Archivos de la categoría ‘fotografía’

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Hay momentos en que no sabes como llenar los brazos ansiosos y vacíos de ella.
Te encuentras en esa zona purgatoria del amor y el odio indiscriminado.
Un animal en celo y hostil.
Bestias enamoradas, psicópatas románticos…
Están locos los que aman, son peligrosos.

 

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Después de tanta vida me resumo en un café, un cigarro, una foto y una estilográfica que no cesa. Hemorrágica…
El hombre-cosa soy yo.
Pensar tiene consecuencias.
Y está bien.

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Un día seré un sello caro y todos los frikis filatélicos, mujeres que me han ignorado y hombres envidiosos se arrepentirán de no haberme comprado a tiempo.
Soy inversión, una vengativa y rencorosa inversión.
Hay momentos en los que el absurdo es preferible a charlar del tiempo y la lluvia; éste es uno de ellos.

 

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Y aquí una muestra de las piedras que habitan el río. Obsérvese con admiración la cantidad y variedad: las hay grandes y menos grandes y pequeñas y menos pequeñas. Y en medio de toda esa riqueza mineral, un pececillo espera fumando a que lleguen las próximas lluvias charlando con un canto rodado menos grande.
Precioso.

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Es que tengo un maldito diablo en el cuerpo que tira de mis ojos y me condena a no cerrarlos nunca. Y lo malo no es la sequedad ocular o no poder dormir. Lo malo es que me obliga a verlo todo con un trillón de megapixels de definición.
Me preocupa también que me obligue a golpearme los genitales con un cucharón (carezco de crucifijos), me aterra especialmente.
Eso y llevarme el cigarro a la boca por el extremo encendido.

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Yo le digo que solo un poco más, solo hay dos kilómetros hasta donde las nubes hacen obscenas caricias a las montañas.
Y el tumor se revuelve en la tibia y me dice que si quiero pornografía, en internet hay a patadas.
Solo un poco más…
Y la rodilla parece flaquear ante la lejanía que enfoco. Clavo el bastón con determinación en el suelo y la rodilla de goma, intenta hacerse rígida preparándose para el paseo.
Ha valido la pena caminar. Al final, mi amigo el cáncer y mi querida y quejumbrosa rodilla, se han relajado entre las nubes y la fina lluvia que serenaba dolores en una soledad inmensa.
Después, ya en casa, nos hemos dado un festín de ibuprofeno y un poquito de dulce morfina para deleitarnos.
Ver la belleza, rodearse de ella, siempre exige un pago en dolor.
Hubo un tiempo que no hubiera tenido que pagar; pero me jodo y sonrío derrotado.

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Sigues el camino que forman la vías esperando llegar a algún lado.
Y no te das cuenta que forma una flecha que apunta a la dilución.
Y no piensas que los cuerpos no son de acero.
Solo sueñas con un destino que te has empeñado en idealizar.
No caigas en la trampa, no quieras llegar, desvíate del mortal trazado.
Cuando llegas, ya no estás…
Caminamos deshaciéndonos sin darnos cuenta apenas. Como el suave filo de una cuchilla entra en la piel, indoloramente.

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El cartel dice: Pesca controlada. Sin muerte.
Vaya… Es decir, se permite hacerles mucho daño a los peces; pero no matarlos.
Un par de cosas:
1. Supongo que hay ingenuos que puedan creer que si llegara a pescar una buena carpa, la iba a dejar libre con el paladar hecho mierda por el anzuelo tras cinco horas de esperar aburrido con mi caña.
2. Seamos serios, si el pez que has capturado no te lo llevas a casa, seguramente va a morir de una infección por las heridas del anzuelo.
Y si no, que pruebe un pescador elegido al azar a morder un anzuelo y luego darse un baño feliz en el río.
Si es que hay que explicarlo todo, coño.
Mierda.

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Si yo fuera niño, pensaría que si me quedo por aquí un rato, me voy a encontrar un trenecito de juguete.
Parece que la señal diga: «Dejad que los niños vengan a mí, que tengo un trenecito de juguete para ellos».
No es serio. Esta manía de endulzarlo todo con facilonas y populares metáforas habrá causado más de un disgusto. A mí no, carezco de complejos de infantilismo o síndrome imbécil de Peter Pan.
Sería mejor dibujar un cuerpo humano partido en dos sobre dos líneas que serían las vías del tren.
No sé si alguna vez fui niño, no tengo archivos de ello en mi cerebro; pero esa señal es prácticamente una clara invitación al suicidio involuntario.
Cosa que me hace estar largo tiempo observando a ver si ocurre algo morboso o sórdido, es como ir al cine.

creadora

¿Te das cuenta?
Eres la negación de Dios.
Cuando te parieron se hizo pedazos el Dios que fabricaron.
Tú eres el cuerpo creador todopoderoso.
De tu coño nace el mundo.
Tú creaste el universo, el mundo que habito.
Dios tiene unas bragas húmedas y yo comulgo en tu boca y en tu coño.