Archivos de la categoría ‘Absurdo’

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Como yo…
¿Y quién no lo está?
Seas ángel, bestia o diablo, hay cientos de razones por las que tener cicatrices.
Por desintegrarse a lo largo de la vida.
La eternidad es condena atroz.
Morir y descansar.
No ver cuán roto estás…
Rotura y decepción…

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Me espera una ardua tarea para conseguir que se acostumbre a leer en lugar de ver la tele. Probaré con que lea a Perrault, porque dice que a Kierkegaard lo lea mi madre o en su defecto, yo mismo.
Los gatos son tan indiferentemente filosóficos…
Esto es absurdo.

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Con un dedo, cualquiera. Si es que las poses no engañan a nadie.
De cualquier forma y para recuperar algo de dignidad (la mía tras la tontería), se puede probar a soportar un tatuaje de siete horas a ver qué pasa cuando llegan las agujas al codo y a la muñeca. Se hace en esos momentos apetecible la limpieza y rapidez de un simple tajo.
Y aún así, en las cosas más simples está el verdadero dolor: la uña arrancada del dedo corazón de la mano puso a prueba mi umbral del dolor. Benditos sean todos los analgésicos del mundo.

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El ferrocarril y yo somos parecidos, funcionamos a lo largo del tiempo sin alardes cibernéticos. Solo acero insensible, o tendones y nervios enterrados en la carne que lo parecen: férreos y ajenos a lo humano.
El próximo cambio de agujas se presiente oscuro como boca de lobo.

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Es una trampa, cuanto más pienso más ajeno soy a mí. Como si viera otra cosa, como si fuera peor de lo que creía ser.
Y dudo de mi existencia, creo ser el sueño de alguien, solo una invención.
Es mejor dormir, soñar. Porque concluir sobre mi mismo, no tiene un final feliz.
Pienso, luego me desintegro.

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Impúdica, territorial, bruta…
Blasfema.
Solo es necesaria la fuerza, la pasión y una innata y desinhibida tosquedad.
Es la deliciosa violencia del sexo.

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En días como hoy hay seres tristes que lloran la imposibilidad de abrazar y besar a quien aman.
Y en días como hoy los hay que despiertan con una sonrisa en el rostro, ilusionados, felices. Expectantes de lo que les ofrezca un día de enamorados.
Es normal padecer o gozar las celebraciones tradicionales cuando se tiene una fuerte dependencia del ritual social. Cuando crecer y acumular experiencia no ha servido de nada, cuando el pensamiento no tiene relieve alguno. La esclavitud mental está tan insertada en el tejido neuronal, que nadie se da cuenta que la padece.
Cuando se es libre, cuando eres ajeno al ritual, no existen días especiales.
Amas, deseas y odias igual todos los días. De la misma forma que el que fue un hijo de puta en vida, lo es en el recuerdo ahora que está muerto.
La muerte y los santos días, no tienen nada que cambiar en mi pensamiento.
Puedo elegir cuando odiar o amar independientemente de los calendarios.
Y de una forma casi aleatoria, el día de navidad podría ser el de la mamada, el de la resurrección de mi perra muerta.
El domingo de ramos sería un día masturbador, porque al fin y al cabo, hay cierto mimetismo en golpear el palmón contra el suelo y el movimiento cadencioso y vertical de mi puño en mi rabo.
Y de la misma forma, por mimetismo o por simple y voluntaria maldad desinhibida, san valentín es un buen día para arrancar a alguien el corazón y meter tierra en el agujero que he dejado en su pecho.
La libertad es extraña para los demás, nunca se practica como alguien espera.
Caín cansado y aburrido decide reventar el cráneo del mezquino Abel, el que le lame el culo a Dios y yo me fumo un cigarro observando el mal simulado orgasmo de una zorra en un video porno que lanza chorros de orina con gritos de cerda degollada.
Me parece bien, podría ver noticias o un documental; pero la versión que me dan del mundo es más sórdida y sucia que la orina que la actriz-puta salpica entre sus muslos abiertos y los indecentes y gruesos labios de su coño.
Me gusta tanto la indecencia… Sobre todo la del pensamiento me apasiona.
Y evoco clítoris duros, resbaladizos, la lengua sintiéndolo, el inolvidable momento en el que emerge terso y los vientres que se sacuden con un orgasmo incontrolable.
Como los sesos de Abel escurriéndose del cráneo que Dios creó.
Detengo el puto video, me calzo las botas y salgo a ver las nubes entre las montañas; absolutamente alejado de cualquier pauta cívica y social, para concluir por el camino, que san valentín es un día tan bueno como cualquier otro para que alguien muera.
Sinceramente, algún derrame o infarto que ya no recuerdo, debí padecer en algún momento; porque el asunto empático es inexistente en mi cerebro.
Me coloco los auriculares y escucho a los rolling cantar al diablo y su simpatía y sé que toda la humanidad está equivocada y hace las cosas mal. Porque hoy es el día más indiferente y falto de emoción.
Y digo como siempre, cuando he de poner las cosas en su sitio y buen lugar: el amor es un sentimiento que nace directamente en los cojones.
Escupo la colilla, enciendo otro cigarro y llueve.
Me gusta y sonrío, un poco torcidamente, al fin y al cabo siento rencor hacia tantas cosas y seres, que el cariño parece un insulto a mi inteligencia.
Sería perfecto que un rayo fulminara una de esas grandes torres eléctricas de alta tensión y espero un rato por si ocurriera.
Si tuviera alas como un ángel, no volaría, las extendería para resguardar y proteger mi espacio, para que nadie se acercara demasiado y me rozara.
Escondería cuchillas de afeitar entre las blancas plumas.
Es hermosa la plástica de la sangre sobre las plumas blancas, no existe nada más hermoso.
Me apetece un café.

