Archivos de la categoría ‘Amor cabrón’

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La humanidad es la cosa inacabada de algo o alguien torpe o perezoso.
Negligente y malo como un cáncer.
Necesito creer que alguien es responsable de mí.
Que alguien me golpea y empuja a lugares y momentos que no deseo, a pesar de todas mis fuerzas.
Y la ira hace de mi corazón una bomba inestable.
No encaja que sea yo mismo mi propia responsabilidad, porque si alguien o algo no me jodiera continuamente, estaría metido entre tus piernas, con lengua y polla.
Porque te deseo aquí y ahora, no en un improbable futuro o irrecuperable pasado. El amor solo existe en el presente, no en el pasado no en un improbable e inexistente futuro. No hay cadáveres de amor ni profecías que se cumplirán.
Aquí y ahora… Pero alguien me zarandea, me sacude lejos de ti.
Algún puerco obstaculiza mi libertad y me obliga a aspirar aires viciados de pulmones humanos que no quiero, que odio, que detesto con todas mis fuerzas.
No soy responsable pues, de mí mismo.
Soy una bestia bruta luchando contra un ejército formado de excrementos que respiran.
Algún hijo de puta tarado hace las cosas mal conmigo.
Soy absolutamente irresponsable de lo que padezco.
Soy un pene embrutecido sin miedo a mutilarse en una carrera suicida a tu coño.

 

Divina Fetidez

¿Lo hueles? Hueles eso?
Es la fetidez de Dios, su aliento inmundo insuflado por todo el planeta, penetrando en todos los agujeros de todos los seres.
En todos los cerebros.
El corrupto aliento de Dios…
Pero a ti no te afecta. No sé porqué…
Tal vez, sea porque eres la más amada del mundo y te otorga inmunidad a la Divina Fetidez.
Te amo y te deseo.
Te amo y te jodo.
Te amo lamiéndote el coño.
Tu coño hermético a la Divina Fetidez…
Y tu coño es mi oxígeno puro.
No sé si lo hueles, mi amor de vagina salvadora.
No sé si eres consciente de la humana y divina fetidez que me asfixia. No sé si eres capaz de sentir su hedor en algún momento de la vida.
Eres mejor y más adorable que Dios, que cualquier divinidad. Y ello te otorga el privilegio de no sentir y así, que tu sonrisa sea eterna.
¿Es eso, verdad amor?
¿Hueles eso? Es el corrupto aliento de las bocas que infligen sus plegarias contra la inteligencia y a la libertad.
Por ello mi pene bombea fuerte en la sacristía que hay entre tus muslos.
Mi polla encaja perfectamente en tu coño, el único lugar donde se siente a salvo.
Nos sentimos a salvo en tu piel.
Porque tu coño es salvación y tus pezones los clavos a los que me aferro para no sucumbir a la Divina Fetidez.
Me asfixio, sin ti me pudro.
Mi nariz está saturada de hedor y mi semen solo entre tus muslos es blanco.
¿Me explico con claridad, amor?
Eres mi heroína, mi salvadora: el Obsceno Perfume.
El que emana de tu coño como un hálito de vida.
ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

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No es fácil sudar sin sufrir un ataque de ira. Al fin y al cabo soy un conjunto de circuitos que se sobrecargan sin la refrigeración de los labios deseados.
Los cuatro.

 

La luz de la tormenta. 201607221330. Fuji

No hay error, aunque no pudiera ver el cielo, la luz me diría que es hora de tormenta.
Es especial y la luz del caos impregna el ánimo de libertad y desasosiego primitivo.
La luz que acalla los sonidos creando expectación.
Luego vendrán las primeras gotas de agua que pondrán duros mis pezones por el contraste de la piel recalentada por el calor.
Luego el olor a tierra mojada, a pavimento evaporando miseria.
Y querré llegar a casa mojado para frotar mi piel contra la de ella, en celo, como una bestia acosada por los rayos.
Tomar posesión de su coño con la tormenta como banda sonora del deseo.
En efecto…
Caen las primeras gotas y cierro los ojos para observarla a través de la lluvia. Soñar que estará en casa y la follaré sin control.
Abro los ojos a la luz y la lluvia. No tengo prisa, no importa mojarse, soy sumergible y antichoc, como un reloj suizo.
La luz de tormenta provoca una deliciosa locura.

