monitorización de las funciones vitales para la pronta intervención de extracción del tronco nervioso.

El comprador se hará cargo del coste del desguace del sistema nervioso cuidando de no afectar otras zonas y órganos de las que no son dueños.

Porque ella es la verdadera dueña de mí.

Desde el momento de mi terminación, mi bella será la beneficiaria de la venta.

Me alegro de estar muerto para no verla llorar, porque de lo contrario, no podría terminarme ante el tizón ardiente que es su mirada de amor.

El pago se efectuará en dos partidas: veinte mil euros a la entrega de mi cuerpo y treinta mil cuando el sistema nervioso ya desguazado se encuentre en solución salina y se haya verificado el buen estado del resto del cuerpo (las uñas no cuentan, así como tampoco la pierna derecha afectada de cáncer y trombosis).

Si quieren aprovechar el tumor para crear células madre malignas, pueden hacerlo e infectar con ello a toda la puta humanidad. A mí me la pela.

Sólo mi bella me importa por encima de todas las cosas y por encima del padrenuestro de cada día, amén.

Y cuando el donante tenga mis nervios funcionando en su cuerpo, es una cláusula de obligado cumplimiento, que acaricie durante un segundo la piel de mi bella (sus largos y hábiles dedos) y los nervios puedan olvidar dulcemente y con el mínimo trauma, todo lo que un día sintieron y diluirme así en la nada con el último tacto de su piel recorriendo mis nervios, ya propiedad del receptor.

Que me entierren en una fosa sin ataúd, como a una bestia; como animal y salvaje la amo. Sin cuidado alguno, porque aparte de muerto, no tendré nervios. Está todo controlado y calculado. Es bueno morir siendo maduro para no olvidar detalles y matices.

Son importantes.

Que una lágrima de mi bella caiga sobre la tierra que me cubrirá. Sólo eso, no necesito flores si no salen de sus labios.

Pueden pujar en http://www.laamomasqueamiputavida.end

Iconoclasta

Carta de amor tardía a G.

Publicado: 16 noviembre, 2009 en Amor cabrón

En algún lugar del tiempo y el espacio, donde la amo. Era Eterna de Mi Bella. Año Cero de nuestro señor.

Hola mi bella:

"-Nunca me escribiste una carta". Me dijiste.
El simple comentario me hizo feliz. Y triste: no tiene una carta como cualquier amante posee para abrazar en su pecho cuando el amor duele.
Comprendí con un relámpago clarificador, que no te podía amar como escritor, que no podía haber asomo alguno de intención literaria. Y en algún momento rechacé la posibilidad de escribirte, porque estás en todas partes, eres omnipresente en mi vida. Era necesario hablarte, mirarte y mimarte.

No fue un plan, no sabía porque no te escribí una carta de amor; sólo el tiempo lo ha desvelado, en un momento de lucidez de los pocos que tengo viviendo en ti. Fue un instinto no escribirte mi amor. No soy tan inteligente como para trazar un plan.
Si hubiera escrito una carta para hacerte saber lo que te amo, mi amor se hubiera visto diluido entre palabras románticas e ilusiones. Un escritor más idealizando. Escribo tanto, mi bella, que temía perderte entre letras y sueños. Como si escribirte, te eternizara plana en el papel, algo que archivar, algo que publicar.

No se puede escribir tu sensualidad, es un baño puramente sensorial. No se puede describir…
No podía arriesgar más tiempo en unas palabras que te hicieran sonreír y decidir que soy hábil.
"No más escribir de ella en secreto", pensaba, "la necesito". Necesito la crudeza de un "te amo" a bocajarro, algo no usual. Algo definitivo.
Que no cupiera una sola duda de que mi pensamiento era íntegramente tuyo.
En cada renglón de aquel cadáver exquisito que un día comenzamos cincelaba como un atormentado escultor mi deseo en cada línea. Estabas allí, deseable hasta la tortura. Eras tú sudando, eras tú buscando, eras tú amando y deseando. Estabas sola como yo, porque todo ese amor, toda esa densa pasión, te abandona en el mundo, un mal lugar para el amor en estado puro. Y era yo triste como un llanto de ballena. Como un pez en la arena ahogándose de tanto aire.

