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Con un dedo, cualquiera. Si es que las poses no engañan a nadie.
De cualquier forma y para recuperar algo de dignidad (la mía tras la tontería), se puede probar a soportar un tatuaje de siete horas a ver qué pasa cuando llegan las agujas al codo y a la muñeca. Se hace en esos momentos apetecible la limpieza y rapidez de un simple tajo.
Y aún así, en las cosas más simples está el verdadero dolor: la uña arrancada del dedo corazón de la mano puso a prueba mi umbral del dolor. Benditos sean todos los analgésicos del mundo.

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