666 relatos_01 def

-No naciste, nunca exististe.
-Solo eres unas horas de insomnio, una carne triste e inmaterial.
-Eres solo tiempo perdido entre fatiga y frustración.
-Mejor muerto que vivo. Mejor la sangre fuera que dentro.
-Morirás. Lo que sea que queda de ti, morirá triste e ignominiosamente en el Vertedero de los Nadie.
-Una bolsa de basura que roen las ratas.
-Acaba con esta mierda.
-Acaba contigo.
– ¡Acábate!
-Toma la navaja, bebe lejía, respira gas, quémate, lánzate a las vías… Pero acábalo.
-No hay quien aguante tu existencia, si así se le puede llamar a tu respirar.
-Ni tú mismo te soportas.
666 aspiró una profunda bocanada de su habano Cohiba y observó al hombre fijamente, esperando una reacción. La Dama Oscura abrazaba su brazo y observaba con ojos brillantes de expectación acariciando los seises escarificados en el antebrazo, eternamente sangrantes.
El mendigo, sucio, con una barba que negaba sus cuarenta años y le otorgaba los sesenta. Lloraba con una arrugada foto de un niño en su mano.
Los dedos de sus pies desnudos e infectados, estaban contraídos en un dolor constante.
Se encontraban bajo el puente de una autopista y se sobresaltaba cuando un camión provocaba un rugido grave y profundo en la estructura de hormigón y el aire. El alumbrado de la carretera, creaba penumbra amarillenta allá abajo.
El hombre y la mujer lo despertaron en plena madrugada, hace apenas unos minutos.
Y la maldad con un cuerpo más ancho que alto y vestida con pantalones caqui, camisa holgada y botas, hablaba como una serpiente sibilante preñada de veneno. De un odio viejo como la tierra misma.
Hipnóticas, cadenciosas eran sus palabras…
La mujer frotaba obscenamente sus pechos en el brazo que era más grande que sus musculado muslo.
-No puedo, no tengo fuerzas para matarme ni para vivir -le respondió con la voz rasposa. Hacía semanas que no pronunciaba palabra.
666 cambió repentinamente su tono para pasar a expresarse coloquialmente, como si no hubiera existido toda esa malicia susurrante.
– ¿Lo ves, mi Oscura? No sé quien inventó esa patraña de que yo podía convencer con engaños a los primates. Puedo invadirlos y obligar a su cuerpo que haga lo que yo quiera, desplazar su alma a un rincón de su mente; pero no puedo, no quiero, me aburre convencerlos. No soy tentación, alguien se equivocó miserablemente en las Sagradas Escrituras.
El mendigo notó la muerte como un escalofrío en la nuca.
-Sé que debo suicidarme, estoy a punto de hacerlo. Créame, señor.
-Ya es tarde, me he aburrido -respondió 666 con el puro en la boca, mordiéndolo.
Un hilo de baba manchó su camisa.
Como una bestia sedienta.
Llevó la mano por encima de hombro y sacó el puñal clavado en vertical en la carne de sus omoplatos.
– ¿Te lo distraigo? -le preguntó en un susurro al oído la Dama Oscura.
-Sí… Vamos a darle algo de morbo al mono. Que el primate muera sin entender.
La Dama Oscura avanzó hasta el mendigo sentado entre cartones que olían a orina. Se colocó frente a su rostro, con las piernas del hombre entre las suyas y levantó su pequeña falda para mostrarle su vagina brillante y húmeda.
– ¿Quieres lamerme?
Una mano estaba hurgando en la bragueta de sus pantalones rotos y la mujer avanzó su pelvis hasta hacer que sus labios rozaran el monte de Venus rasurado, perfecto, suave…
El hombre sintió algo cercano a la excitación; pero duró un segundo.
666 le cortó el pene con un tajo rápido, no le dio tiempo a reaccionar. La Dama Oscura se situó a la espalda del mendigo sujetando firmemente su cabeza con las manos aprisionando sus mejillas.
666 metió el pene en su boca y le acuchilló los ojos.
La Dama Oscura dejó escapar su orina en la espalda del mendigo que no podía gritar; pero era todo él una convulsión absoluta, casi ingobernable.
-Te he dado la oportunidad, mono de mierda. No deberías haber vacilado tanto – le decía cortando la nariz y las orejas.
-No soy una puta tentación, no tengo que convencer a nadie. Estoy aquí para mataros a todos, primates. Porque sois el error de ese dios maricón. Y al final, lo mataré a él y les pudriré el ano a sus ángeles con mi pene maldito. No quedará nada de lo que un día ese anormal creó.
La Dama Oscura ya no tenía que mantener al mendigo sujeto, se encontraba en estado de shock.
666 acabó el trabajo abriendo la pared intestinal del mendigo y sacando sus vísceras para colocarlas a un lado, perfectamente amontonadas.
Luego, clavó certeramente el puñal en el pecho partiendo el corazón.
-Estoy muy caliente, mi dios… -le dijo la Dama Oscura mostrándole en la penumbra su vagina empapada.
La tomó por su negra cabellera y la obligó a ponerse a cuatro patas, con las rodillas en el vientre abierto del primate. La penetró con fuerza y ella gritó como una hiena en la noche cuando el negro semen hizo regueros en la piel de sus muslos perfectos.
-No soy tentación, mi Dama Oscura. Soy directo, soy la verdad oculta. Soy un acto imparable, soy la decisión implacable. Soy una polla que mata, mata, mata, mata…
-Eres mi tentación -dijo ella arrodillada, acariciando su pene, besándolo, limpiando con la lengua el semen que aún escupía.
La Dama Oscura hizo una foto con el teléfono móvil al primate descuartizado.
-Es para instagram -dijo con voz traviesa, con la falda aún levantada.
Y ambos rieron.
666 conjuró cerrando sus puños con fuerza y volvieron al infierno.
A su oscura y húmeda cueva donde las almas aúllan de dolor desde la creación y jamás tendrán consuelo.
Siempre sangriento: 666.

