«Para decir adiós, vida mía
y te estaré por siempre agradecido
me acordare de ti algún día.
Para decir adiós, solo tengo que decirlo».
«Para decir adiós, vida mía
y te estaré por siempre agradecido
me acordare de ti algún día.
Para decir adiós, solo tengo que decirlo».
Cuando no se tiene brújula en el móvil, se puede descargar una APP que seguramente anunciará condones, viagra o rolex a precio de espinacas, pero como al final se acaba recurriendo al GPS y eso de la brújula tiene un absoluto misterio, yo os regalo la captura de pantalla y así podéis alardear de castores exploradores como los sobrinitos del Tío Gilito.
Necesito unas vacaciones de las vacaciones.
Bueno, ya que he hecho la foto, la usáis, coño.
Siempre será más divertida que una frase de Paulo Coelho.
Camino en plena madrugada cuando no hay absolutamente nadie en la calle, cuando los semáforos en rojo detienen el tráfico a nada. Cambian de color sin que sea necesario, son los autistas de las frías noches. Se niegan a creer que son cosas y hacen su trabajo con patética voluntad.
Siento lástima por ellos.
Cruzo la calle y el semáforo de los peatones brilla en verde, como si se alegrara de poder servir para algo por fin.
Los semáforos necesitan seres vivos.
Yo no quisiera ser semáforo.
(Fragmentos de Las tertulias de las frías noches, de Iconoclasta)
La noche existe cuando no hay nadie, cuando eres lo único que camina por las calles. Entonces eres noche, te conviertes en algo de ella, o en ella misma. Y es donde debe estar, lo que debes ser: un apátrida de la luz y el calor.
No es cuestión de valor o miedo, de frío o calor. Solo es el filo de la cordura.
Y no es solo el aroma que sale de las chimeneas de las casas; pero me lleva a meditar de buen rollo, con una sonrisa feliz.
Es mi deseo inconsciente de que todo arda. No es que sea pirómano, pero el fuego es una buena solución para la superpoblación, el hambre y la enfermedad.
No me refiero a que ardan los hambrientos, los enfermos y los que están dándole duro todo el día que «te pego».
Hay quien debe arder para evitar la enfermedad, el hambre y el que no puedas pasear tranquilo por una calle sin captar el olor de los sobacos ajenos.
Y si arde algún inocente, no pasa nada, somos muchos. La cuestión es que hay jueces, presidentes y funcionarios que no tendrían que estar respirando. Una vez convertidos en vapor de sangre y carne, las cosas mejorarán.
Ya lo sé, a veces soy un tanto ingenuo, soy consciente de que los malos nunca se llevan su castigo y se descuartiza a los buenos; pero de vez en cuando va bien imaginar estas cosas o disfrutar de un cómic.