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Seremos sepulcro

No sé como será nuestro amor y nuestra pasión en los próximos años, no sé como nos besaremos y donde te follaré. No sé ni siquiera lo que ocurrirá dentro de un minuto.
Pero sé cual es el final.
Formaremos el obsceno sepulcro donde los afables abuelos y los buenos padres, se masturbarán. Donde las madres apretarán fuerte sus muslos estimulando su clítoris mal usado.
Seremos La Meca, la negra piedra de los hipócritas, de los que sudan pensando en cosas que no harían jamás porque no pueden, porque no saben, porque sienten asco de sí mismos.
Porque no son hombres, no son mujeres. Son rodillas gastadas de silenciosas mamadas sin luz, sodomías del alma y el ano que gozan de sus amos, de sus dioses.
Seremos los amantes muertos en un sepulcro con doseles de terciopelo rojo burdel y manchas pecaminosas en las sábanas.
La Santa Sábana Carnal, en la que la mariposa de tu coño dejó una huella indeleble, donde tu boca aloja mi polla y mamo tus pezones hasta el dolor de mis dientes, hasta el agua que brotará por tu coño.
Se masturbarán regando nuestras flores marchitas con el semen de los idiotas, con el semen corrupto de los fariseos que desean follar a sus hijas y nietas y callan y sudan la mierda de su cerebro, como un alquitrán pútrido que cubre las calles de sus ciudades.
Porque no encontraron la pasión, no encontraron la mujer, el hombre.
Se quedaron con lo que tropezaron, perezosos malos folladores, malos amantes. De negros pensamientos, de nulos actos.
Seremos mármol en el mausoleo sexual, donde te besaré cubriendo con la mano tu coño hambriento, y tú aferrarás mi polla goteante, ansiosa de ti.
Ante ellos, ante el mundo. Ante los enfermos y los locos.
Seremos el infierno en la tierra.
A pesar de la muerte.
A pesar de los puercos que orinan y piensan que eyaculan.
A pesar de los hijos que son de mierda, engendrados por sodomías esclavas, por sodomías cobardes.
Por narcóticas y alcohólicas frustraciones de un sexo que no comerán jamás.
Solo sé, amor, el final; lo que hay en medio, antes de la muerte, es maravillosamente ignoto.
Porque contigo no hay años de días iguales, contigo me espera el sepulcro de la lujuria. Morir clavado a ti.
Hundido en ti.
Ante ellos, ante su vergüenza y envidia, ante sus sexos húmedos de podredumbre.
La eternidad es tu coño.
Descansen sudando en su sepulcro los obscenos amantes.
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Iconoclasta

El hambre de la vida

Es fascinante la vida, el abigarrado bosque…
Lo más bello es su mensaje salvaje y contundente, la impía verdad que esconde: necesita mucha muerte para alimentarse, para vivir.
Somos estratos generacionales de muerte al servicio del planeta. Un alimento al fin y al cabo.
Alguien andaba un tanto disperso pensando que el fin de la tierra es alimentarnos.
La ingenuidad y la humana e ignorante arrogancia confunde los términos.
Mi piel no me engaña, sé lo que soy y lo que es la humanidad, siento el aroma de la muerte entre los radicales de clorofila.
Y eso me hace brutal y libre.
Cuanto más cruel, cuanto más voraz, todo es más hermoso.

Sunny Leone

En Telegramas de Iconoclasta.