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Iconoclasta

Aída Yéspica

En Telegramas de Iconoclasta.

Rodilla de goma
Ella dice que es de goma, que no aguanta. Que tiene miedo.
Como no tiene boca, la hija puta lanza dolores.
Las rodillas deben ser firmes, es razonable que proteste.
Es legal.
Pero no le puedo hacer caso, ni decirle que se encuentra en el filo de una sierra de un cirujano indiferente.
Se deprimiría.
Tenso los ligamentos de la rodilla. Requiere esfuerzo, requiere sudor, requiere determinación y obviar el miedo.
El resultado es bueno y la sensación de que tiembla, de que desfallece en su paso firme, pasa a ser responsabilidad de la tierra.
Es el planeta, el mundo, el que no soporta nuestra firmeza.
Es el mundo el elástico, el que cede bajo el peso de mis cojones.
Así tranquilizo mi rodilla de goma.
Porque un día no estará al final del muslo.
No quiero ser sincero, no es necesaria la crueldad con quien amas.
La verdad es un mierda que no aporta nada bueno, para eso se inventaron dioses, budas, alás, cristos, zeus…
Y por otra parte, en un mundo de mentiras y cobardías, las verdades son como echar margaritas a los cerdos.
Mi rodilla de goma solo quiere ser una buena rodilla.
Así que la verdad, la mía y la del planeta, me las paso por el culo.
Y caminos mi rodilla de goma y yo destrozando la hierba para que no crezca jamás, como Othar el caballo de Atila.
Aunque duela.
Aunque el sudor haga cráteres en el polvo del camino.
Mi rodilla es de goma, mi hostilidad de acero.
Inquebrantable…

 

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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta

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El maravilloso anuncio de una negra muerte.
Me gusta pensar que mi final será apocalíptico y no tan mediocre como ha sido mi vida.
Mierda, pensar me denigra.

Seremos sepulcro

No sé como será nuestro amor y nuestra pasión en los próximos años, no sé como nos besaremos y donde te follaré. No sé ni siquiera lo que ocurrirá dentro de un minuto.
Pero sé cual es el final.
Formaremos el obsceno sepulcro donde los afables abuelos y los buenos padres, se masturbarán. Donde las madres apretarán fuerte sus muslos estimulando su clítoris mal usado.
Seremos La Meca, la negra piedra de los hipócritas, de los que sudan pensando en cosas que no harían jamás porque no pueden, porque no saben, porque sienten asco de sí mismos.
Porque no son hombres, no son mujeres. Son rodillas gastadas de silenciosas mamadas sin luz, sodomías del alma y el ano que gozan de sus amos, de sus dioses.
Seremos los amantes muertos en un sepulcro con doseles de terciopelo rojo burdel y manchas pecaminosas en las sábanas.
La Santa Sábana Carnal, en la que la mariposa de tu coño dejó una huella indeleble, donde tu boca aloja mi polla y mamo tus pezones hasta el dolor de mis dientes, hasta el agua que brotará por tu coño.
Se masturbarán regando nuestras flores marchitas con el semen de los idiotas, con el semen corrupto de los fariseos que desean follar a sus hijas y nietas y callan y sudan la mierda de su cerebro, como un alquitrán pútrido que cubre las calles de sus ciudades.
Porque no encontraron la pasión, no encontraron la mujer, el hombre.
Se quedaron con lo que tropezaron, perezosos malos folladores, malos amantes. De negros pensamientos, de nulos actos.
Seremos mármol en el mausoleo sexual, donde te besaré cubriendo con la mano tu coño hambriento, y tú aferrarás mi polla goteante, ansiosa de ti.
Ante ellos, ante el mundo. Ante los enfermos y los locos.
Seremos el infierno en la tierra.
A pesar de la muerte.
A pesar de los puercos que orinan y piensan que eyaculan.
A pesar de los hijos que son de mierda, engendrados por sodomías esclavas, por sodomías cobardes.
Por narcóticas y alcohólicas frustraciones de un sexo que no comerán jamás.
Solo sé, amor, el final; lo que hay en medio, antes de la muerte, es maravillosamente ignoto.
Porque contigo no hay años de días iguales, contigo me espera el sepulcro de la lujuria. Morir clavado a ti.
Hundido en ti.
Ante ellos, ante su vergüenza y envidia, ante sus sexos húmedos de podredumbre.
La eternidad es tu coño.
Descansen sudando en su sepulcro los obscenos amantes.
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Iconoclasta

