Salmos del no amor

Publicado: 10 abril, 2010 en Amor cabrón

Por Aragón e Iconoclasta

Salmo nº 1: Besaré hasta tu alma. Besaré tus labios entreabiertos con la única misión de beberte. No bajaré la presión en tu boca. Me ahogaré en ellos, no existe muerte más divina.

Salmo nº 2: Usaré mis dedos para reconocer los territorios de tu piel, trazare los límites de mi propiedad, marcare los rincones inhóspitos con caricias incandescentes. Seré conquistador incansable, imperdonable.

Salmo nº 3: Amasaré tu cuerpo, fundiré tu piel. Las manos jamás quietas encontrarán tu sexo y tus nalgas. Se cerrarán los dedos, se moverán ritmo con el que mi lengua lucha contra la tuya.

Salmo nº 4: Se inundarán los cuerpos de vapores hechos sudor con la simple provocación del encuentro de las miradas mientras sus sexos son tocados obscenamente.

Salmo nº 5: Lameré tu coño de arriba abajo, de izquierda a derecha.

Salmo nº 6: Con la lengua lacerante se crearán los surcos en tu piel rodeando los pezones, bebiendo de tu ombligo entre jadeos y cálidas respiraciones, descansaré en tu pubis, torturando con tu espera, la próxima estación de mi viaje.

Salmo nº 7: La ropa existe para ser desgarrada. Con un labio tuyo suavemente aprisionado en mis dientes, desgarraré la tela que cubra tu piel. Porque el amor es desgarrador. Tus pechos lujuria pura.

Salmo nº 8: El ardor de tu piel bajo las ropas da evidencia del castigo impuesto. Tu daga prisionera y palpitante pide libertad entre los tejidos. El amor no libera, somete sin piedad dejando los cuerpos con asfixia, con breves pausas del corazón.

Salmo nº 9: Castigaré tus pechos hasta que desfallezcan en su dureza. Dejaré tu boca para mamar tus endurecidos pezones. Sentiré tu necesidad, los maltrataré con mis labios y mis dedos sujetando tu cintura. No podrás caer. Me alimentaré de ti.

Salmo nº 10: No pondré control en mi equilibrio, dejaré caer el peso orgánico en tus manos y así liberar el peso del alma. Seré un manto secando tus sudores, absorbiendo tu licor, tragando mieles de vida, secando lágrimas no lloradas.

Salmo nº 11: No dejaré de mirarte. Los muertos cierran los ojos, yo los abro como mi boca para besar, lamer y sorber tu sexo con hambre voraz.

Salmo nº 12: Guiaré el camino de tu sexo al mío con dedos temblorosos de ansia. Colocaré al dragón en la cueva protectora. Bocanadas de fuego arderán en mi vientre incinerado. Llamaradas cálidas de vida inundarán desde mis adentros.

Salmo nº 13: Mi cuerpo obedece a ti. La sangre que me obligas a bombear es la única respuesta al deseo que me devora. El pene es bestial y cruento. Sólo existe porque existes tú. Sólo por ti se endurece, sus venas son pruebas de una posesión e invasión absolutas.

Salmo nº 14: Mi cuerpo exige de ti. Ya no hay corazón que de vida en mis adentros. Es necesidad pura de tus palpitaciones, de abrazar con mi vagina tus ritmos bestiales. Me coronas de orgasmos bañándome con mis brisas y tus mares.

Salmo nº 15: Ungirás mi miembro con tu agua sexual. Cuando mi miembro salga de ti, goteará tu ser. Es imposible no sentirse bañado en tu esencia. Penetrarte es caer y precipitarse sin freno en la más absoluta lujuria.

Salmo nº 16: Colapsaremos los cuerpos en un eclipse de sexo, llenando de vapor los entornos. No existe luz más que en la línea constante de la mirada. Arrancaremos con gruñidos las respiraciones. Las pieles proféticas temblarán involuntarias.

Salmo nº 17: Serás severamente castigada. Te castigaré por hacerme esto, por convertirme en esclavo. Serás mi puta. No hay piedad, bombeo en ti con el firme propósito de arrancarte un gemido que arquee tu cuerpo a pesar de lo que tendrás dentro: Yo.

Salmo nº 18: Serás severamente castigado. Aceptarás los castigos incomprendidos. Seré esclava y puta; hembra jadeante de ahogados ritmos. Serás un rey imperioso de carne entre tus dedos, de agua en la totalidad de tu piel. Gemirás tu victoria conquistada llenando tu piel de mis aromas por la eternidad.

Salmo nº 19: Jadearé sobre tu piel mi rocío cansado de saliva y sudor. Me obligo a pensar que estoy en La Tierra, porque tu vagina derramando mi semen es la puerta al paraíso.

Salmo nº 20: Lo carnal no es exclusivo de la humanidad. Los dioses desean obscenamente, con una intensa delicadeza, con pasión incomprensible y abrasante, con ultrajes de exquisita decencia. Usan al tiempo como un fragmento y al cosmos como un manto para tenderse desnudos bañados entre sus acuosas y eternas voracidades de no amor.

Autores: Aragón e Iconoclasta

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