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Blasfemia en Sagrado

Piso la tierra y las ruinas que antes fueron sagradas, fumo y sudo entre centenarios muros. Y solo pienso en ti.
No tengo nostalgia ni respeto alguno por la historia, porque la historia es una sucesión de errores.
Yo soy la verdad y la hombría.
En mí no hay admiración por las piedras mal colocadas, solo hay una burla hacia tiempos de esclavitud moral .
De ser esclavos a cambio de un paraíso inexistente.
Porque solo concibo el paraíso entre tus piernas. Cargado de vida, de semen, de saliva goteando sobre ti.
Follarte entre los muros de sagrado. Quisiera tener el suficiente poder para comprar esa ruindad, toda esa miseria que huele a muerte, ignorancia y engaño.
Follarte en el altar roto de una ermita donde cagan los animales del bosque.
Encadenarte de cara al secular muro y metértela por detrás, ante los espíritus santos, ante las mentiras proclamadas miles de veces.
Que los muertos giren sus rostros sin ojos ante la vergüenza de mi polla reventando tu coño.
Seremos blasfemia ante los ojos de vivos y muertos, temerán y proclamarán mi castigo, nuestra condena; pero solo verán mi semen deslizándose por tus divinos muslos.
Y lameré el rastro que he dejado en ti susurrándote: «Perdóname mi puta, porque he pecado».
Fumo y observo rincones santos donde meter mis dedos bajo tu vestido e invadir tu coño, castigarte con placer ante los mentiras sagradas a las que somos inmunes.
Quisiera ser un cristo recién nacido chupando tus pezones hasta hacerte desesperar en el altar roto, donde las hostias se comían con hambre y con estupidez.
Donde se mantenía una pegajosa oblea en la boca pensando que ganaban un lugar en un paraíso.
No pienso en los muertos, en las gentes que un día asistieron con devoción lerda a una misa.
Pienso en el espacio duro, salvaje que es ahora; pienso en joderte donde los que ahora están muertos, propagaron la cobardía y prostituyeron su libertad y espacio a la falacia y la ambición.
Y todo para obtener más esclavitud.
Separaré tus piernas ante donde un día hubo una cruz y lamiendo tu coño, le diré a los que dejaron de existir que tu vagina goteante es el único cielo y que requiere vida y fuerza para acceder a él.
Requiere cojones y no oraciones.
Amarte y follarte no puede esperar a pasar a otra vida.
Te joderé en esta tierra entre estos muros. Aunque teman un castigo divino para mí.
El fluido de nuestra cópula regará el suelo y los cadáveres que un día creyeron en fantasías pueriles.
Quiero que me acusen de blasfemia con mi rabo duro en tu boca.
¿Has visto lo que es amarte?
Me haces salvaje e impío.
No hay nada en el planeta por lo que sienta más admiración que por tu piel y tu mente.
No hay nada que me inspire tanto fervor como besar tus cuatros labios.
Aquí lo afirmo, ante sagradas ruinas, ante una tierra donde unos creyeron en santos y pecadores.
Donde jamás nadie hubiera pensado que sería nuestro burdel del deseo más brutal y desinhibido.
Tú me absuelves y yo te la meto.
Pecadores, gozosos y carnales pecadores…
No hay pecado, solo tu carne, el auténtico paraíso.

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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta. Ermita de Sant Bartomeu, Ripoll.

 

Tenías que existir

Hay un cansancio, hay un dolor
y hay un estado nervioso alterado;
pero nada de eso evita que te impongas
a todo ello.
Que estés intrincadamente presente
entre mis redes neuronales
y mis conexiones sinápticas.

Eres superior a la angustia y a la fatiga.
Y entonces llega la gran pregunta:
¿Cómo he conseguido sobrevivir sin ti en el pasado?
Y yo digo que mi alma,
mi pensamiento,
sabía de tu existencia.
Tenías que existir…

Hay tantas palabras escritas al viento, al vacío…
Y ahora fibrilan tu corazón
y se meten obscenas
por tus muslos dioses.