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Iconoclasta

La humanidad corre rápida, no se detiene.
Yo no tengo humanidad no me hace correr nadie (unas manos amadas, sí; pero es sexual). Los veo llegar y alejarse pensando si se arrastrarán igual de rápidos cuando les amputen las piernas. Si su mecanismo funcionará igual que el de un robot roto.
No es maldad, simple curiosidad.

A medio hacer

¡Ey, padre! Tú estás muerto, ambos lo sabemos; pero ¿qué pasa conmigo?
¿Soy un zombi?
No sé si soy muerto o vivo.
Te fuiste pronto y dejaste cosas por acabar: a mí.
Quiero tener una posición ciertamente definida en la vida o en la muerte, si pudiera ser.
Porque me da la impresión de que soy solo medio hijo, cosa que no te hace medio padre, entiéndeme, no quiero ser ofensivo, reprochón.
Soy una mitad que dios se dejó por acabar.
¿Es eso? No me digas que dios existe, porque tendríamos un serio altercado tú y yo.
Hay cosas muertas en mí, y sin embargo sonrío. ¿Debería, padre?
Porque a veces tengo unas locas de llorar y me da miedo verme en el espejo reír y gemir.
Y frotarme los brazos que están gélidos de algún mortis rigor.
No es locura, solo es que no sé si ir al cementerio o a follar.
Tengo dudas, padre.
Soy hombre inquieto.
No busqué herencia, pero podrías haberte ahorrado dejar cierto legado de cierto gen tumoroso en mí. Así dicho, parece gracioso.
Y lo es, padre inquieto que tuviste tanta prisa en marchar.
Es gracioso que yo ahora te tenga que enseñar cosas de la vida que tú no viste.
Digo que vendí una parte de mí al diablo a cambio de cierta libertad.
¿Estás orgulloso en que invertí lo que hiciste?
No es reproche, es que a veces, cuando el viento hace hablar a los árboles, parece que estás entre el rumor de sus ramas y hojas. Y quiero estar contigo.
Cuando los árboles rugen, siento la sensación de que no me quieren ahí, no quieren a nadie medio muerto. Temo que quieran acabar el trabajo, porque las cosas a medio hacer no tienen futuro entre lo nemoroso.
Insectación del alma: come orugas peludas.
Se me ha ocurrido de pasada, hay un nido de orugas caído en el camino y no he resistido la tentación de pisarlo.
Es como si tuviera orugas comiendo mi humanidad, dejando grandes agujeros de nada.
Tal vez el viento pasa a través de ellos y siento que soy estiércol. No sé…
Ser algo medio vivo no es optimista.
Pudiera ser jocoso; pero si existieras, deberías abrazarme ahora que solo el viento nos ve.
No es broma.
Llegué a ser bueno con los cables, para llegar a ser habitualmente cruel con palabras que hieren las buenos sentimientos.
El tejido negro de lo que hay muerto en mí, se extiende más allá de piel, carne, cartílago y hueso.
Es razonable que a veces sea oscuro yo también.
Tú tienes tu pequeña responsabilidad; porque he de reconocer haber perfeccionado lo medio vivo y lo medio muerto.
Tu hijo te quiere y no recuerda un día sin pensarte.
¿Te das cuenta de lo que hiciste conmigo? Tu testimonio de vida.
A lo mejor, al morir tú, morí un poco yo también.
En tal caso, olvida mi divagar. Te exonero de esa pequeña responsabilidad.
Ya te he dicho que soy habitualmente cruel, habitualmente extraño.
Es tiempo de carnaval, todos piensan que mi disfraz es bueno.
Hasta pronto papa, sigo muriendo por aquí un rato.
Nos vemos pronto.

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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

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-Yo de usted no comería esos champiñones, y menos así, crudos-díjome el excursionista listillo y asesor.

No le hice ni caso, qué envidiosa es la peña.
Y qué buenos los hongos.