Seremos sepulcro

No sé como será nuestro amor y nuestra pasión en los próximos años, no sé como nos besaremos y donde te follaré. No sé ni siquiera lo que ocurrirá dentro de un minuto.
Pero sé cual es el final.
Formaremos el obsceno sepulcro donde los afables abuelos y los buenos padres, se masturbarán. Donde las madres apretarán fuerte sus muslos estimulando su clítoris mal usado.
Seremos La Meca, la negra piedra de los hipócritas, de los que sudan pensando en cosas que no harían jamás porque no pueden, porque no saben, porque sienten asco de sí mismos.
Porque no son hombres, no son mujeres. Son rodillas gastadas de silenciosas mamadas sin luz, sodomías del alma y el ano que gozan de sus amos, de sus dioses.
Seremos los amantes muertos en un sepulcro con doseles de terciopelo rojo burdel y manchas pecaminosas en las sábanas.
La Santa Sábana Carnal, en la que la mariposa de tu coño dejó una huella indeleble, donde tu boca aloja mi polla y mamo tus pezones hasta el dolor de mis dientes, hasta el agua que brotará por tu coño.
Se masturbarán regando nuestras flores marchitas con el semen de los idiotas, con el semen corrupto de los fariseos que desean follar a sus hijas y nietas y callan y sudan la mierda de su cerebro, como un alquitrán pútrido que cubre las calles de sus ciudades.
Porque no encontraron la pasión, no encontraron la mujer, el hombre.
Se quedaron con lo que tropezaron, perezosos malos folladores, malos amantes. De negros pensamientos, de nulos actos.
Seremos mármol en el mausoleo sexual, donde te besaré cubriendo con la mano tu coño hambriento, y tú aferrarás mi polla goteante, ansiosa de ti.
Ante ellos, ante el mundo. Ante los enfermos y los locos.
Seremos el infierno en la tierra.
A pesar de la muerte.
A pesar de los puercos que orinan y piensan que eyaculan.
A pesar de los hijos que son de mierda, engendrados por sodomías esclavas, por sodomías cobardes.
Por narcóticas y alcohólicas frustraciones de un sexo que no comerán jamás.
Solo sé, amor, el final; lo que hay en medio, antes de la muerte, es maravillosamente ignoto.
Porque contigo no hay años de días iguales, contigo me espera el sepulcro de la lujuria. Morir clavado a ti.
Hundido en ti.
Ante ellos, ante su vergüenza y envidia, ante sus sexos húmedos de podredumbre.
La eternidad es tu coño.
Descansen sudando en su sepulcro los obscenos amantes.
ic666 firma

Iconoclasta

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¿Ves cómo haces tambalear mi realidad?
Mi mundo ya no son las líneas y perspectivas que creía conocer.
Observo la rampa, los muros, la casa en el centro de la convergencia…
Y no es arquitectura, ya no veo construcciones.
Los muros son tus muslos dioses, la rampa de asfalto es mi deseo, la casa es tu coño, tu sacrosanto coño.
Soy un pene lanzado a velocidad rota a ti por un camino de piel y carne.
Soy un pensamiento embrutecido buscando suaves líneas en tus pechos, el quebranto de un gemido en tus labios.
Soy un semen deslizándose por tu cuello, desde tu boca.
Ya no estoy donde creí estar, estoy donde tú ordenas. Donde tus piernas se separan obscenas en esa increíble y descarada voluptuosidad que me tiene esclavo de ti.
Donde estás presente en todas las perspectivas e intersecciones.
Eres la arquitectura más lujuriosa, el culo más hermoso de La Ciudad del Deseo.

 

La Constelación Lacrimosa
Hay una constelación en mi universo, de día y de noche siempre presente en mi horizonte.
Pequeñas luces que brillan más que un sol y perfilan tus labios en cielos claros y oscuros.
Siempre húmedos, siempre frescos.
Qué labios…
Y tu coño…
Como las lágrimas de rocío que sostienen los pétalos de las flores al amanecer, así brilla también tu piel en los íntimos muslos.
La Constelación Lacrimosa es nuestro universo sagrado y carnal, invisible a los otros, a los ajenos.
No hay tristeza en amarte, es solo un afán desesperado por tenerte toda, por poseerte, esclavizarte, ser tuyo, ser tu esclavo.
En todo tiempo, en todo lugar.
Quiero estar sometido a tu carne y mis uñas impías que desgarren tu ropa para llegar a las pieles más íntimas.
Lloran mis ojos como tus labios brillan y llora el ciego ojo de mi glande blancas lágrimas.
Contracciones de mi vientre salpicado de un semen que arde por ti.
Y desgarro mi propio pubis desesperado por penetrarte con dureza, con brutalidad; arrancándote gemidos oscuros y profundos como las simas insondables de los océanos.
Tan adentro, con tanta fuerza, que la reproducción no tiene cabida.
La Constelación Lacrimosa es mi luna llena de hombre-bestia enamorado.
Mi pene entumecido es un dolor de amor, es la condena de la humedad sin consuelo.
Lacrimosa marca el rumbo de amarte. Un viaje donde la tragedia de amar es el más bello de los dolores. A él nos sometemos con sonrisas de augustos: ríen tristes con ojos húmedos de ternura y deseo.
Es tragedia porque todo lo que deseamos, lo que soñamos, no es posible en esta galaxia. Está prohibido por una ley natural que los amantes nazcan cerca el uno del otro.
Pobres amantes dolientes, pobres nosotros, regidos por la Constelación Lacrimosa.
No somos conscientes que nos doblamos sobre nuestro estómago con cólicos de una melancolía que aplasta el alma.
Y sonreímos con tragedia mirando al cielo, a Lacrimosa.
Rogando piedad.
Por favor…
Ser exclusivos, ser uno del otro tiene un coste de un ansia que eterniza los segundos.
Un reloj de arena marca el tiempo con lágrimas y harina de sangre de corazón.
En nuestro cosmos, el dolor y la desesperación nos da trascendencia. Lo acunamos en nuestros brazos para demostrar que vale la pena vivir aunque sea tan solo compartiendo un mismo presente.
Camino y no me doy cuenta que mis labios en voz alta le dicen a Lacrimosa: Te amo, cielo.
Y al sentir mis propias palabras, siento la condena, la dulce condena de amarte en este cosmos de lágrimas y pasión.
Que Lacrimosa nos guíe con su húmedo brillo.
Que nos guíe en este océano de ansias.
Llegaré pronto, navego hacia a ti, cielo.