Si antes debía localizarte
en algún lugar del planeta,
ahora tengo que llenarte de mí.
Que colmarme de ti
a pesar de los momentos
aciagos.

No soy incansable,
no tengo valentía.
No soy irrompible.
Solo soy suicidamente tenaz.

A veces sueño
que se me desprenden
las piernas del cuerpo
y continúo arrastrándome
para beber de ti,
aunque sea solo una vez.

Y si fueras el diablo,
te regalo mi alma
agotada.

Mi vida exhausta
a cambio de tres palabras
que me liberen por fin
de la angustia,
de la necesidad de tomarte:
«Llegaste, mi amor».

Te amo por encima de todo dolor
y miedo.
Fatigadamente.
Corto y cierro,
he de llorar en un rincón oscuro,
donde nadie me vea.

¡Shhh…!
Los hombres no lloran si no están hechos mierda.
Tengo secretos…
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Un horizonte de libertad y amor copy

No hay nadie que pueda estropear el momento diciendo que va a llover, que el cielo presagia muerte. Que hace viento…

Bendita la libertad de la soledad…

Cuando amenaza lluvia voy hacia las montañas, con psicótica ansiedad.

Cuando la gente se resguarda, yo emerjo.

Es el cielo que siempre soñé, es la fuerza que siempre quise sentir.

No ver un horizonte de tragedia ha sido la tristeza de cada día al despertar.

He estado a punto de no llegar; pero no le hice caso a nada ni a nadie.

Sigo el camino del dolor ignorándolo. La soledad es compañía y me lleva adentro de mí mismo, con cariño, con paciencia. Calmando mis náuseas por el vértigo de la vida que pasa doliente.

Y un fuerte viento me dice que todo está bien. Me hace sentir indómito, salvaje.

El viento que me forja, que me endurece.

Él serena toda mi frustración pasada, la melancolía de no haber nacido aquí, de llegar a este cielo cuando ya he gastado casi toda la vida.

Mis nubes grises y de un azul cobalto que parecen amenazar con aplastar a todos los seres que vivimos bajo ellas, me dan una libertad que se eleva por encima de las montañas.
Mis moléculas quisieran formar de ellas.

Las nubes tiran de mi piel para arrastrarme allá arriba.

Entrecierro los ojos ante el viento que refresca dolores y cansancios, como si me acariciara.

Y el viento se convierte en los lejanos besos de ella. Ella que me ve como si fuera un hombre completo. El aire es fresco como tienen que ser sus labios, dice que nos olvide el mundo durante los largos besos.

Sus palabras y el cielo denso y funesto. El decorado hermoso y preciso para un vida y una muerte.

Porque es un buen momento para morir con dignidad y amado.
Amando…
Antes de que estropee, por favor.

En el íntimo y solitario camino, el viento se torna ráfagas de amor que arrasan, que me arrancan de mi rostro todo lo que dolió, lo que duele y lo que dolerá. Lo que no gustó y lo que no gustará.

Cierro los ojos pensando en su boca y en las marcas de su biquini, en su culo… Y bajo las nubes que dejan ya caer gruesas gotas, tengo una erección salvaje y libre. Ella sonreiría y me besaría muy pegada a mí para sentir lo que provoca.

Yo sonrío al viento que es ella.

Ella desnuda.

Ella húmeda.

Ella pegada a mí.

No me he dado cuenta del tiempo y la distancia que he consumido y recorrido, estoy tan lejos que soy nube.

Ya nadie me distingue, soy de color azul cobalto para alguien que mire el horizonte.

Me basta con ese privilegio.

Ha valido la pena.

Ahora toca volver, para ello utilizaré medio cerebro para obligar a mis piernas a no quedarse bajo el cielo lo que me queda de vida.

La otra mitad del cerebro trabajará en combinar la palabras adecuadamente para intentar plasmar la belleza de la que soy víctima.

