lagartijas-e-ingravidez

La lagartija camina sobre una superficie absolutamente vertical y pienso que si yo pudiera hacerlo, no lo haría.
Bastante complicado es todo como para hacerlo más difícil todavía.
Los retos me los paso por el culo, estoy cansado de tanta prueba de mierda. Superar tantas metas para llegar a ninguna parte.
Qué mierda.
Otra cosa sería flotar ingrávido, sin control; como un trago de cocacola (o una bolsa de orina en las pelis de risa) flota en una estación espacial cuando los astronautas se aburren.
Como el globo que se escapa de las manos de un papá negligente.
Eso sí me gustaría, fluir y que me aparten a una lado si les molesto y cambie mi rumbo dulcemente.
Joder, yo y mi divagar…
Tengo el cerebro podrido.

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No existe mi rostro.
Solo las consecuencias de no ser.
Soy un conjunto compacto y blasfemo de frustraciones e ira.
Y la ira es la que me mantiene vivo, tenso.
Si me relajo soy cadáver.
Algún documento firmé a ciegas al nacer, que me condenó a la hipertensión del pensamiento.

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In umbra alarum tuarum protege me maiora sequar.

(Ocúltame entre las sombras de tus grandes árboles)

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¿Qué es el sincronismo?
Un huevo colgando, y el otro lo mismo.
Nota: Morf. Aplíquese a los testículos humanos.

Enciclopaedia Iconoclasta. Ultrajant Editores, Oct. 2016.
Asesor cientifista: Pablo López. Fotografía: Fondo Iconoclasta.

(Viejo chiste de no sé quién.)

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«Todas las criaturas de este mundo mueren solas». Película Donnie Darko, 2001.
Donnie Darko fue un fracaso comercial en cines; sin embargo, con el tiempo se ha convertido en película de culto. Para que una película sea de culto ha de cumplir los requisitos de ser: absurda, llamativa, musicalmente atractiva y metafísica (incomprensible). Para mí siempre ha sido una gran película, perfectamente comprensible; pero la gente, en su gran mayoría, no la entiende; captan algo que no saben sintetizar. Todos se dan bofetadas por aportar su explicación.
Desde el mismo instante que vi la película, me llamó poderosamente la atención la frase citada. Y me ciño a ella en esta exposición emocional.
Me fascina esta sencilla frase porque es tan engañosamente obvia, como discutible. Como prismática, facetada, de múltiples interpretaciones según teologías, filosofías, miedos y valentías.
Hay tantas formas de morir que, someramente, existe una gran probabilidad de no cumplir con esta sentencia fílmica. Morir en compañía, consolados… A esta posibilidad le temería especialmente.
Porque morir tiene que ser más íntimo que follar y no quisiera que nadie me jodiera el gran momento acompañándome. Dándome un consuelo que se puede meter en el culo.
La gran verdad es que siempre se muere en soledad, te importa poco o no te enteras si estás acompañado cuando falla el corazón o ya no llega aire a los pulmones. Porque se vive una agonía que te aísla de todo. Un dolor, un terror de un minuto es toda una vida. Y cuando vas a morir, estás demasiado entretenido en arrancar un latido más al corazón o aspirar una bocanada más de aire. Cosas físicas, instintivas. El cerebro está demasiado ocupado en gestionar toda esa muerte que se le viene encima.
Podría significar para los optimistas: es un viaje que tienes que hacer solo.
Pero ni así puedo asimilarla.
La frase tiene más virulencia de lo que aparenta: dice que la muerte es un viaje a ningún lado. Nadie te puede acompañar a la nada, a un lugar que no existe.
Está diciendo que es el negro final sin lugar y sin tiempo.
No es posible que en un futuro o en un pasado, un ser querido te acompañe el tiempo que necesites para acomodarte. «Te acompaño hasta que conozcas a alguien y cuando empieces a pudrirte me vuelvo».
No.
Niega toda posibilidad de existencia ultra terrena.
El viaje lo haces solo. Y no es un viaje, porque no hay lugar, no hay destino.
Lo horrible para la inmensa mayoría de la humanidad, es que morir acompañado, tomado de la mano y teatralmente rodeado de los seres queridos, no es suficiente. A lo que temen es que no habrá encuentros.
Esa es la auténtica negación de la frase, lo que inquieta y no acaban de encajar los que no la entienden.
La obviedad, al final, no es tal y la afirmación es profunda como una sima.
Explica perfectamente mi forma de entender la muerte. Da sentido a lo que soy: un viajero solitario que así ha decidido ser.
Sin consecuencias, sin miedos a cruzar solo ese río inexistente.
Para los optimistas, los que creen que la muerte es un tránsito, hay otra frase encantadora de la novela Legión, de William Peter Blatty (secuela de El Exorcista): «Los muertos deberían de callar si no tienen nada que decir». Añádase cierto hartazgo por esos gemidos de ultratumba y algo de aburrimiento al pronunciarla, y se tendrá la sensación de que morir, en efecto, es seguir viviendo.
Pero hay muertos en el cementerio que no han aparecido por ningún lado, no hay señales, no hay manifestaciones. Solo mentiras y trucos de prestidigitación barata.
Más películas…
Todas las criaturas de este mundo morimos solas; es el eufemismo.
Dejamos de existir, es la afirmación rotunda, concreta e imbatible que esconde.

