Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

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Sin pretenderlo, el planeta me regala instantes de grandiosas soledades.
A veces, muy pocas, tengo suerte.

«Una y otra vez la lluvia caerá
como lágrimas de una estrella.
Una y otra vez la lluvia dirá
cuán frágiles somos.»

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No es fácil sudar sin sufrir un ataque de ira. Al fin y al cabo soy un conjunto de circuitos que se sobrecargan sin la refrigeración de los labios deseados.
Los cuatro.

 

Muertes grandes y pequeñas. Iphone. Enero 2016.

Hace años, en un pueblo de Teruel, tomé una tibia humana de un osario de un cementerio en ruinas. Era increíblemente ligera…
Me fascina observar los huesos vacíos de cualquier carne, de cualquier vida.
Pensar que una vez sintieron…
Ser o no ser no es la cuestión, la teatral cuestión.
La verdadera pregunta es si valió la pena tanta esclavitud para ganar nada; para ser un hueso sin vida en las manos de un escritor.
No hay premios para los muertos, por muy buenos que fueron cuando sus huesos tenían carne.

201607301830. Guitart. Fuji.Terneras muertas

La verdad es más digna para mí.
Son animales muertos, animales que tienen como destino ser despedazados para alimentar al ganado humano de las grandes ciudades-granja del planeta.
A mí me gusta la carne, no tengo objeción a ello; pero no me voy a quedar con la imagen santurrona y bucólica. Soy demasiado inteligente, lo sé todo ya.
Puedo ver y admirar la belleza aunque esté muerta, aunque esté a punto de morir.
No crecerán mucho más, no se harán viejas en libertad.
Serán descuartizadas hermosas y jóvenes.
No es demasiado dramático; al fin y al cabo, no hace mucho se montó una gran industria del jabón y botones con los despojos de los judíos de los campos de concentración nazi.
Animales que alimentan y visten a otros animales…
No hay solución.
Solo respiro aliviado, porque ellas no saben, no se preocupan de lo que ocurrirá.
Les he dicho en voz alta: «Sois muy guapas».
La única verdad, indiscutible.

La única que puede pronunciarse sin hacer daño.
Me han respuesto con una mirada sin interés.
No esperaba otra cosa, la ingenuidad la uso como papel higiénico.
Pero son hermosas…

La luz de la tormenta. 201607221330. Fuji

No hay error, aunque no pudiera ver el cielo, la luz me diría que es hora de tormenta.
Es especial y la luz del caos impregna el ánimo de libertad y desasosiego primitivo.
La luz que acalla los sonidos creando expectación.
Luego vendrán las primeras gotas de agua que pondrán duros mis pezones por el contraste de la piel recalentada por el calor.
Luego el olor a tierra mojada, a pavimento evaporando miseria.
Y querré llegar a casa mojado para frotar mi piel contra la de ella, en celo, como una bestia acosada por los rayos.
Tomar posesión de su coño con la tormenta como banda sonora del deseo.
En efecto…
Caen las primeras gotas y cierro los ojos para observarla a través de la lluvia. Soñar que estará en casa y la follaré sin control.
Abro los ojos a la luz y la lluvia. No tengo prisa, no importa mojarse, soy sumergible y antichoc, como un reloj suizo.
La luz de tormenta provoca una deliciosa locura.

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Sillas y mesas vacías.
Si imagino el mundo entero así, entiendo la existencia del paraíso.
Está bien, falta ella; pero yo estaré poco tiempo.
A veces la realidad de la muerte se complementa maravillosamente con paraísos y otras sutilezas.

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El maravilloso anuncio de una negra muerte.
Me gusta pensar que mi final será apocalíptico y no tan mediocre como ha sido mi vida.
Mierda, pensar me denigra.

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¿Ves cómo haces tambalear mi realidad?
Mi mundo ya no son las líneas y perspectivas que creía conocer.
Observo la rampa, los muros, la casa en el centro de la convergencia…
Y no es arquitectura, ya no veo construcciones.
Los muros son tus muslos dioses, la rampa de asfalto es mi deseo, la casa es tu coño, tu sacrosanto coño.
Soy un pene lanzado a velocidad rota a ti por un camino de piel y carne.
Soy un pensamiento embrutecido buscando suaves líneas en tus pechos, el quebranto de un gemido en tus labios.
Soy un semen deslizándose por tu cuello, desde tu boca.
Ya no estoy donde creí estar, estoy donde tú ordenas. Donde tus piernas se separan obscenas en esa increíble y descarada voluptuosidad que me tiene esclavo de ti.
Donde estás presente en todas las perspectivas e intersecciones.
Eres la arquitectura más lujuriosa, el culo más hermoso de La Ciudad del Deseo.

 

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Los caminos están bordeados por unas blancas líneas de polen.
Un derroche de vida.
El bosque alardea de su fertilidad.
Como yo alardearía en tu piel dejándo blancos rastros de semen entre tus muslos, en tus pechos, en tu boca, en tu cabello…
El bosque es mucho más sutil que yo, lo sé. Pero también sé que tu piel quiere la obscena brutalidad de la pasión.
Quien quiera puto polvo de ángel, que vaya al bosque.
Trazamos las curvas de nuestros cuerpos con húmeda lujuria.
A lo mejor, el bosque hace lo mismo: se corre en la tierra.
Aunque con otros materiales.
Y sin la locura de nuestra pasión.