Archivos de la categoría ‘Amor cabrón’

El dolor del agua

¿Le duele al agua romperse?
¿Le duele como a mí no metértela?
Si el agua es vida debería tener alguna fibra nerviosa que le diera dolor cuando se fragmenta contra las piedras.
Igual que a mí me duele caminar.
Siento pena por ella como la siento por mí. Porque nos rompemos buscando el mar y yo buscándote a ti.
Y hasta que ella llega al mar y yo a ti, nos hemos descompuesto tantas veces…
Pero el agua es mucha y yo soy poca cantidad.
Nací para perder esta batalla. No es fatalismo, es la auténtica realidad de la experiencia del dolor de amar.
Es una acuosa tragedia.
No hay esperanza ya. Lo siento en todas las moléculas de mi masa. No te podré follar, aferrar rudamente tu coño y sentir pulsar tu placer en mis dedos crispados de afán obsceno. O decirte que te amo acariciando con reverencia tu rostro, besándote los labios.
Me evaporaré antes de llegar, seré nada.
Estoy sometido a las leyes de de la dinámica de fluidos.
El agua del río no tendrá siempre un compañero de dolor. Soy limitado, soy poca cosa para tantas piedras, recodos, torbellinos y desbordamientos.
Apenas puedo sentir que soy algo que corre veloz, que se transporta lo poco que queda de sí mismo hacia tu piel.
Hay estatuas de sal, yo soy agua que merma.
Mierda, mi amor, lo siento.
Lo siento y me duele…
Así, mi amor, si llueve eleva las manos al cielo y que se mojen. Refresca con ella tus labios y la cara más íntima de tus muslos, por si alguna doliente partícula de mí fuera parte de esa lluvia.
El planeta y sus leyes no tienen piedad conmigo. Y un dolor cubre otro dolor en cada recodo, en cada rápido, en cada salto. Soy un estrato de la puta pena.
Del puto deseo imposible.
Si lloviera, deja que de alguna forma llegue y entre en ti; es mi único sueño y tu única esperanza de sentir el amor más profundo y extraño que una cosa o ser te pueda ofrecer.
Hay tanto río y yo soy tan poca agua…
Es descorazonador, cielo.
Ojalá Dios fuera agua y se rompiera millones y trillones de veces. Que rugiera de divino dolor.
No quisiera que ese creador de infamias quedara impune. Quiero que Dios muera como yo.
No llegar a ti me hace agua venenosa, un agua preñada de una ira asesina.
Quiero devolver daño a Dios y al planeta por lo que nos hacen, por el final que han dispuesto. Mi evaporación será digna en hostilidad, rencor y amor.
El viento me ha robado un jirón de vapor de amor.
Que llegue a ti.
Por favor…

 

f4b59-ic6662bfirma
Iconoclasta

12888505_10209345290930295_8110416399708957353_o

Si yo que soy un Dios, a veces me canso; entiendo perfectamente la confusión de ese dios mierdoso que tiene el ojo en un triángulo y está en un cielo estúpido. Ése que cometió la indecencia de dejar su coño tan lejos; y sin embargo, tan metido en mi cerebro. Porque su coño es la vía para penetrar en ella, toda.
Yahveh se debería haber jubilado en el séptimo de su creación caprichosa e inútil.
El sexo tiene un enigma metafísico cuando pretende ir más allá del tejido humano.
Ese dios cansado y holgazán hace las cosas mal y yo debo arreglarlas con obscenos pensamientos que rebasan los límites carnales y morales.
Y salpica el semen frío y solitario un rostro divino y un ojo ciego que todo no lo ve.

IMG_2856

«Hoy ha amanecido lloviendo, como yo entre tus manos…»
Me ha dicho. Y la erección ha sido casi dolorosa.
Continúa lloviendo y no puedo quitar sus palabras de mi básico cerebro.
La erección es como un paraguas cerrado, que cargas peso pero no alivia.
Me follaría las nubes que ocultan su coño.

