Reflexiones redes 0 def

Es lo que me inspiran, aunque no estén embarazados/as, los que caminan presurosos con gesto de estreñimiento cuando llueven cuatro gotas.
Lo de sufrimiento fetal es solo un eufemismo y una licencia literaria para darle más impacto y dramatismo a mi reflexión.
Porque realmente, sufren como si les acabaran de meter en el culo un supositorio de carne en barra.
Y es que ni para sufrir tiene elegancia la chusma.
Estoy abandonado aquí, en el planeta.

 

13710635_10210275958996415_2719015700126439036_o

Hay cosas claras, sin discusión. Los hay que están en vía muerta, ya no sirven.
Pero ellos no lo saben e insisten en ocupar espacio y respirar. No decoran como un viejo tren.
Aburren.

Indigentes de la Vida SL

– ¿Hay algún momento especialmente bueno para morir?
– No. Siempre es un buen momento para morir. Porque malvivir no es una opción, no hay momentos buenos para malvivir. Morir es todo ventajas.
– ¿Morir duele?
– Por supuesto que sí: los pulmones y el cerebro piden oxígeno y el corazón detenido es un instante angustioso y eterno. Aún así, no es más doloroso que malvivir.
Y es más digna la muerte que una vida como… pongamos por caso, la nuestra. Somos… como lo diría… alérgicos a esta vida.
– ¿Qué ocurrirá luego?
– Vamos, hombre, lo tengo por alguien inteligente. No me venga con esas… Es lo mejor de todo: no ocurrirá nada, no hay consecuencias. Y si las hubiera, que se queden para los vivos. No responderá de nada.
Así que antes de morir sea malo, deje deudas.
– ¿No es triste morir solo?
– No es triste, es de una admirable valentía, libertad y elegancia. Morir debe ser un acto íntimo. Imagine que le filman en plena agonía y se cuelga el video en internet. Recuerde la única ley inviolable en el planeta: cobardía con indignidad se paga.
– ¿Y qué será de los que me quieren?
– Nadie le quiere, no quiere a nadie. No estaría aquí si así fuera.
– Es cierto, solo quería parecer importante por un momento.
– Es usted un gran tipo, pero no es importante para nadie; ni falta que le hace. La importancia está basada en el interés y es precisamente por ese interés por lo que sentimos una náusea crónica al despertar. La tristeza de un nuevo día es un cáncer que nos come. No se trata de ser importante, lo que cuenta es ser único. Y le aseguro que usted lo es. ¿Qué decide: veneno, gas, cuchillo, disparo o lanzamiento desde gran altura? Todo está al mismo precio, al menos esta semana. Porque está a punto de subir el precio de los venenos y no sé si podré mantener la tarifa.
– Me quedo con el disparo.
– Quinientos euros y firma del documento de consentimiento.
– Me parece bien… Aquí tiene.
¡¡¡BANG!!!
ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

La luz de la tormenta. 201607221330. Fuji

No hay error, aunque no pudiera ver el cielo, la luz me diría que es hora de tormenta.
Es especial y la luz del caos impregna el ánimo de libertad y desasosiego primitivo.
La luz que acalla los sonidos creando expectación.
Luego vendrán las primeras gotas de agua que pondrán duros mis pezones por el contraste de la piel recalentada por el calor.
Luego el olor a tierra mojada, a pavimento evaporando miseria.
Y querré llegar a casa mojado para frotar mi piel contra la de ella, en celo, como una bestia acosada por los rayos.
Tomar posesión de su coño con la tormenta como banda sonora del deseo.
En efecto…
Caen las primeras gotas y cierro los ojos para observarla a través de la lluvia. Soñar que estará en casa y la follaré sin control.
Abro los ojos a la luz y la lluvia. No tengo prisa, no importa mojarse, soy sumergible y antichoc, como un reloj suizo.
La luz de tormenta provoca una deliciosa locura.

Despina Vandi

En Telegramas de Iconoclasta.

Diario de excursión. Fuji. 201607211230

Imagen  —  Publicado: 21 julio, 2016 en Absurdo, fotografía, Humor, Lecturas, Reflexiones
Etiquetas:

13667727_10210234838208421_2952363528257524478_o

Sillas y mesas vacías.
Si imagino el mundo entero así, entiendo la existencia del paraíso.
Está bien, falta ella; pero yo estaré poco tiempo.
A veces la realidad de la muerte se complementa maravillosamente con paraísos y otras sutilezas.