Soy víctima de ella, mi amor.

De las nubes y el viento, mi libertad, mi hombría.

Mi naturaleza salvaje tanto tiempo aplastada por los mediocres días se rebela y se expande, quiere ser vapor y trascender.

Mi muerte digna…

Nadie tendrá que incinerar mi cadáver, un rayo me desintegrará.
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Coreografía impúdica

¡Miradla desnuda! Con su coreografía del deseo arrastra las manos por su piel en un espectáculo lujuriosamente bello.
Su sensualidad es despiadadamente arrolladora.

Acaricia su coño profundamente y maltrata sus pechos enloquecedores.
Abre sus piernas para mostrarse insufrible. Y yo me aferro a mí mismo intentando estrangular la salida de mi baba sexual que la busca.

Pintada cuidadosamente su piel más íntima de un blanco obsceno, contrasta con brutalidad con el dorado bronceado de las mamadas que el mar, el viento y el sol le hacen.
No estoy celoso, yo lamo, muerdo y araño su piel más pálida y sensible; donde no llegan ellos.

Mis labios se arrastran por su pensamiento todo y me convierto en su impúdico amor.
Soy un perro en celo, que la monta por detrás, torpe y rápidamente. Rasgando su piel…
Mi glande deja regueros brillantes de posesión allá donde la palidez es hambre incontenible.

Soy una serpiente maldita, un ángel caído que se aferra con la boca a sus pezones. Que chapotea entre sus muslos en la sinfónica y sexual obertura del gemido.
Y mis venas pulsan feroces irrigando el tejido, deseando el consuelo de sus manos mojadas de sí misma.
Soy el sol y el agua que se escurre como un secreto lujurioso entre sus muslos divinos.
El espectador de pene duro que admira a la bailarina de la carne palpitante.

Soy una frecuencia en su gemido.
Soy unos testículos contraídos y pesados de semen espeso que se derrama sobre lo dorado y lo blanco.
Que salpica su cabello salvaje.

Ella es dogma y mis labios susurran en sus oídos la letanía arcana de la paranoia sexual: puta, puta, mi puta…
Los dedos se enredan y aferran su melena para llevar su rostro y boca gimiente hasta el borde de mi desesperación, un pene que sufre los espasmos de amarla. Que cabecea encabritado como un semental que no puede soportar más su coreografía pornógrafa.

Soy un delito metido en su coño, una ofensa para la humana moral.
Mirad la belleza de su danza, extendiéndose soberbia en la piel lo que me ha arrancado.
Entre mis dedos viscosos, apenas puedo sujetar la pluma que escribe las feroces palabras de follarla. Se me resbala como el alma se me desliza sobre su piel.

Hay un fundido en negro cuando recuesto mi cabeza en su pecho y duermo el sueño de los derrotados con el bum-bum de su corazón aplacando lentamente mis últimos gemidos.
Miradla, es ama de un hombre. Le pertenezco.
Yo y todo lo que contengo.
Todo lo que derramo.
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Iconoclasta