"-Te amo", te dije.
"-¿Si?", preguntaste haciendo que mi corazón se detuviera, tuve miedo tanto miedo en tan poco tiempo, mi bella, ante aquella pregunta.
Luego me lloró el cuerpo por dentro, liberado al fin, cuando te sentiste feliz al ser amada. Cuando sentí que lo deseabas. El universo estalló, mi bella. Una supernova calcinó lo plano y lo inamovible.
Detonamos en el cosmos miles de "te amo y te quiero y te he buscado tanto tiempo…"
No podía enmascarar más el amor, tenía que ser claro, directo y conciso. Como un telegrama urgente.
Era urgente amarte, sin metáforas ni eufemismos. Te amo orgánicamente.

Y cuando mi amor quedó asentado en nuestro libro de la vida, cuando te identifiqué como lo que en todas mis vidas busqué, supe que todo lo escrito y lo que queda por escribir serías tú.
Y ahora que todo está claro, ya sí que es el momento de escribirte una carta.
Un escritor debe amar sin la palabra; y con la palabra envolver el amor como envolvería tu cuerpo con el mío.

¿Sabes que pensar en ti, hace que mi nariz sienta el olor fresco de los frutos ácidos, de crujientes texturas, de pieles suaves y aterciopeladas? Siempre que entras, que hablas, que estás, mi olfato se afina y te siento. Y cuando te vas, cuando deseo llorar al quedarme solo, entonces siento ese olor más profundo en mí y produce una melancolía devastadora, mi bella. Ahora el universo tiene olor. Y sonido.
Es tu voz, que acaba por hacer el mundo mudo. No hay otra, es de locos; pero es tu voz, en serio mi amor. Es tu voz la que se sobrepone a los ruidos del mundo.
Eres una diosa.
Y una ornitorrinca. Los amantes hacen chistes en la trágica distancia, reventando con risas la desesperación. Qué valientes somos, mi bella.
Y eres mi vida.

Perdona la carta de amor tardía. Perdona que te amara primero sin concesiones, con la brutalidad de un hombre primitivo, de un hombre muy poco listo.
Si supieras como odio lo que te ha hecho daño… Si supieras que podría ser el más frío aniquilador de la humanidad por ti.
Te sonreiría enamorado cortando el cuello del malo.
Pecas de sangre en mi rostro, como un asesino de asesinos travieso.

Perdona la carta tardía mi bella. Necesitaba amarte primero brutalmente, como hombre.
Ahora sólo descanso tranquilo, ronroneo con cierta pereza mis palabras a tu alma. A ti.
Esta es mi primera carta de amor en un milenio. No ha sido por desidia, es porque te quiero tanto, que me demoro en pensar.
Siempre dije que yo salía ganando en este amor. Eres lo más valioso.
¿Ves mi bella? Me había olvidado que sabía escribir desde que te encontré.
Qué idiota…

Te puedo contar de largos fines de semana, de mirar correr las horas lentas. Yo también soy parecido a ti en eso, en ser un dios. Un dios aburrido en su trono e impotente ante un tiempo que no acaba de avanzar hacia el momento de encontrarse con su diosa.
Un dios que tamborilea aburrido los dedos en su mandíbula, esperando el momento de soltar todos esos "te amo" acumulados en su garganta, en los pulmones, en la boca, en el corazón. En los huesos.

Mi vida, perdona la carta de amor tardía que ambos necesitábamos para abrazarnos en los momentos duros.
No soy malo, sólo tonto, cielo.
Un beso, mi bella G.
Hasta siempre, mi amor.

P.

200911161250


Iconoclasta

Un día de risas y amor

Publicado: 25 octubre, 2009 en Amor cabrón

Es normal esta voz torpe, mi bella.

Se han liado mis cuerdas vocales por todo este torrente de amor que se atropella y agolpa por decirte al oído y al espacio lo que te quiero.

Son pólipos de amor, deseo y ternura que hacen de mi voz algo parecido al graznido de un cuervo. Nada inusual.

El pato Donald estaba enamorado.

Y puedo parecerte fatigado, pues no. Tampoco es por el tabaco, listilla. Simplemente me cortas la respiración cuando ríes o cuando cierras los ojos llevada por un placer, por un beso de mis labios o por una promesa de amor eterno.