Reflexiones redes 2 def

No contestes, no hables.
No sueltes el teléfono.
No es una llamada obscena, es una venganza a tu sensualidad, al placer que me inspiras, a la animalidad a la que me abocas.
No te toques aunque te diga que tengo tus braguitas negras dando vueltas entre mis dedos. Que mi pene siente espasmos ante la proximidad de la suave y transparente blonda que tantas veces ha empapado tu coño.
No te permito que acaricies tus pezones, no quiero que uses tu mano libre para dar consuelo a la humedad que empiezas a derramar, a la dureza implacable de tus pezones que se marcan sobre la suave tela que los cubre.
Solo quiero oír tu gemido desesperado, impaciente porque sabes que estoy envolviendo mi bálano con tu braguita, que ciño con fuerza la tela, que descubro mi glande y se marca entre el pérfido dibujo que en otros momentos a dejado de manifiesto la voluptuosidad de los labios de tu coño, que los he besado a través de la blonda con el dulce sabor de tu flujo.
Me conviertes en un perro sediento. Me sometes.
No hables, escucha. La humedad viscosa de mi glande parece literalmente deshacer la tela que cubría tu coño. La tela que yo despegaba y que arrastraba filamentos de deseo de entre tus labios henchidos y hambrientos.
¡Te he dicho que no te toques! Es una venganza por lo que te deseo, por hacerme descender a lo más profundo del animal que soy.
Separa tus muslos, quiero hablarle a la mujer obscena que hace de mí una red de venas que trabajan exclusivamente para ella, para llevar la sangre necesaria al miembro que parece reventar.
Sé perfectamente de como se forma la viscosidad entre tus labios, como se ha endurecido el clítoris. Sí, cielo, te permito gemir; pero no te toques.
Te lo prohíbo, maldita.
Maldita amada.
Maldita bella.
Maldita lujuria.
Como te amo, te odio, te deseo…
No estás ahora aquí para besar el glande cubierto con algo de ti; pero te ordeno que beses la tela que cubre mi desesperación, que escupas en ella, que poses tus labios y yo te invada la boca furioso.
¡No hables, no te toques!
Ahora el glande parece querer abrirse paso entre los dibujos de la tela, hay mortificación en mi sensible carne.
Si vieras como mi vientre se contrae ante la proximidad del orgasmo…
¿Me oyes gemir? No es solo placer, hay un dolor por tu ausencia, porque no estás.
Es la paja más triste… ¿Me sientes?
Es la masturbación más desesperada.
Te prohíbo que te toques. El semen empieza a brotar, como una marea blanca aparece entre los poros de la tela. Extendiéndose, haciéndola invisible.
¿Te imaginas mi corrida desesperada? La tela ya no la siento, me pasa como con tu coño, no distingo donde empieza mi piel o la tuya.
¿Has escuchado mi ronquido? Mi pene sufre espasmos escupiendo el esperma que debería estar en tu sexo, entre tus dedos, en tu boca…
Sí, preciosa, quiero esos perfectos y tallados labios jadeando, es mi venganza. Es el castigo a tu sensualidad implacable.
Desde aquí, mamo tu coño. Te lo juro por el semen que ha empapado tu braguita.
El placer solo es comparable a la tristeza de que no sea en tu sexo donde ahora suelte mis últimas gotas.
No te toques, gime, sufre; pero no te toques.
Ahora acaricio mis testículos, como tú lo haces, con suavidad, dando paz a todo esto que siento por ti; recuperando, ascendiendo a la cordura poco a poco desde lo profundo a lo que me has llevado.
Ahora ya solo puedo decirte que te amo, que me faltas a cada instante, que me llevas a mundos que no hubiera pensado.
Mundo de fetichismo y blonda…
Que observo tus braguitas empapadas de mi semen y siento ganas de llorar.
Y las froto en mi vientre.
No digas nada, calla.
Sufre, maldita amada, maldita hermosa, maldita mujer adorada.
Beso tu coño, muerdo tus pezones.
Buenas noches, adorada mía.

ic666 firma
Iconoclasta

Golpeador copy

¿No lo sientes? Son mis golpes desesperados.

Ojalá te dolieran.

Golpeo con paranoia la dimensión que me separa de ti.

Debería temblar el universo.

Mis pies resbalan en un charco húmedo que mana de mi puto pene y los golpes pierden efectividad. Y mi cerebro parece no entenderlo, porque sigo destrozando cada hueso de las manos.

Me duelen tanto, cielo…

Me duele tanto ahí abajo…

Baja la sangre en torrente, con cada puñetazo en la barrera invisible del deseo. La que me hace mierda, la que me hace feroz.

El corazón no duele ya, el dolor es ira, ansia, desesperación…

No me queda alma, solo la violencia desatada del deseo.

Los puñetazos en la invisible frontera, el dolor de mis genitales sin consuelo; ese es el universo al que me has llevado.

Me duelen, me duelen, me duelen…

Por favor…

Mis manos rotas ni consuelo pueden darme. Soy una bestia encelada, atrapada en la dimensión desesperada.

En tu puta dimensión.

¿Por qué existes? ¿Por qué? ¡Cómo me dueles!

Entre mis piernas hay una presión que las manos golpeadoras ya no pueden gestionar.

¿No te das cuenta que soy solo un hombre?

No deberías existir, es la única forma de que deje de destrozarme.

Pero… ¿Dónde está el hombre? Aquello que era antes de que existieras.

Mi bálano no reconoce las manos rotas del golpeador.

Golpeo la distancia, el tiempo, al creador y mi rostro desencajado.

