
Después de tanta vida me resumo en un café, un cigarro, una foto y una estilográfica que no cesa. Hemorrágica…
El hombre-cosa soy yo.
Pensar tiene consecuencias.
Y está bien.

Después de tanta vida me resumo en un café, un cigarro, una foto y una estilográfica que no cesa. Hemorrágica…
El hombre-cosa soy yo.
Pensar tiene consecuencias.
Y está bien.

Yo le digo que solo un poco más, solo hay dos kilómetros hasta donde las nubes hacen obscenas caricias a las montañas.
Y el tumor se revuelve en la tibia y me dice que si quiero pornografía, en internet hay a patadas.
Solo un poco más…
Y la rodilla parece flaquear ante la lejanía que enfoco. Clavo el bastón con determinación en el suelo y la rodilla de goma, intenta hacerse rígida preparándose para el paseo.
Ha valido la pena caminar. Al final, mi amigo el cáncer y mi querida y quejumbrosa rodilla, se han relajado entre las nubes y la fina lluvia que serenaba dolores en una soledad inmensa.
Después, ya en casa, nos hemos dado un festín de ibuprofeno y un poquito de dulce morfina para deleitarnos.
Ver la belleza, rodearse de ella, siempre exige un pago en dolor.
Hubo un tiempo que no hubiera tenido que pagar; pero me jodo y sonrío derrotado.

Sigues el camino que forman la vías esperando llegar a algún lado.
Y no te das cuenta que forma una flecha que apunta a la dilución.
Y no piensas que los cuerpos no son de acero.
Solo sueñas con un destino que te has empeñado en idealizar.
No caigas en la trampa, no quieras llegar, desvíate del mortal trazado.
Cuando llegas, ya no estás…
Caminamos deshaciéndonos sin darnos cuenta apenas. Como el suave filo de una cuchilla entra en la piel, indoloramente.

No tengo lo que quiero. No estoy donde debiera.
¿Cómo puedo reparar el error que soy?
No es cuestión de espacio, ni cuestión de tiempo.
Es un problema dimensional.
El amor es la dimensión perdida, ignota.
Ahora lo sé.
Es la dimensión hermosa y trágica que pervierte, desfigura y hace espejismo de las dimensiones táctiles que rigen el cuerpo y el entorno.
Los brazos vacíos de ti demuestran que eres mi dimensión absoluta. Porque abrazo el aire que tú deberías ocupar y siento la dicha de la calidez de tu piel.
Y la pena de un vacío que me dobla al instante siguiente de ser consciente de que solo es aire lo que templa mi alma.
Mi semen es un condensado de pena y frustración cuando me aferro al pene con la ira de no tenerte.
Y otras veces mi semen brota alegre, blanco y lleno de vida. Cuando dices que me amas con tus pechos obscenamente endurecidos por esos descarados pezones.
Ahora, en este instante es deshecho de miserias, errores e imposibilidades.
No sabía que pudiera correrme con un llanto desesperado. Mis dedos gotean una miasma de la tristeza.
No lo supe hasta que te encontré hermosa, imponente… Hiciste un demente de mí con dos palabras.
¿Entiendes por qué amar es tragedia?
No podemos fundirnos el uno con el otro como se funde el pensamiento.
La parte física es un problema irresoluble.
Y miro a mi alrededor con la boca sucia del vómito que produce la náusea vertiginosa al retornar de tu dimensión y todo es desconocido.
Desconcertante en su falta de color y sonido, en el frío que cala el alma y la hace de piedra.
Eres tú la dimensión que me falta para ser completo en todo momento. Eres tú la que lo llena todo de color y luz, de formas indefinidas y apasionantes.
Rompes la vulgaridad y mi tristeza.
No tiene sentido en las dimensiones vulgares abrazar el aire, que mis labios formen un beso que cae al suelo hecho añicos sin llegar a ningún lado. Y sin embargo, son cosas que cometo sin pudor.
Por eso creen que estoy loco. Sin embargo, ellos no saben, no sufren la dimensionalidad del amor trágico. Tus pechos obvios, tu cuerpo rotundo, tus manos en mi pene pulsante… Son precisas y concretas ondulaciones en mi dimensionalidad, en la nuestra.
Ellos no saben, no ven, no sienten.
Y no estoy loco porque reconozco la inmensa tristeza de no tenerte.

Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

¿Te das cuenta?
Eres la negación de Dios.
Cuando te parieron se hizo pedazos el Dios que fabricaron.
Tú eres el cuerpo creador todopoderoso.
De tu coño nace el mundo.
Tú creaste el universo, el mundo que habito.
Dios tiene unas bragas húmedas y yo comulgo en tu boca y en tu coño.

Dicen que los viejos roqueros nunca mueren. Me gustaría creerlo, algo de magia no puede hacer daño.
Pero está muerto, con una congelada y eterna sonrisa.
Y es un poco triste, estoy seguro de que era un buen tipo.
¿Y si no sabe que está muerto?
Mejor no le digo la verdad. La verdad siempre es tóxica.
Él y yo nos conformamos con mentiras.
Los viejos locos nunca mueren; me temo que es el mismo caso de los roqueros. No me preocupa, incluso siento una destructiva curiosidad por lo confortable de mi ataúd.

Es un bonito camino de telarañas.
Una exposición tramposa de las muy vanidosas arañas.
La versión sedosa, tramposa y peligrosa del caminito de baldosas amarillas del mago de Oz.
Yo sería presa si en lugar de telarañas, tu ropa interior formara el caminito del mago.
Da igual si es el campo o la Vía Láctea, apareces en todas partes.
Eres mi tentación y mi sueño en todo momento, en todo lugar.

He robado un trozo de otoño.
Impunemente.
Con alevosía, con determinación mis ojos lo han captado.
Y me lo he llevado tatuado en las pupilas, es mío.
Es mi nebulosa y sedoso trozo de paz.
No habrá otro momento igual y observo mi trofeo con un café y el humo de un cigarro que me hace entrecerrar los ojos.
Y piensas que a veces vale la pena estar.
Ser.
Es bueno engañarse en algún momento.
Apago el cigarro y me froto los ojos. Es tarde y no sé para qué.
Se acabó la paz, se esfumó el trofeo.

Cuando han pasado las falsas y banales alegrías y euforias, luce el planeta con absoluta intensidad.
Como si los colores pudieran acariciarse. O apuñalarlos.
Cuando el verano es derrotado, mi pensamiento se hace denso y crezco. Lo noto en mis pies; pisan fuerte.
Densidad… Todo parece más pesado; sin embargo, los detalles son bordes suaves que acarician mis pupilas.
Hay una lucha entre el sol y las nubes que hace correr coraje por mis venas.
Como si yo pudiera…
Como si pudiera ser luz y desintegrarme en la lucha planetaria.
Tener un fin.

No sé como decirlo suave y educadamente.
Es que tengo prisa, imagina que me muero y me quedo con este ansia durante todo el infierno o eternidad.
La cuestión es que me la pones dura.
La insoportable conjunción de tu rostro, tus palabras, tus tetas y tu coño dios, me provoca una dolorosa y viscosa erección.
Filamentos densos penden de mis dedos cuando me toco pensando en ti.
No sé si me explico. Si he sido suficientemente claro.
Y basta ya de prolegómenos, es tarde.