Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

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A veces es necesario observarse. Acostumbrarse a uno mismo.
A todo eso que quería y creía ser y que no soy.
Y también ir eligiendo la foto que me gustaría que luciera mi tumba o nicho.
La montaña y su exceso de vida resta importancia al fracaso y a la muerte.

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En principio era una máscara de rojos labios de mujer y ojos cercados por purpurina dorada. De piel blanca de geisha.
Pero toda esa delicadeza y sofisticación no cuadra con lo que sé de la vida.
Compré acrílica negra y reparé el error.
Ha perdido en belleza; pero la contundencia de la verdad me da paz.
La belleza maquilla la mentira.
No puedo engañarme a mí mismo, no en mi guarida.

 

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Las primeras nubes de un otoño aún no nato tienen una perfecta nitidez y una sólida grisentería. Es la deliciosa melancolía que hace importante e intensa la vida. Densa y palpable.
No es bueno morir en otoño, te pierdes lo mejor.
No mueras en otoño, me digo, me ruego.
Son el cortejo fúnebre de las alegrías (sus cadáveres) de un verano muerto y su ardor insoportable y sórdido.
Y está bien, son hermosas las cruentas plañideras vestidas de blanco sudario y gris llanto deslizándose en el cielo.
Les acompaña una luz límpida que anhelaba hace tiempo y relaja mis ojos duros y secos.
El silencio de las emociones muertas es un coro de hojas secas, de hojas agónicas zarandeadas por la brisa, pisadas con tranquilidad, como si no les doliera; una alfombra de luminosos amarillos y nostálgicos marrones que se hace tupida por momentos, hasta cubrir los zapatos.
Hasta cubrir los marchitos recuerdos.
Y así, con el color de la pureza y el plomo, y el silencio de un coro quebradizo; se forma el colosal e imparable espectáculo de las altas tristezas y lo que murió hace apenas unos días, unos minutos, unos segundos…
Es una gota lo que ha caído del cielo en mis ojos, no es la lágrima por las emociones muertas, no es un llanto plañidero.
El cortejo fúnebre no llueve demasiado, solo entristece un exceso de alegría que ya degeneraba a la banalidad.
Y miras al cielo con los ojos cerrados gozando de la caricia de la melancolía.
Y da paz.
No mueras en otoño…
ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta

 

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Yo sí me chupo el dedo; pero que nadie se engañe con psicologías de feria.
No evoco infancia, no hay ingenuidad en mí. Solo un deseo atroz, obsceno y sucio por meter mis manos y mi lengua en lo más profundo de sus muslos y obligarla a que me ahogue en ellos.
Pienso en ella y en su coño, no hay más lecturas.
Soy simple y brutal.

 

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Como si se sintieran liberados de la presencia humana vacacional, estallan de color azul a principios de septiembre; para oscurecerse a finales.
El bosque y sus colores… Y yo tan monocromático…
Tal vez no haya ningún lugar del planeta en el que me pueda integrar.
Estoy fuera de lugar y tiempo. Un forastero hasta morir.
Y me gusta.

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Las 11:30 subiendo montaña con 34º C gravitando en mi alma y hombros.
Ni los golpes de calor pueden conmigo.
Mala hierba nunca muere; pero no pierdo la esperanza.

Draco Agosto 2007. Canon Powershot

A principios de agosto ha muerto mi amigo Draco.
De un cáncer cabrón, de una vejez imparable, incurable…
Ahora el mundo es peor sin él.
Todo empeora por momentos.
El mundo se ha hecho inconsolablemente más sórdido.
Cuando me toque morir seré feliz: no tendré que asistir a muertes de seres queridos.
Hasta nunca jamás, amigo.
Qué mierda…

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La humanidad es la cosa inacabada de algo o alguien torpe o perezoso.
Negligente y malo como un cáncer.
Necesito creer que alguien es responsable de mí.
Que alguien me golpea y empuja a lugares y momentos que no deseo, a pesar de todas mis fuerzas.
Y la ira hace de mi corazón una bomba inestable.
No encaja que sea yo mismo mi propia responsabilidad, porque si alguien o algo no me jodiera continuamente, estaría metido entre tus piernas, con lengua y polla.
Porque te deseo aquí y ahora, no en un improbable futuro o irrecuperable pasado. El amor solo existe en el presente, no en el pasado no en un improbable e inexistente futuro. No hay cadáveres de amor ni profecías que se cumplirán.
Aquí y ahora… Pero alguien me zarandea, me sacude lejos de ti.
Algún puerco obstaculiza mi libertad y me obliga a aspirar aires viciados de pulmones humanos que no quiero, que odio, que detesto con todas mis fuerzas.
No soy responsable pues, de mí mismo.
Soy una bestia bruta luchando contra un ejército formado de excrementos que respiran.
Algún hijo de puta tarado hace las cosas mal conmigo.
Soy absolutamente irresponsable de lo que padezco.
Soy un pene embrutecido sin miedo a mutilarse en una carrera suicida a tu coño.

 

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Caminamos solitarios entre el límite de la serenidad y el fragor. Él y yo somos ajenos, extraños a lo que nos rodea. No buscamos lo que no hay. Tan solo sorteamos lo que no queremos.

Agosto 2016. Naturaleza muerta Fuji

Esto es una auténtica naturaleza muerta, literal.
Toda esa rigidez…
Todo ese sol implacable incinerando todo lo que fue y lo que pudo ser.
Yo seré una naturaleza muerta algún día, no hay drama.
Solo tomo nota, constato con cierta tristeza.

Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant,