Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

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En Realidades Truncadas.

Un premio de vista def

Subes y duele.
El dolor cansa.
El cansancio te hace hostil.
Blasfemas con cada paso y la sonrisa no existe.
El sudor escalda los ojos.
Y el brazo duele de clavar el bastón en el suelo.
Llegas y obtienes el premio. Lo exiges enmarcado porque has dejado un rastro de lamentos en el ascenso.
Desciendes con el premio bajo el brazo, no hay alegría.
Solo un orgullo que solo servirá para dejar un digno cadáver.
Vomitas y enciendes un cigarro para que el humo cubra la fetidez de tu paladar seco.
Y concluyes que a pesar de todo, tienes suerte.
Y rompes el premio, porque al final, no ha salido retratado el coraje y los latidos acelerados del corazón.
O el sonido de los pulmones intentando acaparar todo el aire que puedan para, de alguna manera, asfixiar dolor y vergüenza.
Mañana más, como un Sísifo del dolor y el cansancio.

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Les sientan bien a las calles la lluvia. Resalta la vejez y la miseria del tiempo.
En cambio, a los humanos les da la prestancia de animales sin refugio.
Otra cosa es la humedad que hace brillar sus muslos, eso sí que es tener clase y carisma y erectarme todo.
No tengo arreglo. ¿Qué tiene que ver su coño con las viejas calles?
Me gusta divagar y volver a ella.

Incontinencia irresoluble

Somos problemas que nadie quiere resolver.
¡Oh…! Otra vez… Siento que se me va el alma entre el semen que brota sin fuerza, como las palabras de los que agonizan.
Tengo cosas que no hacer, tengo un amor desesperante oprimiendo mi corazón y un hambre que me vacía el cerebro. Soy atraído por las nubes y el frío me hace arder.
Y no sé si pienso o cometo actos.
Demasiados pensamientos…
Soy confusión.
Y estoy sometido al caos.
Tengo el glande tan húmedo que es un esfuerzo no meter la mano en la bragueta y acariciarlo, aquí en medio de todos, ante todos.
Tengo miedo de morir porque dicen que nos convertimos en gases que pululan entre los vivos, restos indefinidos que no viven, solo flotan como un deshecho en el mar.
Madre y padre están muertos, no existen, no son vapor. Es un hecho, no hay más allá. A su muerte me aferro para no tener miedo a seguir en el mismo lugar con otra forma y con la misma frustración.
Me tranquiliza la muerte de los seres que amo, su absoluta inexistencia en cualquier plano, en cualquier dimensión. Sonrío al tener la absoluta certeza de que moriré decentemente: dejaré de existir. No seguiré en este lugar, viendo lo mismo, soportando esta apestosidad una eternidad.
Morir es morir, no hay transición de mierda.
Por favor… Una mamada, cielo…
Se me sale de nuevo. Te lo ruego, monta en un rayo luz y llega a mí, arrodíllate hasta mi pene goteante y sonríeme mientras me acaricias y limpias con tus labios lo que podrían ser hijos tuyos.
Vivir con intensidad es estar sometido al cuerpo, al propio y al de ella.
Aunque temo que ya no es mi cuerpo.
Quiero decir, que sin cuerpo no hay polla ni coño. ¿Entonces qué gracia tiene para los crédulos creer que serán almas?
Ocurre que sin quererlo se me escapa el semen, como un accidente. Una gozosa incontinencia.
Lo preocupante, es que no siento vergüenza. Es un secreto placer que explota a la luz del día, en plena calle.
Mi pensamiento es un caos, un desorden, un absurdo de un pintor drogado y enfermo de gonorrea.
Explota secretamente ante niños, adultos y viejos. No es por ellos, nadie me importa más que ella.
Me derramo al evocarla, sin tocarme. Un enfermo que no controla su cuerpo.
Una extraña y paranoica incontinencia.
Su pensamiento tiene la frecuencia precisa que fibrila mi glande y los cojones. Como una descarga eléctrica me sumiría en la catatonia.
Ocurre tomando un café, observando el cielo y la miseria; esa crema que se me sale se extiende por los genitales imitando con su calidez, lo que su mano haría si estuviera dentro de mis calzoncillos.
Soy un misterio a quien nadie presta atención.
Pienso en la muerte y la humana miseria en vano intento para conjurar su pornográfico hechizo. No quiero visualizar su cabellera salpicada de mi esperma por una mamada que me aspira hasta el pensamiento; porque me corro otra vez.
Sus dedos acariciando mis cojones llenos, contraídos…
Otras veces al mear lanzo gordas gotas de esperma que doblan mis rodillas en un repentino acceso de placer, como si ante un altar blasfemo me encontrara. En un sórdido inodoro lleno de mierda, el blanco y denso amor causa un vomitivo contraste con los restos de seco excremento.
También vomito por la mezquindad, es fétida y mucho peor que lo que yo escupo por la polla.
Nada es perfecto salvo ella y su absoluta precisión para poseer mi cuerpo y mi alma.
El problema no es vivir, el problema es la longevidad: demasiado larga.
¿Qué ocurrirá cuando se me sequen los testículos? ¿Eyacularé sangre? ¿Escupiré mi cerebro por el pijo?
Será mi sacrificio ante ella, que con picardía me masturba con las piernas indecorosa y divinamente separadas para que mi semen impacte en la única buena creación de Dios: su coño hambriento.
Tenemos nuestros juegos.
Todo el mundo busca la felicidad y el amor, como si abundaran.
Como si tuvieran la obligación y el derecho de tener y disfrutar de semejantes cosas.
El amor no es esa banalidad que todos sueñan, el amor es mi pene en una continua y descontrolada hemorragia pornográfica.
Y es amor, un amor más fuerte que la muerte de millones de seres humanos.
A mí me importa una mierda si la humanidad disfruta o no; me bastan mis insanos placeres, mis pérfidas y secretas eyaculaciones.
Sin embargo, empiezan a ser preocupantes estas corridas extemporáneas.
Me aburre y me cansa el exceso de higiene que requiero.
Nada es perfecto, salvo ella y el amor que me arranca de los cojones.
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

