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Me espera una ardua tarea para conseguir que se acostumbre a leer en lugar de ver la tele. Probaré con que lea a Perrault, porque dice que a Kierkegaard lo lea mi madre o en su defecto, yo mismo.
Los gatos son tan indiferentemente filosóficos…
Esto es absurdo.

El arte de los esclavos

Es incluso infantil, y tan predecible la reacción de los humanos con los asuntos de dinero…
Tienen idéntico comportamiento y superficialidad los ricos y poderosos que los obreros más humildes.
Dale dinero y poder al analfabeto y tendrás un honoris causa en todo aquello que le salga del culo.
Lo cual quiere decir, y es un hecho, que el dinero no hace mejor a nadie. Solo lo hace envidiado mientras lo tiene, un respeto servil que forma parte del genoma humano como un gen defectuoso más.
Y así ocurre, que en el momento en el que se empieza a valorar el tiempo y el trabajo, cuando se ha de pagar algo remotamente justo al trabajador, el arte y la ornamentación pasan a ser cosas no necesarias.
Por eso hay edificios viejos que presentan estatuas, cornisas embellecidas, columnas decorativas, estucados artesanales que hoy día ya casi se desconoce su técnica, etc…
En cuanto el arte y la artesanía se dejó de pagar con hogazas de pan y vasitos de aceite rancio, el arte, sobre todo en la arquitectura se fue directamente al carajo.
Tras cada obra de arte y arquitectura, hay una ingente cantidad de esclavos y explotación humana.
Solo hay que tener memoria histórica para comprender la abundancia de arte y decoración en otros tiempos.
La gracia está en la opresión de los pobres. En cuanto los pobres piden dinero por trabajar, el arte desaparece de las vías públicas.
Otra cosa parecida al asunto de los perros de dos patas que usaba la aristocracia y los funcionarios de élite de gobiernos tiránicos en cualquier país, que aún está vigente. Tiene un buen y exacto reflejo en la película Los santos inocentes, de Mario Camus, 1984; basada en la novela de Miguel Delibes. Paco (magnífico Alfredo Landa) es el perro del señor del cortijo, un perro en toda regla, que hasta con una pata rota, sigue las presas de su amo y lame su mano. Consigue revolver las tripas a cualquiera.
Magnífica película, un diez sobre diez.
Hay que decir, que la humanidad es un conjunto de seres serviles y cobardes, que se adaptan pronto a la miseria para convertirla en su «cómoda» y «tranquila» forma de vida. La imaginación y las inquietudes de libertad tienen un índice demográfico deprimentemente bajo.
Aunque poco ha cambiado esta explotación. Solo ha cambiado su orientación de artística, a consumista y tecnológica. En lugar de crear estucados y capiteles decorativos en los edificios, los perros de los poderosos montan teléfonos móviles o celulares en Asia y cosen ropa para prestigiosas casas de moda.
Más de lo mismo, no les pagan con arroz o tortitas, pero les dan el equivalente en dinero para que no puedan comprar carne.
A mí no me afecta, me parieron en esta mierda de sociedad y mantengo una sana indiferencia, un justo pago a la misma que sienten por mí en los malos momentos. Cada perro se rasca su oreja.
Pero no voy a ser un subnormal ciudadano que cree que vive en una maravillosa sociedad y que dice que no todo está tan mal.
Prefiero ser malo, ser detestable que un repugnante hipócrita o fariseo de tiempos modernos que alega que no todo está tan mal porque le da la vuelta al contacto de su coche de mierda, y éste arranca.
Idiotas los han habido en todas las épocas y a medida que avance la ciencia médica, habrán más. Desde el momento en que empezaron a morir menos niños al nacer todo se estropeó. Porque no hay león que se alimente de ellos.
Compro esclavitud, como si fuera un ricacho de mierda de viejos tiempos. Quien no lo quiera ver, que se arranque los ojos; pero sobre todo, el cerebro, porque no le sirve de nada más que para sonreír como un imbécil.
Me gustan las viejas fachadas de los esclavistas.
Buen sexo.

 

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Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

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«La Pantera Rosa en compras rosadas».
Es el título de un episodio que he protagonizado al ir a comprar al súper. No es que yo sea una pantera rosa, que nadie se ría listillamente. Es que mi vida a veces es tan surrealista, que no sé si fumarme el filtro del cigarro o usarlo de aderezo en la ensalada.
De lo más ñoño, daban ganas de vomitar de ver un cielo tan rosa; es como una sobredosis de azúcar en un diabético.
Si es que por una cosa o por otra estoy viviendo en un mundo de caricatura, no jodas.
Lo del seseo, viene porque cuando veía los episodios de la Pantera Rosa, los títulos eran anunciados en español latino. Y así, cuando pienso en la dichosa Pantera Rosa (que me encanta y encantaba) no puedo desligarme de ese acento que le daba una peculiaridad entrañable.
Lo que me preocupa es mi salud mental: he dejado las bolsas de la compra en el suelo para hacer la foto, pero es que no podía guardarme este momento de pesadilla «asucarada». Alguien tiene que saber de mi infierno interior y exterior.
Horrible..
Solo me falta caer en lo más bajo y comprarme una barba de algodón en una feria. Eso no ocurrirá a menos que esté drogado o perfectamente alzehímico.

