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Son de vidrio, puedes ver a través de ellos para enfocar cosas de verdadero interés. Son una legión, una plaga triste que llena grandes espacios: calles, estadios, playas, carreteras… Zombis de la vulgaridad, bandadas de flamencos sin gracia, sin color, sin belleza.
Temo el roce contagioso, soy cuidadoso.
Se reproducen ratonilmente, por ellos mismos o metiéndose tubos en los agujeros. Y todos quieren, dicen y hacen lo mismo.
Vivir es un pesadilla con un fundido en negro.
Hombres y mujeres-nada que mueren sin dejar más rastro de su existencia, que unos simples hijos tan nada como ellos mismos fueron.
Si no tuviera un estómago fuerte, salpicaría todo ese vidrio un día sí y otro también.

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Me parto el rabo con los palurdos que dejan comentarios en los perfiles de putas y putillas de facebook, tipo: «¿Quieres ser mi amiga?»
Tendría el mismo efecto preguntárselo a una piedra.
No me jodas…
Me dan ganas de responderles: «Si tienes 10 € para pagar la mamada y una chela…».
Tan grandes y tan tontos.
Es que no puedo dejar de reír al ver que las redes sociales cumplen matemáticamente su cometido: eternizar la idiocia.

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Es tan corrupto, controlado y censurado el mundo de la literatura por las grandes editoriales compinches del poder, que no han encontrado un escritor al que premiar con el Nobel de Literatura.
Sí, Dylan canta bien y eso… Y también los Rolling Stones.
El próximo Nobel de la Paz para ET, el de Medicina para Supermán por su visión de Rayos X y el de Física para Robin Williams por su invención del Flubber.

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Hay momentos en que no sabes como llenar los brazos ansiosos y vacíos de ella.
Te encuentras en esa zona purgatoria del amor y el odio indiscriminado.
Un animal en celo y hostil.
Bestias enamoradas, psicópatas románticos…
Están locos los que aman, son peligrosos.

 

Mediante el presente documento, yo Iconoclasta, certifico:
Que he follado e ignorado.
Que he sido padre y bastardo.
Que soy el único dios y pecador contra mí mismo.
Que he llorado y he llorado. Incluso recuerdo una vez haber reído.
Que he sido esclavo y muero libre.
Que he sido asfalto y hormigón y ahora soy humus de hojas de otoño.
Que amo a gritos furiosos, con la polla dura y el corazón desgarrado.
Que odio con la pasión con la que amo.
Que no creo en el perdón ni el arrepentimiento.
Que la vida me duele.
Y he escupido sangre.

Que tome nota el cabrón del notario, que para eso cobra una pasta.

Nadie recordará que un día existí, incluso yo me olvido que soy. Mediante el presente documento me hago visible a mí mismo.

En algún lugar del planeta:
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Iconoclasta

Manuscrito en: http://manuscritosiconoclastas.blogspot.com.es/2016/10/certificado-de-existencia.html

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Después de tanta vida me resumo en un café, un cigarro, una foto y una estilográfica que no cesa. Hemorrágica…
El hombre-cosa soy yo.
Pensar tiene consecuencias.
Y está bien.

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En Telegramas de Iconoclasta.

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Un día seré un sello caro y todos los frikis filatélicos, mujeres que me han ignorado y hombres envidiosos se arrepentirán de no haberme comprado a tiempo.
Soy inversión, una vengativa y rencorosa inversión.
Hay momentos en los que el absurdo es preferible a charlar del tiempo y la lluvia; éste es uno de ellos.

 

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Y aquí una muestra de las piedras que habitan el río. Obsérvese con admiración la cantidad y variedad: las hay grandes y menos grandes y pequeñas y menos pequeñas. Y en medio de toda esa riqueza mineral, un pececillo espera fumando a que lleguen las próximas lluvias charlando con un canto rodado menos grande.
Precioso.

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Es que tengo un maldito diablo en el cuerpo que tira de mis ojos y me condena a no cerrarlos nunca. Y lo malo no es la sequedad ocular o no poder dormir. Lo malo es que me obliga a verlo todo con un trillón de megapixels de definición.
Me preocupa también que me obligue a golpearme los genitales con un cucharón (carezco de crucifijos), me aterra especialmente.
Eso y llevarme el cigarro a la boca por el extremo encendido.