Lo platónico es muerte

Soy un torrente de sangre directo a ti.
Soy una consecuencia orgánica de tu existencia y mi piel se desprende buscando la tuya.
Hay cierto dolor pulsando bajo las frecuencias del cariño y el deseo. Es el ansia de joderte, de metértela.
Atroz deseo que pone en jaque la integridad de mi mente.
El amor es un dolor narcótico y adictivo que se aferra a todas las fibras sensibles del cuerpo.
El semen derramado que muere frío en mi vientre es un sacrificio cruento en tu honor, a tu amor.
Duele escupir ese deseo desesperado lejos de ti.
Y sueño que un día se deslice por tu piel cálida, muslos abajo.
Amar no puede ser platónico mientras haya un pene erecto y entumecido descontrolando las voluntades y anulando la razón.
Un amor platónico es un despojo, un resto, un cadáver de deseos e ilusiones.
No concibo amarte sin sentir el tacto de tu piel; jamás podría aceptar lo platónico con beatífica y romántica actitud, cuando toda mi naturaleza pide arrastrar mi bálano baboso y doliente entre tus pechos, indecentemente cerca de tu boca.
No puedo, es anatema disociar tu mente de tu cuerpo. Incurriría en pagana blasfemia.
No hay obscenidad, solo un carnal arrebato descontrolado por eyacular en los rincones más profundos y húmedos de tu cuerpo.
En todos, en toda tú.
¿Platónico? Tu coño no es platónico, ni tus manos empapadas de ti misma. Eres carne de deseo.
Incomprensible es como puedo respirar sometido a la gran presión de tu columna de amor y mi lascivo deseo de ti.
Si fuera creyente, si considerara siquiera la posibilidad de la existencia de un dios, le pediría a un sacerdote que intercediera por mí a su dios para que me otorgara follarte. Follarte la boca, el coño, el culo.
Follar tu pensamiento y poseerte toda, toda, toda…
Que dios te mantenga con tus piernas abiertas, derramándote de deseo con mi polla bombeando dentro de ti con la fuerza del odio y la muerte.
Amándote con la certeza de la extinción de la vida en el planeta.
Que no me jodan con lo platónico, porque eres de sangre y coño. Y tus pezones erectos agreden la tela que los cubre y a mi pensamiento.
Porque tu coño se abre dejando escapar una baba que hace temblar mi boca. Filamentos de deseo se desprenden de mi glande, haciendo de mí una bestia feroz acechándote entre la espesura de esta puta vida.
Lo platónico es muerte, fracaso, desesperanza y decepción.
Es no aceptar que sin cuerpo no hay mente.
Es asumir la derrota con cobardía e indolencia.
Puta…
Puta…
Puta…
No eres platónica, eres mi amor gimiente, desesperada. Abierta y desgarrada.
No serás de Platón, serás mía y será sometida tu mente y tu cuerpo a Mí.

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Iconoclasta

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Les sientan bien a las calles la lluvia. Resalta la vejez y la miseria del tiempo.
En cambio, a los humanos les da la prestancia de animales sin refugio.
Otra cosa es la humedad que hace brillar sus muslos, eso sí que es tener clase y carisma y erectarme todo.
No tengo arreglo. ¿Qué tiene que ver su coño con las viejas calles?
Me gusta divagar y volver a ella.