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Iconoclasta

 

Blasfemia en Sagrado

Piso la tierra y las ruinas que antes fueron sagradas, fumo y sudo entre centenarios muros. Y solo pienso en ti.
No tengo nostalgia ni respeto alguno por la historia, porque la historia es una sucesión de errores.
Yo soy la verdad y la hombría.
En mí no hay admiración por las piedras mal colocadas, solo hay una burla hacia tiempos de esclavitud moral .
De ser esclavos a cambio de un paraíso inexistente.
Porque solo concibo el paraíso entre tus piernas. Cargado de vida, de semen, de saliva goteando sobre ti.
Follarte entre los muros de sagrado. Quisiera tener el suficiente poder para comprar esa ruindad, toda esa miseria que huele a muerte, ignorancia y engaño.
Follarte en el altar roto de una ermita donde cagan los animales del bosque.
Encadenarte de cara al secular muro y metértela por detrás, ante los espíritus santos, ante las mentiras proclamadas miles de veces.
Que los muertos giren sus rostros sin ojos ante la vergüenza de mi polla reventando tu coño.
Seremos blasfemia ante los ojos de vivos y muertos, temerán y proclamarán mi castigo, nuestra condena; pero solo verán mi semen deslizándose por tus divinos muslos.
Y lameré el rastro que he dejado en ti susurrándote: «Perdóname mi puta, porque he pecado».
Fumo y observo rincones santos donde meter mis dedos bajo tu vestido e invadir tu coño, castigarte con placer ante los mentiras sagradas a las que somos inmunes.
Quisiera ser un cristo recién nacido chupando tus pezones hasta hacerte desesperar en el altar roto, donde las hostias se comían con hambre y con estupidez.
Donde se mantenía una pegajosa oblea en la boca pensando que ganaban un lugar en un paraíso.
No pienso en los muertos, en las gentes que un día asistieron con devoción lerda a una misa.
Pienso en el espacio duro, salvaje que es ahora; pienso en joderte donde los que ahora están muertos, propagaron la cobardía y prostituyeron su libertad y espacio a la falacia y la ambición.
Y todo para obtener más esclavitud.
Separaré tus piernas ante donde un día hubo una cruz y lamiendo tu coño, le diré a los que dejaron de existir que tu vagina goteante es el único cielo y que requiere vida y fuerza para acceder a él.
Requiere cojones y no oraciones.
Amarte y follarte no puede esperar a pasar a otra vida.
Te joderé en esta tierra entre estos muros. Aunque teman un castigo divino para mí.
El fluido de nuestra cópula regará el suelo y los cadáveres que un día creyeron en fantasías pueriles.
Quiero que me acusen de blasfemia con mi rabo duro en tu boca.
¿Has visto lo que es amarte?
Me haces salvaje e impío.
No hay nada en el planeta por lo que sienta más admiración que por tu piel y tu mente.
No hay nada que me inspire tanto fervor como besar tus cuatros labios.
Aquí lo afirmo, ante sagradas ruinas, ante una tierra donde unos creyeron en santos y pecadores.
Donde jamás nadie hubiera pensado que sería nuestro burdel del deseo más brutal y desinhibido.
Tú me absuelves y yo te la meto.
Pecadores, gozosos y carnales pecadores…
No hay pecado, solo tu carne, el auténtico paraíso.

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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta. Ermita de Sant Bartomeu, Ripoll.

