Archivos de la categoría ‘Amor cabrón’

Super Fuerte

Publicado: 8 marzo, 2010 en Amor cabrón

Suplico, ruego, exijo que alguien me ayude a deshacerme de esta fuerza descomunal que poseo.

No es que sea pretencioso y vanidoso. Sólo soy desgraciado.

No hay nada de bueno en ser tan fuerte.

Estoy tan solo como fuerte soy. O tal vez más.

Cada día es peor. Acabo de vomitar.

SF (Super Fuerte), son las iniciales que llevo bordadas en mis calzoncillos, soy discreto con un simpático toque de vanidad. Para que borréis esa sonrisa de astucia de vuestro rostro, sabed que las iniciales las llevo grabadas en la cinturilla elástica, no en la zona delantera.

Estoy borrando la F de todos mis calzoncillos y camisetas interiores, de los pañuelos.

La cambio por una T.

Es más adecuado.

Porque todo es grande y pesado lo que me ocurrre, en proporción a la fuerza.

Las lágrimas son super lágrimas. No mola. Ojalá salieran al exterior y no fueran de esas que te inundan las entrañas por dentro y sientes asfixiarte.

Los más fuertes gritan y lloran más. Sienten más el dolor y el amor.

Y también somos más cobardes.

Y nos mordemos los labios para que nadie nos vea llorar. Aunque la verdad, los muerdo con la ilusión de que el dolor desborde aunque sea una sola lagrimilla.

Yo no sé mucho de medicina; pero he visto jeringuillas enormes en las consultas de los médicos. A veces sufro enfermedades terribles. Es una mierda ser tan fuerte porque sólo las peores infecciones y bultos hacen mella en mí.

Esas jeringuillas con sus largas agujas podrían llegar a mi corazón atravesando el pulmón. Puedo aguantar el dolor, soy super fuerte.

Por poco tiempo si alguien me ayuda.

Que el médico clave, tire del émbolo y absorba un trozo del corazón.

Con la mitad del corazón sería la mitad de fuerte.

Me han extirpado tres tumores como pelotas de ping-pong de los testículos. Y yo que pensaba que estaba bien dotado…

Soy super cretino.

Un testículo me lo amputaron, el izquierdo. Pero como soy super fuerte, aún me queda un super huevo.

El otro día estornudé sangre.

Y también la lloro.

Por eso cambio la F por la T.

Es justo.

Yo no quiero ser fuerte. Ni tener super visión, no es de rayos-x; pero lo veo todo con una claridad desalentadora.

No hay una mujer que me quiera. Supongo que al ser tan super fuerte, les parezco super antipático también.

Estoy solo.

Me gustaría que mi padre estuviera vivo y decirle con mis super lágrimas: Padre, no estoy bien, ¿Quieres poner una mano en mi hombro? Confórtame a pesar de mi super fuerza.

He visto como mueren los besos de los amantes apenas han volado un par de centímetros de sus labios. No tengo esperanza. Ellos dicen que los besos vuelan, que llegan. Pero yo los veo morir cada día.

Respiro besos muertos. Lo veo caer haciendo torbellino y me sacudo con premura los cadáveres de amor de la ropa. Como una ceniza dorada que se confunde con polvo y polen.

Una vez amé y fui amado. Y lancé besos que morían apenas volaban. Pero siempre hay alguien mejor, alguien a quien se le puede amar más. Tener super fuerza no significa que tengas super suerte. Y así acabé muerto como los besos. Amó más a aquel que no tenía super fuerza. Es normal que me dejara, es razonable. Yo me odio.

He tenido que aplicar el super olvido, porque no era posible vivir sin ella.

En algo me ha sido útil: olvidé su rostro. Incluso a veces dudo que llegara a amar y ser amado.

A partir de ahora, soy Super Triste.

Podría poner la S de Solo. O bien: STST (Super Tremendamente Solo y Triste). Lo dejaré en ST, no quiero pasarme la vida bordando.

Duele.

Quisiera simplemente dejar de ser fuerte y llorar. Llorar por todos esos abrazos muertos y los efímeros espejismos de manos entrelazadas. Manos y abrazos muertos que llueven por todas partes. Quisiera no ser fuerte para evitar la verdad.

Pobres amantes… No sirven para nada sus abrazos, no llegan. Tienen menos vida que las mariposas. No cruzan ríos, mares, ni montañas.

Mueren a sus pies.

Que nadie lo sepa, que sigan engañados. O se tornarán super tristes.

No más muertes por favor.

Super Triste…

¿Y si mi fuerza radica en el cerebro? Pues esa misma monstruosa jeringuilla se podría insertar a través del iris de mi ojo, el que lleve directamente a esa excrecencia callosa que me da esta inusitada fuerza. Que la traten como un tumor maligno.

Que tiren del émbolo y absorban fuerza, ya sé que la tristeza es ya inoperable, me conformo. Pero por favor, que me quiten esta puta fortaleza que me impide llorar. Que impide que me retuerza ante los miles de besos muertos. A veces les gritaría a los amantes que no hagan eso, que no sirve de nada el amor que lanzan; se muere. Como si se cansara de agitar sus alas a los pocos segundos. Cae muerto el amor en la distancia. Como un colibrí que nació débil y cansado.

Pobres…

A mí no me preocupa, jamás tendré ese problema. No me quiere nadie. Ni mi padre está aquí para engañarme diciendo que todo está bien. Que sólo es un mal momento, que a todos nos pasa.

Necesito debilidad para desfallecer y así descansar con mi cabeza en su vientre.

Y no hay vientre sobre el que pueda llorar, ¿lo hubo algún día?

A veces me siento como un niño triste que no sabe porque tiene ganas de llorar.

No pediré anestesia y firmaré un documento exonerando de responsabilidad al médico por la destrucción del iris cuando la aguja lo reviente.

Prefiero ser tuerto que fuerte.

Triste… No podré extirparme jamás la tristeza, a menos que me arranquen el cerebro entero.

Es una buena idea, por que cuando no amas ni eres amado, la vida se hace ¿invivible? Estoy muerto como un beso en la distancia, quemado como un papel lleno de juramentos de amor que alguien quemó una noche para que sus cenizas volaran.

Y se quedaron en el fondo del mar.

Así mismo, descargaré de responsabilidad al galeno o sanitario en caso de muerte cerebral.

Prefiero la imbecilidad de un coma, a la fuerza de las lágrimas presionando sin encontrar salida.

Soy lo que cualquier médico sueña: un paciente perfecto que nunca levantará denuncias ni quejas.

No puedo seguir siendo super fuerte por más tiempo. Ahora he mutado a triste y creo a veces que la vida se me escapa por los poros de la piel y me arrugo como un globo pinchado.

Debería haber un momento en el que el cuerpo y el pensamiento se saturen de amor y deseo y se desconecte la poderosa función Desesperación.

Quiero morir de amor, no agonizar toda la vida.

Parece que he nacido para ser desamado.

Padre: tu mano por favor. No hay una mujer que me diga que todo está bien. A veces pienso que es una suerte que estés muerto. Si tuviera un hijo, no me gustaría que fuera super triste. Le descerrajaría un tiro en la cabeza para que dejara de sufrir.

Cabe la posibilidad de que cuando pierda mi super fuerza, encuentre a mi amada. Y sea un pobre tuerto.

Da igual, la amaría toda la vida, tuerto, sin corazón, sin un huevo…

Joder… Tengo todo lo bueno para ser amado.

A veces me río aunque sea cruel.