Soy el golpeador silencioso. Un mimo en un infierno que nadie mira, de cuerdas vocales sangrantes.

Soy las manos rotas del deseo, que no pueden contener la sangre que me llena, que me expande, que me desespera.

¿Y si soy peligroso? ¿Y si todo este deseo por tenerte, por fundir tu piel con la mía, es un riesgo para ti?

Soy malo, porque no podría considerar tu seguridad. Solo queda en mí animalidad.

Tal vez debería morir con las manos rotas, con las venas del pene reventadas mezclando semen y sangre. Un infarto lujurioso.

Me da miedo que se rompiera la invisible dimensión y pudiera empalarte con mi carne doliente.

No sé si podría protegerte de mí.

Golpeo y me duele tanto ahí abajo…

Atenazaría tu coño con mi mano crispada mordiéndote los labios. Te haría pagar esta desesperación.

Yo golpeador, te amo, yo golpeador te deseo.

Salvarte no podría.

Me duele tanto ahí abajo…

No puedo más.

Y las manos, ya no existen, son muñones inútiles en la dimensión de la fascinación a la que me has abocado.

Soy un golpeador atrapado en universo de nadie, en la invisible frontera que marca tu piel.

Me dueles tanto…
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

El arte de los esclavos

Es incluso infantil, y tan predecible la reacción de los humanos con los asuntos de dinero…
Tienen idéntico comportamiento y superficialidad los ricos y poderosos que los obreros más humildes.
Dale dinero y poder al analfabeto y tendrás un honoris causa en todo aquello que le salga del culo.
Lo cual quiere decir, y es un hecho, que el dinero no hace mejor a nadie. Solo lo hace envidiado mientras lo tiene, un respeto servil que forma parte del genoma humano como un gen defectuoso más.
Y así ocurre, que en el momento en el que se empieza a valorar el tiempo y el trabajo, cuando se ha de pagar algo remotamente justo al trabajador, el arte y la ornamentación pasan a ser cosas no necesarias.
Por eso hay edificios viejos que presentan estatuas, cornisas embellecidas, columnas decorativas, estucados artesanales que hoy día ya casi se desconoce su técnica, etc…
En cuanto el arte y la artesanía se dejó de pagar con hogazas de pan y vasitos de aceite rancio, el arte, sobre todo en la arquitectura se fue directamente al carajo.
Tras cada obra de arte y arquitectura, hay una ingente cantidad de esclavos y explotación humana.
Solo hay que tener memoria histórica para comprender la abundancia de arte y decoración en otros tiempos.
La gracia está en la opresión de los pobres. En cuanto los pobres piden dinero por trabajar, el arte desaparece de las vías públicas.
Otra cosa parecida al asunto de los perros de dos patas que usaba la aristocracia y los funcionarios de élite de gobiernos tiránicos en cualquier país, que aún está vigente. Tiene un buen y exacto reflejo en la película Los santos inocentes, de Mario Camus, 1984; basada en la novela de Miguel Delibes. Paco (magnífico Alfredo Landa) es el perro del señor del cortijo, un perro en toda regla, que hasta con una pata rota, sigue las presas de su amo y lame su mano. Consigue revolver las tripas a cualquiera.
Magnífica película, un diez sobre diez.
Hay que decir, que la humanidad es un conjunto de seres serviles y cobardes, que se adaptan pronto a la miseria para convertirla en su «cómoda» y «tranquila» forma de vida. La imaginación y las inquietudes de libertad tienen un índice demográfico deprimentemente bajo.
Aunque poco ha cambiado esta explotación. Solo ha cambiado su orientación de artística, a consumista y tecnológica. En lugar de crear estucados y capiteles decorativos en los edificios, los perros de los poderosos montan teléfonos móviles o celulares en Asia y cosen ropa para prestigiosas casas de moda.
Más de lo mismo, no les pagan con arroz o tortitas, pero les dan el equivalente en dinero para que no puedan comprar carne.
A mí no me afecta, me parieron en esta mierda de sociedad y mantengo una sana indiferencia, un justo pago a la misma que sienten por mí en los malos momentos. Cada perro se rasca su oreja.
Pero no voy a ser un subnormal ciudadano que cree que vive en una maravillosa sociedad y que dice que no todo está tan mal.
Prefiero ser malo, ser detestable que un repugnante hipócrita o fariseo de tiempos modernos que alega que no todo está tan mal porque le da la vuelta al contacto de su coche de mierda, y éste arranca.
Idiotas los han habido en todas las épocas y a medida que avance la ciencia médica, habrán más. Desde el momento en que empezaron a morir menos niños al nacer todo se estropeó. Porque no hay león que se alimente de ellos.
Compro esclavitud, como si fuera un ricacho de mierda de viejos tiempos. Quien no lo quiera ver, que se arranque los ojos; pero sobre todo, el cerebro, porque no le sirve de nada más que para sonreír como un imbécil.
Me gustan las viejas fachadas de los esclavistas.
Buen sexo.

