
Son los más consentidos, los atletas del mundo animal. Los Señores del Rayo.
Su majestuosidad carece de vanidad.
Es absolutamente innata y natural.

Son los más consentidos, los atletas del mundo animal. Los Señores del Rayo.
Su majestuosidad carece de vanidad.
Es absolutamente innata y natural.

El hijo se hace adulto y yo me desintegro lentamente en el tiempo, como si ya no tuviera razón de ser.
Los padres somos efímeros. El mío lo fue.
Y así observo a ese hombre desde las lejanas brumas de la desaparición.
Es su turno de juego y el mío de morir.
No hay drama, solo orgullo y una serena y melancólica constatación.

A la vaca le pasa como a mí: está hasta las ubres de pastar con la manada y se ha separado de la mediocridad para fumarse un cigarro de la risa tranquilamente.
Yo no tengo ubres, pero los cojones se hinchan igual.

Es fascinante la vida, el abigarrado bosque…
Lo más bello es su mensaje salvaje y contundente, la impía verdad que esconde: necesita mucha muerte para alimentarse, para vivir.
Somos estratos generacionales de muerte al servicio del planeta. Un alimento al fin y al cabo.
Alguien andaba un tanto disperso pensando que el fin de la tierra es alimentarnos.
La ingenuidad y la humana e ignorante arrogancia confunde los términos.
Mi piel no me engaña, sé lo que soy y lo que es la humanidad, siento el aroma de la muerte entre los radicales de clorofila.
Y eso me hace brutal y libre.
Cuanto más cruel, cuanto más voraz, todo es más hermoso.

No quita la sed porque tiene agua; sino porque la llevo.
Y no tengo sed, ni una poca. Bebo porque la he traído, sin ningún tipo de alegría.
Pero si la olvido alguna vez en casa, me da una sed horrible.
Es un asco ser tan complicado.

En el centro urbano e histórico de Ripoll (Girona, España) hay una calle llamada Perdida (carrer Perdut). La placa, en catalán, explica el posible origen del nombre.
«El carrer Perdut.
Según cuenta la tradición oral, el nombre de Perdido se remonta a mitad del siglo XVII.
La peste afectó a la población, y concretamente a esta calle el año 1651. Por ello se hizo tapiar los dos extremos como medida de prevención.
De esta manera, la calle quedó momentáneamente aislada respecto a la totalidad del tejido urbano de Ripoll».
El día que encontréis una calle que se llame Quemada, ya sabéis, aplicáis el cuento y con toda probabilidad morbosa, acertaréis.

Yo no necesito bastón, lo llevo para caminar más deprisa, le cuelgo una zanahoria porque me conozco y sé que si no me ponen una golosina delante, me voy a nadar con los patos.
Chingada madre…
Yo no necesito un pinche bastón.
La zanahoria no está porque la alcancé y me la comí.
Soy rápido como un Correcaminos.
¡Bip-bip!
Bueno, el Coyote es lo suyo de rápido, pero los hijoputas de los guionistas siempre lo joden.
No tienen corazón y yo me quedé sin zanahoria, por rapidillo.
Yo no necesito bastón.

El toro viejo viene hacia mí, con la cabeza gacha, yo no retrocedí… Fui hacia él. Fue él quien retrocedió.
(Lark rise, de Flora Thompson)