Estoy acostumbrado al dolor.

Porque lo que está claro, lo que sabe hasta el gato del idiota de mi vecino, es que la voy a amar toda la vida. Casi ciego, sin corazón o con los sesos hechos papilla.

¡Oh, doctor carnicero! ¿Y si me clava la aguja en la nuca y hacia arriba? Hasta que toque hueso. Yo apoyo la cabeza entre las piernas de mi bella. Ella es la única capaz de conjurar el dolor, mi dolor por ella. No es que sea mala, es que la amo tanto que duele. Sus preciosas manos sujetarán mi cabeza y con esos hermosos y húmedos ojos me tranquilizará chistando suavemente: ¡Shhhh… No pasa nada mi amor!

Y yo callaré.

Puede que no pueda evitar hundir mi nariz en su coño para aspirar los alucinógenos fluidos que manan de él. Es normal este punto de lujuria dada mi fortaleza física.

No se me puede tachar de obsceno por ese lógico y comprensible acto.

¿Estoy loco, verdad? No tengo bella, son paranoicas alucinaciones.

No llore doctor, estoy acostumbrado.

Soy un enfermo aquejado de hiper fuerza. Soy algo de lo que sentir lástima cuando se me ve debatir en el suelo aquejado de un dolor, sujetando el vientre con una profunda sensación de falta.

Si yo viera a alguien hacer eso, pensaría que sufre próximo a morir.

Tendría piedad y le pegaría también como a mi hijo, un tiro en la cabeza.

Lo mínimo que pueden hacer es clavarme esa jeringuilla y tirar del émbolo para arrancarme al menos el sesenta por ciento de mi fuerza.

Hasta Superman tiene kriptonita para descansar.

Tiene a Super Woman.

Yo ni eso. Lo mío es infinitamente peor. No existe una bella que con su amor inhumano alimente mis músculos y mi ánimo.

Ojalá supiera que un día me amaron. La vida sería más vivible.

¡Oh, doctor Frankenstein! Ayúdeme se lo ruego. No soy su creación; pero realizó un juramento hipocrático. Apelo a su compromiso por aliviar el dolor, para preservar la vida humana. Extírpeme la fuerza antes de que me convierta en algo parecido a los besos de los amantes.

En algo muerto a mis propios pies.

No hay cabinas telefónicas para llorar, ni para cambiarme de ropa y escapar de mi propia tristeza dejándola en el suelo como una muda de piel.

Una vez fui amado, estoy seguro…

No hice nada malo, sólo que el otro era mejor.

Es triste perder.

Doctor, clávela ya por favor.

Tire del émbolo.

O déjelo, yo me pego un super tiro, está todo mal.

Iconoclasta

201003010235

Safe Creative #1003055696081

Soy dios

Publicado: 4 marzo, 2010 en Amor cabrón

A veces estalla en mi mente todo el deseo acumulado y no puedo ser educado, se me escapa la vanidad y el orgullo que intento mantener oculto bajo una gruesa capa de humildad.

La humildad es necesaria para poder vivir relajadamente. Ser dios es algo agotador si lo haces a todas horas.

Por eso la abrazo desde atrás, para que no pueda ver el poder divino de mis ojos. Es por ello que me sitúo a su espalda, no quiero que vea al dios. Sólo quiero que se sienta adorada como una diosa.

Porque sólo yo lo puedo hacer. Nací para hacerla sentir la mujer más bella y deseada del planeta. Quiero que sienta y sepa que es obra suya la dureza que late pegada a sus nalgas.

Que no sepa del control que ejerzo en mi bálano potente y duro. No quiero que mi mirada vanidosa me delate como a un dios.

O tal vez, sí… Tal vez quiero que se pegue más a mi piel para sentir la divinidad que la envuelve, que la unta, que la moja, que la empuja, que la viola una y otra y otra y otra vez…

Inmisericorde. Desquiciado.

Porque soy dios, sólo así se puede entender que mis dedos jugueteen hasta el límite del dolor con sus pezones duros. Henchidos de placer y micro-orgasmos que se transmiten desde sus nalgas presionadas por un pene salvaje e impío, e irradian hacia ese corazón y cerebro que amo por encima de todas las cosas.

Incluso por encima de mí mismo.

Sólo así se entiende que soy dios, con su divino cuerpo rendido entre mis brazos.

Mirad sus ojos entrecerrarse cuando mis dedos se enfilan en el elástico de su braguita, cuando deslizo la tela y dejo su pubis al aire. Mirad como sus ojos se cierran y su cuello se estira necesitado de que mis labios succionen la sangre que va directa a su placer.

Me rinde sus arterias, su sangre, su alma, su coño…

Soy el puto dios y debéis arrodillaros ante mí follándola.

Soy un dios y ella es la prueba. No voy a ser humilde.

Soy la más degenerada y vanidosa de las deidades.

No puedo mantener mi anonimato. La jodo ante vosotros y la hago mía y exclusiva, un mensaje a la humanidad. Una nada sutil amenaza y aviso.

Ella es mi soberbia. Y me ama por encima de cualquiera de vosotros, humanos.

Y yo la amo por encima de mis otros colegas dioses.

Con mi poderoso rabo oprimido entre sus muslos… ¿No os excita? ¿Me creéis ahora ante su ademán de profundo placer que soy dios hecho carne dura? No me reconozcáis dios si no queréis. Pero dejad de morderos los labios esperando que ella acaricie el bálano que asoma entre sus muslos y acaricie su sexo anegado con el amoratado ariete que cabecea salvaje y violador.

La voy a joder hasta que me grite y me insulte.

No tendré piedad ni cuidado alguno con su cuerpo.

Su cuerpo que es mío. Sólo mío. Yo lo he ganado, yo lo he comprado.

Yo soy el amor pulsante y duro y erecto.

El dios embiste desbocado. Nada detendrá la cópula salvaje.

Sus gemidos resonarán en el planeta y los otros, vosotros desesperaréis ante lo que no conoceréis jamás.

No es convicción, no la necesito. Es pura ostentación.

¿Os pensáis acaso que separa sus piernas para que mis dedos se hundan en su sexo por simple gimnasia sexual? Abre sus piernas porque quiere tragarse al dios mismo. Separa sus piernas y se estremece entre mis brazos porque mis dedos son divinos en su piel y sólo yo soy capaz de sacar su alma por el coño y meterle la mía.

Suda ella y sudo yo. Somos la fuente del placer sumo y resbalan los pies en el suelo pringado de fluidos.

Quiere que me hunda en su coño y hacerlo así aún más divino.

Quiere el bautismo en su útero ardiendo.

Ardiente como una forja.

Somos un reflejo obsceno infinitamente repetido ante el espejo. Profundo. Inconmensurable.

¿Veis como alza los brazos y rodea mi cuello dejando sus pechos indefensos a mí? Soy su dios y ella se abandona a un Zeus voraz.

No lo haría con nadie nacido ni por nacer. Sólo conmigo.

Tengo que ser vanidoso no hay otra opción.

Y amenazo feroz la delicada piel de su cuello con mis dientes.

Humildad… No voy a ser humilde con la cosa más hermosa del mundo entre mis brazos. Es mía, es mi esclava soy su amo y no tendré piedad con ella.

Y ella me pide que no la tenga.

Y cuando dice eso, temo desfallecer, temo rendirme ante ella y perder mi vanidad y orgullo y besarla con un llanto extremo de amor doliente.

Los dioses no cedemos.

Abro su vulva con mis dedos para que se sienta aún más indefensa.

