blanca-suarez

En Telegramas de Iconoclasta.

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Hay momentos de una sorprendente belleza, hay momentos por los que vale la pena reventarse caminando.
Ahí en medio del campo, pierdo importancia y el burro parezco ser yo.
Porque sus ojos, sus miradas están llenas de pensamiento, de sensaciones.
No hay nada que me convenza de que no es así. De que la irracionalidad solo les pertenece a ellos. Yo soy sumamente más irracional, mi mirada pesa menos en ese medio.
Me parece bien, es justo. Es acertado.
Burros más que burros… Yo rebuzno.

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La decepcionante ventaja de cojear tan lentamente, es que puedo fotografiar mi futuro inmediato. Aún así tengo esperanzas de romper la monótona tristeza de unas piedras polvorientas: podría caer, astillarse mi podrida tibia y fotografiar algo con más color y alegría, como la sangre y la cerúlea tonalidad de un hueso astillado emergiendo de la carne.
Pequeños pasos, pequeñas truculencias.
Sé como divertirme a pesar de todo.

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Prefacio.

Una reflexión de Gerardo Campani, 19/10/2016.

«…no piden perdón ni clemencia, solo esperan la muerte. Y es que no desearían estar vivos y recordar todo ese dolor.» (666)
Casi textual de mi pequeña crónica de las dos semanas de infierno después de mi cirugía. «No aguanto más, déjenme ir, abandono, no me interesa más la vida». Pero todo va bien, aguantá un poco, en unos días te vas a casa. «Abandono ya, me quiero ir ahora.» Bueno, bueno, ya pasa, dos o tres días y te vas a casa. «No quiero irme a casa, me quiero ir de la vida, renuncio.» Eh, por qué, no hables así… «¿Dos o tres días? Carajo, ¿no saben que en el presente está la eternidad? Tengo acumulada una deuda incobrable, ningún futuro puede pagarme esto.»
Así es el dolor. Yo lo sé. Pablo también. El buda lo supo. El mundo es dolor. Las estrellas explotan y presumimos que no lo sienten, aunque quién sabe. ¿Las plantas? Qué sé yo. Los animales sí, seguro, aunque tal vez no puedan presentir la eternidad del dolor. Los hombres sufrimos peor que las vacas degolladas en el matadero. Es así. Que lo narre la bestia o el rey Salomón, tanto da, es el mismo dolor. La literatura es un artificio que consiste en narrar en tercera persona, como Stephen King, o en primera, como Pablo aquí y Poe allá.
Las truculencias de este texto son contingentes, ¿cómo se supone que debe hablar la bestia? Así como habla, claro. No hay que confundirse, ni extraviarse en esas truculencias propias del sujeto narrador, porque ¿de qué va esto? Hay que ver el epígrafe: «Reflexión sobre el dolor». De eso va.

Me saco el sombrero ante semejante muestra de maestría literaria.

———-

 