 

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Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Ateo de mí mismo def

¿Y si te digo que en lugar de imaginarnos en un lugar de luz y colores cálidos, de grandes horizontes y suaves vientos, donde te beso desnuda y lánguida entre mis brazos; te imagino jadeando con mi lengua recorriendo tu piel, dejando rastros de posesión y pasión, donde te embisto una y otra y otra vez en un lugar donde no hay absolutamente nada, donde solo existe el brillo de tu piel húmeda, el calor de tu coño y el sonido de tu respiración?

No existe un lugar para tomarte, no existe tiempo ni espacio preciso para fundirme contigo. No importa el infierno o el paraíso si existieran, solo importa que estés.

Eres la hacedora del universo. Y tenerte me hace dios, un pequeño dios.

Contigo el mundo es oscuro y tú eres la única claridad.

¿Sabes qué es trascender? Reconocer que he cumplido para lo que nací: amarte. Tener la mano entre tus piernas sin pudor y tú mantenerlas abiertas con medida y soberbia obscenidad. Cubrir tu clítoris con un dedo tembloroso y soportar el tormento de tu placer, de tu tensión que hace subir la mía.

Trasciendo los límites del planeta y el infinito cuando toco tu alma o tu piel.

No es necesario nada más. Lo sé todo: el origen de toda vida eres tú.

Contigo no hay miedo, no hay nada que lamentar. Porque el mundo, la vida y la muerte, tienen un porqué; no obedece ningún acto al azar o la fatalidad.

Si muero es porque es necesario, porque así lo dispones.

Sin ti no existo, soy ateo de mí.

Soy poderoso en el cumplimiento de mi misión, imparable, insobornable.

¿No te das cuenta que sin ti estoy vacío? Soy el lamento de un ternero que agoniza en arenas movedizas.

Pudiera ser que ya no tuviera sentido mi vida cuando ya te tengo entre mis brazos, que muera porque he cumplido el ciclo. Y estará bien, mi amor.

Así trasciendo, amándote. Cruzando fronteras de sueños, cordura y locura sin temor, sin pensar. Solo soy lo que te buscó siempre.

Una cosa necesaria entre tus piernas, entre tus labios.

Un dios que no cree en sí mismo.
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Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

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«El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. Por eso se nos escapa el presente» (Gustave Flaubert).

El futuro, no me importa demasiado, el pasado es un velo oscuro que apenas miro y el presente lo piso con fuerza hasta agotarlo, hasta que queda detrás del velo.
Cada quien cuenta la feria según le va.
Por otro lado, cuando duele el presente banalidades y conjeturas tienen exactamente la misma utilidad que el cenicero en una moto.

Regalos de navidad

En navidad, cumpleaños, aniversarios, bodas o cualquier otra celebración, los regalos son lo más importante.
La peña no se congrega unas pocas veces al año para demostrar amor o cariño.
Acceden a soportarse y verse las caras por la cuestión de los regalos.
Es así en todas las regiones del planeta, lo que me lleva a concluir, que la tan cacareada globalización, debió comenzar ya en la edad del bronce.
Yo, si voy a casa de mis padres o suegros por navidad, es precisamente por la cuestión de los regalos. Ya hace mucho que demostré que les tenía cariño, amor, respeto y todo ese bla, bla, bla…
No puedes estar toda la vida siendo cariñoso o acabas con diabetes y chutándote insulina dos veces al día.
La prueba de que es cuestión de obsequios está en que los visito dos o una vez al año y acabo agotado, aburrido, deprimido y con la sensación de que me han estafado tiempo de descanso que tanta falta hace.
Y como yo soy la viva representación del ciudadano medio (mi foto sale en las enciclopedias, en la entrada: anodino) y los ciudadanos medios o mediocres son legiones (no me gusta nada, nada, alardear de mediocridad; pero hay momentos en la vida en los que hay que rendirse a la evidencia, maldita sea) por lo tanto, no estoy diciendo ninguna cosa rara, cuando en verdad, os digo, hijos míos, que la cuestión del cariño anual es por mero interés en todas las latitudes del planeta.
Y en la Luna si hubieran colonos cultivando meteoritos selenitas.
Vamos, que es la postura común de toda la peña, salvo raras excepciones como la madre Teresa de Calcuta y otros proverbiales mártires y mesías.
Y tenemos razón, porque pasamos toda la jodida infancia dando besos a todo el mundo. Hace décadas que demostré lo mucho que los quiero a todos de mierda. Coño.
Así que para mí es de una importancia vital lo que me regalan, y como he dicho anteriormente, si para mí lo es, para el resto de los humanos, también.
La única espiritualidad de los millones y millones que no son dioses, leonardosdavinci o desorejados como Van Gogh, es la que desprenden al dormir o al entrar en celo reproductivo.
Al grano.
Lo más insoportable de conseguir los regalos, es el intercambiodebesosespecialementemotivosenlasnavidades.
Cuando empiezan a darse besos y abrazos, me abro del salón-comedor de dos metros cuadrados y digo muy alto y claro:

―¡Me estoy meando!

Y me fumo un cigarro mirándome los granos de la cara en el espejo oyendo sus felicitaciones a lo lejos.
Cotorras todos…
Cuando vuelvo del lavabo e intentan abrazarme, dígole a mi acosador/a:

―¡Pero si nos acabamos de felicitar!

Me miran un poco confusos en general, pero como van ya por la tercera o cuarta copa de cava y yo soy muy firme, seguro y decidido; abortan el beso o el abrazo, pensando que seguramente tengo razón.
Hay cosas en las que no soy como todos, no soy listo; pero lo que me diferencia del resto, es que tengo ciertas habilidades adquiridas.
Una vez tengo en mis manos el miserable paquetito blandito de los abuelos, que inevitablemente son calcetines o calzoncillos y el paquete mediano que es la colonia que mi mujer me regala invariable y aburridamente también cada año, le presto mucha atención al paquetito más pequeño que es la incógnita del año. Es de la rácana de mi cuñada.
Elucubro que podría tratarse de uno de esos encendedores baratos que no soportan más de dos encendidos o un llavero. Así que abandono los otros regalos y me centro en ese con desconfianza.
Al desenvolverlo, hago como que no me doy cuenta de que está envuelto con papel de carnicería y mal envuelto.
Mi mujer se acerca saltarina contra mí, con las piedras de ese collar feísimo hostigándole las tetas (el regalo miserable de su hermana) en el momento que grito con disgusto y asco:

— ¡Un Batman Lego con cadenita de tapón de fregadera! ¡Joder lo que me gusta, cagondiós…!

Mi cuñada se acerca con una bufanda que parece un cerdo despedazado, me quita de las manos el repugnante Batman Lego y de un tirón lo descabeza.

—Es una memoria USB de medio giga.

—Gracias cuñada —consigo mascullar tragándome el final: hijaputa.

Y muy contenta ella por haber demostrado su originalidad como regaladora, se da media vuelta con dinamismo azotando mi preciosa mejilla con uno de los extremos de esa vulgaridad de bufanda, regalo de mi esposa, su hermana.
Con el asco que me han dado siempre y de muy pequeño los muñecos lego con sus cabecitas cuadrangulares y su pelo-casco tan deprimente y tercermundista.
En un momento en que todos hablan como loros mascando patatas fritas y ganchitos de queso, dejo caer el Batman-Lego-USB al suelo, lo piso y le doy una patada lanzándolo bajo el sofá de tres plazas tipo burdel que decora el salón de mis suegros.
De nuevo mi mujer me molesta:

— ¿No vas a abrir los otros regalos?

— ¿Cuál quieres que abra primero: los calcetines o la colonia?

—Eres un borde —me responde sin un ápice de espíritu navideño.

No le respondo porque pienso que he salido perdiendo este año, como casi todos: el puto Batman-Lego, la colonia y los calcetines no justifican o compensan las cuatro horas que aún me quedan de soportarlos esta noche. También pienso en el divorcio, en el genocidio y entiendo los asesinatos que nadie se explica.
Solo a quien le regalen un Batman Lego, podrá atisbar un poco de mi angustia.
Dejo caer la ceniza en el suelo porque sé que a mi suegra le irrita mucho y me siento a la mesa.
Menos mal que solo es una vez al año, de lo contrario no sabría si tirarme al metro o a la taquillera maciza.
Estamos abandonados.

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Iconoclasta

Cumple años Helena Christensen

Publicado: 25 diciembre, 2015 en Sin categoría

Helena Christensen

En Telegramas de Iconoclasta.