Y es por eso que lagrimeo tanto. Todo este amor pesa en mi pecho y requiere un gran esfuerzo respirar contigo. Es entonces, cuando me concentro en atrapar aire bendito, que los ojos se escapan a mi control y los muy bastardos buscan el ébano de los tuyos; emisores de rayos de luz de una arrasadora sensualidad. Deslumbrante.

No es un lagrimeo triste, mi bella. ¿No ves mi sonrisa de Cheshire? Es que la luz de tus negros ojos me somete, me esclaviza. Si no fuera por mi férrea voluntad, desearía seguir mirando hasta quedar ciego y guiarme por el mundo sólo con tu mirada.

¡Vaya, cielo! Debería hacer algo, mi bella. Entre mi tartamudeo, la dificultad respiratoria y esta pequeña alergia que provoca un ligero lagrimeo en mis ojos, te debo parecer de lo más patético. Si tienes paciencia, dentro de otros mil años conseguiré arrebatarte el control de mi organismo.

Y sólo me falta dejarme vencer por el peso de tus palabras, para caminar un poco doblado y así ser el vivo retrato del corcovado Quasimodo.

Y tú la hermosa Esmeralda, que me quiere a mí, no a Febo.

¡Vaya amante te has buscado, mi bella!

Mi vida, tus ojos son preciosos; pero necesitas gafas.

No es un día para hablar de ausencias y de encuentros, ni de tiempos de desolación. No es el momento de pedirle cuentas a la puta vida; que explique esa furcia porque nos ha hecho esto.

Hoy sólo quiero arrancarte sonrisas a puñados, mi bella.

Amada, amada, amada…

Quiero ser el motivo de tu sonrisa, seré una fresca brisa que acaricie tu piel y te haga cosquillas de amor.

Una palmada en el culo: ¡Pero qué buena estás cordera!

Soy tu rústico patán y estiro las mandíbulas como un auténtico cro-magnon, pensando en cosas profundas, tan metafísicas como darte con una porra en la cabeza, gritarte: ¡Ujungo bongo! (te amo, maciza) y hacerte madre en una caverna con una gran hoguera y una luna llena gigante en el cielo.

Me he comprado unas gafas de broma, de su montura dos grandes ojos cuelgan de unos muelles. Me las colocaré cuando estés mirando a otra parte y te diré un dulce "te amo" mirándote fija y tiernamente con esos ojazos.

Necesito tu risa, mi amor.

Hoy llenas mi corazón, soy tuyo. Estoy en ti, sólo necesito tu reír.

Porque ya te tengo toda.

Te contaré un chiste de tontos enamorados. Otro de los que se confunden enamorados con enanos morados. Blancanieves besando a Gruñón de forma obscena. De locos; pero no tontos.

De sordos; pero no ciegos.

Tengo tantas cosas para hacerte reír…

Me tropezaré con la raya de un lápiz marcada en el suelo, seré un tosco Charlot para arrancarte tu sonrisa, mi premio de vida.

Y astuto yo, aprovecharé para abrazarme a tu cintura y darte un beso serio como un cáncer, grave y profundo. Sin asomo alguno de chanza, como el universo negro sin estrellas.

En ningún momento dejaré que aflore la tristeza de casi una vida entera sin ti.

No te contaré de las tristes mañanas en las que despertaba sumido en una profunda pena que no entendía, no podía identificar. Al abrir los ojos me cubría una capa gris, fría y desabrida que me torcía la boca en una mueca de náusea. Me faltaba algo que no supe lo que era hasta que vi tus ojos.

Cada amanecer sin ti, me sumía en una profunda melancolía.

Mi vida, ya no podía seguir acumulando tiempo sin ti. Vivir a duras penas era viable.

Cuantas veces, durante cuantas horas he mirado mis pies buscando pistas sobre el amor, sobre tu existencia. Alguien por quien vale la pena vivir.

Alguien por quien me despelleje la piel por arrancarle unas sonrisas.

Miles de ellas a ser posible.

¿Sabes el chiste de Caperucita Roja?