¿Os gusta su coño? Es mío. Soy su amo y su dios y me ama por encima de todas las cosas. Y por encima de todas las cosas, desea que su vulva se derrame abierta ante mi voluntad, que moje los dedos que castigarán sus pechos por enésima vez.

¿Deseáis tocar y lamer, humanos?

Os mataría si os acercarais, fulminaría vuestra vida, la de vuestros hijos y la de vuestros antepasados si una sola lengua intentara acercarse a este coño que es mío.

Mirad como se deja abrir. Si supierais del sutil temblor de sus muslos…

Presiona a la vez sus nalgas para sentir mis cojones pesados y ardientes. Es salvaje en su obscenidad. Sería una diosa si no fuera mi esclava.

El filamento de fluido que se descuelga de mi glande es otra ostentación más de vanidad y cuando la gota se desprende y queda prendida entre el sutil vello dorado de sus muslos, su piel arde en sacrilegio.

Óleo bendito, la extremaunción del placer en el infierno.

Yo soy dios y la arrastraré desde el infierno al purgatorio, desde el séptimo coro celestial al paraíso perdido.

Y ella se dejará hacer.

Y yo me jactaré con mi pene aún entre sus piernas de lo muy dios y sagrado que soy.

Mirad como sus uñas se clavan en mi piel divina aferrándose ante el temor instintivo del vuelo del placer. Mirad la sangre que corre por mi cuello. Es vanidad pura.

Es jactancia sangrante.

La misma que dilata hasta el infinito mi polla entre sus piernas.

Girad la cara si os sentís ofendidos.

Pero no intentéis hacerlo vosotros. Mi bella es única, especial.

Destruye todo asomo de piedad, humildad y pudor.

Iconoclasta

Safe Creative #1003025667578

El amor es una mentira

Publicado: 25 febrero, 2010 en Amor cabrón

Arden, son hogueras rojas.

No pueden evitarlo, su propio amor los condena, los cuerpos se retuercen en un magma que funde las almas e incinera todo lo que les es ajeno.

Quisieran morir en ese instante y eternizar el momento, ser supernovas en el espacio devorando la oscuridad, rasgando el manto negro con vanidad, iluminando todo lo oscuro y lanzando susurros de amor al infinito.

Seres de fuego en una debacle autodestructiva.

Dos soles colisionando… No puedes mirarlos sin sentirte miserable.

Sin sentirte desgraciado. Poco afortunado.

Pues no son para tanto, esto es una mierda.

Fumas un cigarro y miras a otro lado, lejos de estas letras: esos seres no existen. Es paranoia pura. Antes se ponían hasta el culo de láudano los poetas; ahora aspiran tóxicos cristales que le dan otro decorado a las mismas mentiras.

Literatura cargante.

El amor es sólo una reacción fugaz; el espejismo de un sexo ávido, una sacralización banal y facilona de la cópula.

Todos quieren darse importancia, meterla en caliente con elegancia y exclusividad.

Estoy harto de tonterías.

La tengo dura, nada más.

Toda otra consideración es un delirium tremens de un alcohólico que vomita negro; el hígado podrido.

Nadie ama así, no se puede. No hay cerebros preparados para ese grado de entrega. Ni siquiera hay amor.

No existen los ángeles, somos bestias, y cuando la follo salvajemente no la amo. No la jodo con palabras de ternura. Me clavo a ella queriendo arrancar hasta su último aliento embistiendo su coño divino, bañando su piel con mi saliva espesa. Un peligroso animal.

El amor no es divino aunque los tontos se lo crean; sólo lo que tiene entre sus piernas es lo bendito.

Soy un homínido escribiendo de amor-ficción.

Todo es tan cándido y yo tan asesino…

Me pregunto qué cojones hago en este mundo, en este lugar aséptico donde hasta los aromas son artificiales. Donde se llama amor a la penetración, a las felaciones y a un vientre que se contrae impúdico.

Para joder no necesito palabras bellas, sólo mi rabo duro.

Estoy cansado de tantas flores y fuegos y mares y luces y oscuridad.

Y plumas que se hacen llamas al acercarse al sol.

Y cometas…

Un segundo más mi bella, un instante para ser hombre.

Soy un accidente en medio de todo este planeta plagado de amor.

No adoro a nada ni a nadie.

No hay una música suave acunando mis pensamientos. Es un rugido de tambores de guerra, una voz que clama y no cesa, que escupe gotas de sangre en el micrófono.

Yo no me mezo en una suave melodía, lanzo los puños al aire, y muestro obsceno mi vello púbico acariciándome ante los enamorados ardientes. Pateo el suelo aplastando vida.

Escribiré las crónicas de lo aberrante, de pieles arañadas.

Salmo del no amor nº 5: Lamo su coño de arriba abajo, de izquierda a derecha.

Soy la brutalidad.

Una música atronadora que canta del sexo de las drogas, de adorar al diablo y escupir a dios. Soy las guitarras que hieren los oídos de los melifluos. Soy la voz rasgada de un vocalista borracho.

He clavado la pluma en la pared con cierta ira. Un ira venenosa…

Estrangulo mi pene. Miradlo gangrenarse.

El morado del glande colapsado de sangre es el mismo que el de mi pensamiento. Un oscuro púrpura de fluidos sin retorno.

Todo es polla, todo es coño.

Y todo en mi boca.

El mundo es su vagina desflorada ante mí por sus propios dedos. Obscena, vesánicamente sensual.

Entre sus piernas separadas tiene clavado un cosmos profundo.

Soy un astronauta furioso, ingrávido entre el semen que se me escapa por el puño. Que se congela en el espacio

Me masturbo en las más sórdidos galaxias, regalando vida a planetas muertos. Sin amarlos, sin amar a nada ni a nadie.

Eso soy, una bestia de semen y carne. De deseos pornográficos. Sin un solo ápice de sensibilidad.

Miro tu coño escupiendo a un lado.

No te puedo amar, no entiendo las frecuencias del amor, mi oído es demasiado básico. Primitivo.

No soy nada, sólo un animal.

Lo excelso es una mentira lírica redactada con gracia.

Pero no me río.

¡Si sólo quiero joderte! Metértela hasta que te sientas reventar, que abraces tu vientre en un placer que no puedes retener.

¿Quién quiere el puto amor? ¡Coño!

¡No….!

Por favor…

La tinta hierve.

Piedad…

La pluma se deshace, se derrite clavada aún en la pared. Explota el aire.

Mi bella… Dame un respiro deja que viva como hombre.

Sólo una vez, un instante para recordar lo que una vez fui.

Ya no recuerdo cuanto hace que fui hombre, cuánto tiempo vago buscándote.

Ahora que estás, que esplendes, estoy cansado, necesito ser lo simple.

Ha sido tan largo, tan estéril creer en ti y no encontrarte.

No tires de mí aún.

El papel se retuerce carbonizado entre mis dedos.

Mi bella, sólo intento, quiero ser un hombre vulgar.

Quiero vivir el último vestigio que quedaba de mí, mi pequeño cerebro de reptil. Es lo único que me has dejado.

Mi piel… El amor hace cenizas de ella.

No quiero toda esa profundidad, dame un segundo más antes de ser tuyo, un instante de locura humana antes de que seas yo.

Ya no… No hay brutalidad, mi bella, mi supernova.

Sólo quería ser…

Ya no… No sé, mi amor.

Todo arde a mi alrededor y soy fuego. Tu tremendo fulgor es un canto de sirena en lo silencioso y oscuro.

Voy a ti, sin pensar.