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Sobre la durabilidad de la estulticia, en Realidades Truncadas.

Reflexiones redes 0 def

La erección no es tan simple como un mero deseo sexual o reproductor en los peores casos.
Se puede dar por una buena justicia (una buena muerte o castigo a quien se detesta).
En fin, esas pequeñas cosas de la vida que hacen mi pene lustroso con desinhibido desenfado.

Depósito Iphone feb 2016

Está fuera de tiempo y también de lugar, no cabe en ningún sitio ya.

Se degrada en torno a un mundo colorido, estúpidamente indolente e ignorante de su propia futilidad.

Hay multitud de seres respirando, de cosas ocupando espacio; pero no quiere decir que sean necesarios. Hay errores a todos los niveles, los cósmicos, cosmogónicos y humanos.

Unos piensan en viejos tiempos; pero yo pienso en el presente, en cómo acabar con tanta banalidad, con el miedo pornográfico que los borregos tienen a la libertad y sus palabras.

El depósito ferroviario, no es «vintage», es una bofetada contra los rostros de los palurdos sin cerebro, incapaces de trascender más allá de su vaso de vino, de un condón regalado.

No penséis en el depósito vacío como en la metáfora de los testículos secos, no seáis tan fáciles. Tan previsibles como el propio tren en su camino.

Estoy aquí, nací para explicaros y recordaros que sin vosotros, caterva de mediocres, el mundo seguirá igual, no mejorará porque vuestra presencia no afecta ni para bien, ni para mal. Tal vez, el aire tendrá un aroma más agradable.

El depósito de la estación de los recuerdos ha queda prisionero en un tiempo tal, que si tuviera vida, su salida sería el suicidio. Y el suicidio es cada vez una puerta más dorada, más prometedora…

Fue creado para almacenar agua y se ha convertido en un monumento a la decrepitud.

Es hermoso que sea así, que sirva de mortificación a los innecesarios respirantes. Que dure tantos años deteriorándose, que los estúpidos al mirarlo, se sientan como él vacío de agua.

Ellos vacíos de importancia alguna.

¿Entendéis ahora porque se empeño Cristo-leyenda en ser crucificado?

Quiso ser también un monumento a lo que se degrada y muere sin que ocurra nada.

No había Padre, ni Hijo, ni Espíritu paloma o cordero. Solo el deseo vehemente por hacer
vomitar de miedo al dolor a los idiotas.

Y demostrar con su fracasada e imposible resurrección, que tras una vida de mierda, no hay premios ni castigos, solo la nada.
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

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Con un dedo, cualquiera. Si es que las poses no engañan a nadie.
De cualquier forma y para recuperar algo de dignidad (la mía tras la tontería), se puede probar a soportar un tatuaje de siete horas a ver qué pasa cuando llegan las agujas al codo y a la muñeca. Se hace en esos momentos apetecible la limpieza y rapidez de un simple tajo.
Y aún así, en las cosas más simples está el verdadero dolor: la uña arrancada del dedo corazón de la mano puso a prueba mi umbral del dolor. Benditos sean todos los analgésicos del mundo.

Una bola de cristal

Hoy ha amanecido nevando, y aunque la nieve se deshacía al tocar el suelo, sentía estar dentro de una bola de cristal.

Y las golondrinas, las primeras que han llegado, gritaban con tremenda algarabía, muy enfadadas ellas, que si llegan a saberlo, se traen la bufanda de sus regiones cálidas.

Te lo hubiera dicho tomando el café de la mañana y que rieras para quedarme prendido de tus labios durante eones de tiempo y distancia, entre el humo del tabaco, ante tu presencia impactante.

Por extraño que pudiera parecer, me da paz tu presencia, soñarte. Porque eres donde y cuando debería estar.

Es extraño porque en verdad me agitas, me excitas, me provocas.

Solo que ahora, escribiendo, soy la consciente desolación de que es una farsa de mi imaginación (las golondrinas no, te juro que estaban muy, muy cabreadas). Acepto con tristeza la imposibilidad de la escena. No te podía hablar de las golondrinas. Solo veo los copos caer deshaciéndose en melancolía, ahora que anochece, ahora que las palabras que nunca se pronunciaron empiezan a morir ya tristes, abatidas. Cansadas.

Una imagen que no ocurrió, como en las películas donde el protagonista consigue su fin y está dichoso; para enseñarnos luego, que en realidad ha muerto. Y su cadáver yace triste…

Y así, la mañana se ha hecho deliciosamente triste y trágica amándote.

Hay un vacío enorme en la silla que deberías haber ocupado. Las palabras durante todo el día han dado vueltas golpeándose contra las paredes sin saber quién las ha pronunciado, adónde deben ir.

Y tal vez sea verdad que estoy en una bola de cristal, donde nadie puede entrar, ni yo puedo salir.

Solo soy el triste adorno polvoriento en un anaquel.
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Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

«El animal que yo llevo dentro, no me ha dejado nunca ser feliz,
me roba todo, hasta el café,
me vuelve esclavo de mis pasiones.»

 

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A veces le pongo un espejo en el hocico para asegurarme que no me dieron un gato tamagochi disecado.