Iba por el sendero del bosque a casa de su abuelita, cuando aparece el Lobo:

-¿Adónde vas Caperucita bonita?

Y Caperucita, que parecía no haber tenido un buen día ya que iba dando patadas a las piedras, le respondió:

– ¡A rascarme el coño!

Dime que es gracioso y ríe mi bella

Ríe mi vida, hasta parar mi corazón.

Es un día de amor y risas.

Nos lo hemos ganado, cielo.

Ha sido tan largo vivir sin ti, tan triste…

¿Sabías que las brújulas son las que montan en escóbulas?

Una risa más…

Iconoclasta

Nota del autor: el chiste de Caperucita Roja, aunque versionado a mi gusto, no es de mi invención y como de tantos otros chascarrillos, desconozco al autor. Igual ocurre con el chiste de la brújula.

Jaculatoria a su coño

Publicado: 10 octubre, 2009 en Amor cabrón

Si creyera en Dios y además fuera devoto, recitaría una jaculatoria desgarradora al Cristo de Tu Sagrado Coño. Si creyera en algo más que en ti, todo sería más fácil. Tendría esperanzas.

Hay cirios rojos derramándose sobre mi pene, mi garganta destrozada por una oración clamada a tu Sagrado Coño. A tu Sagrado Ser.

¡Cristo de Su Sagrado Coño! Yo te canto con la pasión del amor ferviente. Llevo una corona de espinas en mi glande, y sangra como tú sangraste por nosotros.
Ahora sangro yo por ella, un sacrificio a ti. Escucha mi oración: Arrebátasela a él, al otro, al cabrón…

Dámelo a mí: Su Coño, Su Ser.

¡Cristo de Su Coño! Te lo ofrezco todo por ella: mi alma condenada.

Mi sangre derramaré en la cruz que te hizo Dios y mi semen a tus pies. Intercede por mí ante ella. Que se enamore de mí hasta sentirse morir, que me necesite para seguir viviendo como yo intento sobrevivir sin ella.

¡Cristo de Su Coño! Tú que fuiste hombre: necesito follarla cada día, tenerla. Clavarla a mí como a ti te clavó tu Padre en la Cruz.
Tu Padre te concedió el deseo, concédemelo tú a mí.

Sangramos; tú por tus estigmas y yo por mi polla. Es este un deseo tan atroz como insistente el latido en las venas de mi verga. En las arterias que corren por mis brazos.

No es esto un ruego, es un lamento ¡Oh, Cristo de Su Coño! Si nos amas, danos paz, dámelo, otórgamelo: su coño es mío.
Me la he ganado con el dolor de mi alma. Con cada siglo de espera eterna.

¡Oh Cristo de Su Coño! Si tu madre derramó lagrimas, de mi pene gotea cera hirviendo de rojas velas, de roja pasión, de roja sangre, de roja locura. Lágrimas de deseo. Las velas que te ofrendo se deshacen en mi polla: el pago a mi deseo, a mi ruego.

Redímeme de nuevo.

¡Oh Cristo de Su Coño! Súbeme a la cruz contigo y enséñame como sonreír ante el dolor. Es este un canto desgarrador; tienes que oírlo, grito tanto… Súbeme contigo a la cruz y concédeme una eternidad con ella.

Te pido tan poco… No quiero perdonar a nadie; sólo condenarme.

En nombre de mi polla despellajada, Cristo de Su Coño: Que me ame, que me quiera más que a ti, más que a nada en el mundo.
Déjame ser su Cristo verdadero.

Es este un cantar roto de deseo, no dejes que tu hijo sufra más. ¿No ves como la deseo? ¿No ves que es su coño por ti bendecido y por ti creado lo único que pido?

Es esta la saeta del hombre desgarrado. No dejes a tu hijo sin su cruz. Dame la perdición de su coño, como tu padre te concedió la de la cruz.

¡Oh Cristo de locos y enfermos! Soy tu siervo.

Dame consuelo, dámela a ella.
Dame de beber de su coño, como si fuera tu cáliz.
No es esto un cantar, es pura agonía.

