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¿Ves cómo haces tambalear mi realidad?
Mi mundo ya no son las líneas y perspectivas que creía conocer.
Observo la rampa, los muros, la casa en el centro de la convergencia…
Y no es arquitectura, ya no veo construcciones.
Los muros son tus muslos dioses, la rampa de asfalto es mi deseo, la casa es tu coño, tu sacrosanto coño.
Soy un pene lanzado a velocidad rota a ti por un camino de piel y carne.
Soy un pensamiento embrutecido buscando suaves líneas en tus pechos, el quebranto de un gemido en tus labios.
Soy un semen deslizándose por tu cuello, desde tu boca.
Ya no estoy donde creí estar, estoy donde tú ordenas. Donde tus piernas se separan obscenas en esa increíble y descarada voluptuosidad que me tiene esclavo de ti.
Donde estás presente en todas las perspectivas e intersecciones.
Eres la arquitectura más lujuriosa, el culo más hermoso de La Ciudad del Deseo.

 

Reflexiones redes 2 def

Cuando dejes de dar gracias a Dios por lo que has disfrutado gracias a ti mismo.
Cuando dejes de pedir perdón a Dios por tus errores y los que te han jodido de los demás.
Cuando dejes de rezar para combatir el miedo.
Entonces, y solo entonces, concluiré que al menos tienes cojones.
O que no eres tan sumamente idiota y servil como te tenía.
Hasta que no llegue ese momento, te seguiré soportando con medido desprecio y falsa admiración.
No me voy a pasar la vida peleando con crédulos pusilánimes, coño.
(Donde digo cojones, aplíquese ovarios, según convenga)

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En Realidades Truncadas.

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En Realidades Truncadas.

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El dependiente de la tienda dijo que es un detalle simpático en una habitación infantil este sol sonriente.
«No es para niños, es para mí. Tengo ideas.», le dije serio como el filo de una navaja.
Me sentí un tanto molesto por lo barato de la tontería y pagué con unas monedas.
Luego escribí sin alegría.

 

Pamela Anderson

En Telegramas de Iconoclasta.

La Constelación Lacrimosa
Hay una constelación en mi universo, de día y de noche siempre presente en mi horizonte.
Pequeñas luces que brillan más que un sol y perfilan tus labios en cielos claros y oscuros.
Siempre húmedos, siempre frescos.
Qué labios…
Y tu coño…
Como las lágrimas de rocío que sostienen los pétalos de las flores al amanecer, así brilla también tu piel en los íntimos muslos.
La Constelación Lacrimosa es nuestro universo sagrado y carnal, invisible a los otros, a los ajenos.
No hay tristeza en amarte, es solo un afán desesperado por tenerte toda, por poseerte, esclavizarte, ser tuyo, ser tu esclavo.
En todo tiempo, en todo lugar.
Quiero estar sometido a tu carne y mis uñas impías que desgarren tu ropa para llegar a las pieles más íntimas.
Lloran mis ojos como tus labios brillan y llora el ciego ojo de mi glande blancas lágrimas.
Contracciones de mi vientre salpicado de un semen que arde por ti.
Y desgarro mi propio pubis desesperado por penetrarte con dureza, con brutalidad; arrancándote gemidos oscuros y profundos como las simas insondables de los océanos.
Tan adentro, con tanta fuerza, que la reproducción no tiene cabida.
La Constelación Lacrimosa es mi luna llena de hombre-bestia enamorado.
Mi pene entumecido es un dolor de amor, es la condena de la humedad sin consuelo.
Lacrimosa marca el rumbo de amarte. Un viaje donde la tragedia de amar es el más bello de los dolores. A él nos sometemos con sonrisas de augustos: ríen tristes con ojos húmedos de ternura y deseo.
Es tragedia porque todo lo que deseamos, lo que soñamos, no es posible en esta galaxia. Está prohibido por una ley natural que los amantes nazcan cerca el uno del otro.
Pobres amantes dolientes, pobres nosotros, regidos por la Constelación Lacrimosa.
No somos conscientes que nos doblamos sobre nuestro estómago con cólicos de una melancolía que aplasta el alma.
Y sonreímos con tragedia mirando al cielo, a Lacrimosa.
Rogando piedad.
Por favor…
Ser exclusivos, ser uno del otro tiene un coste de un ansia que eterniza los segundos.
Un reloj de arena marca el tiempo con lágrimas y harina de sangre de corazón.
En nuestro cosmos, el dolor y la desesperación nos da trascendencia. Lo acunamos en nuestros brazos para demostrar que vale la pena vivir aunque sea tan solo compartiendo un mismo presente.
Camino y no me doy cuenta que mis labios en voz alta le dicen a Lacrimosa: Te amo, cielo.
Y al sentir mis propias palabras, siento la condena, la dulce condena de amarte en este cosmos de lágrimas y pasión.
Que Lacrimosa nos guíe con su húmedo brillo.
Que nos guíe en este océano de ansias.
Llegaré pronto, navego hacia a ti, cielo.

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Iconoclasta

 

Igualdad y justicia

La igualdad entre los individuos que pueblan el planeta no puede existir.
Ni yo la quisiera.
No jodas…
La igualdad no sería justicia, si no todo lo contrario: injustica, prevaricación, soborno, etc…
Los hay que somos bellos, inteligentes, fuertes y valientes.
Y el resto de la población (un 98 % siendo generoso) que no son bellos, inteligentes, fuertes y valientes. No se merecen ciertos privilegios, que de haber justicia, YO gozaría.
Lo único que tengo en común con la mediocre población humana, es que soy pobre.
Me pagan una mierda.
Me falta mucho dinero.
Asaz…
Y aún así, de mi pobreza y gracias a mi poderosa inteligencia, hago de ella algo digno. Con clase y elegancia.
Así que nada de igualdades de mierda. Ya hay demasiada.
Que cada cual se joda con lo que es.
Eso es justicia.
Y la democracia es el medio político para tener contentos a los que no son como YO: bellos, inteligentes, fuertes y valientes.
Hay una vieja canción con una refrescante, vivificante y alegre letra que dice: «Que se mueran los feos».
No quisiera decir tanto, sería misantrópico por mi parte; pero no puedo evitar tararearla mientras cojeo con elegancia y blasfemando por un mundo que quiere ser tan igualitario con todos, sin tener en consideración la ignorancia y la idiocia imperantes.
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

 

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Los caminos están bordeados por unas blancas líneas de polen.
Un derroche de vida.
El bosque alardea de su fertilidad.
Como yo alardearía en tu piel dejándo blancos rastros de semen entre tus muslos, en tus pechos, en tu boca, en tu cabello…
El bosque es mucho más sutil que yo, lo sé. Pero también sé que tu piel quiere la obscena brutalidad de la pasión.
Quien quiera puto polvo de ángel, que vaya al bosque.
Trazamos las curvas de nuestros cuerpos con húmeda lujuria.
A lo mejor, el bosque hace lo mismo: se corre en la tierra.
Aunque con otros materiales.
Y sin la locura de nuestra pasión.

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En Realidades Truncadas.