Sólo he de impactar en mi bella; nací con ese fin.

Lo que fue hombre arrastra ahora una cola de polvo y gases extraños, vapores de vidas incineradas. De mundos que fueron.

Un espermatozoide estelar en busca del óvulo de la luz…

Cometas nos llaman.

Malditos poetas…

Vuelo a ti, sucumbiré en ti y ya no habrá más hombre, ni más mujer.

Seremos eternos, viajaremos a través de la eternidad.

Crearemos la eternidad.

Siento lástima de aquel bruto, de su corta vida. De su desespero de amarte en un cuerpo insignificante. Arde como el papel y su sangre hierve como la tinta.

Soy vapor y soy polvo. Y soy una masa de eones cristalizados dirección a ti.

No soy nada ya, soy tú. Soy vida en ti y mi carne ya no es.

Somos cuánticos, inexpresables, incalculables.

Hagamos la eternidad, mi bella.

"Revista Cosmos Ciencia.

El telescopio sonda Nexus KL, ha descubierto recientemente el choque de un cometa contra una enana blanca en el espacio profundo de la galaxia en espiral Desideral.

Se estima que la colisión ocurrió hace veinticinco millones de años.

Su luz barre periódicamente los diversos sistemas de asteroides. Y las Flechas de la ira (una zona de grandes agujas de amoníaco congelado). El colosal impacto creó una estrella de una magnitud quince veces superior a la del sol.

Posiblemente es uno de los descubrimientos más lejanos del cosmos.

La eternidad es el único recurso que tiene el cosmos para crearse a si mismo."

Y para destruirme antes de nacer en ella.

Como un reflejo en sus ojos oscuros.

Abismales.

Iconoclasta

Safe Creative #1002255619937

Meones

Publicado: 18 febrero, 2010 en Amor cabrón

Vamos a ver, yo no padezco Alzheimer, aún no. La culpa es de ella. La amo tanto que confundo mis necesidades e instintos y cuando creo tener ganas de orinar, resulta que lo que quiero de verdad es que me toque.

Follarla más concretamente.

Soy un hombre simple, primitivo, sí. Pero su hermosura y su sensualidad son desmesuradas. A cualquier hombre en mi lugar le pasaría lo mismo independientemente de su CI (Coeficiente intelectual). Pero si hubiera otro hombre en mi lugar, le arrancaría los intestinos. Soy macho territorial, sólo era una hipótesis. Que nadie sonría, que nadie se fíe.

Mi CI es muy bajo, lo cual me ayuda a ser completamente carnal. Cosa de la que me precio.

La obscenidad es un buen desahogo a la esclavitud del amor.

Me sucede cuando creo necesitar orinar y prolongo el momento más de lo necesario: acaricio el bálano durante más segundos de lo que es correcto para estimular la micción. Y no es correcto estimular la micción con caricias, es una burda excusa para justificar mi obsceno deseo.

Pensando continuamente en ella es normal que cuando meto la mano en la bragueta para sacar el pene y mear, acabe deseando masturbarme.

O que me masturbe ella si anda cerca.

No puedo evitar evocar como sus preciosos dedos trabajan para sacar este cavernoso músculo duro y tenso de entre la prieta ropa del pantalón.

El amor es joder, darle una mamada a su coño y que sus dedos me saquen la polla frente al inodoro. Mis sesos socarrados de su amor, a veces no distinguen entre una meada o una corrida. El romanticismo nace directamente en los cojones.

– ¡Mi bella! Ayúdame por favor, se me han dormido los dedos y no me puedo bajar la cremallera. ¡Me estoy meando!

Y viene corriendo, en parte para evitar que siga gritando y me oigan los vecinos. En parte porque es tan lujuriosa como yo.

Nos amamos como las bestias del mismo grupo taxonómico se encuentran para perpetuar su especie: feroz y lascivamente.

Somos la auténtica evolución adaptada al medio.

No me excita la orina, sino el hurgar entre las ropas buscando el sexo palpitante.

Me excita mi urgencia por desahogarme y la urgencia de ella por liberar lo que ella misma crea.

-Deprisa mi amor, me meo…

Y ella sonríe mordiéndose el labio inferior con ese toque de descarada y falsa timidez que nos enloquece a ambos.

No importa la elegancia, importa ese momento de nervios, la lucha de los largos dedos que amo por sacar de su encierro el falo erecto y brutal que apenas se puede dominar.

Había un juego de niños en el que se jugaba a ser cirujano y se tenían que sacar los órganos de un muñeco de cartón sin que sonara un pitido.

Yo soy un muñeco de carne, sangre y amor. Con una polla totalmente erecta que constituye un reto a la habilidad de mi bella; pero más discreto, no tengo un timbre que la asuste. Y si lo tuviera, lo haría sonar constantemente, la muy bella, sólo para reírse. Porque aparte de mamar, ríe como un ángel.

Sus largos dedos se sumergen en la bragueta y a veces arañan mis testículos, un breve dolor que se convierte en un adelanto de placer, en una muestra del ansia del momento.

– ¡Ay! -me quejo con incontrolada lascivia.

Y ella acaricia los testículos por un momento.

-Perdona, mi amor.

Y me tiemblan las ingles.

No hay ganas de mear.

Soy primitivo y salvaje.

Es por estos pequeños detalles por los que me acaricio el bálano para excitar la salida de orina. Y la micción se retrasa y se retrasa…

Y es preciso pedirle ayuda. Como ahora.

Es tan aplicada la muy…

Y debo "sufrir" la urgencia de ¿mear? gozando de la calidez de sus dedos, de sus uñas provocándome pequeños arañazos en la piel. Sintiendo como las venas de mi polla laten contra sus dedos y se sienten agredidas por sus uñas.

La verdad es que no me acuerdo de mear, sólo oigo sus pequeños jadeos de esfuerzo por sacar el pene.

Y cuando llega el momento cumbre cuando se decide a aflojar el cinturón para desabotonar la cintura del pantalón, me pregunto porque coño estamos en el lavabo.

Soy tan primitivo…

Cuando baja la tela y se encuentran mis genitales más accesibles bajo la suave tela del calzoncillo, mi pene se extiende en el tiempo y en el espacio y desearía golpear sus traviesos dedos con él.

Castigarla por el placer que me arranca desde los intestinos mismos y que parece arrastrar por el interior de mi polla para explotar en tres dimensiones y multicolormente en el glande ya amoratado, colapsado de sangre.

Mis cojones están duros y contraídos a esas alturas, y si me diera un beso en los rasguños, si deslizara la lengua por ellos para calmar el escozor, explotaría como un globo demasiado hinchado.

Ella me hace precoz.

Y por eso cuando consigue dejar desnuda la polla, la coge con fuerza con el puño y la estrangula. Está tan ansiosa como yo lo estoy por metérsela.

Es mala… Da un fuerte tirón de la piel hacia atrás y deja al aire un glande recubierto de una gruesa película de resbaladizo flujo.

Sabe que es por ella y para ella, para follármela de tal forma que parezca que me deslice dentro de su coño en caída libre.

Y la sacude…

– ¡Vamos, haz pipi! -dice sonriendo como si fuera una inocente mamá.

Me la comería a besos. La penetraría por detrás obligándola a que apoyara las manos en el lavabo.

Pero tengo que mear, me urge.

¿Seguro que quiero mear?

-¡Vamos! No tenemos todo el día -dice sacudiendo con fuerza mi pene brutalmente endurecido.

Yo no puedo soportar las prisas, reacciono extrañamente y mal.