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Inoperable…

Llueve dulcemente. Iphone. 201605081845

Porque a mi piel no le sorprenden las frías gotas que caen en las manos y atraviesan la ropa. El tiempo muerto tiene mi misma temperatura.
¿O es lluvia?
La lluvia debería ser el llanto de dolor de Dios, un justo sufrimiento que tiene que padecer por haber hecho las cosas mal.

Estallido primaveral. Iphone. 201605071230

Hace unos días, era un arbusto retorcido, reseco, de ramas vacías y cubiertas de musgo.
De lo que se cubren las cosas muertas.
Es impactante su explosiva resurrección, y es real; no como la de Jesucristo.
Tengo que formar parte de este tormento, de esta vorágine de vida.
De esta fuerza arrolladora e imparable.
Morir aquí, con ellos, no es morir.
Habrá un día que no podré escribir, las ramas no son funcionales para algunas cosas.
Y estará bien.

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Aunque no podría decir si el último de la noche o el primero del día.
La madrugada es confusa. Y el deseo de metérsela, de joderla cubriéndola toda ella de mí, es atroz para el sueño.
Tal vez sea el enésimo cigarrillo de días sin tiempo, hasta que pueda morder sus labios con hambre, con un cuidado apenas contenido.
Es mejor no dormir y esperar.
Y desesperar.
Tampoco tengo opción.

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Cuando encontramos el rumbo adecuado suele ser tarde. Ya hemos luchado mucho y estamos heridos, desgastados, quemados…
No ha sido fácil y llegar y encontrar es un triunfo escéptico, sin euforia.
Y está bien cuestionarse si ha valido la pena.
Pero no hay otra cosa que hacer mientras se respira.

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Si Atila fue el Martillo del Universo, yo seré El Brutal e Impío Filo que rasgará tus dimensiones y tu piel.
(Exracto de Mi filoso amor, de Iconoclasta)