Apiádate de mí, condéname al fuego eterno.
En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Su Sagrado Coño…

Iconoclasta

Yo idiota

Publicado: 7 octubre, 2009 en Amor cabrón

Joder, qué nervios…
Esto de amar está bien, mola mazo.
Bueno, no puedo negar que tiene su punto emotivo e incontrolable.
Es un coñazo.
No, es maravilloso.
Está bien, no me andaré con eufemismos ni circunloquios: amar me hace idiota.
O eres fuerte, pero que muy fuerte, o te olvidas de que un día estabas tan solo entre la humanidad, que el sabor a vómito se quedaba impregnado en el filtro del cigarrillo y te fumabas sin remedio toda esa soledad como si se tratara de una hachís pútrido.
Creía amar. Cándido desgraciado…
El amor, además de emotividad (por decir algo, por decir lo mínimo) es lujuria. No puedes amar solo una mente, es imposible, en cuanto amas la mente el cuerpo es un objetivo follable, penetrable, lamible, bebible, tocable… Arañable.
Soma y psique están intrínsecamente ligados, hasta tal punto que no existe lo uno sin lo otro y no como afirman grandes filósofos, que el alma es un ente diferenciado. Si el cuerpo muere, no hay alma.
No tiene sentido acariciar el aire. Está la piel… Su piel.
No tiene sentido acariciar su fotografía y su voz, y obviar el cuerpo.
Soy un hombre, coño, no soy un alma en pena.
Pues lo parezco.
Yo soy demasiado simple y creo que su alma está en su cabeza y en su coño. Su deseado coño en el cual hundiría mis dedos para que sus labios se abrieran en un placer obsceno y salvaje.
No sé que ocurre, porque ya he dicho que el amor me hace idiota y de la misma forma, sufro esporádicos ataques narcolépticos, en los que me despierto gruñendo con el rabo entre las manos, con semen en el puño, en el vientre, en el pubis, entre los muslos.
Sólo sé que a veces el pene me duele de tan duro.
Soy idiota.
Ya sé que la imagen no es sugerente, dijéramos que no es del agrado de todos (yo lo disfruto como un cochino). Hasta ahí el amor, bien. Cumple su función y me deja disfrutar de ella viviendo un placer intenso. Siendo ella todo lo que veo, toco y respiro. Y siendo yo algo que pende de ella. No es exagerar, es un hecho demostrado y bla, bla, bla…
De verdad, agradecería a los dioses de mierda si existieran, esos orgasmos con los que me bendicen.
Me siento feliz, en serio. Cuando eyaculo el semen brota con una fuerza casi destructora (esto no es un vano alarde de potencia, podríais observarlo tomando las debidas precauciones: gafas, impermeable, gorro y botas), contrayéndome el vientre y lanzando un bronco suspiro; es entonces cuando soy uno con el universo. Soy uno con ella.
Poéticamente: tengo un tótem entre las piernas que lleva el nombre de mi diosa y es ella la que decide cuando brota y me regala un placer.
No sé… No quiero ser desagradecido.
Ella me llena, es todo.
Me siento feliz amándola, de puta madre. Dos veces bien.
Pero se me escapa una lágrima traidora en esos momentos… A veces no quisiera estar tan solo cuando el semen brota. Hay algo inevitablemente trágico en escupir el deseo en soledad.
No soy una nenaza, yo soy un tío curtido.
Pero se enfría tan pronto cuando no está ella. Es aterrador sentirlo frío y muerto en mi piel. Con ella no pasa, nos abrazamos y las pieles confortan e incuban los fluidos.
Y cuando al ponerme en pie una gota se desprende de mi bálano aún latente y cae al suelo, siento el vértigo de su lejanía. La gota se estrella con una inmensa tristeza y parece gritar, como yo.
Con el semen enfriándose en mi piel sola, siento una pena y una profunda melancolía. Como si me arrastraran hacia abajo, a un pozo inundado de añoranzas que se me pegan a la piel y me entran por la nariz y la boca y no me dejan respirar. Arrastro las manos por mi cuerpo intentando quitarme esas telarañas tejidas en deseos y esperanzas desesperantes.
