Archivos de la categoría ‘fotografía’

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No soy caótico, no soy indescifrable o aleatorio. Soy de una deprimente sencillez.
Todas mis ideas y emociones tienen un patrón lógico en el tiempo y el espacio para ser separadas, diseccionadas, amputadas o incineradas con precisión.
Soy un tipo fácil con una vida demasiado breve para entenderme, para desentrañarme.
Una vez conseguí extraer limpiamente una maderita; pero era la del dolor; la volví a colocar en su lugar con un gemido.
A ver si tengo tiempo para liberar la de la risa… Me parece verla en lo profundo de las putas entrañas de mi simplicidad.
Si creyera en la resurrección y si los ataúdes tuvieran luz interior…
Misterios como la luz del refrigerador: no hay forma de estar seguro si se apaga o queda encendida al cerrar la puerta.
Qué astuta…

 

dos-cabezas

Soy un dragón de dos cabezas.
Una incinera a los humanos y sus obras.
La otra se mira a sí misma en un espejo cada mañana, con odio; por lo que no es ni podrá ser.
Y no soy un dragón.
Soy más de lo mismo: un vulgar que escribe demasiado, incapaz de no denigrarse él mismo.

la-suerte-del-irlandes

Mi hijo me regaló un recuerdo de Irlanda: La suerte del irlandés.
Pero ese pequeño borracho con chistera y sonrisa de mofletes ebrios no me da un solo pedazo de oro.
Supongo que luce su olla de oro para decirme: «Jamás tendrás mi suerte».
Puede que parezca gracioso.
Y puede que un día lo decapite y borre su sonrisa de borracho afable y simpaticote.
Ya que no tengo suerte, me entretengo en pervertir la gracia y la simpatía de los listillos afortunados y demás tradiciones de mierda.
Llamadme envidioso si queréis. Como si me queréis llamar Eduarda.
Suerte no tengo, pero ira… la sudo a chorros.

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Dicen que los viejos roqueros nunca mueren. Me gustaría creerlo, algo de magia no puede hacer daño.
Pero está muerto, con una congelada y eterna sonrisa.
Y es un poco triste, estoy seguro de que era un buen tipo.
¿Y si no sabe que está muerto?
Mejor no le digo la verdad. La verdad siempre es tóxica.
Él y yo nos conformamos con mentiras.
Los viejos locos nunca mueren; me temo que es el mismo caso de los roqueros. No me preocupa, incluso siento una destructiva curiosidad por lo confortable de mi ataúd.

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Encuentras una piedra diferente y la guardas sin saber porque, dudando de tu integridad mental.
La observas y ves un forma indefinida, curiosa. Decides limpiarla de esa capa lisa y negruzca a ver que pasa.
Y tras desgastar el martillo durante unos días, unas horas; te encuentras con una caprichosa forma.
El planeta es juguetón y travieso.
Me gusta.
Es bueno ser generoso con el tiempo y perderlo descubriendo secretos sin utilidad.

 

la-senda-de-las-aranas

Es un bonito camino de telarañas.
Una exposición tramposa de las muy vanidosas arañas.
La versión sedosa, tramposa y peligrosa del caminito de baldosas amarillas del mago de Oz.
Yo sería presa si en lugar de telarañas, tu ropa interior formara el caminito del mago.
Da igual si es el campo o la Vía Láctea, apareces en todas partes.
Eres mi tentación y mi sueño en todo momento, en todo lugar.

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He tenido una revelación: Dios es un semáforo, está en todas partes y todo lo ve.
Lo oculto se disfraza de obvio.
El muy astuto…
En rojo: no jodáis.
En verde: joded.
En ámbar: breve momento de tolerancia a la homosexualidad.
Mi representación terrenal es más compleja: yo sería un monolito duro, erecto y relleno de leche condensada.
Los dioses somos caprichosos.

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No lo conseguirá, no me conmoverá con su ladina mirada gatuna. No me hará sentir culpable por desayunar.
Acaba de comer su ración de carne, un poco de leche y el pienso que se ha comido por pura gula. No conseguirá arrebatarme también mi salami.
Por mucho que parezca un gracioso gatito, es un chantajista profesional.

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Champiñón para quince comensales, con relleno (más que probable) de Super Mario y caparazones de tortuga.
Mi universo es cada vez más absurdo.
Tengo escalofríos…

un-trozo-de-otono

He robado un trozo de otoño.
Impunemente.
Con alevosía, con determinación mis ojos lo han captado.
Y me lo he llevado tatuado en las pupilas, es mío.
Es mi nebulosa y sedoso trozo de paz.
No habrá otro momento igual y observo mi trofeo con un café y el humo de un cigarro que me hace entrecerrar los ojos.
Y piensas que a veces vale la pena estar.
Ser.
Es bueno engañarse en algún momento.
Apago el cigarro y me froto los ojos. Es tarde y no sé para qué.
Se acabó la paz, se esfumó el trofeo.