Archivos de la categoría ‘Amor cabrón’

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Hay un semen presionando con fuerza en mis canales seminales.
Hay una leche que adora los labios de tu coño, la piel suave del interior de tus muslos, tu lengua, tu boca…
Y no pretende ser reproductor.
Es solo invasor.
No hay espermatozoides, no quiero ser padre.
Y no te quiero madre, te quiero puta y esclava.
Mía… De ti…
No quiero que puedas pensar en un hijo. Tu coño es solo para el placer, el nuestro.
La pasión muere cuando nacen los hijos. La pasión se marchita con el llanto de un bebé que exige su comida, que padece cólicos, que llora por nadie sabe porqué.
Ningún hijo ha de mamar de ti.
Soy yo el que succionará tus pezones hasta que te arquees ante la ruda caricia de mis labios y dientes.
Compraremos una mujer para que se preñe por ti y cargue ella con la maternidad en un cuarto aislado de nosotros. La alimentaremos con restos a través de barrotes de acero.
Mantente eternamente puta para mí.
Que tu coño hambriento no se contamine con un hijo.
Que tu mirada de agresiva lujuria nunca muestre la ternura de una maternidad que destruye el deseo.
Que nunca tomes la mano de un bebé, tu mano ha de sujetar firme mi polla. Que me duela cuando me la cojas, que me castigues.
Te la meto profundamente pensando en lo que te amo, en invadir tu cuerpo y tu pensamiento dios. Te jodo para que te lamentes, para que susurres entre espasmos: «hijo de puta, hijo de puta…».
Un bebé destruiría el cántico del jadeo obsceno.
El latín de los sexos convulsos, de un pene goteante como las fauces de un animal hambriento, de tu coño abierto como una llaga en mi alma.
No dejemos una línea de sangre para el futuro.
No quedará rastro de nosotros.
Seremos la exaltación de la pasión.
Nuestro impúdico amor no dejará legado alguno.
Somos la negación de la reproducción.
La indecente afirmación del placer y la pasión.
Nunca madre, mi puta.
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Iconoclasta

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Yo sí me chupo el dedo; pero que nadie se engañe con psicologías de feria.
No evoco infancia, no hay ingenuidad en mí. Solo un deseo atroz, obsceno y sucio por meter mis manos y mi lengua en lo más profundo de sus muslos y obligarla a que me ahogue en ellos.
Pienso en ella y en su coño, no hay más lecturas.
Soy simple y brutal.

 

Draco Agosto 2007. Canon Powershot

A principios de agosto ha muerto mi amigo Draco.
De un cáncer cabrón, de una vejez imparable, incurable…
Ahora el mundo es peor sin él.
Todo empeora por momentos.
El mundo se ha hecho inconsolablemente más sórdido.
Cuando me toque morir seré feliz: no tendré que asistir a muertes de seres queridos.
Hasta nunca jamás, amigo.
Qué mierda…

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La humanidad es la cosa inacabada de algo o alguien torpe o perezoso.
Negligente y malo como un cáncer.
Necesito creer que alguien es responsable de mí.
Que alguien me golpea y empuja a lugares y momentos que no deseo, a pesar de todas mis fuerzas.
Y la ira hace de mi corazón una bomba inestable.
No encaja que sea yo mismo mi propia responsabilidad, porque si alguien o algo no me jodiera continuamente, estaría metido entre tus piernas, con lengua y polla.
Porque te deseo aquí y ahora, no en un improbable futuro o irrecuperable pasado. El amor solo existe en el presente, no en el pasado no en un improbable e inexistente futuro. No hay cadáveres de amor ni profecías que se cumplirán.
Aquí y ahora… Pero alguien me zarandea, me sacude lejos de ti.
Algún puerco obstaculiza mi libertad y me obliga a aspirar aires viciados de pulmones humanos que no quiero, que odio, que detesto con todas mis fuerzas.
No soy responsable pues, de mí mismo.
Soy una bestia bruta luchando contra un ejército formado de excrementos que respiran.
Algún hijo de puta tarado hace las cosas mal conmigo.
Soy absolutamente irresponsable de lo que padezco.
Soy un pene embrutecido sin miedo a mutilarse en una carrera suicida a tu coño.