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Iconoclasta

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En Realidades Truncadas.

Reflexiones redes 0 def

«Y Jesús le preguntó:
– ¿Cuál es tu nombre?
– Legión, porque somos muchos.
Y Jesús giró a su siniestra y preguntome a mí:
– ¿Cuál es tu nombre?
– Déjalo, el tal Legión el múltiple ya ha sido bastante ingenioso. No lo puedo superar.
Y Jesús simuló con una tos una risa e invitome a fumar».
(De el Evangelio según Iconoclasta: Jesús visita un manicomio, Ic. 3 3/4 -10 €).

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A veces soy absurdo y me da por pensar que si no existen platillos volantes: ¿Cómo es que tengo uno en mi frente?
Entonces por algún error en mi sistema nervioso, se me queda congelada una estúpida sonrisa en mi bello rostro.
Intento desconectarme con el mando a distancia y ocurre que:
1. No tiene baterías.
2. El ovni interfiere los infrarrojos con un escudo de fuerza.
3. No tengo cerebro alguno que apagar. Estoy vacío.
Lo que ha empezado como una broma acabará mal. Porque una navaja de afeitar no necesita baterías para borrar una sonrisa de fracasado.
¿A que soy gracioso de mierda?

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No quiero ser un buen hombre sensible y comprensivo.
No quiero ser tu confidente o amigo.
Tu apoyo moral…
No quiero ser guapo, ni fuerte.
Ni siquiera ser hombre.
Deseo ser una bestia reptante entre tus muslos. Que me amputen los brazos y las piernas si es preciso.
Fascinarte con mi repulsión, sacar de ti lo más morboso y no puedas evitar separar las piernas para que mi lengua azote nerviosa tus ingles y llegar a tu coño por la vía de un placer tan inevitable como repulsivo.
Clavar mis colmillos y sorber tu clítoris.
Vampirizar tu vagina temblorosa…
No quiero que me ames, solo roza mi cabeza cuando entre en tu coño. Y sabré la verdad: a pesar del asco, me quieres dentro, retorciéndome en tu sexo baboso como yo. Causando vibraciones casi eléctricas que estimularán tu clítoris hasta hacerlo enorme.
Porque es enorme como un universo.
Desesperándote en la indefinida frontera de la repulsión y una hedonista adicción que destruye voluntades.
Acariciar con mis húmedas escamas los labios de tu coño al entrar.
Siseando obscenidades que rimen con tus gemidos de placer y alarma.
Que susurres «Dios mío» al sentir entre tus dedos mis escamas deslizándose dentro de ti: impías, viscosas en tu sexo tan abierto, que parece destripado.
Te diré que yo soy Dios, el creador y tu dueño. Que estoy formando un universo en tu coño. Que obligo a tu mente que observe el mundo a través de visión infrarroja y animal convulsionándome entre tus muslos.
Mi cola asomará entre tus piernas como una obscenidad indomable que lanza violentos latigazos.
Cierras los puños y separas las piernas hasta el dolor, porque quieres más.
Porque quieres como yo lo que nadie nos ha dado jamás: lo extraordinario, lo imposible. La puerta de emergencia de este decorado insulso en el que nos encontramos.
Córrete, báñame, ahógame dentro de ti. Contrae tu coño y hazme sentir que me aplastas, acaricia la inquieta obscenidad que asoma entre tus labios obscenos y secretos.
No soy hombre, soy un desesperado y brutal deseo reptil sin amor, ni cariños, ni compresiones.
Solo voraz de ti.
ic666-firma
Iconoclasta

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Si hay cierto romanticismo en montar a caballo, hay cojones para montar en bici con una pata quebrada.
No me gustaría que un animal de cuatro o dos patas cargara conmigo.
Conmigo y mi dolor.
Ya hay demasiados abusos e injusticia.
No voy a aportar más de ello. No soy un hijoputa. Bueno… No de esos.