
Mi nuevo amigo, en el tren de camino a casa. Con un mes y tan valiente, tan tranquilo.

Mi nuevo amigo, en el tren de camino a casa. Con un mes y tan valiente, tan tranquilo.
No es lo único asimétrico. Hay demasiados cerebros descompensados en los que pesa más la idiocia y la dependencia del rebaño que la libertad de pensamiento.
Cabezas con las que decorar un puente, este por ejemplo.

Lleva casi todo el invierno en la explanada buscando la templanza del sol. Como si estuviera cansada de hacer el mismo viaje a los mismos lugares cálidos.
Igual es vieja y se siente como yo: milenaria.
Y es muy probable que me fotografíe en mi violenta y mal disimulada cojera.
Al fin y al cabo, el roto soy yo. Ella vuela hermosa, la he visto a ras de pasto.
La muy astuta…
Sea como sea, es mi compañera de soledad porque ambos hemos elegido.
Y si sueño un poco, el primero en morir será el primero en ser extrañado. Porque somos pocos, somos dos.
Cuando la pierdo de vista, ya más frío, pienso que me importa demasiado poco que alguien pudiera extrañarme.
Me pongo el bastón al hombro y hago ver que no estoy roto, ahora que no me ve.

Como que ante una palaciega casa o un gran coche, no me siento motivado a hacerle una mamada a la dueña o al dueño. Soy un insensible; pero no les faltarán lenguas que les limpien el culo, hay un equilibrio rastrero en la sociedad.
Por cuestiones de pura economía y clasismo, hay más indignos mezquinos, que cretinos con dinero, por lo cual sus anos y genitales estarán siempre brillantes.

Impúdica, territorial, bruta…
Blasfema.
Solo es necesaria la fuerza, la pasión y una innata y desinhibida tosquedad.
Es la deliciosa violencia del sexo.
Una video reflexión de Iconoclasta.

Cómo me tranquiliza verte… Me da paz tu grito.
Larga vida, sobrevíveme, eres fascinante majestuosa mía.
«Protecgi no sub umbra alarum tuarum».
(Protégenos bajo la sombra de tus grandes alas).

Son tan pocos y están tan solos que parecen hacer como yo, evitar consuelos y mantenerse dignos hasta el final.
No se miran. No estropean el momento.
No se hacen compañía, no la buscamos.
No podemos prostituirnos al final. No podemos rendirnos a la vulgaridad.
No queremos sonreír cuando nuestro pensamiento es abrasión.
La humanidad corre rápida, no se detiene.
Yo no tengo humanidad no me hace correr nadie (unas manos amadas, sí; pero es sexual). Los veo llegar y alejarse pensando si se arrastrarán igual de rápidos cuando les amputen las piernas. Si su mecanismo funcionará igual que el de un robot roto.
No es maldad, simple curiosidad.
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