 

Divina Fetidez

¿Lo hueles? Hueles eso?
Es la fetidez de Dios, su aliento inmundo insuflado por todo el planeta, penetrando en todos los agujeros de todos los seres.
En todos los cerebros.
El corrupto aliento de Dios…
Pero a ti no te afecta. No sé porqué…
Tal vez, sea porque eres la más amada del mundo y te otorga inmunidad a la Divina Fetidez.
Te amo y te deseo.
Te amo y te jodo.
Te amo lamiéndote el coño.
Tu coño hermético a la Divina Fetidez…
Y tu coño es mi oxígeno puro.
No sé si lo hueles, mi amor de vagina salvadora.
No sé si eres consciente de la humana y divina fetidez que me asfixia. No sé si eres capaz de sentir su hedor en algún momento de la vida.
Eres mejor y más adorable que Dios, que cualquier divinidad. Y ello te otorga el privilegio de no sentir y así, que tu sonrisa sea eterna.
¿Es eso, verdad amor?
¿Hueles eso? Es el corrupto aliento de las bocas que infligen sus plegarias contra la inteligencia y a la libertad.
Por ello mi pene bombea fuerte en la sacristía que hay entre tus muslos.
Mi polla encaja perfectamente en tu coño, el único lugar donde se siente a salvo.
Nos sentimos a salvo en tu piel.
Porque tu coño es salvación y tus pezones los clavos a los que me aferro para no sucumbir a la Divina Fetidez.
Me asfixio, sin ti me pudro.
Mi nariz está saturada de hedor y mi semen solo entre tus muslos es blanco.
¿Me explico con claridad, amor?
Eres mi heroína, mi salvadora: el Obsceno Perfume.
El que emana de tu coño como un hálito de vida.
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

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No es fácil sudar sin sufrir un ataque de ira. Al fin y al cabo soy un conjunto de circuitos que se sobrecargan sin la refrigeración de los labios deseados.
Los cuatro.

 

La luz de la tormenta. 201607221330. Fuji

No hay error, aunque no pudiera ver el cielo, la luz me diría que es hora de tormenta.
Es especial y la luz del caos impregna el ánimo de libertad y desasosiego primitivo.
La luz que acalla los sonidos creando expectación.
Luego vendrán las primeras gotas de agua que pondrán duros mis pezones por el contraste de la piel recalentada por el calor.
Luego el olor a tierra mojada, a pavimento evaporando miseria.
Y querré llegar a casa mojado para frotar mi piel contra la de ella, en celo, como una bestia acosada por los rayos.
Tomar posesión de su coño con la tormenta como banda sonora del deseo.
En efecto…
Caen las primeras gotas y cierro los ojos para observarla a través de la lluvia. Soñar que estará en casa y la follaré sin control.
Abro los ojos a la luz y la lluvia. No tengo prisa, no importa mojarse, soy sumergible y antichoc, como un reloj suizo.
La luz de tormenta provoca una deliciosa locura.

Seremos sepulcro

No sé como será nuestro amor y nuestra pasión en los próximos años, no sé como nos besaremos y donde te follaré. No sé ni siquiera lo que ocurrirá dentro de un minuto.
Pero sé cual es el final.
Formaremos el obsceno sepulcro donde los afables abuelos y los buenos padres, se masturbarán. Donde las madres apretarán fuerte sus muslos estimulando su clítoris mal usado.
Seremos La Meca, la negra piedra de los hipócritas, de los que sudan pensando en cosas que no harían jamás porque no pueden, porque no saben, porque sienten asco de sí mismos.
Porque no son hombres, no son mujeres. Son rodillas gastadas de silenciosas mamadas sin luz, sodomías del alma y el ano que gozan de sus amos, de sus dioses.
Seremos los amantes muertos en un sepulcro con doseles de terciopelo rojo burdel y manchas pecaminosas en las sábanas.
La Santa Sábana Carnal, en la que la mariposa de tu coño dejó una huella indeleble, donde tu boca aloja mi polla y mamo tus pezones hasta el dolor de mis dientes, hasta el agua que brotará por tu coño.
Se masturbarán regando nuestras flores marchitas con el semen de los idiotas, con el semen corrupto de los fariseos que desean follar a sus hijas y nietas y callan y sudan la mierda de su cerebro, como un alquitrán pútrido que cubre las calles de sus ciudades.
Porque no encontraron la pasión, no encontraron la mujer, el hombre.
Se quedaron con lo que tropezaron, perezosos malos folladores, malos amantes. De negros pensamientos, de nulos actos.
Seremos mármol en el mausoleo sexual, donde te besaré cubriendo con la mano tu coño hambriento, y tú aferrarás mi polla goteante, ansiosa de ti.
Ante ellos, ante el mundo. Ante los enfermos y los locos.
Seremos el infierno en la tierra.
A pesar de la muerte.
A pesar de los puercos que orinan y piensan que eyaculan.
A pesar de los hijos que son de mierda, engendrados por sodomías esclavas, por sodomías cobardes.
Por narcóticas y alcohólicas frustraciones de un sexo que no comerán jamás.
Solo sé, amor, el final; lo que hay en medio, antes de la muerte, es maravillosamente ignoto.
Porque contigo no hay años de días iguales, contigo me espera el sepulcro de la lujuria. Morir clavado a ti.
Hundido en ti.
Ante ellos, ante su vergüenza y envidia, ante sus sexos húmedos de podredumbre.
La eternidad es tu coño.
Descansen sudando en su sepulcro los obscenos amantes.
ic666 firma

