
¿Y si los escritores somos seres malditos condenados a padecer emociones, que siendo absurdas padecemos? Emociones que dejan de existir cuando cierras la pluma y el cuaderno.

¿Y si los escritores somos seres malditos condenados a padecer emociones, que siendo absurdas padecemos? Emociones que dejan de existir cuando cierras la pluma y el cuaderno.

«Si no vivimos como pensamos, pronto comenzaremos a pensar como vivimos» (Fulton Sheen).
Pues mi gata me lo decía siempre con marcada ironía. Hay que ser muy ingenuo para pensar que en esta bazófica civilización te van a permitir vivir según tus deseos. Vivirás exactamente como puedas con lo que te dejen.
Cita positivista de vendelibros for dummys, como los plomos Cohello o Bucay.
Más mierda para aplacar la esclavitud y frustración de vivir esclavo y soportando legiones de imbéciles.

Me pregunto si el hielo puede llegar a tener la misma frialdad que yo cuando olvido. Cuando deshecho cosas y tiempos que aborrezco.
Ocurrieron cosas que observo ya como el sueño de otro. Como si fueran tan intrascendentes como la colilla que tiré al suelo no sé cuando, no sé donde.
También tengo calidez, lo sé; pero llegará un día que me encontraré en un páramo de cosas heladas que no conseguiré reconocer. No es triste, solo anoto.
No tengo otra cosa que hacer.

Si esta noche muero, no pasará absolutamente nada. No habrá un túnel y al final una luz que me lleve a otro lugar. Solo alguna pena, algún pesar de algún amigo si se entera.
Eso imagino. Y si no es así, no importa, la muerte te libera de sentimentalismos inútiles, hay quien se plantea que pasará, que sentirán los demás, que si lo recordarán.
Cuando la muerte es la absoluta liberación, cuando mueres o decides morir, puedes dejar encima de una mesa las fotos de tus órganos genitales y masturbaciones con absoluta tranquilidad. Que las vea quien quiera como epitafio.
Me gusta…
No resulta tan dramático morir, miles lo hacen cada día.
Es simplemente algo cotidiano.
La mía será una muerte pequeñita, que apenas dará que hablar. Hay muertes mucho más importantes, como la de mi padre.
Lo mío será poca cosa, algo suave…
Es que el sueño ya no me da descanso, debo necesitar algo más fuerte.

Ramas tenaces que se enmarañan para detener la luz, como si no quisieran esperar aburridas a que la primavera las vista de nuevo.
¿Por qué deberíamos asentir serviles a las leyes aunque sean naturales?
Somos iguales: desnudos, sin apenas defensa. Ni amo ni dios, escupimos al cielo.

Ellos no saben lo muy muertos, lo muy podridos que están hasta que el viento los parte como paja seca.
Medio podrido ya, no me partiré ignorante, no me sorprenderá morir.
Fumaré mientras llega la muerte y los latidos se apagan.
A cada paso que doy soy consciente de la fibra que se rompe.
A cada segundo soy consciente de que ya queda menos.
Pobres árboles indignos que parecen vivos y están tan podridos.
Imitan la humana cobardía.

-Si supieras dibujar, ¿qué dibujarías?
-Mi miedo, mis sueños inquietantes. La luz que no me deja distinguir si vivo o muero.
– ¿No lo has intentado nunca?
-No. No quiero sentir la frustración de no ser sueño.
-Es difícil ser tú.
-No. Siempre es fácil estar donde no quieres si no mientes diciendo que estás en el mejor lugar. No hay buenos lugares. No hay elección, no hay dificultad.
– ¿Qué lugar te gustaría?
-Donde pudiera ver a Dios arrancarse los ojos de dolor.

Si hubiera otra vida tras la muerte, sería lo peor que pudiera ocurrir. Posiblemente, los muertos mirarían la tierra como su «cielo» inalcanzable en una eterna frustración.
Y una mierda, no pienso vivir más estupideces. Me paso por el forro de los huevos resurrecciones y metempsicosis.

Solo soy un trozo de carne.
No deja aún de sorprenderme, como toda esa masa orgánica es capaz de generar pensamiento.
Es difícil de entender cuando en la sección de carniceria del súper veo trozos como yo colgados de ganchos.
A veces siento mirar otra cosa ajena a todo pensamiento y acabo pensando en el precio de un bistec.