Un filamento de baba une mis labios con el clítoris duro y dilatado de mi Dama Oscura. Me enderezo tras besar su coño.
De mi glande se desprenden pesadas gotas de semen que caen en mis pies y sobre el rostro del cadáver que piso inmóvil, normalizando mi respiración.
El cadáver lo he hecho yo. Mi Dama lo ha conducido hacia mi oscuridad y crueldad por la vía del dolor.
Del insoportable y terrorífico dolor que a vosotros primates, os transporta veloces como una corriente eléctrica a la locura.
Ha caminado seis pasos hasta situarse frente a mí con los genitales despellejados (la Oscura le ha practicado una circuncisión que se ha extendido desde la punta del prepucio, hasta la base del pene, arrancando el peludo pubis y el escroto).
Avanzando hacia a mí extendiendo sus manos, con el único testículo que le quedaba desprendiéndose, me ha pedido muerte pura, muerte liberadora.
La Dama Oscura es eficaz, conoce todos los puntos de dolor y alguno que ha inventado.
No había nada de raciocinio en él. Sus ojos estaban vacíos de humanidad como sus dedos vacíos de uñas.
Vacío de todo lo que ese Dios maricón le dio.
Y si hay algo que estimule la irrigación sanguínea en mi sagrado y oscuro pene, es el dolor humano.
La respiración agitada de mi Dama Oscura hace oscilar sus pesados pechos coronados por duros pezones oscuros. Con una lascivia inusitada, escupe lenta y ostentosamente el semen que le he vertido en la vagina, contrayéndola con habilidad, como si hiciera lo contrario de parir. Con sus hermosos muslos brillantes de babas sexuales, el semen se escurre por su ano en una imagen de inédita obscenidad en la historia del planeta.
Odiamos la reproducción, de la misma forma que somos muerte y tormento.
Le he colocado al mono en una fosa nasal el cañón de mi Desert Eagle .50 en vertical y he disparado. La parte superior de su cráneo ha desaparecido desintegrando el cerebro en forma de un géiser ultrasónico.
Después he penetrado a mi Dama Oscura encima de la mesa del despacho pisando el cuerpo muerto. Hundiendo mis pies en su carne átona, como una alfombra maloliente y viscosa.
Es importante un buen decorado para el sexo.
El caos de los cuerpos destrozados hace de nuestro acto hedonista, sucio y salvaje un ritual sagrado, una comunión que nos sume en la aberración más satisfactoria.
Dios crea y yo destruyo. Dios llora y yo me meo. Dios los atormenta con sus juegos de maricón, yo les robo su humanidad con el dolor. Dios es un hipócrita, yo pongo las cosas en su lugar.
Dios es homosexual con sus ángeles y condena a los primates que se dan por culo.
Las leyes de los primates, son el reflejo de su hipocresía e ignorancia.
Dios da dolor, le gusta provocar daños y que se le rece para que cesen.
La diferencia es que yo lo hago personalmente, a través de los tiempos y los espacios. Dios es una bola de manteca sin movilidad, yo soy el dolor omnipresente que conduce veloz como una flecha a la aniquilación de la vida sin lugar para la esperanza.
Cuando un primate mira a mis ojos, sabe que va a morir en un instante, que no habrán despedidas y que su dolor no tendrá ningún efecto en mí. Y eso es la desesperanza más infinita, porque no le sirve de nada rezar.
Sabe que Dios no puede salvarlo de mí. Yo despierto los instintos más arcanos y primitivos en el cerebro de los primates, ese pánico, esa certeza de su muerte imparable, es antiguo como su genoma.
Diez minutos de tormento conmigo, equivale a vivir ese instante durante dos vidas. Al minuto que he empezado a trabajarlos, no piden perdón ni clemencia, solo esperan la muerte. Y es que no desearían estar vivos y recordar todo ese dolor.
Yo aniquilo esperanza y vida. Dios solo hace las cosas a medias.
Lo que estoy pisando, la carne muerta sobre la que he follado a mi Dama Oscura, era un juez, el más digno representante de Dios en la tierra.
Los jueces son los lacayos de los primates más poderosos, ergo lo son de Dios.
Su toga rasgada, que deja al descubierto la carnicería en que se han convertido sus genitales, es ahora un trapo lleno de inmundicias.
El simbolismo… Me encanta dejar mis mensajes diáfanos y directos. La ley humana es un trapo con el que limpiar mierda.
Y la ley de Dios, también.
Ilustrísimo Sr. Juez De Castro y Cardenal, eso dice la placa sobre la mesa de su despacho. Lo elegí al azar, porque todo juez es culpable de vanidad y petulancia. Solo un mal tipo puede ambicionar decidir sobre los actos de otros seres. Son peligrosos los jueces, mala gente. Auténticas víboras.
Más de un primate besaría mi ano por lo que he hecho.
Mi Dama Oscura, se arregla la microfalda de piel negra que apenas le cubre el final de sus musculadas nalgas y se limpia los regueros de semen y orina que bajan por sus muslos. Tira los pañuelos de papel sobre el rostro irreconocible del primate juez.
Y me besa, me mete la lengua en la boca causando de nuevo excitación, aplasta sus pechos contra el mío con descarada voluptuosidad.
Le muerdo los labios haciéndolos sangrar. Ella gime de placer-dolor y se limpia con el dorso de la mano mirándome desafiante.
– ¿Los matamos a todos? -me pregunta con ansiedad señalando las fotos familiares que decoran el despacho.
– Sí, pero primero vamos a cenar, mi Oscura. Tenemos tiempo, mi hermosa crueldad impaciente.
Se levanta la falda de nuevo para mostrarme como se acaricia el monte de Venus hasta la raja de su coño.
A veces temo por ella, que me desespere como ahora y la destroce follándola.
Salimos del edificio judicial sin prestar atención a los policías muertos en el vestíbulo.
Son las nueve de la noche, mañana antes de las cuatro de la madrugada habrá muerto esposa, hijos y nietos de su Ilustrímo Sr. Juez de Castro y Cardenal. Porque todos llevan el mismo estigma de lacayos de Dios y el poder.
Soy yo el que condena y ejecuta, con decisión y rapidez. Sin diligencias previas.
Todo primate que intente usurpar mi trabajo, morirá. Y su esposa, sus hijos, sus nietos, sus hermanos, sus padres y sus abuelos…
Será exterminada toda su línea sanguínea.
¡ÉL Y TODA SU DESCENDENCIA SE PUDRIRÁ CON UN DOLOR ETERNO EN EL INFIERNO!
Siempre sangriento: 666.
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Iconoclasta