Iconoclasta

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¿Ves cómo haces tambalear mi realidad?
Mi mundo ya no son las líneas y perspectivas que creía conocer.
Observo la rampa, los muros, la casa en el centro de la convergencia…
Y no es arquitectura, ya no veo construcciones.
Los muros son tus muslos dioses, la rampa de asfalto es mi deseo, la casa es tu coño, tu sacrosanto coño.
Soy un pene lanzado a velocidad rota a ti por un camino de piel y carne.
Soy un pensamiento embrutecido buscando suaves líneas en tus pechos, el quebranto de un gemido en tus labios.
Soy un semen deslizándose por tu cuello, desde tu boca.
Ya no estoy donde creí estar, estoy donde tú ordenas. Donde tus piernas se separan obscenas en esa increíble y descarada voluptuosidad que me tiene esclavo de ti.
Donde estás presente en todas las perspectivas e intersecciones.
Eres la arquitectura más lujuriosa, el culo más hermoso de La Ciudad del Deseo.

 

La Constelación Lacrimosa
Hay una constelación en mi universo, de día y de noche siempre presente en mi horizonte.
Pequeñas luces que brillan más que un sol y perfilan tus labios en cielos claros y oscuros.
Siempre húmedos, siempre frescos.
Qué labios…
Y tu coño…
Como las lágrimas de rocío que sostienen los pétalos de las flores al amanecer, así brilla también tu piel en los íntimos muslos.
La Constelación Lacrimosa es nuestro universo sagrado y carnal, invisible a los otros, a los ajenos.
No hay tristeza en amarte, es solo un afán desesperado por tenerte toda, por poseerte, esclavizarte, ser tuyo, ser tu esclavo.
En todo tiempo, en todo lugar.
Quiero estar sometido a tu carne y mis uñas impías que desgarren tu ropa para llegar a las pieles más íntimas.
Lloran mis ojos como tus labios brillan y llora el ciego ojo de mi glande blancas lágrimas.
Contracciones de mi vientre salpicado de un semen que arde por ti.
Y desgarro mi propio pubis desesperado por penetrarte con dureza, con brutalidad; arrancándote gemidos oscuros y profundos como las simas insondables de los océanos.
Tan adentro, con tanta fuerza, que la reproducción no tiene cabida.
La Constelación Lacrimosa es mi luna llena de hombre-bestia enamorado.
Mi pene entumecido es un dolor de amor, es la condena de la humedad sin consuelo.
Lacrimosa marca el rumbo de amarte. Un viaje donde la tragedia de amar es el más bello de los dolores. A él nos sometemos con sonrisas de augustos: ríen tristes con ojos húmedos de ternura y deseo.
Es tragedia porque todo lo que deseamos, lo que soñamos, no es posible en esta galaxia. Está prohibido por una ley natural que los amantes nazcan cerca el uno del otro.
Pobres amantes dolientes, pobres nosotros, regidos por la Constelación Lacrimosa.
No somos conscientes que nos doblamos sobre nuestro estómago con cólicos de una melancolía que aplasta el alma.
Y sonreímos con tragedia mirando al cielo, a Lacrimosa.
Rogando piedad.
Por favor…
Ser exclusivos, ser uno del otro tiene un coste de un ansia que eterniza los segundos.
Un reloj de arena marca el tiempo con lágrimas y harina de sangre de corazón.
En nuestro cosmos, el dolor y la desesperación nos da trascendencia. Lo acunamos en nuestros brazos para demostrar que vale la pena vivir aunque sea tan solo compartiendo un mismo presente.
Camino y no me doy cuenta que mis labios en voz alta le dicen a Lacrimosa: Te amo, cielo.
Y al sentir mis propias palabras, siento la condena, la dulce condena de amarte en este cosmos de lágrimas y pasión.
Que Lacrimosa nos guíe con su húmedo brillo.
Que nos guíe en este océano de ansias.
Llegaré pronto, navego hacia a ti, cielo.

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Iconoclasta