
Mi nuevo amigo, en el tren de camino a casa. Con un mes y tan valiente, tan tranquilo.

Mi nuevo amigo, en el tren de camino a casa. Con un mes y tan valiente, tan tranquilo.
No es lo único asimétrico. Hay demasiados cerebros descompensados en los que pesa más la idiocia y la dependencia del rebaño que la libertad de pensamiento.
Cabezas con las que decorar un puente, este por ejemplo.

Es una trampa, cuanto más pienso más ajeno soy a mí. Como si viera otra cosa, como si fuera peor de lo que creía ser.
Y dudo de mi existencia, creo ser el sueño de alguien, solo una invención.
Es mejor dormir, soñar. Porque concluir sobre mi mismo, no tiene un final feliz.
Pienso, luego me desintegro.

Lleva casi todo el invierno en la explanada buscando la templanza del sol. Como si estuviera cansada de hacer el mismo viaje a los mismos lugares cálidos.
Igual es vieja y se siente como yo: milenaria.
Y es muy probable que me fotografíe en mi violenta y mal disimulada cojera.
Al fin y al cabo, el roto soy yo. Ella vuela hermosa, la he visto a ras de pasto.
La muy astuta…
Sea como sea, es mi compañera de soledad porque ambos hemos elegido.
Y si sueño un poco, el primero en morir será el primero en ser extrañado. Porque somos pocos, somos dos.
Cuando la pierdo de vista, ya más frío, pienso que me importa demasiado poco que alguien pudiera extrañarme.
Me pongo el bastón al hombro y hago ver que no estoy roto, ahora que no me ve.

¿Te das cuenta de lo mucho que has vivido? ¿Has pensado qué hubiera sido de ti si no tuvieras hermosas añoranzas que llorar?
¿Cómo podrías amarla tanto si tu vida estuviera llena de una indiferente y acomodada tranquilidad?
Me pregunto pensando en tu sonrisa serena que ofreces con un guiño al sol.
Te observo tan hermosa y sé que tejeremos bellas tristezas
Queda tanto aún por sentir…
Vamos, mi amor, un día lloraremos con sonrisas este momento.
– Te quiero follar -le digo casi gritando.
– ¡Qué bruto eres! -se ríe la muy bella- Lo tuyo no es la sensibilidad.
– Está bien, después de follar hablamos de sutilezas -le respondo con aire fingidamente tosco.
Ella me toma la mano con cariño, sin dejar de sonreír y seguimos paseando.
Me esfuerzo por no llorar la belleza de este momento y fumo.
Estará bien, mi amor, le juro desde el corazón.

Tiempos reales de improbables realidades.
Es condena y maldición saber de determinadas vidas.

«Afortunado es el hombre que tiene tiempo para esperar».
(Pedro Calderón de la Barca)
Pues sí; pero sobre todo paciente. Porque esperando tiempos mejores y promesas maravillosas para futuras generaciones, siguen llevándose cargados cucharones de mierda a los labios los pacientes y los que tienen tiempo (es retórica facilona y redundante, quien tiene tiempo, indica que tiene paciencia, como yo para escribir esto).
Intelectuales… Siempre tan comedidos.
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