amar no es una vulgaridad copy

Amar es algo que se pide y se ofrece con demasiada facilidad, con demasiada frecuencia.
Amar de verdad, con necesidad y hambre, sin hipocresías ni correcciones morales o sociales solo ocurre si se tiene suerte, alguna vez en la vida. Hay tantas probabilidades de morir sin amar, que «amaos los unos a los otros» resulta una broma de mal gusto.
Un insulto a la vida y una banalización absoluta de la esencia del amor.
Confunden el amor con el cariño, la ternura, la amistad, la camaradería, el afecto filial.
No tienen inteligencia, no tienen vocabulario, acatan todas las órdenes, se integran los unos en los otros como las reses de una manada meten su hocico en el culo de la que va delante.
El descerebrado de Jesucristo pedía que se amaran todos.
Eso no ocurrirá, no conmigo.
En mi lenguaje, en mi universo que he creado y lo que hago, amar es follar con ella, despertar a su lado y gruñir juntos un despertar ante una taza de café y alguna sonrisa tranquila y legañosa.
Llevar la mano a sus muslos y acariciar su coño hasta que gima, hasta que aferre mi pene duro, mi pene ansioso. Mi pene cruel y enamorado como yo y lo conduzca a su sexo abierto, desflorado, brillante de humedad.
Y a su boca, a su adorada boca…
Cosas que no haría con mi padre, con mi hijo, con mi abuela…
Amar es demasiado exclusivo como para convertirlo en un acto de competición de dar amor a todos y ser el más querido del cementerio.
«Amaos los unos a los otros» es el título de una barraca de feria en un lodazal de un pueblo infecto.
Amistad no es amor y con los hijos no se folla (no siempre, eso según gustos).
Me revuelve las tripas la facilidad con la que se ama, es ofensivo para mi pensamiento, para mi mundo.
Para mi exclusividad.
Es un acto de ignorancia en el léxico.
Yo tengo otra cosa que decir, ante toda esa hipocresía y vulgaridad, ante ese adocenamiento del «amor»: La puta ama el dinero, no al cliente. El cliente no ama a la puta, solo quiere su mamada y yo…
Yo digo que será mejor que tengas un buen coño que me pueda comer si me amas.
Porque de lo contrario, no tengo tiempo ni amor que perder.
Ni quiero dar amor a todo el mundo.
Tengo trabajo, tengo pensamientos que escribir y un rabo húmedo sediento de amor verdadero.
Si crees en Cristo, besa su calzón ensangrentado amándolo y déjame en paz con todo ese puto amor mentiroso y facilón.
No necesito que se me ame si no puedo metérsela.
La vida es corta y hay poco amor y mucha mentira, mucho cobarde, mucho ignorante.
Esto es amor, el de verdad, sin pérdidas de tiempo.
Sin degeneraciones sensibleras.
Sin bendiciones de mierda.
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Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

666 relatos_01 def

Dios se arrodilla frente ante sus ángeles sin temor a que nadie castigue su lujuria babosa, como él condena y castiga.
Es razonable que mi fin único sea descuartizarlo; porque si algo es capaz de hacer una felación, es que puede ser troceado.
Él y sus creaciones.
Todas, hasta que solo quede yo.
Siempre sangriento: 666

Zhanna Friske

En Telegramas de Iconoclasta.

Araña

Teje tan bien la muerte…
Los micromundos son apasionantes, son hipnóticos.
Tanta perfección, con serenidad. Todo ese trabajo para matar, para cazar.
Pienso en que no he construido, que no he creado nada en lo que llevo viviendo. Y en lo que me queda, no lo haré.
Ya es tarde y la muerte está cerrando sus últimos hilos en torno a mí.
Tal vez son pequeños mundos imperceptibles para que no nos suicidemos por vergüenza de ver lo que no haremos jamás.
Mientras ella, la hacendosa asesina teje y caza, los humanos solo envidian y parasitan a otros como ellos.
Hay más inteligencia en una de las patas de la araña, que en cualquier gran ciudad del planeta.
No es una opinión, es un hecho.

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Yo es que de ingenuo no tengo nada, el niño no es feliz por el helado que lleva en las manos. Su gesto es la pura esencia de la lujuria.
Tal vez su mamá lo espera en casa para hacerlo un hombre de verdad.
No sé, a veces pienso cosas que podrían ser feas para los más comunes de la sociedad; pero bien miradas, son maravillosas. Un curso acelerado de mamadas por parte de mamá puede cambiar por completo el futuro de su hijo y así no hacer el idiota con un cucurucho por la calle.
Lo digo porque esa es más o menos mi sonrisa feliz para el sexo más sucio que ser humano pudiera imaginar. Solo que la mía es un poco más oscura que la de la figurita de la tienda de helados.
Mi madre no me hizo nunca una mamada, pero debería haberlo hecho.
Ni las madres son perfectas.
Mierda de planeta…