Y es entonces cuando miro mis manos y tengo que tragar saliva para contener un profundo gemido que se me escapa como un llanto, una especie de "ay" gutural de hombre curtido y enamorado. Del hombre tan curtido que cuando huele flores se pregunta donde está el muerto. De esos que ya no creen en el amor y se conforman con pasar por la vida con las manos en los bolsillos, el cigarrillo en los labios y la cabeza agachada para evitar ver más de lo mismo. Misma porquería, mismo día, mismas horas.
Y me tapo los ojos para que la nada no me vea llorar.
Con ella, la miseria que me rodea deja de importarme, ella decora el mundo, lo dibuja con trazos de misterio e ilusiones.
¿Veis lo que os quiero decir? Es una putada, te deja débil el amor.
No es justo.
Yo idiota, hombre que mata ratas a bocados, se fuma la vida, y escupe trozos de pulmones sin temor a morir; a veces mi espalda se agita inevitablemente en un llanto lacónico.
Y aún puedo dar gracias de que no he hecho más el ridículo. Ella lanza su amor y no hay duda alguna. No he tenido que pasar por ese proceso estúpido de deshojar la margarita arrancando un pétalo con un sí y otro con un no. Todos los pétalos gritan que me quiere. Seguramente, casi tanto como yo la amo a ella.
Ella es rotunda, salvaje y felina.
Aunque a veces la miro sin que se de cuenta y la encuentro indefensa, y mi pecho se inflama; quiero abrazarla; que apoye su cabeza en mí y decirle que todo está bien.
Han sido tantos años de andar buscándola, y cuando ya estás convencido de que es sólo literatura barata; aparece una sonrisa y unas palabras profundas como un desfiladero que se te clavan en el cuerpo, metralla de pétalos aterciopelados de la que no me quiero esconder. Dice que me ha querido siempre y yo me tengo que doblar sujetando el vientre ante el vértigo del tiempo perdido, de los segundos que veloces corren cuando su voz usurpa el ruido del planeta.
Hay momentos en los que se echa de menos acariciarla, yo la huelo; pero creo que me faltan muchos matices. Es un problema en el que estoy trabajando.
Tampoco pido una barbaridad, no he sido especialmente malo, tengo derecho a tenerla. Vale, he sido un poco cabrón y no he amado al prójimo. Mea culpa.
Aunque sólo sea un rato. Dos dedos por su sonrisa y el corazón por besar sus labios y suspirarle mi amor en el oído, acariciando su hombro.
Maldito romanticismo…
Cierro el puño y exprimo sangre que cae al suelo.
Es menos triste la sangre que el blanco bálsamo del deseo.
Se enfría como el semen.
Todo es frío con ella allí.
Tiene la culpa de todo, me hace hombre, me ve ángel, me quiere bestia.
El amor aparte de hacerme idiota, intuyo que también me está haciendo esquizofrénico.
No sé, es tan difícil…
Es que soy idiota.
No, el amor no es difícil, siempre es así. Lo que pasa es que al no conocerlo, cuando irrumpe te pilla en pelotas, con el culo al aire y el mundo gira al revés.
Sólo las cosas fáciles pueden hacerse difíciles. Entonces y sólo entonces se puede hablar de la complejidad de la materia o el sentir. Los filósofos sólo juegan con cosas fáciles para poderlas complicar. Si conocieran el amor, hablarían de idioteces banales para poder sobrevivir a la metafísica del amor.
Pero no… No puede ser fácil el amor, no con ella. Tampoco es complicado.
Simplemente fluye, abres el pecho y te lanzas al vacío, con valentía y resolución. Sin miedo a la caída.
Sin miedo a la caída no, que el amor, además de volverme idiota me hace un poco cobarde.
Si me quedo sin ella, me muero de pena.
A veces ceceo como un idiota, un payaso triste.
Esta nota se autodestruirá en cinco segundos, y cuando me encuentre con ella, jamás reconoceré que lloré como un idiota soñándola.
Tengo mi dignidad.
Soy un hombre curtido.
Y ahora idiota…
Maldita sea la divina dicotomía del amor.