En lugar de orina, sale una placentera leche, caliente y cálida que salpica graciosamente su rostro.

Es curioso el poder de mi bella para confundir mi organismo, mi instinto.

La haría madre aquí mismo, en el lavabo. Mordiendo su cuello tenso como una bestia en celo.

Me tiemblan las piernas mientras ella aún masajea mis testículos, provocando que me vacíe completamente.

-No me extraña que tuvieras prisa, amor. Lo que ha salido de ahí.

-A mí también se me han dormido los dedos ahora. Y me estoy meando -dice vengativa.

-Pobre… -me compadezco.

Levanto su falda y me encuentro con unas negras braguitas de encaje y noto que están mojadas. Mis dedos son torpes y toquetean más de lo aconsejable su vulva ardiente. Sus muslos parecen sentir un escalofrío y se separan con un líquido murmullo.

Y bueno… Un poco más calmado, le beso su delicioso coño para excitar la micción. Arrodillado frente a ella, con la lengua.

Aferrando sus nalgas con fuerza para apretar mi cara en su sexo.

Ya sé que la micción no se estimula así (en algún momento he concluido que soy primitivo o algo así).

Estoy enamorado y caliente; pero aún controlo.

-¡Meona! -le digo amablemente por no llamarla puta.

Me pone tan caliente…

Ha cerrado los ojos cuando mis dedos se han sumergido chapoteando en su vulva.

No sé, me parece que ella tampoco va a orinar.

Nunca imaginé que el acto de mear pudiera "degenerar" en algo así.

Es una deliciosa complicación amar y mear.

Aunque de mear, al final, nada.

Con lo fácil que sería follarla encima de la lavadora…

Iconoclasta

Safe Creative   #1002125506480

San Valentín versus Mi Reina

Publicado: 14 febrero, 2010 en Amor cabrón

¿A San Valentín le he dar las gracias de haberme convertido en un esclavo?

Yo no necesitaba eso, no necesitaba amarla así. Vivía muy tranquilo respirando la mediocridad del día a día. Exhalando rencores contra lo establecido.

Contra lo repetido.

Me sentía heroico y luchador en un mundo gris.

San Valentín es un pobre compulsivo que enamora indiscriminadamente, sin criterio alguno.

No se da cuenta de que con su torpeza me ha hecho cobarde, cuando yo era el hombre más valiente del mundo. La vida sin ella, me aterra, me colapsa, me hiela la sangre en las venas y prefiero estar muerto que sin mi reina.

La vida no puede seguir sin ella. Y con ella, es un frenesí agotador de esperas y deseos y de una voluntad de amar que seca hasta las lágrimas.

¿Qué me ha hecho ese santo loco?

Cada vez que cierro los ojos imagino los labios de mi bella, sus dos zafiros de brillo hiriente que son sus ojos.

Los he besado cuando ríe, cuando está seria y cuando llora.

Cuando gime…

Y es narcótica, estoy enganchado a su caballo de amor.

San Valentín trafica con drogas.

Ya no pienso en nada que no sea abrazarla.

A San Valentín le debo que me ha hecho un hombre sin ambiciones, al que no le importa nada más que abrazar y sentir la piel de mi reina, de mi bella.

Ahora ya no respiro aire. ¿Qué me ha hecho el maldito? Mis pulmones sólo buscan su esencia, respiro mi reina y cuando no está cerca, siento que me asfixio.

¿Y esto es gracias a San Valentín?

No lo necesitaba, el amor no es bello, no es algo para sentirse bien. Es una trampa, una adicción tormentosa de la cual nadie puede evadirse y la disfrutamos como los pervertidos mártires disfrutaban sus torturas.

Gracias San Valentín, te debo el haberme convertido en una marioneta cuyos hilos salen de los labios de mi amada reina.

De mi bella.

¿Sabes, mi reina Aragón? No existe San Valentín.

Y si existiera, tampoco sería su mérito.

Siempre te lo he dicho, mi reina, te parieron para ser amada hasta la esclavitud. Para que yo te amara con una pasión sangrante.

San Valentín se deprimiría porque eres tú el paradigma del amor y de tus manos manan los efluvios que infectan mi corazón de ti.

San Valentín no tiene nada que hacer, le has robado su trabajo. Pobre…

Y se piensa que celebramos el día de los enamorados por él.

Cuando es tu propio ser una esencia de amor. No necesitas ángeles ni santos.

Cupido se cubre los ojos para no mirarte, porque también se enamoraría de ti.

Y el pequeñín se siente un poco avergonzado ante la verdadera e imponente diosa del amor.

No es por menospreciar las mitologías; pero eres tan importante para mí, que no puedo permitir que ningún santo, ángel o dios frivolice tu naturaleza extraordinaria.

Te parieron para ser amada, me parieron para amarte, nací con mis ojos abiertos buscándote.

No, mi reina. No celebro San Valentín ni el día de los enamorados.

Celebro tu vida, celebro tus labios y tus ojos. Y cierro los míos ante el tacto de tu piel y te hago responsable de esta hermosa historia de amor en la que dulcemente me ahogo llevado por ti.

Feliz día de mi Reina Aragón, mi bella.

Beso tu vida y tu piel.

(Por y para ella: María Gabriela Aragón, Reina de Corazones)

Iconoclasta

Safe Creative #1002095487574

Blasfemia

Publicado: 7 febrero, 2010 en Amor cabrón

No soy blasfemo, amo la blasfemia. Soy blasfemia, una blasfemia pegada a otra.

Y blasfemia eres tú que ridiculizas a los dioses con tu existencia.

No los maldigo, no los miento en vano, simplemente están muertos; murieron cuando tus pechos se desarrollaron, cuando te hiciste mujer.

Cuando de tu coño manó la primera sangre sacrificaste a los dioses. Las vírgenes murieron entre alaridos de envidia cogiéndose con las manos crispadas sus coños inmaculados ante la blasfemia hecha cuerpo.

Tu cuerpo.

Puta Diosa que haces de mí un animal baboso y arrastrado.

Me cago en dios, me cago en todas y cada una de las deidades que han usurpado un lugar que no les pertenecía, que han evitado por todos los medios tu advenimiento durante tantas eras.

Me llaman blasfemo, degenerado. Dicen que mi cerebro es una papilla larvaria, pútrida.

¿Por qué? ¿Por qué deseo follarte? ¿Por qué tengo la firme creencia de que estoy enamorado y quiero joder tu coño divino y sagrado?

Envidiosos de mierda.

Que ellos amen al clavado en la cruz, que imaginen la felación de un buda eunuco gordo y repugnante. Que babeen ante el sexo inmaculado de las santas.

Yo te rindo misa y sacrificio ante un altar de satén negro y humo de tabaco. Yo te entrego mi pene endurecido y arrogante. Mi pene incrustado en tu cuerpo dios, mi pene en tu boca húmeda, mi pene en tus pechos, reptando el glande por tus pezones y dejando espesos rastros brillantes en ellos.

Yo te ofrezco la misa de mi polla, y me clavo en ti como aquel se clavó en la cruz.

Blasfemia… Yo te contaré mis blasfemias contra ti, por ti.

Esta es mi misa:

La hostia es mi pene penetrándote, embestidas desbocadas. El vino es la sangre que derramo clavándome las uñas al cerrar los puños deseándote. Mi confirmación es un semen abundante, blanco y espeso arrojado a tu entrepierna, a tu vientre, a tus labios.

