Paula, princesa de Aragón

Publicado: 16 junio, 2010 en Reflexiones

Hola Paula…

¿Cómo estás, princesita?

Ha sido duro nacer ¿eh, cielo? Mamá ha luchado como una leona por ti.

¿Sabes que eres la heredera del trono de la Ternura y la Felicidad?

Qué responsabilidad… Sólo nacer has traído dicha.

Has nacido entre lucha y amor. Un poco cansada, mi princesita.

Y ya sonríes, ya pides tu parte de mundo, con el orgullo de una reina.

Veni, vidi, vici. Dicen tus ojos. Proclama tu sonrisa.

Cierras los puños con fuerza y exiges aire y comida. Y pagas con una vida entera de ilusiones.

Eres generosa, pequeño cielo.

Con los ojos entrecerrados observas la vida y sonríes sabiendo algo.

Te veo, cielo. Te ríes porque sabes que eres única, que te han esperado con tanta ansiedad, que piensas que los mayores no somos tan fuertes como nos pensamos.

Que para fuerza la tuya.

Qué responsabilidad, mi hermosa princesa.

No te rías si apoyo mis gastadas rodillas en el suelo y muerdo con mis labios tus deditos. No es un juego, Paula. Es devoción.

Está bien, es un amor que me dobla. Tu mirada exige verdades, ¿a quién te parecerás? Uhmm… Sonríes como mamá.

No te rías, traviesa princesita. No sabes los nervios que hemos pasado.

¿Sabes cuantas veces te hemos soñado?

Qué responsabilidad, cielo. Tú has sido la causa de toda la ilusión de todo este tiempo.

No te voy a mentir, no hay cigüeñas, y lo sabes… Te ríes.

Mamá no es un pájaro, no te rías. Mamá es preciosa.

Lo sabes, pillina.

Te voy a comer a besos.

Sabemos que estabas muy cómoda en el trono de la madre Reina, que te estirabas y te desperezabas y dormías entre besos de amor y ternura.

Paula…

Que nadie te diga como es la vida, cielo. Porque la vida eres tú y la creas a cada momento, a cada paso.

Todo está por descubrir. Deja que se equivoquen los mayores (entre nosotros: no son tan listos como se creen).

Tú sólo cree en mamá y papá, porque es el único amor que es inquebrantable. Han trenzado cuerdas de amor que te guiarán con los primeros pasos, que te librarán de caídas, que harán el llanto corto.

Reirás columpiándote en ellas, mi princesa.

A veces se llora, pero eres tan valiente, que no temo decirlo.

Y no escuches cuando te digan que no corras, que te caerás. Hay una ley que se llama gravedad, es muy importante que la conozcas bien. Hay que experimentar, yo de pequeño tenía las rodillas peladas de caerme, y mírame ahora, de nuevo de rodillas ante ti mordisqueando tus deditos. No pasa nada, mi preciosa princesa.

La gravedad es una de las pocas leyes que son justas, que son nuestras y nacemos conociéndolas. Hay más, pero esas no son importantes ahora, Paula.

Corre, preciosa, corre y si te caes, ríe o llora y deja que mamá te cure. Porque cuando seas un poco más mayor, te acordarás de aquella pupita en la rodilla y a tu mamá curándote. Soplará en la herida que pica y nunca podrás comprender la magia de cómo era capaz de conjurar el dolor con su aliento.

Y vivirás la magia.

Qué responsabilidad tienes, vas a crear tantos recuerdos, mi princesita, que siento ya la añoranza pesar en mis párpados y los dejo caer imaginándote.

Que hermosa responsabilidad.

Pero tú relájate, cierra los puños y despereza tus músculos, porque has de crecer. Llevas la marca de la belleza. Y tus labios prometen las más divertidas sonrisas, las palabras de amor más bellas. Los más hermosos cantos de ilusión.

Eres heredera de una sensibilidad que no es de este lugar, mamá es exótica (no le gusta lo de "rara", acuérdate cuando pienses que sus besos son inexplicablemente profundos). No hay nadie que ame así. Qué responsabilidad, mi pequeña, tener una mamá que ame tanto, y que haga realidad todas las ilusiones. La tienes que querer tanto… Pero eso será lo más sencillo.

Eso significa, que tú serás también, una preciosa hada. No está nada mal ¿eh?

Lo llevas en la sangre, en el brillo de esos ojitos que sonríen misteriosos ya.

En tus puños cerrados y llenos de vida y fuerza.

Eso, mi vida cierra los puños y agarra la vida, mi princesita. Es toda para ti.

Te regalamos la nuestra.

Aunque sonrías como un ángel, no lo eres. Eres más importante y más delicado. Que tus labios de querubín, no confundan a nadie, tienes que ser abrazada y protegida, porque eres un hermoso bebé. Que no te pidan nada, que te lo den todo.

¿Ves como no tienes que hacer caso de los mayores? A veces mentimos.

No has hecho más que nacer y ya te pido.

­- ¡Sonríeme, dame un besito…!

Soy más mentiroso…

A veces te pedirán estas cosas, bueno, digamos que algo razonable te podemos pedir ¿verdad?

Y ríes…

Bienvenida a la vida, mi pequeña princesita.

¿Me vas a dar un besito o me vas a estar dando dulces manotazos con tus manitas? Te prometo no pedir más, sólo dar.

Adiós, mi real princesa, estaré por aquí, en algún lugar.

Confortado con tu existencia.

Qué responsabilidad, perdona que yo también dependa de ti.

Besitos (te los doy yo, me toca, me pido primer).

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