Archivos de la categoría ‘Humor’

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El ferrocarril y yo somos parecidos, funcionamos a lo largo del tiempo sin alardes cibernéticos. Solo acero insensible, o tendones y nervios enterrados en la carne que lo parecen: férreos y ajenos a lo humano.
El próximo cambio de agujas se presiente oscuro como boca de lobo.

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Ho-ho-ola, soy Forrest, Forrest Pablo. Y mi mamá dice que tonto es el que dice tonterías.
(Mierda, he caído en mi propia trampa, intentemos arreglarlo).
Soy el obsceno rey de las bestias del bosque (¿eso es un oso?). Y digo: el que dice tonterías es un hijoputa con poco cerebro y mucho tiempo libre (coincido conmigo mismo solo en lo de libre).
Buen sexo.

Carolina Gómez

En Telegramas de Iconoclasta.

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«En un minuto hay muchos días.»
(Shakespere)
Exactamente. Es una putada; pero es así. No pasan los minutos cuando estás con un idiota.
Por otro lado, Shakespeare debía estar muy aburrido. Porque es lo mismo de ingenioso su minuto, que yo diga que una ballena es grande.
O un elefante.
Esto no es serio, así no hay quien folle.

 

No es lo único asimétrico. Hay demasiados cerebros descompensados en los que pesa más la idiocia y la dependencia del rebaño que la libertad de pensamiento.
Cabezas con las que decorar un puente, este por ejemplo.12768238_10208943238479235_7531986214723083724_o

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Lleva casi todo el invierno en la explanada buscando la templanza del sol. Como si estuviera cansada de hacer el mismo viaje a los mismos lugares cálidos.
Igual es vieja y se siente como yo: milenaria.
Y es muy probable que me fotografíe en mi violenta y mal disimulada cojera.
Al fin y al cabo, el roto soy yo. Ella vuela hermosa, la he visto a ras de pasto.
La muy astuta…
Sea como sea, es mi compañera de soledad porque ambos hemos elegido.
Y si sueño un poco, el primero en morir será el primero en ser extrañado. Porque somos pocos, somos dos.
Cuando la pierdo de vista, ya más frío, pienso que me importa demasiado poco que alguien pudiera extrañarme.
Me pongo el bastón al hombro y hago ver que no estoy roto, ahora que no me ve.

Mariana Ochoa

En Telegramas de Iconoclasta.

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«Afortunado es el hombre que tiene tiempo para esperar».
(Pedro Calderón de la Barca)

Pues sí; pero sobre todo paciente. Porque esperando tiempos mejores y promesas maravillosas para futuras generaciones, siguen llevándose cargados cucharones de mierda a los labios los pacientes y los que tienen tiempo (es retórica facilona y redundante, quien tiene tiempo, indica que tiene paciencia, como yo para escribir esto).
Intelectuales… Siempre tan comedidos.

 

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Es un duelo épico: la ira y el veneno contra la hipocresía de un rey de locos y enfermos que provocó en nombre de su puto padre, esta mierda de tiempo y lugar que vivimos.
La ira contra el hastío de una forma de vida abocada al servilismo, a la esclavitud.
Me gustaría tener ese aliento tóxico para pudrir lo sagrado y lo casto. Y follar ante el padre, el hijo y el espíritu santo que hierven en una espuma cáustica.
Sé que soy cándido e inocente, pero a veces sueño y sonrío tranquilo, casi feliz.

(Foto de la emisión televisiva del film, La guarida del gusano blanco, 1988)

MDLM

Familia tipo endogámica, preciosos todos. Y tan tierno… Tantas madres, tantos padres…

He caminado, he observado y he juzgado: en cualquier parte del mundo la mezquindad es la moneda de cambio común.
Esto tiene una explicación: los primeros monos que fueron cobardes y dados a la holganza, sobrevivieron a base de comerse los frutos de la tierra, en definitiva, cagaban donde comían. Son los más.
Los cazadores, los que no tenían miedo a la sangre, al cansancio, a la noche o al frío, murieron pronto. Sin que les importara una mierda dejar herencia a sus descendientes.
Estos últimos son una élite cada vez más arrinconada por la mezquindad y el baboseo.
Conociendo al ser humano, desentrañar sus orígenes y porqué ha alcanzado tan altas cotas de podredumbre y mediocridad estadísticamente hablando, es tan fácil como contar los lados de un triángulo.
Esto explica ampliamente su profundo y atávico temor a la soledad: verse solos y sin que nadie les limpie los bajos cuando se meen y caguen encima de viejos. Y por eso existe el matrimonio, una mala aspirina para combatir una grave enfermedad. Ese miedo servil e interesado que empareja con mercantilismo a una pareja macho-hembra, hembra-hembra o macho-macho.
Otra cosa que se aprende, es que en cualquier región del mundo, cualquiera sin excepción; con cualquiera que hables estarás ante una especie de profesional del bon vivant: la/el que mejor folla y cocina.
Todo el mundo tiene madera de chef y de actriz o actor porno.
Lo lamentable, es que he tenido que bostezar tantas veces de aburrimiento sexual y escupir las delicatessen que preparan en la cocina esos genios culinarios, que he llegado a la conclusión, de que aparte de mezquindad, hay una pasión por la mentira que va más allá de la ética para convertirse en paranoia o una enfermedad mental.
Las autocalificaciones solo dan orgullo y consuelo al que se califica. Ningún idiota ve su propio tumor en su cerebro.
Hay ovejas que balan absolutamente desesperadas de aburrimiento con el pastor machote embistiendo entre sus cuartos traseros.
El camino está lleno de restos de lasañas y otras cosas que se han escupido con disimulo.
Ante tanto mdlm (más de lo mismo), piensas en la poca actividad bélica y la escasa densidad demográfica de asesinos en serie.
Esto hace siglos que se fue de las manos. La dignidad está en un serio peligro de extinción.
Porque si hay una constante universal inviolable y sin excepciones es que los idiotas se reproducen veloces como las ratas.
Y les quitan aire a los pocos cazadores que quedan.
Sinceramente, no me importaría comer carne humana con una buena garantía sanitaria (yo no como cualquier porquería). Un bebé humano de tres meses (insisto, debidamente certificado por un veterinario colegiado), horneado con patatitas, seguro que sería tan delicioso como un cordero lechal.
Si alguien garantizara el buen estado de la carne y la correcta alimentación del bicho. Un plato exquisito. Insisto tanto en ello, porque el humano es un animal que traga mucha mierda.
Y por otro lado, comemos cerdo habitualmente. ¿Qué más da que sea de cuatro o de dos patas?
Viajar no enriquece, solo aburre y prueba lo que mi privilegiado cerebro ya sabía desde que era pequeñito y miraba la baraja de naipes de mujeres desnudas que mi papá guardaba en un cajón del escritorio. Vaya donde vayas: mdlm.
Todos esas montas entre padres e hijas, madres e hijos, hermanas y hermanos, primos y primas, etc… Han tenido un precio muy caro: una endogamia paleontológica.
La endogamia es un reservorio de la mezquindad.
La diversidad genética, como hemos visto hoy, pequeños míos; es una necesidad, de lo contrario: MDLM.
Y por fin, si nos movemos fuera del ámbito de la mezquindad y la vulgaridad y accedemos a la justicia, concluiremos que hay muchísimas crueldades y masacres justificadas.
Muchísimas.
Y aún así, tristemente, insuficientes.
MDLM, así en China como en Marruecos.

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Iconoclasta