 

Tenías que existir

Hay un cansancio, hay un dolor
y hay un estado nervioso alterado;
pero nada de eso evita que te impongas
a todo ello.
Que estés intrincadamente presente
entre mis redes neuronales
y mis conexiones sinápticas.

Eres superior a la angustia y a la fatiga.
Y entonces llega la gran pregunta:
¿Cómo he conseguido sobrevivir sin ti en el pasado?
Y yo digo que mi alma,
mi pensamiento,
sabía de tu existencia.
Tenías que existir…

Hay tantas palabras escritas al viento, al vacío…
Y ahora fibrilan tu corazón
y se meten obscenas
por tus muslos dioses.

Si antes debía localizarte
en algún lugar del planeta,
ahora tengo que llenarte de mí.
Que colmarme de ti
a pesar de los momentos
aciagos.

No soy incansable,
no tengo valentía.
No soy irrompible.
Solo soy suicidamente tenaz.

A veces sueño
que se me desprenden
las piernas del cuerpo
y continúo arrastrándome
para beber de ti,
aunque sea solo una vez.

Y si fueras el diablo,
te regalo mi alma
agotada.

Mi vida exhausta
a cambio de tres palabras
que me liberen por fin
de la angustia,
de la necesidad de tomarte:
«Llegaste, mi amor».

Te amo por encima de todo dolor
y miedo.
Fatigadamente.
Corto y cierro,
he de llorar en un rincón oscuro,
donde nadie me vea.

¡Shhh…!
Los hombres no lloran si no están hechos mierda.
Tengo secretos…
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Un horizonte de libertad y amor copy

No hay nadie que pueda estropear el momento diciendo que va a llover, que el cielo presagia muerte. Que hace viento…

Bendita la libertad de la soledad…

Cuando amenaza lluvia voy hacia las montañas, con psicótica ansiedad.

Cuando la gente se resguarda, yo emerjo.

Es el cielo que siempre soñé, es la fuerza que siempre quise sentir.

No ver un horizonte de tragedia ha sido la tristeza de cada día al despertar.

He estado a punto de no llegar; pero no le hice caso a nada ni a nadie.

Sigo el camino del dolor ignorándolo. La soledad es compañía y me lleva adentro de mí mismo, con cariño, con paciencia. Calmando mis náuseas por el vértigo de la vida que pasa doliente.

Y un fuerte viento me dice que todo está bien. Me hace sentir indómito, salvaje.

El viento que me forja, que me endurece.

Él serena toda mi frustración pasada, la melancolía de no haber nacido aquí, de llegar a este cielo cuando ya he gastado casi toda la vida.

Mis nubes grises y de un azul cobalto que parecen amenazar con aplastar a todos los seres que vivimos bajo ellas, me dan una libertad que se eleva por encima de las montañas.
Mis moléculas quisieran formar de ellas.

Las nubes tiran de mi piel para arrastrarme allá arriba.

Entrecierro los ojos ante el viento que refresca dolores y cansancios, como si me acariciara.

Y el viento se convierte en los lejanos besos de ella. Ella que me ve como si fuera un hombre completo. El aire es fresco como tienen que ser sus labios, dice que nos olvide el mundo durante los largos besos.

Sus palabras y el cielo denso y funesto. El decorado hermoso y preciso para un vida y una muerte.

Porque es un buen momento para morir con dignidad y amado.
Amando…
Antes de que estropee, por favor.

En el íntimo y solitario camino, el viento se torna ráfagas de amor que arrasan, que me arrancan de mi rostro todo lo que dolió, lo que duele y lo que dolerá. Lo que no gustó y lo que no gustará.

Cierro los ojos pensando en su boca y en las marcas de su biquini, en su culo… Y bajo las nubes que dejan ya caer gruesas gotas, tengo una erección salvaje y libre. Ella sonreiría y me besaría muy pegada a mí para sentir lo que provoca.

Yo sonrío al viento que es ella.

Ella desnuda.

Ella húmeda.

Ella pegada a mí.

No me he dado cuenta del tiempo y la distancia que he consumido y recorrido, estoy tan lejos que soy nube.

Ya nadie me distingue, soy de color azul cobalto para alguien que mire el horizonte.

Me basta con ese privilegio.

Ha valido la pena.

Ahora toca volver, para ello utilizaré medio cerebro para obligar a mis piernas a no quedarse bajo el cielo lo que me queda de vida.

La otra mitad del cerebro trabajará en combinar la palabras adecuadamente para intentar plasmar la belleza de la que soy víctima.

Soy víctima de ella, mi amor.

De las nubes y el viento, mi libertad, mi hombría.

Mi naturaleza salvaje tanto tiempo aplastada por los mediocres días se rebela y se expande, quiere ser vapor y trascender.

Mi muerte digna…

Nadie tendrá que incinerar mi cadáver, un rayo me desintegrará.
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.