Un kilo y medio de amor

Publicado: 11 noviembre, 2010 en Amor cabrón
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Cuando salí de Barcelona pesaba 89 Kg., mi reina.

Cuando he vuelto más solo de lo que nunca en mi vida me he sentido, peso 87,5 Kg.

Mi vida…

Ya puedo cuantificar lo que te he amado, todo lo que guardaba para ti, para entregarte tras un año y medio de amarte.

Te he dado exactamente un kilo y medio de amor en menos de una semana.

Es mucho, mi reina.

Me cuelga la piel, la siento vacía. No es dolor, es una carencia absoluta. No se puede decir que es dolor porque sonrío y lloro y siento tu tacto y tu aroma, siento tu sonido y tu respiración. No es dolor, es un vacío que desespera. Es abrazarse enloquecido uno mismo intentando captar algo parecido a tu piel entre la mía.

Pero ya es tarde hasta para la imaginación, ya no puedo engañar a mis nervios, a mis músculos ansiosos de elevarte, de cargar contigo. Ya saben de ti y no hay fantasía alguna que ahora pueda consolarlos.

Sabes que hay una película que dice que el alma pesa 21 g.

Eso no es nada cielo, mi amor acumulado pesa 1500 g., te he dado un kilo y medio de amor.

Te decía que tenía que darte todo mi amor, pero no he sido consciente hasta que me he sentido vacío, con los músculos flojos y la piel macilenta. Me pudría en vida cruzando el Golfo de Méjico, alejándome.

Y me he pesado rodeado de una atmósfera de absoluta soledad. Eso da una lectura precisa de amor.

He comido lo que tú no podías, lo que me dabas porque no podías comer más. He comido lo que me indicabas con hambre canina. No he hecho pesas como cada día, y el peso se me iba.

A veces me decías que estaba ausente. “¿En qué piensas, amor?”.

No pensaba, cielo, sólo sentía. Se me escapaba el amor, y sentía ese instante vertiginoso, sentía que me arrancaban carne y me quedaba quedo y en silencio, aguantando casi con miedo como se me escapaba el amor hacia a ti. Como el aire que me robabas de los pulmones con tus besos y me sentía fatigado y tenía que respirar con un pequeño gemido.

Tal vez a eso se deba que el avión que me alejaba de ti, lo hacía más deprisa de lo que me llevaba hacia a ti. Mi amor era un lastre en sus bodegas, en el pasaje, en sus alas.

Me da risa lo poco que pesa el alma y lo mucho que pesa lo que te amo. Ni siquiera los grandes guionistas podían imaginar hasta ahora la medida exacta, cuantificable, mensurable, identificable y desesperante del amor. Su masa…

Mi vida… Te he dado todo el amor que tenía, me siento débil sin ti.

Pero ya he empezado a recuperar, mañana pesaré más, porque empiezo a acumular. Porque pesas en mí, eres mi gravedad, mi atracción. Eres el mundo sobre el que piso y sin ti, salgo directo al frío y letal espacio.

Perdona si engordo, no es por dejadez, ahora ya lo sé, cielo. Porque seguiré creando músculo, seguiré entrenando el cuerpo para ser tuyo, para ser tu piel y los brazos que te elevan. Pero no comeré con hambre, no beberé con sed desesperada, engordaré de amor que no te puedo dar ahora.

Serán sólo unas semanas, mi reina, pero perdona si engordo un poco, te juro que salgo en la mañana fría y sudo haciendo deporte para aliviar la tremenda soledad en la que has convertido mi espacio con tu piel, con tus labios, con tu cuerpo Dios.

Ahora soy de nuevo carencia, una carencia insoportable, y temo engordar con mucha más rapidez, temo explotar de amor en estas semanas que me esperan sin ti.

¿Me podrás perdonar este exceso de peso, mi reina?

No es dejadez, mi amor.

Cuando llegue a ti, me pondré en forma de nuevo.

Te lo juro, te daré tanto amor, que me mirarás con esos ojos enormes y con cierto malhumor, porque eres presumida y no te gusta subir de peso.

No puedo evitar que mi amor por ti, sea tan pesado, que pese setenta veces más que el alma. Tal vez este amor sea el resultado de setenta vidas que hemos pasado juntos. Setenta almas…

No quiero mi alma insignificante, sin peso específico. Quiero la tuya. Quiero adelgazar a tu lado, no quiero acumular más peso. Quiero quemar toda esa masa de amor junto a ti.

Por que duele este lastre, este amor enquistado que atiranta mi piel.

La ducha es tan fría a pesar del vapor…

 

Iconoclasta

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