Me cago en todos los dioses. ¡Qué cojones entiende nadie de blasfemia! Si no puedo pensar en otra cosa más que en ti. Te amo entre lágrimas de puro de deseo frustrado, me masturbo entre muerte y hambrientos. Te amo a pesar de la enfermedad que me pudre la sangre. Te amo como jamás podré amar a mi madre ni a mi padre.

Te jodo ante las miradas muertas de los agonizantes. Sólo pienso en ti y mi miembro está tan duro que mis manos no prestan ayuda a nadie; se aferran a esta carne dura y pulsante como única salvación. Mi polla es tu cruz, te clavaré a ella.

Por lo que más quieras, mi Diosa: abre tus piernas y que tu sagrado coño se me revele como la luz divina se reveló a apóstoles y mártires.

No quiero corderos ni palomas, no quiero tus manos alzadas rogando por mi salvación.

Quiero tu cuerpo entre mis brazos y tus manos en mi polla, en mi blasfema polla.

Te amo como ningún dios ni humano pudo ser amado jamás.

Con toda locura, con toda ponzoña.

Eres la Blasfemia hecha Mujer. La diosa que acabó con el Mal y con el Bien y ha esparcido el Deseo por toda la humanidad.

Bienaventurado sea tu coño.

Maldigo mi polla dolorosamente dura.

Como te amo, mi Diosa.

Mi Puta Diosa…

Iconoclasta

Safe Creative #1002095489554

Rosas rojas (manuscrito)

Publicado: 2 febrero, 2010 en Amor cabrón

Safe Creative #1002175543985

Sosiegoland

Publicado: 27 enero, 2010 en Amor cabrón

Alegorías, amabilidades de la pasión saciada. Un descanso tras la tormenta.

Simplezas de enamorados.

De vez en cuando hay que ser y buscar serenidad.

———————————————————-

He encontrado en el mapa de nuestro amor un lugar llamado Sosiegoland.

No es un buen nombre, casi diría que es cacofónico; pero es una treta: lo han llamado así para que no se masifique, para que las bestias que tragamos amor a baldes, podamos descansar con tranquilidad. Sin otros que no entienden la belleza de dos manos entrelazadas, de unas risas sencillas que brotan solas, sin esfuerzo y en las que no se adivina que un día hubo llanto.

No es un engaño, mi amor. Es un parque de atracciones de la paz y la serenidad. Cuando los cuerpos han dado cuenta de si mismos y los labios se han saciado, queda disfrutar de cada momento y hacer magia de las cosas más sencillas.

Es hermoso y un poco misterioso: tras una muralla derruida en la que crecen secas hierbas entre las juntas de las piedras, se extiende una llanura arenosa. Sólo los enamorados que han sobrevivido a la distancia y el tiempo pueden ver belleza en la soledad y la aridez de la arena, en el rugido de un viento que obliga a cerrar los ojos. Es una forma de disuadir a los mediocres, si cruzas el arenal de Sosiegoland con el amor de tu vida entre tus brazos, se abre la puerta a la paz y a la ilusión.

Meses han pasado desde que hemos llegado a un noviembre no demasiado frío, no demasiado caluroso. Noviembre satura los colores con su otoño y nos da un magnífico decorado, mi vida.

Sosiegoland durante estos días ha preparado Hermoso Noviembre (no son muy originales con los nombres, pero son buena gente). Cada treinta días escenifican un Hermoso Mes para que siempre podamos volver.

Dice el folleto publicitario que Sosiegoland es el mayor fabricante de esperanzas del sector del amor.

Sosiegoland no promete despedidas, es genial. Simplemente ocurre que la primera visita al parque se convierte en el primer día de una vida y la segunda visita es otro día más, con más fotos y regalos que nos hacen recordar que pronto habrá otro Hermoso Mes.

Y ahora que nos hemos bebido, que hemos tanteado la piel, vayamos a Sosiegoland. ¿Te acuerdas que te dije que durante esos días que estuviéramos juntos haría que te olvidaras de todas las cotidianidades y de los días iguales?

Ven, mi bella, es un viento molesto; pero no hay nada que nos moleste si estamos abrazados. Es el santo y seña nuestra sonrisa contra el viento, contra todo. La que abrirá la entrada para vips. Porque somos importantes, somos héroes de una odisea romántica. Hemos lazado el amor por el cuello; te he lazado por tu sugerente cintura y tú me has domado. Descansemos.

Sosiegoland es una ciudad-alegoría. Fíjate, la entrada es un pozo que lleva al interior de la tierra. ¿A qué son buenos con sus juegos de luces? Parece un planeta entero bajo la tierra. Y la luz… Se han gastado una millonada en ambientación. Es tan nítida y fresca la luz…

No hay que entornar los ojos, salvo cuando miro los tuyos, siempre me deslumbras.

Hay una sala de cine donde pasan El lado oscuro del corazón. Está vacía, es sólo para nosotros, para que me la cuentes en voz baja, sin que nadie nos haga callar.

Dime qué sigue, cuál es tu mejor escena y media hora antes del final explícame cómo acaba. Yo disfruto de la película a través de tus emociones, de tu entusiasmo. Gozo y vivo cada escena que me cuentas y explicas. Y tú disfrutas estropeándome la sorpresa de cada una. Te amo cuando no callas, cuando el entusiasmo te hace hablar y hablar y dan ganas de comerte a besos.

Es una de las atracciones fuertes de Sosiegoland, no es nada del otro mundo. Es una simpleza para amantes que quieren vivir un momento sereno, intercambiar sonrisas, descansar de la pasión y hacer su mundo único donde todo está bien.

Es efímero, serán unas horas; pero… ¿A qué es hermoso? Y no tiene fin, podemos volver otro día, mi amor. Si reservas una estancia para Enero, nos crearán un Hermoso Enero.

Hay un café donde sirven sin prisas, donde hay música que acompaña a las palabras continuamente y tus párpados se relajan en una caída dulce que me detiene el corazón. Maná y Milanés se turnan las canciones y el voz rota de Sabina, hace de intermediario.

Los Cadillacs te sacan a bailar y tú me arrastras entre las mesas tirando de mi mano.

Bueno, esto es un truco mío, yo les pasé el listado de canciones para la hora del café, estas cosas funcionan así, no es magia, mi vida. Pero es real, como tu sonrisa y la mía.

Unas horas perfectas para que las recordemos segundo a segundo cuando nos necesitemos y caigamos en la tentación de pensar que no volverá a ocurrir. Es el momento de juntar nuestras frentes y cerrar los ojos sintiéndonos.

Sosiegoland certifica nuestro amor. Da la paz y la tranquilidad de haber cumplido nuestros deseos. Y esos detalles dulces como la miel, dan fe de ello en nuestra memoria con sonidos, olores y sabores.

Hemos construido nuestro mundo.

Cuéntame otra película comiendo golosinas. Deja que te haga una pregunta susurrada al oído y sientas el cosquilleo de mis labios.

Es un momento para la tranquilidad, para una charla, para pasear de la mano.

El mundo es nuestro, es nuestro lugar y tiempo. Por fin, mi amor. ¿Te acuerdas cómo hace apenas unas horas desesperaba por ti? ¿Y tú decías que morías de amor?

En Sosiegoland dan ramos de flores multicolores a las mujeres que van de la mano de sus hombres; huelen a mil fragancias que no hay ahí fuera, allá arriba. Son muy buenos con los detalles, porque usan perfumes que hacen olvidar el cansancio y años de espera. Donde quedan atrás las lágrimas y las penas. Donde los malos recuerdos no pesan, porque la calma y la paz de dos manos entrelazadas es suficiente para distraer a los corazones de lo que un día tuvieron que latir con ansia y desespero.