Hermosos dolores

Hermoso dolor, primer acto:

«Dueles..
Aquí
Aquí
Y
Aquí… »
Hermoso dolor, segundo acto:

El bruto no sabe si llorar de imposibles añoranzas o danzar de dicha. Se limita a balbucear cosas inconexas de labios secos, de brazos vacíos y un pene que sufre espasmos de ansiedad por ella.
Hermoso dolor, tercer acto:

«… Gracias por las dosis de veneno de vida…»
Hermoso dolor, cuarto acto:

Él sale a las montañas, con los últimos rayos de sol del día. Y corta una flor que le dedica.
Pero no le dice que le hubiera gustado que la flor sangrara, que la flor sufriera el dolor que ellos gozan. No le ha dicho que hubiera deseado que fuera un sacrificio cruento en honor a su diosa. Un pacto de amor con sangre y dolor.
No quiere añadir al dolor locura.
Hermoso dolor, enésimo acto:

La muerte los observa con ternura.
(El primer y tercer actos son autoría de una hermosa doliente, no podrían ser míos esos hermosos dolores, carezco de su arte y sensibilidad. Ni este poema sin sus dolores.)
ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

12916929_10209369104245613_2419863386810930341_o

El río es como su coño. Sus orillas sus muslos. Profundos ambos en la espesura, en la frondosidad.
Has de observarlos con cuidado, oculto y hambriento.
Y es entonces cuando te haces tronco. Inevitablemente.
Carne y corteza, coño y río.
Invisible y palpitante río, acechado por el pornógrafo tronco.
Somos secretos y espías.

12888505_10209345290930295_8110416399708957353_o

Te leo y siento que las llamas me devoran. Fumo y no sé si expulso el humo o mi alma que prendes fuego.
De cómo las palabras arden, de cómo tu piel es una cuenta atrás para la ignición, la mía.
De cómo eres sol y tierra.

Reflexiones redes 2 def

No contestes, no hables.
No sueltes el teléfono.
No es una llamada obscena, es una venganza a tu sensualidad, al placer que me inspiras, a la animalidad a la que me abocas.
No te toques aunque te diga que tengo tus braguitas negras dando vueltas entre mis dedos. Que mi pene siente espasmos ante la proximidad de la suave y transparente blonda que tantas veces ha empapado tu coño.
No te permito que acaricies tus pezones, no quiero que uses tu mano libre para dar consuelo a la humedad que empiezas a derramar, a la dureza implacable de tus pezones que se marcan sobre la suave tela que los cubre.
Solo quiero oír tu gemido desesperado, impaciente porque sabes que estoy envolviendo mi bálano con tu braguita, que ciño con fuerza la tela, que descubro mi glande y se marca entre el pérfido dibujo que en otros momentos a dejado de manifiesto la voluptuosidad de los labios de tu coño, que los he besado a través de la blonda con el dulce sabor de tu flujo.
Me conviertes en un perro sediento. Me sometes.
No hables, escucha. La humedad viscosa de mi glande parece literalmente deshacer la tela que cubría tu coño. La tela que yo despegaba y que arrastraba filamentos de deseo de entre tus labios henchidos y hambrientos.
¡Te he dicho que no te toques! Es una venganza por lo que te deseo, por hacerme descender a lo más profundo del animal que soy.
Separa tus muslos, quiero hablarle a la mujer obscena que hace de mí una red de venas que trabajan exclusivamente para ella, para llevar la sangre necesaria al miembro que parece reventar.
Sé perfectamente de como se forma la viscosidad entre tus labios, como se ha endurecido el clítoris. Sí, cielo, te permito gemir; pero no te toques.
Te lo prohíbo, maldita.
Maldita amada.
Maldita bella.
Maldita lujuria.
Como te amo, te odio, te deseo…
No estás ahora aquí para besar el glande cubierto con algo de ti; pero te ordeno que beses la tela que cubre mi desesperación, que escupas en ella, que poses tus labios y yo te invada la boca furioso.
¡No hables, no te toques!
Ahora el glande parece querer abrirse paso entre los dibujos de la tela, hay mortificación en mi sensible carne.
Si vieras como mi vientre se contrae ante la proximidad del orgasmo…
¿Me oyes gemir? No es solo placer, hay un dolor por tu ausencia, porque no estás.
Es la paja más triste… ¿Me sientes?
Es la masturbación más desesperada.
Te prohíbo que te toques. El semen empieza a brotar, como una marea blanca aparece entre los poros de la tela. Extendiéndose, haciéndola invisible.
¿Te imaginas mi corrida desesperada? La tela ya no la siento, me pasa como con tu coño, no distingo donde empieza mi piel o la tuya.
¿Has escuchado mi ronquido? Mi pene sufre espasmos escupiendo el esperma que debería estar en tu sexo, entre tus dedos, en tu boca…
Sí, preciosa, quiero esos perfectos y tallados labios jadeando, es mi venganza. Es el castigo a tu sensualidad implacable.
Desde aquí, mamo tu coño. Te lo juro por el semen que ha empapado tu braguita.
El placer solo es comparable a la tristeza de que no sea en tu sexo donde ahora suelte mis últimas gotas.
No te toques, gime, sufre; pero no te toques.
Ahora acaricio mis testículos, como tú lo haces, con suavidad, dando paz a todo esto que siento por ti; recuperando, ascendiendo a la cordura poco a poco desde lo profundo a lo que me has llevado.
Ahora ya solo puedo decirte que te amo, que me faltas a cada instante, que me llevas a mundos que no hubiera pensado.
Mundo de fetichismo y blonda…
Que observo tus braguitas empapadas de mi semen y siento ganas de llorar.
Y las froto en mi vientre.
No digas nada, calla.
Sufre, maldita amada, maldita hermosa, maldita mujer adorada.
Beso tu coño, muerdo tus pezones.
Buenas noches, adorada mía.

