un-trozo-de-otono

He robado un trozo de otoño.
Impunemente.
Con alevosía, con determinación mis ojos lo han captado.
Y me lo he llevado tatuado en las pupilas, es mío.
Es mi nebulosa y sedoso trozo de paz.
No habrá otro momento igual y observo mi trofeo con un café y el humo de un cigarro que me hace entrecerrar los ojos.
Y piensas que a veces vale la pena estar.
Ser.
Es bueno engañarse en algún momento.
Apago el cigarro y me froto los ojos. Es tarde y no sé para qué.
Se acabó la paz, se esfumó el trofeo.

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