En Sosiegoland hay altavoces estratégicamente situados, y cada vez que el hombre posa la mano en las nalgas de su mujer, suena en alto un "plaf" para que nos riamos a carcajadas. Un chivatazo divertido de que te meto mano.

Dulce Noviembre en Sosiegoland es la temporada dorada, el parque cumple su primer año de vida y han preparado visitas al museo de Frida Kahlo. ¿Te lo puedes creer?

Sólo para nosotros, sólo visitas concertadas, y todo porque tienes tanto que decirme de cada cuadro, que necesitamos estar solos charlando relajadamente. Yo te pregunto, porque lo mío no es el arte, lo mío es amarte. Y tú me instruyes, porque lo tuyo es amarme; pero además, cielo, eres la que domina mi brutalidad, la que me hace sonreír cuando hay que hacerlo. La que relaja mis músculos con una sonrisa.

La que con un "Ci vediamo" deja en el aire una ráfaga de amor que seda mi pasión a veces ciega y desbocada.

Necesitamos pasar unas horas en Sosiegoland, está lejos, mi amor; pero más lejos estuvimos nosotros y ya ves… Hicimos un puente de la nada, con tensores anclados en las nubes y una pasarela de vidrio sobre un mar de agua transparente, una ventana que nos muestra los corales rojos, verdes y azules. Medusas iridiscentes que aletean ingrávidas y una tortuga que tranquila, se las come. Algún pez payaso se pavonea entre las algas y un tiburón da un toque de suspense a la vida en el agua.

Así de tranquilo es Sosiegoland, donde la pasión dolorosa y agotadora se queda en la muralla de abrasadas piedras por el calor como la muda de una serpiente. Donde la ternura y el amor calmo, se convierten en un bálsamo para el ánimo.

Las lágrimas en Sosiegoland se secan con los dedos del amante y se convierten en una sonrisa para ser rematadas con un beso. ¿Lo oyes? Siempre hacen lo mismo, Arjona canta de náufragos cada vez que los labios se rozan.

No es que sean adivinos, es que tengo la manía de anotar cada cosa que te gusta y al final, esas cuarenta mil cuartillas que he escrito de ti, han servido para crear Hermoso Noviembre en el parque de la serenidad.

A veces es mi mano la que hace el sonoro plaf (soy rápido cuando de tocarte el culo se trata) y tú lanzas un gritito y me miras con esos ojazos entornados, engañosamente amenazante y con ese brillo travieso que te hace única.

Hoy no voy a retorcer mis manos ansiosas por besarte, tengo las tuyas para aferrarlas con fuerza y llevarlas a mi rostro para sentirme niño, para sentirme amado. Para que mi rostro te ame a través de los dedos. Sin prisa, serenamente y con un sol dorado que no ciega, un largo crepúsculo donde somos un contraluz de puro amor.

No dormiremos, en Sosiegoland no hay cansancio, no permiten que los amantes pierdan un segundo de tiempo; pero podemos tumbarnos en la hierba y abrazados, sentir el vértigo del planeta al girar a nuestro alrededor. Está permitido. Es de obligado cumplimiento. Son severos cuidando los detalles de nuestro amor.

No acabará el día en Sosiegoland, no tiene fin. Como el amor inagotable que bombea mi corazón, como el poderoso amor que mana por cada poro de tu piel.

No hay despedida, no hay una tristeza. Hoy y eternamente, miraremos las estrellas cogidos de la mano, robándonos un beso o manteniendo tal silencio que los corazones hablarán por nosotros.

Feliz eternidad, mi amor.

Mi reina…

Iconoclasta

La lengua que no cesa

Publicado: 22 enero, 2010 en Amor cabrón

Tengo una lengua ancha, no es larga, no es hábil para la palabra. No es sutil y es animal, irracional.

Es pesada y fuerte, se arrastra y arrastra lo que toca. Sé lamer la piel captando con precisión sabor y temperatura.

Tengo una lengua impaciente.

Eficaz.

Hoy la lengua no modulará palabra alguna, lo sabes ¿verdad, mi bella?

Me he mantenido vivo para lamer tu piel.

Luego, cuando de tu boca apenas salga más que un jadeo entrecortado, te joderé profundamente, es un hecho.

No es una amenaza, no es un alarde.

Estoy enamorado, caliente, erecto, y mi boca se hace agua.

Ya hemos hablado demasiado, sé todo de ti, salvo el sabor de tu piel. De tu cuerpo.

Te amo tanto que mi lengua se retuerce ávida y lasciva por saborear lo que tanto ha esperado.

Lameré tus labios, no los besaré, aún no. Soy un predador saboreando a su hembra, lavándola, marcándola.

Seguiré por tu cuello, deslizaré la lengua densa y pesada dejando una estela de brillante y cálida saliva que bajará entre tus pechos, que dudará a cual dirigirse primero.

De la misma forma que has untado mi alma con la tuya, así te cubriré de mí.

Tú guiarás la cabeza de la lengua lasciva hacia el pezón que más desee ser lamido y empapado, tú acercarás el pecho a mi lengua sujetándolo con esos dedos largos que también lameré. Que mojaré.

Y la lengua, presionará el pezón, lo empujará, lo arrastrara hasta que se haga blando, hasta que la areola se erice de puro deseo. Hasta que desees que de tus pechos mane leche y yo mame de ellos.

Me excitaré, gemiré con mi pene que de tan duro, dolerá. Mi lengua es especial y conecta directo con mi glande amoratado y henchido de sangre lanzado de deseo como el puto misil que te ha de llenar. Soy un monstruo de la naturaleza cuando de joderte se trata. Mi bálano late furioso entre la tela por salir y arrastrarse por tu cuerpo, por fuera y por dentro.

Con la misma fuerza que te amo, no tendré piedad y te arrebataré la voluntad con la punta de mi lengua, serás un cuerpo sometido al deseo, rendida a mi obscenidad.

Tu pensamiento será mío. Lamo tu piel y tu pensamiento todo.

No hablo, no puedo hablar no puedo dominar la lengua que se desliza ahora por el centro de tu abdomen y se hunde en el ombligo al que estoy unido ahora; la primera penetración, lo inundaré de mí y chapotearé hasta que tu espalda se arquee, hasta que con un gemido me empujes hacia abajo con mi lengua dejando el rastro del deseo más primitivo en tu vientre suave, allá donde nace el pubis que conduce como una autopista del placer directo a tu coño.

Escupiré en tu vientre y con mi ancha lengua extenderé la saliva como el preludio al semen con el que te ungiré, clavando en tus nalgas mis dedos para inmovilizarte, para que no encuentres consuelo en el movimiento de tu pelvis.

Para que tus pezones se ericen y te los maltrates llevada por la impía obscenidad de una lengua voraz que está derrotando tu pensamiento racional y lúcido ahí abajo.

Te lo dije, mi lengua tiene el ancho suficiente para cubrir los labios de tu vulva, la dureza para abrirlos sin esfuerzo e invadir lo más íntimo de ese coño enloquecedor.

Tócate, sólo la tela de la braguita y sentirás el fluido espeso calarla. Lo espeso, lo resbaladizo es tuyo. Lo mío es agua cálida, fluida.

Te lo dije: cuando llegue a ti, esclavizaré tu cuerpo y tu voluntad. Mi lengua será tu dios y tu amo.