ic666 firma
Iconoclasta

12898226_10209304220263554_3804634300199457813_o

Hay tantos colores en tan poco espacio, que echo de menos los tonos de tu piel, la húmeda y brillante monocromía de tu coño.
Tu piel me da sosiego, eres mi refugio en el planeta.
Hay rincones casi idílicos en su variedad cromática; pero no consiguen eclipsar la suave monocromía de tu piel.
No necesito lugares saturados, acuarelas de ensueño.
No soy pintor, no soy nada. Solo una mirada profunda y hambrienta.
Tú observas la sorprendente anarquía de los colores y yo te abrazo desde atrás con las manos entre tus muslos, cubriendo mis ojos con tu cabello.
Colores y deseo…
Amarte me hace extraño al mundo.

Golpeador copy

¿No lo sientes? Son mis golpes desesperados.

Ojalá te dolieran.

Golpeo con paranoia la dimensión que me separa de ti.

Debería temblar el universo.

Mis pies resbalan en un charco húmedo que mana de mi puto pene y los golpes pierden efectividad. Y mi cerebro parece no entenderlo, porque sigo destrozando cada hueso de las manos.

Me duelen tanto, cielo…

Me duele tanto ahí abajo…

Baja la sangre en torrente, con cada puñetazo en la barrera invisible del deseo. La que me hace mierda, la que me hace feroz.

El corazón no duele ya, el dolor es ira, ansia, desesperación…

No me queda alma, solo la violencia desatada del deseo.

Los puñetazos en la invisible frontera, el dolor de mis genitales sin consuelo; ese es el universo al que me has llevado.

Me duelen, me duelen, me duelen…

Por favor…

Mis manos rotas ni consuelo pueden darme. Soy una bestia encelada, atrapada en la dimensión desesperada.

En tu puta dimensión.

¿Por qué existes? ¿Por qué? ¡Cómo me dueles!

Entre mis piernas hay una presión que las manos golpeadoras ya no pueden gestionar.

¿No te das cuenta que soy solo un hombre?

No deberías existir, es la única forma de que deje de destrozarme.

Pero… ¿Dónde está el hombre? Aquello que era antes de que existieras.

Mi bálano no reconoce las manos rotas del golpeador.

Golpeo la distancia, el tiempo, al creador y mi rostro desencajado.

Soy el golpeador silencioso. Un mimo en un infierno que nadie mira, de cuerdas vocales sangrantes.

Soy las manos rotas del deseo, que no pueden contener la sangre que me llena, que me expande, que me desespera.

¿Y si soy peligroso? ¿Y si todo este deseo por tenerte, por fundir tu piel con la mía, es un riesgo para ti?

Soy malo, porque no podría considerar tu seguridad. Solo queda en mí animalidad.

Tal vez debería morir con las manos rotas, con las venas del pene reventadas mezclando semen y sangre. Un infarto lujurioso.

Me da miedo que se rompiera la invisible dimensión y pudiera empalarte con mi carne doliente.

No sé si podría protegerte de mí.

Golpeo y me duele tanto ahí abajo…

Atenazaría tu coño con mi mano crispada mordiéndote los labios. Te haría pagar esta desesperación.

Yo golpeador, te amo, yo golpeador te deseo.

Salvarte no podría.

Me duele tanto ahí abajo…

No puedo más.

Y las manos, ya no existen, son muñones inútiles en la dimensión de la fascinación a la que me has abocado.

Soy un golpeador atrapado en universo de nadie, en la invisible frontera que marca tu piel.