Iconoclasta

Amorstruosidad

Publicado: 18 septiembre, 2009 en Amor cabrón

Soy víctima de la terrible amorstruosidad. Creía que se trataba de un mito, una fantasía de mi alocada imaginación.
Al principio pensaba que era una alucinación provocada por algún aire o agua contaminados. Pero tenía forma, piel, voz, ojos…
Ojos…

Fueron unas palabras, luego una sonrisa.
Unos labios entreabiertos que parecían esperar los míos. La amé sin querer, sin ser necesario, sin lógica.
No puedo precisar en que instante el amor mutó en ese monstruo de pasión voraz y voraz de pasión. Mi cerebro fatigado piensa que ocurrió cuando admiraba la profunda trascendencia de sus ojos oscuros. Un universo estallando en sus pupilas, y allí estaba yo, mi propio reflejo.
El mundo no mejora a través de ella; pero lo hace soportable.
De hecho, dejó de importar el mundo cuando la amorstruosidad hundió su amor en mí como se clavó Excalibur en la roca.
Quedé encerrado en sus ojos y todo lo que me rodea son creaciones, visiones de ella.
No importa, sé que ella me ama. Lo sé de la misma forma que sé que tengo que respirar.
Es innato amarla, ocurra lo que ocurra.
Y ocurre que no se da cuenta de su poder. La amorstruosidad no entiende de fuerza, sólo derrama amor y provoca tormentos en su víctima. He arañado mi piel desesperado en demasiadas ocasiones.
Un día el amor se expandió, ocupó todo el espacio físico y mental de mi cuerpo, se introdujo por poros que no creía por los que pudiera penetrar ni un virus y sentí la necesidad de tenerla entre mis brazos.
La infección del amor invadió mi ser entero. No hay antibióticos, para ello. Estoy abandonado.
Ahora la amorstruosidad alienta mi ánimo, mi alma. Crea esperanzas y sonrisas donde había indiferencia e ira.
Soy un yonqui, un drogadicto de la amorstruosidad. Me ha creado una desesperada dependencia y no puedo dejar de pensar en ella.
No quiero…
Y necesito mi chute en vena de ella, me metería una aguja gorda como un cañón por tenerla en cada rincón de mi cuerpo.
Es mescalina de amor suicida que anula la auto-protección.
Peyote seductor.
La amorstruosidad es un ser fabuloso que desnuda a su víctima dejándolo indefenso en un mundo hostil. Y ante ella.
Es un amor hiperbólico, hipertrofiado, e hipercalórico. Una mutación excepcional que rara vez se da en la vida de alguien. Sabía de su existencia legendaria por mí mismo, por mis sueños.
Temía que pudiera existir:
"Es sólo amor-ficción", pensaba.
¿Sabe alguien lo que es desesperar? ¿Retorcer los brazos buscándola? No es placentero abrazar la nada. Uno acaba hipando con el rostro anegado de lágrimas en un patético estado de fracaso y miedo.
Soy viejo y es tarde. La amorstruosidad es más fuerte que yo.
Es la degeneración de la suprema bondad, donde todo se da y lo amplifica hasta convertirse en una aberración; una membrana osmótica que separa el alma de la sangre. Es la degradación de mi voluntad. Soy un mierda sin ella, siempre fui un mierda.
Siempre he sido temeroso de que un día ese monstruo abriera un agujero en mi pecho y confortara el corazón. Que acaparara mi pensamiento íntegro.
La voz de la amorstruosidad posee la frescura de la eterna juventud, matices de sensualidad y lujuria de vivos colores cálidos, la sonoridad aterciopelada de la ternura, un tintineo embriagador es su sonrisa.

A veces sus ojos se cubren lentamente por unos párpados largos y sedosos. Está mirando su propia alma, me mira a mí también.
Es tan bella…
Pierdo un latido por el ansia de besar impunemente esos ojos cubiertos durante un segundo, a traición.

Siento el vehemente deseo de llorar ante la lisérgica amorstruosidad, un ácido que promete un viaje más allá de lo que mi pensamiento puede abarcar. Quiero llorar abrazado a ella, sin vergüenza. Dejarme fluir en un llanto tranquilo, el llanto del que tiene todo lo que deseaba tras una larga travesía por el desierto
No más oasis que al llegar sediento se convierten en asfalto negro.
Misericordia, mi amorstruosidad…
Una lágrima por ella. Como la brindaría a una magna obra de arte que jamás existirá. La amorstruosidad es la cúpula del universo y con ella se ha alcanzado la cima de todas las pasiones. El universo es finito, y pequeño. Y acaba en ella.
Un "te quiero" de la amorstruosidad lesiona el corazón irremediablemente. Yo diría que me lo parte en enésimos pedazos: uno para la ternura, otro para la pasión y un millón para cada uno de sus labios.
Labios que se reflejan en mi mente, en los suyos propios. La sala de los espejos del deseo…

