Archivos de la categoría ‘Conclusiones’

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Yo quería un confortable ataúd, pero me dijo el decorador que sería excesivo; la peña es cobarde que te cagas. Pero pronto cambiaré las luces por candelabros de cirios negros.
No me gusta lo minimalista, prefiero lo excesivo.
Soy un gótico fuera de tiempo.

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Pienso en la piel pálida, la piel sensible que sus braguitas azules de elástico rojo descubren al bajar provocadoramente en un alarde de lujuria impudorosa.
Y tengo sed.
Sueño lamer ese monte de Venus y las ingles. Íntimas ingles que se tensan como cables que desean ser acariciados. Tocar la blanca piel sabiendo que es lo necesariamente sensible para que sus muslos se separen temblorosos y su coño se abra como una flor a mi lengua.
Rozarlo hasta que sus puños se cierren de impaciencia para que bese los labios mudos, los que en lugar de lengua tienen un clítoris duro y palpitante.
No puedo hacer más que aferrarme a mi pene y sentir la velocidad, el vértigo del pornógrafo deseo. Soy una bestia encelada y mis cojones revientan de hijos que no nacerán jamás.
Porque cuando imagino sus piernas separadas, no recuerdo si la amo, solo quiero follarla. Follarla hasta que le duela, como me duele el rabo entumecido y colapsado de sangre.
Luego la amaré con paranoia.

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«Comed y bebed, porque este es mi cuerpo».
No sé si es porque estoy normalmente erecto, contento e incluso de buen humor, por lo que intuyo en las palabras del crucificado algo de felación, pissing y lácteas y doradas duchas.
Imagino, que aquel tipo, de haber existido; tendría pene y humor. Yo tengo ambas cosas.
¡Ah…! La vida es larga y dura, que me chupen la vida.
Hay días que me parto de una nada sutil risa obscena.
Amén y a amorrarse al pilón.
(Qué divertidamente tosca la imagen…)

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Estás cansado y observar el reloj es un diapasón que afina la percepción de lo que muere y lo que espero. Y deseo que pase el tiempo, mi tiempo para descansar de verdad. La deseo a ella, pero no estoy presentable, no soy un buen producto ahora. Soy un saldo.
Como lo es la justicia, que muere a cada segundo. Los asesinos deben ser asesinados; pero jamás por las leyes, sino por esa justicia salvaje que es la venganza.
No tiene nada que ver con amarla, pero necesito cierta angustia para no desfallecer.
Las leyes solo condenan a los inocentes.
Y por encima de toda ley o justicia, a cada segundo te amo.
Me desconcierto a mí mismo.

Júlia Liptáková

En Telegramas de Iconoclasta

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Si yo que soy un Dios, a veces me canso; entiendo perfectamente la confusión de ese dios mierdoso que tiene el ojo en un triángulo y está en un cielo estúpido. Ése que cometió la indecencia de dejar su coño tan lejos; y sin embargo, tan metido en mi cerebro. Porque su coño es la vía para penetrar en ella, toda.
Yahveh se debería haber jubilado en el séptimo de su creación caprichosa e inútil.
El sexo tiene un enigma metafísico cuando pretende ir más allá del tejido humano.
Ese dios cansado y holgazán hace las cosas mal y yo debo arreglarlas con obscenos pensamientos que rebasan los límites carnales y morales.
Y salpica el semen frío y solitario un rostro divino y un ojo ciego que todo no lo ve.

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No me pregunto adonde va el tren y la carne que contiene. Sé que es un largo recorrido con parada en todas las estaciones y su destino, sus destinos, es morir.
Me pregunto si en algún momento volverá a recuperar su ahora difusa, difusas formas. Si llegarán a destino como borrones, como errores en un papel, como ideas abortadas.
Es más carismático morir crucificado, quieto y que sepan qué eres.

Reflexiones redes 0 def

Se puede morir sin que importe a nadie y sin que te importe.
Pero una vez muerto ¿qué más da? Y mientras estás vivo tampoco importas, una cosa lleva la otra y un ataúd no impresiona a nadie.
Deja cosas por hacer, deja deudas pendientes. Que no te importe. Que se jodan.

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Es un poco raro, incluso para alguien que no fuera yo podría resultar embarazoso describir.
Este ademán es cordial y satisfecho, porque cordialmente he cubierto su coño con la mano y he sentido como se escurría en la palma de mi mano, con mi glande ahogándose excitado en su propio flujo, encerrado en la bragueta expandiéndose casi con dolor. ¿A que soy cordial y simpático? Si es que el rostro de la afabilidad es innegable.
Estoy contento también porque sé que mientras escribo esto, alguien menos importante que yo morirá con una inmensa agonía, con un dolor atroz. Sonrío ante esa más que probable posibilidad que las estadísticas dicen.
Sonrío porque unos sufren y yo fumo.
Porque si yo estoy bien, todo está bien.
¿A que mi sonrisa es arrebatadora y besable?
Soy el reflejo con clase y atractivo de millones de hijos de puta.
Cordialmente vuestro: un obsceno odiador.

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Me pregunto si te preguntas lo mismo que yo hacía mil años atrás, cuando fui consciente de mí mismo: ¿Las palabras explican la vida o la crean?
Porque mientras tú te preguntas eso, quisiera encontrar el momento preciso para responderte, para que no pierdas tiempo; para que seas infinitamente más lista que yo.
Las palabras crean y transforman la vida porque lo que hemos encontrado, no es nuestro, es ajeno, es de los muertos y está mal hecho.
No es quiera ser listo, es que amo tu vida a cada momento y no quiero que pierdas un segundo más con filosofías y teologías.
Si aún así, no te convenzo y encuentras que las palabras sirven para explicar, me convertiré en humo, no seré el hombre fuerte que creía ser, el que flotaba mirando al cielo, a los techos y a los dioses.
Si no soy un deseo, un sueño; soy nada.
Porque todo aquello que es especial, por definición es inexplicable.
No hagas de mí y lo que contengo una explicación.
Porque creí ser fuerte, ser valiente, ser tuyo.