
A la oruga, a la asquerosa, devoradora y urticante oruga no le gusta el frío. Menos mal de su inmovilidad y muerte. Si se moviera podría pensar que no soy tan fuerte como creo.
La muerte no admite discusión y a veces aporta sorprendentes consuelos.
El invierno es imbatible. Nada puede contra él.
En las tardes de los domingos convierte las calles en cementerios con nichos iluminados.
El invierno arrasa el ánimo de los humanos en sus últimas horas de libertad y hace unas calles bella y desoladoramente vacías.
Es curioso como el desánimo de los demás es mi placer y salgo a pasear como si el vacío fuera mi íntimo amigo.
También ocurre al revés, demasiadas veces, en las que el placer de la humanidad es mi desdicha; pero ahora no importa, en este banco helado, en este paseo congelado por el frío y la soledad, sonrío yo. El mundo es mío.
Cuando eres perdedor profesional, los pequeños placeres se convierten en sangrientas victorias.
Ahí va la sonrisa herida por un final feliz que no tendré.
¡Ja…!
Ahora que no te pueden quemar porque aquellos puercos curas murieron.
Ahora que aquellas serpientes venenosas con biblias sucias entre sus manos y pontificados enfermos de avaricia arden en un caldero lleno de mierda, bésale las nalgas al diablo.
Si existiera.
Bendice tus deseos y maldice la triste letanía de los hombres simples que con comer les basta y se dan por bien pagados.
Bendice tu amor por ti mismo y maldice la humildad del fracasado que quiere ser ejemplo de virtud de mierda. Lanza una piedra al rostro del virtuoso que ha buscado consuelo en la humildad más indigna para hacer de su fracaso, cobardía e inutilidad, un santurrón e hipócrita ejemplo de bien.
Que sangre ese ciudadano-becerro que cree en leyes y no se la mete por el culo a su esposa.
Escupe a la cara del hombre que dice ser casto y bondad pura por ser padre. Una bestia castrada que eternizará la banalidad en sus hijos. Los padres de la bondad son demasiado tontos para hacer otras cosa.
Sodomiza el culo del diablo, si tuvieras el privilegio de encontrarlo. Y escupe en tu glande para que no duela el duro esfínter que penetras. No el del diablo, el que duele es el de la humanidad que no has podido disfrutar, siempre atado, siempre entre ratas y hormigón putrefacto, presidentes de vecinos, de empresas y del gobierno. Mierda para todas sus putas vidas. Sus anos son dolorosos y costosos de penetrar.
Costrosos de mierda y sangre seca.
Entre ellos y por ellos te has convertido en el anodino ser que eres.
Vende tu alma, si tienes, al diablo. Y si te concede un deseo, pídele que tus males sean el doble para todos los demás.
Tírate un pedo y honra la desinhibición del hombre, honra al diablo. Métela en el oscuro y dilatado coño de la puta, págale cuando acabes lanzándole los billetes a la cara y apártala de ti con un empujón, como si fuera mierda. Sal de la sucia habitación sin decirle adiós. Porque es cosa y está en venta.
Como tú… Sois iguales aunque os jodan por otros agujeros, por otros medios.
Como hacen contigo, como han hecho. Sé igual y que el diablo te asista, que el diablo te ayude. Porque los dioses son solo deficientes mentales babeando en sus paraísos de mierda.
Envía a tus hijos a jugar al borde de la carretera para follarte a tu esposa en una intimidad obscena. Y metérsela bien adentro, tan profundamente, que se olvide que sus hijos pueden morir aplastados si no son listos. Como en épocas atávicas los devorarían los lobos o los dientes de sable.
Dime que eres viejo y no te la pone dura unos pechos rebosando por el escote. Mejor te la cortas en rodajas, beato.
Bésale al culo al diablo, porque lo demás, no ha servido para nada.
Porque la vida es el desfile de la mediocridad sonriente, de la excretora cobardía.
De la hipocresía tan evidente, que insulta la inteligencia de los pocos que la tienen.
Bésaselo, bésale el culo al diablo y escupe en los códigos, en las tradiciones y las patrias todas.
La bondad solo es posible si con bondad se paga.
¡Vamos! Bésale el culo, cobarde.
Soy un dechado de imperfecciones que no tienen tiempo ni paciencia para convertirse en mediocres perfecciones.
Soy lo que la lluvia no puede arrastrar: una capa de tristeza que no se degrada, no se diluye.
Soy fuel en el agua del ánimo.
Cristo el charlatán no pudo redimirme, no sirvieron de nada aquellos latigazos y escupitajos que ofrendaron al loco.
Solo sé que soy lo que no tiene arreglo, la miseria que la muerte se llevará en estado puro.
Soy la imperfección incontaminada.
La más perfecta imperfección.
Parece contradictorio; pero ¿qué no lo es?
La evolución ha de ser rápida, porque o aprenden a nadar para cuando crece el río o se transforman en algas.
Ellos tranquilos, solo dicen «cua-cua».
Como las libertinas gallinas de Jericó que aprendieron a nadar para chingarse a los patos…
Estoy a un paso de entrar en la dimensión desconocida.
Tiri-riri, tiri-riri…