IMG_3444

Ésta no es una de las botas que Pulgarcito le robó al ogro.
Estas son las botas de los siete cigarros, de las mil blasfemias, del calor, del cansancio, de la vanidad y la fuerza.
No es que sean mágicas, el mágico soy yo.
Porque si tuviera que aplicar la cruda realidad, debería confesar que no son nada, que solo me permiten caminar sin que me sangren los pies.
Cosa que no es nada extraordinaria.
Tenía que perder el tiempo en mis divagaciones, no tiene mayor importancia.
También he pensado en el precio de las naranjas; pero no me estimulaba a escribir fruticosas.

13710563_10210209522655548_3451316445972306683_o

La puta manía de marcarlo todo: caminos y zonas.
Aunque es lógico, hay tanto idiota como indican los censos electorales.
Estoy perdido, abandonado en este planeta.

La Sierra del Silencio
Tienen miedo, se sienten vergonzosamente inseguros.
Por eso gritan y demuestran euforia entre risas.
Son cabezas de ganado de sus poblaciones limitadas por hormigón, ladrillo y asfalto, por falsas arboledas debidamente urbanizadas.
Están tan adaptados a su entorno, tan necesitados del roce de sus congéneres, que gritan y jalean continuamente en sus bicis o marchando en grupo para alejar el temor que les inspira un lugar que no es habitual.
Ellos mismos marcan su libertad a unas horas, unos días. Sobrepasado los límites, necesitan volver a su redil, a sus ruidos, a sus fétidos olores.
Tengo una maravillosa carencia: no siento afecto por el lugar en el que nací. El lugar en el que nací se convirtió con la edad en una celda de muros enmohecidos.
Porque yo no pedí nacer allí.
Quiero lo que busco, no lo que me dan.
No quiero patria, con el tiempo me aburren todos los lugares, todas las gentes.
Necesito amplios espacios para mi animalidad.
Para orinar en libertad o regar con semen el pie de un árbol cuando estoy en celo.
Caminar en silencio me da paz, me llena, reafirma mi libertad. Me molesta la cháchara humana, la que hace mierda el silencio, la magia de la soledad.
Están cagados de miedo porque no es su lugar, donde nacieron. Donde viven sus papás y mamás. Pobres hijitos que en su madurez aún necesitan los mimos maternos.
Caminantes parlanchines en multitud…
Siento vergüenza por los humanos y su necesidad de consuelo mutuo.
Quieren vivir y morir en grupo.
«Voy a morir (o a mear). ¿Me acompañas?», dicen, piden, ruegan…
Mierda, yo no quiero eso, me da cólicos el trabajo en equipo.
Doy gracias al azar por haberme hecho valiente. Por haberme hecho solitario. Cuando ellos lloran, yo fumo tranquilo paso a paso cerrando los ojos de placer por el aire frío que da consuelo a mi hostilidad.
Adoro la luna que saca lo mejor de mí en noches solitarias de silencios letales.
Doy gracias al azar por mi vagar tranquilo, por mis certeras palabras que toman forma en la intimidad de una montaña.
Doy gracias a la suerte por no ser un cobarde en crisis de euforia. Por mi capacidad de hacer de las personas vidrios completamente transparentes, trozos de carne alimenticios.
Tal vez, estoy viviendo una edad, unos años que no me pertenecen. Debería haber muerto hace tiempo, cuando sentí la aséptica mordida del hastío.
No soy un Bukowski o un Kafka, no soy alcohólico, no estoy loco.
No tengo excusa ni perdón por mi pensamiento gélido hacia la especie humana, soy cien por cien un descontento nato, sin aditivos, sin llantos narcóticos.
Poco a poco diluyo el mundo que me dieron y le doy forma al mío. Cada vez más solo, cada vez más sólido.
Y sin darme cuenta, he medido los tiempos por la aparición de animales, por la floración, por el calor y el frío.
Olvidé que una vez los tiempos los marcaban los colegios, las vacaciones, las festividades. Todo eso está tan lejano, es tan borroso. Como si no hubiera existido.
Lo hermoso tiene un contundente poder y barre las miserias con una facilidad pasmosa.
Encuentro rincones donde escribir sobre cobardes y ganado humano, y el tiempo se pierde sin que me pese.
El rumor de hojas y agua, el trinar de mil pájaros, el lejano pitido de un tren…
Todo ello me hace saber que estoy muy lejos de todo, al fin.
Estoy en la Sierra del Silencio, donde las reses humanas gritan su inseguridad de vez en cuando.
Soy un hombre lobo, un error: solo debería ser lobo.
Bien, nada es perfecto, soy tolerante.
Pronto se irán a sus queridos lugares de mierda.
Y los pocos que queden, serán mi alimento.
Me tranquiliza.
ic666 firma
Iconoclasta