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Imagen  —  Publicado: 18 octubre, 2016 en Cine, Citas, Humor, Lecturas, Reflexiones
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Cielo y montaña han dado un toque de queda. Y tres rezagados permanecemos a la sombra de su amenaza.
Tanto espacio y tan vacío…
Si me partiera un rayo en ese momento, moriría en el paraíso.

lo-complicado-de-amar
Como si la vida no fuera complicada, ellos, a pesar del poco tiempo que disponen, se enamoran.
Y ofrecen lo que les queda de vida a su amante.
Regalan la exclusividad de su pensamiento y su corazón con suicida generosidad.
Y no piensan, no consideran que algo pueda ir mal. No hay tiempo más que para amar.
Los sexos ávidos, húmedos, calientes… No aportan beneficio alguno a la razón. Y suma y sigue, aunque duela; aunque por una sonrisa haya que pagar con quinientas lágrimas.
El amor se hace con complicaciones insalvables.
No es inversión de riesgo, es de dolor. Un dolor de cojones.
Un dolor bello, hermoso, narcótico.
Solo autorizado para mentes formadas y libres. No es cuestión de edad, es cuestión de locura.
Y da trascendencia a la vida.
Una profundidad que la serenidad no puede ofrecer a la puta vida y su puto amor.
Los enamorados no ven que corren veloces al precipicio.
Saben que algo puede salir mal, que un día sus tripas se harán de piedra y se doblarán con un dolor insoportable en algún rincón oscuro donde gritar en silencio y ocultos. Sorbiendo lágrimas que se vierten salinas en los labios temblorosos.
Si se ha de amar, amas sin contemplaciones, aunque sea en el último minuto de vida.
Aunque joda.
Tal vez el amor muera pronto; pero no es preocupante. No se debe perder el tiempo en lo que no se puede controlar. No se debe detener el arrebato, porque el resultado es un morir triste.
Cuando amas no eres optimista o pesimista, simplemente haces lo inevitable. Y te enfocas en ello, lo que pase se afrontará.
A los enamorados les importa poco el norte o los precios de la compra.
Deben amar y al amor es a lo único que se deben.
Y pisan vidrios con los pies descalzos anestesiados por el beso profundo y lingual que parece conectar el corazón y los sexos.
Están locos los amantes, hasta su organismo se encuentra en jaque.
Lo complicado de amar radica en la total ausencia de razón, en su irreversibilidad hasta que se agota el amor o mueren con el corazón hecho trizas.
A veces me sangran las uñas, porque no me doy cuenta que no es su piel la que acaricio, es el filo de un cuchillo, suave como el cauterizante amor.
Que mueran los amantes, que mueran uno en los brazos del otro.
La tragedia está servida.
Señoras y señores, amar es complicado. Que nadie se engañe.
Y un poco suicida.
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Iconoclasta

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Como si un jardinero muy arriba y oculto, limpiara el cielo con un colosal rastrillo.
Y pienso que en la tierra, alguien debería hacer lo mismo con un rastrillo de acero al rojo vivo. Cauterizante.
Unos dirían en trance místico que es el Rastrillo de Dios, yo le otorgo al cielo y al viento su veleidosa travesura. Su divertida volición.
Los dioses le roban la magia a todo, aburren.
No me engaño, no hay hechizo, no hay duende.
Pero tengo tiempo y espacio para admirar y soñar.
Es mejor mirar el cielo que los rostros que no cambian. Inmutables, previsibles.
Y camino y fumo bajo el rastrillo que se disuelve y con él, mi breve momento para la ilusión.

No tiene sentido nada de lo que tenga que ver con divinidades; pero no tenía otra cosa que hacer.