Me dueles tanto…
f4b59-ic6662bfirma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

En términos generales

Siempre la he odiado, siento asco por esa expresión «en términos generales».
Se equivocaron desde el mismo instante que salí del coño de mi madre. No soy algo habitual.
En términos generales, pretenden aniquilar al individuo y sus creaciones para que la humanidad lo usurpe. Porque esa masa de carne es incapaz de crear, solo se alimenta, parasita a los individuos su libertad de pensar y su absoluta intimidad.
Nada es obra de la humanidad. Su única obra es una espantosa mentira, una repugnante hipocresía que se llama historia. Fracasos y envidias tejidas a más fracasos y envidias.
Un pensamiento humano que no lo es, solo es un rumor confuso de miles de animales parlantes; una granja de gallinas o sucias pocilgas con barros formados por orina y excremento.
Y tú brillas entre toda miseria, combates la náusea, trazas una brecha en el espejo de los idiotas con una mirada, con apenas un palabra.
En términos generales, la esclavitud se ha asentado profundamente en la cadena de ADN humana, tanto es así que los esclavos no tienen conciencia de serlo.
Porque en términos generales tiene más importancia el día de una independencia patriótica que el cumpleaños de uno mismo.
Se celebra la victoria de un equipo deportivo de tarados con la misma alegría y euforia que se celebra la vida de la puta madre que los parió a todos.
Así que jugando a su propio juego, a los términos generales, te diré que la patria me la paso por el culo. Que te amo por encima de cualquier territorio del planeta, de cualquier cultura y estamento social.
Te amo de forma absoluta, todo es sacrificable por ti.
En términos generales, tus gemidos de placer se imponen a las voces de los que mueren por hambre y enfermedad.
Soy el rostro que borra la sonrisa idiota de la humanidad.
En términos generales, no doy limosna, no soy solidario. Porque necesito el dinero para vestirte con lencería de puta e irrumpir en ti como si lo fueras. Hacer una pagana y pornógrafa adoración de tu cuerpo.
En términos generales, no me interesan las estadísticas de muerte o nacimientos. Mi vida no varía con los muertos o los vivos, mi pensamiento permanece inalterable como las órbitas de milenarios cometas, viajo en el tiempo a tu alrededor regando el cosmos con el semen que me vacías.
Se entiende que un cometa sea precursor de vida.
En términos generales, me importa nada saber lo que muere y lo que respira si no es para enterrar o sacrificar.
Son innecesarios, estorbos en mi camino hacia ti.
El esperma que se escurre de tu sexo llueve sobre la humana faz.
El latido de mi glande henchido de sangre se impone al del corazón de millones de seres.
Amándote me erigiré en lo más despreciable y degenerado del planeta.
Y en términos generales, se acariciarán los genitales en la oscuridad deseando ser como yo.
Deseándote a ti con una lágrima de pasión mortificante, al lado de la que no quieren que dormita vulgar a su lado.
En términos generales, solo importamos tú y yo.
En términos generales, puedo decirte que podría correrme ante el dolor de la guerra, la miseria de la pobreza y la desesperación de la enfermedad con solo entrar en tu mente.
Generalizando, tu coño es mi refugio y mi paz. Tu pensamiento, el mío.
Así como hay una marcada frontera entre dios, humanidad y yo. Entre tu pensamiento y el mío, pasa como con las pieles. No sé cual es tuya o es mía.
Soy impermeable a todo aquello que no eres tú. Algo que se escapa a los términos generales.
No quiero, generalizando, ser un buen hombre. Con tenerte me importa poco que me consideren bestia.
Me importa nada lo general.
Solo quiero la exclusividad contigo.
En términos generales, hay tanta gente filantrópica, que estoy seguro que se hubieran ofrecido ellos a ser crucificados para salvar a un cristo. Mierda…
Dijéramos, que a grandes rasgos, afirmo que nadie se mataría por un nazareno; no nací ayer. Soy milenario como las piedras, nací con toda la sabiduría necesaria para combatirlo todo, para encontrarte a ti.
Yo me mataría por ti y crucificaría un mesías en tu honor. Limpiaría mis manos de su sangre en sus sagrados calzones observando tus muslos manchados del húmedo brillo del deseo.
¿Te parezco temible? Porque sin generalizar, lo soy. Es mi volición.
Frente a ti meto la mano en la bragueta del pantalón acariciándome obsceno.
Deja que me ría torcidamente, porque pienso en términos generales, que todo es una farsa y tú no eres de barro como todo lo que me rodea y piso. Eres mi anclaje a la vida, mi firme y pétreo sostén en un lugar que me aboca al hastío, al precipicio que crea en la carne la cuchilla corta-arterias.
Generalizando, no importan los llantos y las alegrías de ellos, los otros, los ajenos.
Solo tú escapas a cualquier término general.
Soy una impúdica excepción, se equivocaron desde el momento en que nací.

f4b59-ic6662bfirma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.