Oda a mi reina cansada

Publicado: 17 junio, 2010 en Reflexiones

Mi bella está cansada.

Madreada, dice.

Yo digo que ha vencido al Segador.

Y aún así saca fuerzas de no sé donde para mantenernos vivos. Hilvana de amor el alma como si fuera fácil.

Por el amor de Dios, mi bella… Descansa, cielo.

Durante siete minutos, dijeron, estuve a punto de perderte.

Das vida y apuestas la tuya.

No y mil veces no, mataría a Dios…

Por favor, cierra esos enormes zafiros que todo lo ven, que todo lo sienten.

Mis brazos son incansables, fuertes. Desfallece en ellos, yo te amo y tú te dejas amar. Se desarrollaron para ti, para este momento.

Desfallece y hazme sentir héroe con su amor en brazos.

Permite que piense que soy tu vida.

Mil años por cada minuto en el peligro de perderte, mil años te ofrezco en la UVI del amor que he abierto en mi pecho.

Matemáticas románticas y trágicas.

Siete mil años de amor desbordado te ofrendo. No es nada comparado con lo que te he esperado desde el principio de los tiempos.

Deja que te diga que te amo en una letanía sin pausa. Hasta que tus labios formen una sonrisa.

Hasta que un suspiro de paz se escape de tu boca.

Transmutaré el cansancio en sensualidad.

Soy un alquimista de tu alma.

Abandónate, mi reina.

Eres mi bebé.

Cierra los ojos, mi vida. Porque son tan grandes, tan profundos que no descansan nunca.

Bajaré la persiana de la habitación en pleno día, en la ciudad enorme y despiadada.

Te susurraré mi respiración en la penumbra, mi hermosa reina cansada. Cerraré suavemente tus ojos con los labios.

Antojitos y mole, la casa azul

y un paseo por los viveros

pueden esperar, mi amor.

Antes déjame ser hombre,

respira en mí

úsame para llenarte de fuerza.

Soy almohada y colchón.

Soy tu ropaje y tu paz.

Conjuraré el cansancio y miedos pasados, me los tragaré besándote incansable.

Amo tu dolor, ofrécemelo.

Déjame hacer este acto de amor, reina Aragón. No permitas que me sienta inútil.

Misericordia.

Tú das vida, haces reales las ilusiones y el amor tangible.

Deja que te sirva para algo ahora que te siento cansada, mi amor.

Haz caso a tu piel. Y si no le haces caso a ella, ten piedad de la mía que te lo ruega llorando.

Mi bella, por favor, no ames cielo, ahora no.

Déjame a mí, ya tengo todo tu amor. Soy bueno aprendiendo.

Seguiré la cicatriz de tu lucha con cálidos besos. Recorreré el camino de la vida y del placer dibujado en tu vientre con mis dedos rudos. Enamorados.

No hagas nada, mi bella. Estás sólo un poco cansada, ya lo sé. Déjame ser hombre y dormirte, déjame ser amante y abandónate.

Está bien todo, cielo, has luchado, has ganado.

La pequeña tiene toda tu fuerza.

Déjame que te cuide, aunque no lo necesites (lo necesitas, reina orgullosa). Necesito ser hombre, tu hombre.

Que los recios brazos

cumplan su misión.

Abandónate a ellos

con los labios entreabiertos

para que te llene de vida,

para que los bese hasta que enrojezcan.

Pero no mires,

no uses esos enormes ojos

porque nos consumen a ambos

y no te dan descanso.

Haz cobijo de mi pecho. Da igual Alaska o la habitación de este hotel. He apagado la luz del mundo para ti.

Para que mi niña descanse,

y suspire pequeños cansancios,

en mi pecho, en mis brazos.

Ahogaré mi mano en tu cabello.

Abrázate a mí, cielo. Cuelga de mi cuello que yo acariciaré tu piel suave y lentamente en una caricia sin fin.

Vamos Aragón, respira en mi pecho dormida.

Se mi alma.

Necesito ser hombre, tú pariste, tú me mueves.

Me rocías de amor.

Déjame sentir que te merezco.

El filo de la navaja corta mis venas y vierte sangre en tu boca, un néctar de amor. Roja vida en tus labios abiertos.

Imágenes de entrega absoluta en mi mente.

La locura de amarte.

Mi sacrificio de amor.

Mi sangre es tuya.

Y cuando abras los ojos y se estire y desperece tu cuerpo-deseo, aguas frescas de Jamaica, roja como la pasión darán consuelo a los labios calientes, mi vida. Hablaremos de placeres prometidos y del embrutecimiento que se apodera de mí ante tu rotunda naturaleza.

El mundo es tuyo.

Y yo.

Pero ahora, mi amor, sólo quiero ser tu descanso y tu paz.

Unos minutos, una eternidad.

Iconoclasta

(La fotografía es de la autoría de María Gabriela Aragón)

Safe Creative #1006176616334

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