Abre las piernas a tu amo…

Te sentirás llevada, buscarás con las manos la pared pensando que tu cuerpo se arrastra entre las sábanas llevado por la fuerza de mi lengua.

Arrastro y acaricio.

Arrastro y bebo.

Arrastro y mojo.

Arrastro y tomo…

No es la palabra lo mío, no nací con una lengua apta para la oratoria.

Yo sólo follo, ahora sí.

No más palabras, no más desesperadas palabras por hacer realidad mil años de espera.

A veces pienso que asisto a los actos de mi lengua, que no soy yo. Que con mi pene somos tres habitando este cuerpo ahora tenso y ansioso.

Y la lengua que no cesa, navega libre y salvaje por tu cuerpo. Repta entre tus muslos, en lo más tierno y blando de ellos, peligrosamente cerca del sexo.

Seguiré las ingles dibujando el triángulo áureo de tu coño. Y unos dientes apresarán la tela de la braguita y tirarán de ella con una fiereza mal contenida.

Abre las piernas, mi reina, deja que fluya lo que hierve en tu coño y que esta vez no sean las palabras. Que esta vez la lengua cumpla la misión para la que fue creada.

Retiraré la tela a un lado, aún no te arrancaré la braguita, quiero ver tu vulva empapada, los labios resbaladizos de tu espesa esclavitud aún dominados por la tela.

Una flor envuelta que desea liberar y desplegar sus pétalos al aire. Aire fresco en tu coño, un hilo de baba que conecta tu vulva apenas desnuda con mi lengua y mis dedos.

Y todo son fluidos. Follarte es beberte. Mojarnos.

Ábrelas más, porque vas a parir por tu coño un grito obsceno de placer, sudarás gimiendo lascivamente. Desesperarás cuando mis dedos abran la vulva para que la lengua se pegue a ella con la sed de un náufrago del desierto, cuando el calor de tu ano reciba el bautismo lujurioso de mi lengua y tus nalgas vibren ante el blasfemo hisopo.

Te lo dije: no dejaré nada por lamer en tu cuerpo. Seré minucioso, tortuoso.

Te daré placer, nadie más podrá saciarte ya. Soy cruel como lengua.

Quiero ser todo, quiero ser el que te ama y el único que te hace gemir, no hay asomo alguno de humildad ni recato en mi lengua. Ni en tu piel.

No es un alarde, y tu vagina latiendo y brillante de humedad es la prueba que me hace la boca agua.

Ahora todo tu pensamiento es mi puta lengua.

La lengua que no cesa.

Rozar la perla dura del vértice de tu coño, es el destino. Empujar el clítoris apenas ya escondido entre los pliegues, que salta desesperado a mi lengua.

Pensarás cuando lo aplaste, lo empuje y lo agite, que te lo voy a arrancar. Y aún así, presionarás mi cabeza para que no salga de ahí y te arrebate el último ápice de libertad.

Lo sabía porque todo lo hablamos, te lo dije: Lo cumpliré. Estás condenada a ser mía, mi reina.

Mi lengua es ancha y fuerte para lamerte mejor… dije yo. El lobo feroz sentiría vergüenza de ver tu coño hambriento derramarse, de tus bragas que de tan mojadas dejan ver la raja cuyo contorno acaricio con mis dedos, presionando tan poco, que me pides que te empale de una vez ya, que no aguantas más.

Puta, será la única palabra que dirá mi lengua a tu coño hirviendo.

Puta, puta, puta… responderás elevando la cintura para que mis labios besen ahora el coño que desea ser invadido.

Es el juego de los amantes que se reconocen obscenos, tenemos derecho a serlo.

Una necesidad perentoria. Una liberación a la bestia del amor.

Nos lo hemos ganado, es la complicidad de las bestias en celo. Una risa casi rancia por el deseo acumulado, por mil miedos a que algo evitara el divino acto de lamerte y follarte.

La lengua se retira ya saciada, sus papilas están inundadas de ti. Aún no he acabado contigo, mi bella. Es hora de sudar todas las palabras por el glande, es hora de metértelas, como una venganza por el deseo que has desatado en mí.

Por ser liberto de tu esclavitud.

Te lo dije serio como una enfermedad mortal: serás mía.

Mi bálano como un caballo salvaje recibiendo sangre por un corazón acelerado.

Soy el pene que no cesa…

Soy la mutación de un amor desbocado.

Iconoclasta

Safe Creative #1002125508811

Experimento de amor

Publicado: 12 enero, 2010 en Amor cabrón

Toma una parte del mundo, una porción al azar.

Una a tu elección.

Machácala, pulverízala y después viértela en una probeta. Haz el vacío.

Deja que repose durante dos horas, cosa que no es necesaria; pero quiero lamer tu sexo y besarte. Invadiendo lo más íntimo y profundo de ti. O penetrarte arrastrando, casi hiriendo tu piel con mis dedos desesperados.

Hacerte gemir de placer con mi mano invadiendo tu sagrado coño en este laboratorio de amor. Apretándolo hasta que tus inmensos párpados bajen vencidos por el deseo. Quiero que me insultes desesperada y embrutecida ante lo que hace mi boca metida entre tus muslos.

Y ahora con tu frente perlada aún del mador de los orgasmos, aún con la respiración agitada; coge ese mundo pulverizado y colócalo en un portaobjetos con una base de gelatina incolora.

Yo te ayudo, me encanta abrir tu bata blanca y coger tus pechos plenos forzando los pezones a que se endurezcan. Sentir tus nalgas presionar mi pene que se revuelve enfurecido contra la tela que lo hace prisionero.

Empezamos con cien aumentos.

¿Nada?

Pasamos a doscientos.

¿Nada?

Pasamos a un millón.

¿Nada?

¿Estás convencida ya? Joder, mi bella, te lo llevo diciendo toda la eternidad.

Ya sólo me quedaba demostrarlo con pruebas científicas.

El mundo es completamente mineral, inorgánico y yermo a pesar de la sangre derramada.

Sólo tú tienes luz y vida, mi amor.

Sin ti está todo muerto.

La ciencia era mi último recurso, se acabó discutir, perder el tiempo filosofando.

Y ahora, por favor, bésame sin ciencia. Porque nací buscándote por puro instinto. Y esperé mal respirando a que nacieras y luego crecieras, y luego aprendieras, y luego adquirieras conciencia de tu belleza y usaras tu sensualidad innata para cautivar al mundo. Para hacer sentir tu presencia y gritarme que necesitas ser amada y abrazada hasta la desesperación.

Te repito que no, eso que ves moverse es un pelo de tus largas pestañas; cuando te he besado se ha debido desprender.

No es un ornitorrinco.

¿Quieres besarme de una vez por todas, mi bella?

Por favor, no sigas, no encontrarás nada ahí. Lo sé porque de ahí vengo buscándote.

De ahí procedo, mi amor. Conozco mi planeta y ahora que ya está demostrado científicamente lo vacío que es el universo sin ti, no quiero hablar más de ello.

Toda aquella vida sin ti es un mal sueño que no quiero recordar.

¿De verdad vas a seguir mirando por el microscopio con esa risa traviesa, hermosa licenciada en amorología desbocada?

Mi amada científica…

Así no hay quien folle.

Si necesitaras una prueba de mi amor, con gusto cortaría una muestra de mí para que me observaras al microscopio y supieras cómo mis células saltan hacia a ti hasta que mueren tristes de no llegar.

No, ese trozo no me lo pienso cortar, graciosa.

Y ríes…

Y río.

Cómo te amo…

Iconoclasta