Incontinencia irresoluble

Somos problemas que nadie quiere resolver.
¡Oh…! Otra vez… Siento que se me va el alma entre el semen que brota sin fuerza, como las palabras de los que agonizan.
Tengo cosas que no hacer, tengo un amor desesperante oprimiendo mi corazón y un hambre que me vacía el cerebro. Soy atraído por las nubes y el frío me hace arder.
Y no sé si pienso o cometo actos.
Demasiados pensamientos…
Soy confusión.
Y estoy sometido al caos.
Tengo el glande tan húmedo que es un esfuerzo no meter la mano en la bragueta y acariciarlo, aquí en medio de todos, ante todos.
Tengo miedo de morir porque dicen que nos convertimos en gases que pululan entre los vivos, restos indefinidos que no viven, solo flotan como un deshecho en el mar.
Madre y padre están muertos, no existen, no son vapor. Es un hecho, no hay más allá. A su muerte me aferro para no tener miedo a seguir en el mismo lugar con otra forma y con la misma frustración.
Me tranquiliza la muerte de los seres que amo, su absoluta inexistencia en cualquier plano, en cualquier dimensión. Sonrío al tener la absoluta certeza de que moriré decentemente: dejaré de existir. No seguiré en este lugar, viendo lo mismo, soportando esta apestosidad una eternidad.
Morir es morir, no hay transición de mierda.
Por favor… Una mamada, cielo…
Se me sale de nuevo. Te lo ruego, monta en un rayo luz y llega a mí, arrodíllate hasta mi pene goteante y sonríeme mientras me acaricias y limpias con tus labios lo que podrían ser hijos tuyos.
Vivir con intensidad es estar sometido al cuerpo, al propio y al de ella.
Aunque temo que ya no es mi cuerpo.
Quiero decir, que sin cuerpo no hay polla ni coño. ¿Entonces qué gracia tiene para los crédulos creer que serán almas?
Ocurre que sin quererlo se me escapa el semen, como un accidente. Una gozosa incontinencia.
Lo preocupante, es que no siento vergüenza. Es un secreto placer que explota a la luz del día, en plena calle.
Mi pensamiento es un caos, un desorden, un absurdo de un pintor drogado y enfermo de gonorrea.
Explota secretamente ante niños, adultos y viejos. No es por ellos, nadie me importa más que ella.
Me derramo al evocarla, sin tocarme. Un enfermo que no controla su cuerpo.
Una extraña y paranoica incontinencia.
Su pensamiento tiene la frecuencia precisa que fibrila mi glande y los cojones. Como una descarga eléctrica me sumiría en la catatonia.
Ocurre tomando un café, observando el cielo y la miseria; esa crema que se me sale se extiende por los genitales imitando con su calidez, lo que su mano haría si estuviera dentro de mis calzoncillos.
Soy un misterio a quien nadie presta atención.
Pienso en la muerte y la humana miseria en vano intento para conjurar su pornográfico hechizo. No quiero visualizar su cabellera salpicada de mi esperma por una mamada que me aspira hasta el pensamiento; porque me corro otra vez.
Sus dedos acariciando mis cojones llenos, contraídos…
Otras veces al mear lanzo gordas gotas de esperma que doblan mis rodillas en un repentino acceso de placer, como si ante un altar blasfemo me encontrara. En un sórdido inodoro lleno de mierda, el blanco y denso amor causa un vomitivo contraste con los restos de seco excremento.
También vomito por la mezquindad, es fétida y mucho peor que lo que yo escupo por la polla.
Nada es perfecto salvo ella y su absoluta precisión para poseer mi cuerpo y mi alma.
El problema no es vivir, el problema es la longevidad: demasiado larga.
¿Qué ocurrirá cuando se me sequen los testículos? ¿Eyacularé sangre? ¿Escupiré mi cerebro por el pijo?
Será mi sacrificio ante ella, que con picardía me masturba con las piernas indecorosa y divinamente separadas para que mi semen impacte en la única buena creación de Dios: su coño hambriento.
Tenemos nuestros juegos.
Todo el mundo busca la felicidad y el amor, como si abundaran.
Como si tuvieran la obligación y el derecho de tener y disfrutar de semejantes cosas.
El amor no es esa banalidad que todos sueñan, el amor es mi pene en una continua y descontrolada hemorragia pornográfica.
Y es amor, un amor más fuerte que la muerte de millones de seres humanos.
A mí me importa una mierda si la humanidad disfruta o no; me bastan mis insanos placeres, mis pérfidas y secretas eyaculaciones.
Sin embargo, empiezan a ser preocupantes estas corridas extemporáneas.
Me aburre y me cansa el exceso de higiene que requiero.
Nada es perfecto, salvo ella y el amor que me arranca de los cojones.
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

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Inoperable…

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Aunque no podría decir si el último de la noche o el primero del día.
La madrugada es confusa. Y el deseo de metérsela, de joderla cubriéndola toda ella de mí, es atroz para el sueño.
Tal vez sea el enésimo cigarrillo de días sin tiempo, hasta que pueda morder sus labios con hambre, con un cuidado apenas contenido.
Es mejor no dormir y esperar.
Y desesperar.
Tampoco tengo opción.

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Si Atila fue el Martillo del Universo, yo seré El Brutal e Impío Filo que rasgará tus dimensiones y tu piel.
(Exracto de Mi filoso amor, de Iconoclasta)