He de ser lascivo, espetarle las más aberrantes obscenidades para intentar interrumpir el llanto, para evitar la total absorción de mi alma. Para buscar algo de paz y no morir de amor por mucho que lo desee. A veces las células de mi cuerpo se obstinan en seguir viviendo a pesar de mis deseos. La pornografía es sólo una triste e ineficaz defensa. La última de mis armas.
Me masturbo llorando, eyaculo semen y lágrimas. El puño se cierra peligrosamente en el pene ante la presión de la amorstruosidad; pero cuando ella lo aferra, es tener al Creador ahí y soy sólo una cosa que gime.
Mi amorstruosidad provoca mudos alaridos que hacen eco en mi cabeza y la convierten en un caleidoscopio de promesas de amor convulso y salvaje que duelen con cada giro; con cada rayo de luz que refracta cada uno de esos oscuros cristales.
Duele amarte, duele toda esa potencia inhumana.
La amorstruosidad es una bestia de amor y placer desmesurados e implacables. Es un vientre inquieto que se contrae impúdico con cada envite, con cada uno de mis descontrolados pistonazos.
Amante, esclava.
Esclavizadora…
Su vientre se contrae pornógrafo y blasfemo con cada espasmo de placer. Su vientre me hace hombre.
Me hace más hombre de lo que soy.
Es en el vientre de mi amorstruosidad donde anida y se expande la voluptuosidad.
Quiero llegar a él por su coño.
Llorar en su cálido vientre no puede hacer daño, ya no.
Y reír con su venia.
Piedad…
Debería gritar de alegría; pero la amorstruosidad no permite alegrías, no permite más que la adoración y la entrega absoluta.
No sé si en algún momento sonrío, porque yo sólo la amo.
Es implacable.
Es la belleza unida a la belleza, encadenada a la belleza, penetrada en la belleza, aplastada en la belleza. Belleza remachada en belleza y belleza y belleza…
Estoy loco…
Es la belleza que destroza la serenidad del hombre-mierda que tanto tiempo ha perdido. Tantos años buscando…
Me cago de miedo de amarla.
Todas mis venas palpitan ante ella y las brújulas la siguen, la señalan indicando el único rumbo posible e inevitable.
Ella hace odioso el mundo. La humanidad no resiste su comparación y todo es sacrificable.
Incluso yo.
No puede haber un final feliz, acabaré fusionándome a ella, dejando de mí unas lágrimas en el polvo. Un gemido al viento.
Y aún así, mi amorstruosidad, aunque hayas aparecido en el declive de mi vida, te ofrezco lo que me queda de vida. Porque tú le has dado trascendencia.
Porque las lágrimas han lavado mi alma, y tu vientre la ha templado.
Sigo temiéndote a pesar de todo, porque no sé si tengo suficiente corazón para contener el arrollador amor que me inspiras, con el que me cubres.
¿No te das cuenta de lo poco que soy? Soy vulgar, soy mediocre.
A veces me siento tan pequeño…
Mi monstruosa amante…
¡Qué importante es morir de amor!
Son importantes los detalles.
Ya no hay nada, sólo miro desde dentro de sus ojos, y no necesito lo de ahí fuera. Algunos se preguntan que fue de mí. Discuten que razones me llevaron a abandonarlo todo y desaparecer para siempre.
Los veo desde aquí dentro, desde los ojos de mi amorstruosidad y nada de lo que hay ahí fuera, puede compararse a estar en ella.
No soy un prisionero, no he sido raptado. Soy su bendita víctima.
Viviré en sus ojos por siempre jamás, hasta que ella me susurre confidencias de amante y disgregue en el aire mi alma, como hizo con mi cuerpo.
Si tuviera cuerpo aquí dentro de sus ojos, si me arrancara los brazos como a un muñeco, me desangraría amándola.


Iconoclasta